El ‘Huffington Post’ español sale y no paga a sus blogueros, ¿por qué se extrañan?

Novedades en el panorama informativo digital. La versión española del Huffington Post se presenta mañana, poco (¿?) antes del lanzamiento de @eldiarioes. Pero mientras que éste es un medio profesional, el @ElHuffPost lo es sólo a medias. El grueso de su contenido vendrá de blogueros que no van a cobrar y de enlaces a los medios.

El debate lleva unos días en los medios y en Twitter. Por aplastante mayoría, parece un anatema que se pida a los blogueros que no cobren. Todavía está caliente la polémica del #gratisnotrabajo.

Personalmente lo tengo muy claro. Una cosa es la actividad profesional –siempre cobro- y otra la privada en la que hago lo que quiero cuando me da la gana –es un hobby sin otra compensación que ganar un pedacito de eternidad-. No me fío nada de Arianna ni de su nueva imagen de periodista seria. Pero sí que me da muchas garantías que detrás de este proyecto esté una profesional como Montserrat Domínguez.

Aquí nadie obliga a nadie. Si no quieres asociarte al proyecto, no lo hagas. Yo no cobro nada por este blog, del que probablemente se beneficia WordPress, ¿por qué no hacer una simbiosis con el @ElHuffPost? Yo le doy contenido y él me da visibilidad.

Algunos apuntes para tomar postura con conocimiento de causa:

“El Huffington Post ¿una mala influencia?” Decíamos en septiembre de 2009 (y sigue siendo válido) http://felixbahon.wordpress.com/2008/09/19/el-huffington-post-%c2%bfuna-mala-influencia/

Hay quien piensa que la inquieta cultura blogger está cambiando para bien la mentalidad de los políticos, y también la forma de entender y practicar la política. Y el proceso no tiene por qué afectar al periodismo ni a la esencia de la información. La propia Arianna Huffington opina que el periodismo debe buscar la verdad, porque es su esencia:

“The pursuit of truth, no matter what, without any kind of flavor — that has always been the heart of good journalism.”

Montserrat Domínguez, la directora de El Huffington Post en español, explicó la personalidad que quieren dar al nuevo medio -en el que participa Prisa (El País)- en el #BYM9 de Granada generó mucho debate (vídeo 1:43:21). Para quienes no tengan tiempo, en el minuto 59:32 la periodista deja caer su reflexión sobre que “bloguear no es un trabajo” y en el 1:04:00, declara su independencia de Prisa. Innteresante subrayar también que “el HuffPost “no es la hermana tonta de El País” y que “el peor enemigo en la redacción es la autocensura” (55:24). Mientras escuchaba sus palabras, yo pensaba en los 149 blogueros redaccionales de El País que sí cobran por ello, porque la integración impuesta en el último año ha hecho que muchos periodistas tradicionales compaginen su trabajo para el papel con entradas, más o menos regulares según quién, en sus nuevos blogs.

En 1001Medios hacen una estupenda y completísima entrada sobre el tema: “El Periodismo “canalla” de El Huffington Post

Y para completar, por si alguien se ha despistado, en Cuaderno de Periodistas escribí en noviembre del año pasado lo siguiente:

El hilo de Arianna teje una red informativa global

En febrero pasado, el gigante mediático AOL (America OnLine) dio un manotazo empresarial con la compra del Huffington Post, el exitoso agregador de noticias que está transformando el ecosistema informativo en la red. Esta adquisición, valorada en 315 millones de dólares (230 millones de euros), se ha interpretado como “la más descomunal llamada de atención al negocio de los medios”, acosados por competencia con Google y Facebook, y sometidos a la dura adaptación a internet y los nuevos dispositivos móviles, incluido el iPad. Sangre vieja renovada con una joven cabecera nacida en 2005 que aprovecha la gran economía del enlace para exprimir hasta la última gota de todos los nuevos elementos sociales y comunicativos que proporcionaban las nuevas herramientas digitales.

Pocas personas han entendido tan bien el proceso de cambio informativo en la red como Arianna Huffington. Pocos profesionales han sido tan controvertidos como ella. Ahora transformada en presidenta y editora en jefe de todas las publicaciones de AOL, ha aprovechado para iniciar un periodo de expansión y redefinición como personaje público: ha aumentado su plantilla, ha vuelto a hablar de las esencias del periodismo tradicional con un nuevo fondo dedicado exclusivamente a la investigación, ha superado en internet la audiencia del mismísimo The New York Times (35,6 millones de visitas únicas mensuales frente a los 33,5 millones mensuales según los últimos datos publicados en junio) y ha abierto sucursales en Canadá e Inglaterra. En Francia se ha asociado sorprendentemente con Le Monde para lanzar la versión en francés y a España llega de la mano de El País, que la ha incorporado al Consejo de Administración del diario con la vista puesta en el mercado global de habla hispana. Ya ha anunciado que pronto vendrán ediciones en Brasil, Italia y Turquía.

Convencida de que la redacción ha de interactuar con los usuarios para proporcionarles además de información experiencias que los fidelicen y generen comunidad, Arianna ha comprendido que hay tres líneas principales que están conformando el dibujo del periodismo que se realiza en los nuevos medios. La primera la marca el desarrollo de un lenguaje propio de la red, tan definido como el que han conformado la radio o la televisión. Tras una primera etapa de adaptación, se habla con naturalidad de un periodismo de radio y otro de televisión, diferente del periodismo escrito y cada uno con sus características propias. El periodismo digital por su parte se muestra multimediático, pues agrupa las características de todo lo conocido hasta ahora, pero también multiplataforma: ha superado las barreras de la pantalla del ordenador y ya se mueve con soltura en móviles y tabletas. El segundo vector de cambio es la utilización de los enlaces en los textos periodísticos. Afrontarlo exige elaborar una gramática hipertextual, que como cualquier gramática es una construcción artificial y debe aprenderse –y utilizarse- tanto por parte de los emisores-profesionales como por los usuarios-receptores. Los periodistas tenemos aquí la responsabilidad de aprender antes que cualquier otro internauta cómo usar los enlaces, dónde colocarlos y hacia dónde dirigirlos, pues hasta esto si se dirige intencionadamente la atención puede tener un uso opinativo encubierto. La tercera línea es la de utilizar las redes sociales para interactuar con los usuarios.

Esta triple fórmula, junto a una estupenda agenda que ha sabido manejar bien, ha asegurado a su portal muchas visitas y a ella un puesto entre las comunicadoras más influyentes del mundo. Arianna, inmigrante griega primero en Inglaterra y luego en Estados Unidos, es periodista e hija de periodista. Intentó acceder a la política enfrentándose al actor Arnold Schwarzenegger y ha pasado los últimos seis años –justo los que tiene de historia el HuffPo- soportando acusaciones de falta de ética por parte de los profesionales estadounidenses. Sin embargo, con el dinero de la venta y las riendas editoriales de AOL en sus manos, ha emprendido una campaña de recuperación de imagen.

Las recriminaciones han sido constantes. Se le reprocha haberse beneficiado del trabajo de los demás, tanto de medios -a los que enlaza- como de miles de blogueros -a los que no paga-. También se sospecha que ha utilizado ingeniería de posicionamiento (SEO, por sus siglas en inglés) para conseguir que sus contenidos aparezcan bien visibles en las búsquedas de Google. Su estrategia no está muy lejos de la utilizada por las denostadas granjas de contenido, como Demand Media (ver Cuadernos de Periodistas, nº 22, pág.141), aunque en versión muy mejorada. En abril de este año, las agencias dieron cuenta de lo que se dio en llamar “la revuelta de los blogueros del Huffington Post”. Una demanda colectiva, llevada a cabo en nombre de miles de blogueros por el sindicalista y antiguo colaborador del portal Jonathan Tasini, quien acusaba a Arianna de enriquecerse indebidamente y no repartir los beneficios obtenidos de AOL con esos miles de colaboradores.

Pero Huffington es una luchadora y le encanta el escenario público en cualquiera de sus facetas. Con gran cintura, ha dado un vuelco a su imagen acercándose a diarios tan serios como Le Monde o El País. Antes, en colaboración con  un esfuerzo colaborativo del Centro para la Integridad Pública – y con un equipo de 37 reporteros y editores, además de colaboradores independientes, ha lanzado este año iWatch News, una página dedicada al periodismo de investigación en la que se ha querido ver una recreación de ProPublica. Al igual que esta, se trata de una organización sin ánimo de lucro que se sostendrá a base de donaciones de usuarios y filantropía. Parte con una donación de 250.000 dólares por parte de entidades como el Knight Center.

El Centro para la Integridad Pública de Estados Unidos ya se dedicaba al periodismo de investigación antes de la creación de iWatch. La simbiosis con Arianna le permite publicar a diario en una gran plataforma digital. A ella le ofrece una rehabilitación profesional que le permite dar conferencias por todo el mundo reclamando periodistas que “sepan filtrar en una cacofonía de voces” que se produce en el ecosistema informativo actual. Para ello afirma que solo contrata “periodistas anfibios”, que saben manejarse con los principios clásicos de la profesión -“precisión, comprobación, ecuanimidad, búsqueda de la verdad o impacto informativo”- y al mismo tiempo se desenvuelvan en un mundo de “nuevas reglas, tiempo real y tecnología” que permiten interactuar y participar a los usuarios. “Y no todo el mundo está preparado para ambas facetas”, añade Arianna.

Un medio que dice investigar frente a una ‘casa de citas’ o como algunos periodistas perdieron su ética

Recuerdo con cariño a una compañera, profesional de cierto éxito, que pasaba las mañanas en su mesa de trabajo sin pegar palo al agua. En los 90 algunas redacciones eran como balnearios. Hasta te daba tiempo a leer la prensa o tomarte un café con los compañeros entre artículo y artículo. Pero esta profesión siempre ha estado llena de tipos listos, que trabajan lo mínimo y que saben venderse.

 

Esta chica –ya no tanto-a la que me refiero, y de la que es mejor no decir su nombre porque tiene muy mal genio, es una verdadera maestra del aparentar sin ser. Su mantra telefónico repetía una y otra vez “Aquí estamos, trabajando a tumba abierta”. Je, je. Hay tipos habilidosos y que saben venderse. Después he conocido que son legión. Lástima que cada vez les queden menos posibilidades para hacerlo.La situción hoy es otra.

 

El arte del escaqueo en las redacciones está en vía de extinción. Me pregunto qué dirá ahora esta mujer cuando descuelgue el teléfono y, sobre todo, qué hará para mantener su ultrarrelajado ritmo de trabajo en las adelgazadas redacciones de la crisis. Supongo que habrá buscado imaginativas argucias para seguir aprovechándosedel esfuerzo de los compañeros. Qué pena.

Luis Rendueles y Manuel Marlasca, subdirector y adjunto a la dirección de Interviú me dan una pista sobre las nuevas picardías de redactor. Son reporteros de sucesos que no necesitan presentación, transpiran oficio por todos sus poros y poseen el ojo hipercrítico y la pluma afilada propia del plumilla de la vieja escuela. En A quemarropa, su blog, acabo de leer una de las entradas más esclarecedoras de los últimos tiempos sobre la diferencia entre ‘periodismo ético’, que cita las fuentes aunque éstas sean su competencia, y ‘periodismo jeta’ (que nadie lea ‘periodismo Jota’, que sería un chiste fácil), que es aquél que se apropia sin rubor del trabajo de los demás y lo disfraza de investigación.

La entrada es brillante desde el principio:

No nos gusta entrar en peleas de periodistas: a ver quién la tiene más grande –la exclusiva–, a ver quién es más aguerrido, o mejor investigador –nosotros nunca nos hemos considerado investigadores, solo periodistas–. Pero siguiendo a Groucho Marx,“nunca olvido una cara, pero con la suya haré una excepción”–, vamos a contar un caso real ocurrido esta semana y que ilustra cómo anda la profesión, o algunos profesionales.

La historia, para simplicar, ilustra cómo algunos periodistas ayudan a otros compañeros cuando éstos acuden a ellos, incluso citan a otros medios en sus artículos pero, más tarde, ven desolados cómo plagian su trabajo sin siquiera citarles. Sería lo mínimo, digo yo.

Pero la realidad es ésta. Hay quien no cita y presenta su artículo –ya viejo- como una novedosa investigación. ¿Será porque los redactores jefe tienen tanto trabajo que no les da tiempo a leer lo que publican otros medios? No lo sé, pero tiene razón Rendueles en su párrafo de cierra. Es mejor trabajar en una ‘casa de citas’ (gran imagen) que hacer eso que algunos llaman periodismo de investigación:

Primero pensamos que El Mundo había olvidado citar el reportaje que su periódico pidió –imaginamos que para documentarse–. Luego, un amigo, veterano en esto de tratar con las tres p (periodistas, prostitutas, policías), nos lo explicó: “vosotros sí citáis vuestras fuentes, debe ser por eso que algunos dicen que en Interviú sois una casa de citas; pero El Mundo no; y a eso le llaman, algunos, periodismo de investigación”.

Pero pasen y lean el post completo, que merece la pena.

Periodismo low cost, el largo proceso de gestación de un escándalo laboral: #gratisnotrabajo

De vez en cuando el ego se viene arriba. No es dinero porque #gratisnotrabajo. Es, para no ser menos que mis amigos de Twitter, por un ataque de generosidad y porque si te llama un compañero lo menos que puedes hacer es atenderle como a ti te gustaría que te atendieran. Me llamaron de El País, un diario para el que he trabajado y en el que tengo muchos amigos, y les atendí.

 

Otras veces he quedado más satifecho con el resultado de los artículos en los que aporto información . Pero, bueno, supongo que a las fuentes que yo he utilizado para mis artículos también les habrá ocurrido algo así más de una vez. Hay cierta distancia entre lo que expresa el emisor y lo que percibe el receptor. Esta vez quedó así. Supongo que lo que le dije a Aurora se lo habían dicho antes algunos compañeros y tuvo que decidir. Mis palabras fuera de contexto y recogidas lateralmente me resultan extrañas. Nos pasa a todos.

Pero centrémonos. Se trataba de un artículo sobre el hashtag #gratisnotrabajo y la precariedad laboral de los freelance.

Ilustración de Well-Com.es

El día 8 de diciembre el tema afloró a la conciencia colectiva. Lo conté en Twitter y, con la idea de agitar un poco las aguas dormidas, le envié un correo a unos cuantos compañeros bien situados en diferentes redacciones. Había que compartir la información y, a la vez, desahogar la indignación tanto tiempo retenida. También soy un indignado. Comparto el texto de mi mensaje:

Hola:

Supongo que ya os habrá llegado o habréis leído este artículo:

Hace unos días el hashtag #gratisnotrabajo se convirtió en Trending Topic de Twitter. Lo inició una periodista a la que le había llegado una oferta de trabajo. Le ofrecían la fabulosa cantidad de 75 céntimos por cada noticia de 800 caracteres. Artículos en los que tenía que dejar muy bien a una determinada marca de complementos para bodas, bautizos y comuniones. Publicidad encubierta, vamos, y la paga ni siquiera da para tomarse un cafetito tras haber escrito los 800 caracteres.

En fin… Espero ver tiempos mejores para todos. Un abrazo,

Félix

El martes 13 me llamó por teléfono Aurora Muñoz, becaria en El País, de parte de una de las compañeras del diario a la que yo había mandado el correo. Me preguntó cuál era mi postura y qué opinaba de lo ocurrido. Mi contestación fue clara:

“No se trata de algo que haya surgido espontáneamente, sino que es un fenómeno que viene gestándose en la red desde hace varios años. En España, salta ahora a trending topic, pero era algo que se sabía. El hashtag [prefiero este anglicismo a etiqueta, que es el término utilizado en el diario] #gratisnotrabajo, que se convirtió en trending topic.

Una vez más, una realidad cotidiana y conocida por todos adquiere una dimensión inusitada al saltar a las redes sociales y ser rebotada por cientos de tuiteros indignados. Pero la situación no se ha producido por generación espontánea. Las granjas de contenidos son un problema aún sin solucionar en la red. Y hay que pensar en la explotación laboral que suponen y en el problema social que comporta una población alimentada con una información de calidad ínfima como la que ofrecen estas páginas.

Este caso nos permite poner sobre la mesa este problema y reflexionar sobre ello todos juntos. Pero, cuidado, además de Novodistribuciones (la empresa en cuestión) hay algunas otras granjas de contenido en España.”

Como no podía atenderla en ese momento, me ofrecí a enviarle esa misma noche toda la información sobre el tema, cosa que hice. Me alegra saber que habló con una compañera de la Carlos III que sabe bien lo que está pasando y que ésta le contó los precedentes de las granjas de contenidos. No obstante, voy a darme el gusto de exponer aquí algunos puntos que la periodista dejó fuera:

#gratisnotrabajo

Estamos en un proceso de cambio acelerado provocado en gran medida por la llegada de internet a nuestras vidas. En este nuevo escenario los periodistas debemos darnos cuenta de que no somos los únicos fabricantes de noticias y que, cuando lo hacemos, hemos de distinguir entre contenidos, calidad de información y conversaciones. Puede que nuestra próxima actividad se centre precisamente en eso: en filtrar y gestionar la información de calidad de la mucha que circula alrededor del ciudadano, más que en generarla. Y también en moderar la conversación que se produce en torno a los temas de mayor interés, los llamados trending topics.

 

1. Partimos del concepto de crowsourcing

Desde que Jeff Howe acuñó este término en la revista Wired (la biblia de los nerds) como una forma de aprovechar las posibilidades de la red para emplear mano de obra barata proveniente de la multitud de internautas, son muchas las compañías que han buscado jornaleros de todo tipo en páginas web. Muchos de ellos no van a ser especialistas, por lo que el objetivo, como ocurre con el outsourcing es abaratar costes.

Información al respecto:

Hay una página de wired dedicada a este tema de sus inventores.

También Enrique Dans tiene una entrada en su blog para distintas experiencias sobre las que va hablando.

Artículo en El País : ‘La investigación ‘crowdsourcing’ reabre el debate de la explotación laboral’.

En El Mundo: “‘Crowdsourcing’, cuando el pez grande se aprovecha del pequeño

 

2. Primer experimento de crowdsourcing en periodismo: Assignment Zero

Otro artículo de El País resume bien lo ocurrido y apunta el fracaso del experimento.

En el nº 22 de Cuadernos de Periodistas, de la APM (mayo de 2011) publiqué esto:

Páginas de colaboración en la red, una opción en alza. Internet es el mayor escaparate y a la vez el mayor escenario para los negocios del planeta, por eso dos ex redactores de Los Angeles Times, Allen Narcisse y Bill Momary, han optado por aprovechar el potencial para ejercer de emprendedores y ofrecer una oportunidad a otros periodistas en paro de todo el mundo. La idea es muy sencilla: una página para comprar y vender reportajes construida al estilo de la web de subastas eBay, en la que se inspira también su nombre. Aspiran a que Ebyline se convierta en un punto virtual donde un freelance pueda ofrecer sus trabajos periodísticos al medio que más puje. La web, http://www.ebyline.com, apuesta por un modelo periodístico de calidad para diferenciarse del modelo impuesto por Demand Media. Por eso la página exige algunos requisitos a quien quiera aportar trabajos. Ebyline selecciona a los periodistas según su grado de “profesionalidad”, que no es necesariamente su experiencia, antes de darles el visto bueno. Una vez conseguido, éstos ofrecen sus artículos mediante un extracto colgado en la página y responden personalmente a las ofertas de las editoriales.

El objetivo de esta plataforma de colaboradores es aprovechar la tecnología digital con dos objetivos: bajar los costes administrativos y concentrarse en hacer buen contenido. La página es especialmente atractiva para medios pequeños que no cuentan con reporteros en un punto del planeta sobre el que, de repente, quieran informar. Narcisse y Momary se quedan un 8 por ciento de cada transacción. Lanzaron la página en septiembre pasado y ya cuentan con casi medio millar de colaboradores inscritos. Según sus palabras, una treintena de empresas acude regularmente a Ebyline en busca de artículos. Su obsesión es diferenciarse de Demand Media, otra web de servicio editorial online que ofrece a los periodistas unos 15 dólares por hacer refritos de artículos aparecidos en la red.

En Demand Media, que merece un análisis aparte, utilizan un algoritmo robótico parecido al de Google News para detectar rápidamente los temas que más atención están generando en internet. Un ordenador combina los datos de esta información con la del precio que se paga por publicidad asociada a ese tema en sistemas automáticos tipo AdSense y, consecuentemente, calcula la rentabilidad publicitaria de un artículo según el tema elegido. Por ejemplo, con el lanzamiento de iPad 2 cualquier información relacionada con la actualización de la tableta de Apple generaba multitud de comentarios. El sistema lo percibe y lo cataloga como tema de especial atención (trending topic) y ofrece, por tanto, a los posibles editores la realización de artículos del tipo “cómo configurar el iPad” o “cómo mejorar la lectura de revistas en iPad”.

Son dos modelos diferentes de páginas con contenidos para editoriales y de oportunidades más o menos válidas para redactores con ganas de trabajar. Aquí ya conocíamos algunas experiencias temáticas que aprovechan esta forma de crowdsourcing (del inglés crowd, masa, y sourcing, externalización): Practicopedia.com, Parasaber.com, Suite101.net y recientemente Wikio Expert, donde se ofrece al internauta la opción de que se convierta en redactor y gane dinero con ello.

 

3. Fueron los primeros pasos para el periodismo ‘low cost’

Enfrentados como estamos a un momento difícil para las empresas informativas, sometidas bajo la bota de la crisis económica y la consolidación de plataformas digitales cuyo funcionamiento y forma de negocio está aún por descubrir, vemos que el modelo clásico de informador está también en crisis.

Hay audiencia, más que nunca, pero la fragmentación de la red divide los ingresos publicitarios. Aunque están llegando poco a poco (los ingresos por publicidad en internet han superado ya a los medios tradicionales en USA, según eMarketer en 2010 e IAB en 2011).

Sin embargo, los lectores pueden acceder a la información por múltiples vías. No son fieles a un informador y, además, no están dispuestos a pagar. Quieren todo gratis y la tecnología digital satisface sus deseos instantáneamente.

La información, antes un valor y elemento de poder, es ahora se ha depreciada. Los editores no encuentran un modelo sostenible basado en la información de calidad y, como salida, recortan gastos en plantilla. ¿Para qué pagar a un profesional si se puede obtener un producto similar a bajo precio? ¿No habíamos quedado en que los medios se habían convertido en plataformas publicitarias? Pues llevemos la idea hasta el extremo. Al fin y al cabo, la lógica empresarial es la de generar beneficios.

Entre los internautas anglosajones se ha popularizado el término churnalism, que es la información batida en la red y alimentada por el copia y pega de otras páginas.

 

4. En 2010 se produjo el boom de las granjas de contenido. Parecía un escándalo entonces… y Google reaccionó

Un artículo de Ticbeat.com que archivé en su momento, quizá sirva para entendernos. Se titula : ‘Lo mejor de 2010: granjas de contenido’.

Google intentó cortar la sangría procovada por las granjas de contenido en su buscador a principios de 2011, cuando cambió su algoritmo.

Algunos editores (entre ellos Murdoch) habían señalado a al buscador como el gran enemigo de los periódicos, pues Google hacía que los contenidos originales, que tenían dueño y autor, según sus palabras, apareciesen en las búsquedas muy por debajo de páginas que plagiaban sus artículos.

Acción-reacción que ha producido algunos cambios, aunque no determinantes. He aquí unos ejemplos, con crítica, por supuesto:

Primeros despidos en granjas de contenidos castigadas por el algoritmo de Google. El nuevo sistema para elaborar la lista de búsquedas también penaliza a sitios inocentes

 

5. En España #gratisnotrabajo salta ahora a trending topic, pero el fenómeno no es nuevo ni surge por generación espontánea

Una vez más, una realidad cotidiana y conocida por todos adquiere una dimensión inusitada al saltar a las redes sociales y ser rebotada por cientos de tuiteros indignados. Pero la situación no se ha producido de la noche a la mañana. Las granjas de contenidos son un problema aún sin solucionar en la red. Y hay que pensar en la explotación laboral que suponen y en el problema social que comporta una población alimentada con una información de calidad ínfima como la que ofrecen estas páginas.

Este caso nos permite poner sobre la mesa este problema y reflexinar sobre ello todos juntos.

Pero, cuidado, además de Novodistribuciones (la empresa en cuestión) hay algunas otras granjas de contenido en España. Es el caso que te comenté por teléfono, Suite101.net

Ellos no se consideran una granja de contenidos. Hace unos días publicaron este aviso:

Suite101.net podría convertirse en una ‘granja de contenidos’
En ese momento aconsejé a Aurora que se pusiera en contacto con la Asociación de la Prensa de Madrid, cosa que como queda reflejado en le artículo hizo.

 

El periodismo ciudadano nos enfrenta a los profesionales con el fin de la intermediación

Tengo que reconocer que el término ‘periodismo ciudadano’ se ha impuesto. Ocurrió hace unos años lo mismo, cuando me dedicaba en exclusiva a informar sobre temas de salud, con la ‘adherencia’ de los pacientes a los tratamientos. Siempre pensé que la palabra adecuada debería ser ‘adhesión’. Adherencia aquí es una falsa tradución del inglés. En español significa capacidad de pegarse a algo. Pero la lengua la construyen los hablantes, ¿verdad?

Hoy estuve en la presentación del libro Periodismo ciudadano. Evolución Positiva de la comunicación. Óscar Espiritusanto, @espiritusanto, coautor de la obra y compañero en la Carlos III, habló al principio del acto, y con su habitual discurso persuasivo me convenció de que no hay que perderse en los términos. Es cierto que durante años lo hemos conocido como periodismo participativo y para muchos quienes lo ejercían eran informadores ocasionales. Pero Óscar piensa que se trata de un nombre artístico. Y recuerda que El Fary se llamaba José Luis Cantero. Muy elocuente, pero me he movido en el asiento cuando ha recordado que algunos, cada vez que se acordaban de él, decían “el mal llamado periodismo ciudadano”. Que conste que he mostrado en público mi pudor:

El estudio, coordinado por Óscar y Paula Gonzalo, miembros del equipo editorial de Periodismociudadano.com, se muestra como un análisis en profundidad de lo que significa la desintermediación informativa que estamos viviendo. Más de una veintena de casos en todo el mundo, narrados en primera persona, ilustran lo expresado.

La obra aún no está disponible, pero pronto se podrá descargar de la red bajo licencia CC.

Un prólogo destacado

Howard Rheingold es prologuista de lujo del libro. Y centra certeramente la cuestión:

Con cinco mil millones de teléfonos móviles (centenares de millones de ellos equipados con cámaras) y dos mil millones de cuentas d internet, un porcentaje significativo de la raza humana dispone de una rotativa, una estación de radio, un organizados político y un mercado en su ordenador de sobremesa y en su bolsillo. Ahora mismo no está en absoluto claro si las instituciones en que se apoya el verdadero periodismo  van a sobrevivir o cómo lo van a conseguir.

¿Ha dicho Rheingold ‘verdadero periodismo’ de una manera intencionada? Parece como si quisiera dejar clara la contraposición con el periodismo ciudadano. Tendré que consultarlo.

Es cierto que cada vez más habrá una diferenciación entre periodista profesional -que informa regularmente, que maneja la expresión y las herramientas tecnológicas de una manera más depurada y cuyo objetivo es ganarse la vida- y periodista ciudadano –que cuenta lo que ha visto sin someterse necesariamente a una rutina periódica, al que no se le exige un acabado perfecto de su trabajo y que informa por el placer de compartir y contribuir al bien común-. Pero también es cierto que ambas modalidades están condenadas a convivir y a enriquecerse entre sí. Los ciudadanos, periodistas y no, saldrán ganando de este triunfo de la desintermediación comunicativa [sexto de los nuevos paradigmas de la comunicación recopilados por Orihuela PDF].

Lasswell ha muerto.

Howard Rheingold puntualiza que en esta convergencia de tareas en el quehacer informativo hay peligros y también oportunidades para el periodista profesional:

  1. Los periodistas no son solo reporteros que tuitean desde una manifestación o publican fotos de sucesos o eventos potencialmente noticiosos. Los periodistas trabajan fundamentalmente para verificar la información y las pistas que reciben de los ciudadanos. Muchos de los tuits que llegaron desde Teherán y Bombay resultaron no ser ciertos. No hay garantía de que la información que llega de primera mano sobre una noticia sea cierta. La verificación de la información recibida se ha convertido en una labor incluso más importante que la fuente de l noticia puesto que ahora esa fuente puede ser cualquier ciudadano desconocido, en lugar de un famoso periodista.
  2. Tratar de separar la información fiable de la poco fiable o inexacta es quizás la labor más importante de un periodista, pero está muy lejos de ser su única actividad. Los periodistas tratan de averiguar si hay más de un punto de vista sobre un asunto concreto y buscan a personas reputadas que les ofrezcan diferentes versiones o dimensiones de una historia.
  3. Los periodistas contextualizan los sucesos explicando su trasfondo histórico y cultural. Convierten los hechos en historias que ayudan a la gente a empatizar con las noticias.
  4. Aunque las instituciones sobre las que se apoyan las personas que realizan esa labor están cambiando, la necesidad de verificación, contextualización y la narrativa de esas historias no van a desaparecer, de hecho, esta necesidad e incluso mayor.

El reto va más allá de aprender a manejar la tecnología:

El desafío para los profesionales y los aficionados, consiste en entender la importancia de la búsqueda de la verdad a la hora de informar acerca de una noticia y el papel fundamental del periodismo en la democracia.

Son palabras mayores. No hay que decir más. Sólo leer el libro y mantener la mente abierta.

Más sobre periodismo ciudadano

Hay opiniones interesantes – y a veces discordantes- con respecto al término periodismo ciudadano. Seguro que este libro marca un antes y un después:

El País recoge el debate sobre el tema entre José Cervera y Javier Monjas en Huesca

“Me niego a denominar “periodismo ciudadano” a los contenidos generados por los usuarios” dice José Luis Orihuela

Visión de Eduardo Arcos

Opinión de Paper Papers, que apela al sentido común y cita a Juan Varela

Propuesta de una nueva ética en las redes sociales basada en la responsabilidad

 

ACTUALIZACIÓN. 2.12.2011: Ya está disponible el libro en PDF

 

La información entendida como servicio, y no como producto, reclama periodistas escépticos

Es gratificante comprobar que el interés por la información como bien común va ganando progresivamente el pulso a los intereses económicos que nos habían inculcado. Aprendimos que, al tratarse de un elemento del poder, la información se puede monetizar y convertir en un producto. Sin darnos cuenta, los periodistas nos hemos convertido en simples trabajadores de una industria que genera contenidos noticiosos listos para ser consumidos. Pero, ¿somos meros productores en las fábricas con valor bursátil que se han convertido los medios? Me niego a verlo así. La información es un derecho social que hay que preservar –y fomentar- con mimo.

A finales de septiembre del año pasado tuve noticia de que Bill Kovach y Tom Rosenstiel (autores del básico Los elementos del Periodismo) acababan de publicar un nuevo libro: Blur. How to know what’s true in the age of information overload (en español sería Difuminado: cómo saber qué es verdad en la era de la sobrecarga de información). Pese al interés que suscita todo lo que genera el támden responsable de uno de los think tank más poderosos en nuestra profesión, el Project for Excellence in Journalism, el libro no se ha publicado aún en español, pero su influencia se ha hecho notar. Su petición de un ‘periodista escéptico’ como única salvación ante los retos que nos depara el nuevo milenio.

Sólo la verificación de lo que dicen las fuentes y el acercamiento a los hechos con espítitu crítico hará que deje de pensarse en el periodismo como un producto comercial y comience a entenderse como lo que es: un servicio a la sociedad democrática. ¿A qué nos obliga a los profesionales un cambio de perspectiva tan profundo? Pues, según Rosenstiel y Kovach a desarrollar disciplinas y habilidades que el oficio ha venido cultivando desde antiguo, aunque últimamente se echen de menos.

Tom Rosenstiel lo resume en este vídeo grabado especialmente para un seminario de la UAH (11:50, subtitulado en español):

Rol de autentificador.En un momento en el que el ciudadano es bombardeado con más información, el papel del periodista es, según Rosenstiel, es de autentificador. Es el profesional que puede señalarle al ciudadano qué puede creer, qué hechos de entre todos los que se le presentan son confiables y qué paso de verdad. La función del periodista ya no es sólo contarle al mundo lo que está ocurriendo en el mundo, ahora debe organizar el tumulto informativo y apuntar lo que significan los datos que presenta, así como señalar qué no se sabe. Algo que para el ponente “es cada vez más importante.” (7:35)

Nuevos desafíos. “El periodista debe conocer y mostrar qué preguntas no se pueden responder todavía porque esos hechos aún no se han puesto en evidencia (7:49). Esto es más desafiante: los periodistas del siglo XX simplemente aprendían lo que podían y lo presentaban a la audiencia. La idea de que tenían que ocuparse de cosas desconocidas no era en realidad parte de la profesión.”

Periodismo como servicio.  “Ya no es más un producto, una narración que yo como audiencia pasiva tengo que leer. El periodismo se está transformando en un servicio: responda a mis preguntas.” (8:37)

Se precisan nuevas habilidades. “Este nuevo servicio demanda más de nosotros que el antiguo producto que les entregábamos” (8:52). Y requiere de los periodistas más habilidades de verificación, de escepticismo, que el anterior.

Fotos que hieren la sensibilidad del lector de periódicos y límites de la manipulación

La sensibilidad de la audiencia -sea lector, oyente, televidente o usuario de la red- depende, de la cultura y del entorno social, tal y como comentábamos en la última entrada.

Ahora, para confirmar todo lo expuesto, acaba de saltar otro escándalo de la mano de una portada (al parecer) muy agresiva.

Portada difuminada del periódico 'Habertürk'.

Leo en Elmundo.com:

Desnuda hasta la cintura, manchada de sangre y con el cuchillo sobresaliendo de la espalda. Parece un fotograma de alguna película de terror, pero no: es la realidad. Retratada en una portada del periódico turco ‘Habertürk’, uno de los más leídos del país, con una tirada diaria de unos 230.000 ejemplares. Una portada que no ha sentado nada bien entre las asociaciones de mujeres que luchan contra la violencia.

“Esta portada y la foto no sirven para denunciar los asesinatos de mujeres sino para legitimiarlos“, reza el comunicado de la Plataforma de Insurrección contra los Asesinatos de Mujeres, integrada por las asociaciones feministas y de centros de acogida más importantes del país, como Mor Çati, WWHR, Kadav o Amargi. “A las mujeres y su entorno se les hace sentir indefensas contra la amenaza de la violencia masculina”, concluye.

Me recuerda el embolado que se montó en torno a las fotografías publicadas sobre el atentado del 11M (PDF) en Madrid.

También renace el viejo debate de la manipulación, la que se hace por ética y la que obedece a pura estética (PDF) .

El dolor y la imagen. Debate sobre el tratamiento informativo del 11-M | Varios diarios internacionales retocaron las fotografías más dramáticas | Los peligros del tratamiento digital y el respeto a los lectores Por J. Varela (PDF)

Esta fotografía (en realidad una serie de Pablo Torres servida por Reuters) fue manipulada por distintos medios para hacer menos evidentes los restos humanos dispersos por las vías. Tiscar Lara salvó una recopilación de Poynter.org que ha desaparecido (?) de la red.

Aunque sea el mismo medio, una cosa es la web y otra el periódico en papel

Un interesante ejercicio es comparar lo que aparece en la página web de un periódico cuando salta una noticia y cómo lo publica después en papel. En ocasiones nos encontramos con diferencias muy marcadas. Podría deberse a la diferencia entre el lector de pantalla y el de prensa, que ofrece un perfil muy diferente y a las estrategias empresariales de la cabecera. Pero, ¿esto no distorsiona los principios de la credibilidad basada en el brand-name? ¿Está bien que la información se ofrezca de una forma en internet y otra en el diario?

 

Hoy Milagros Pérez Oliva, defensora del lector de El País, habla en su sección sobre “Las tenues fronteras del sensacionalismo“. Contesta así a las protestas de algunos lectores por la presentación de las fotos del cadáver de Gadafi, identificadas como una concesión al periodismo amarillo.

Tanto las fotos como los vídeos sobre la captura y muerte de Gadafi son de una gran violencia. ¿Estaba justificada la publicación de esas imágenes? Ricardo Gutiérrez, redactor jefe de Fotografía, asegura que ni él ni los demás responsables del diario tuvieron la más mínima duda: el valor informativo era incuestionable. La única duda que se planteó fue sobre la autenticidad, pues la imagen no era del todo nítida y las mismas fuentes habían anunciado tiempo atrás la captura de uno de los hijos del coronel, y esta no se había producido. Advirtiendo de esta cautela, la foto fue publicada en la cabecera de la edición digital. Y enseguida llegaron cartas de lectores.

Pérez Oliva comprende que las fronteras del sensacionalismo son imprecisas, sobre todo en una sociedad en la que este tipo de fotografías escabrosas circula con rapidez por la red y “se ha incrementado la tolerancia, tanto los editores como entre los lectores”. Por eso ha querido comprobar el tratamiento efectuado por otros medios “de referencia” (todos extranjeros, por cierto).

Me ha movido la curiosidad y, ya que Milagros se refiere a las ediciones digitales, he buscado portadas de papel de ese día. Y ha habido sorpresas:

“Como las fronteras del sensacionalismo son imprecisas, al recibir las primeras quejas quise comprobar qué tratamiento estaban dando a esas imágenes -sobre las ocho de la tarde del jueves- las webs de otros periódicos de referencia. En la prensa británica, The Guardian colocaba la foto de Gadafi en portada, pero con un tratamiento discreto: la foto del cadáver era la primera de un mosaico de cuatro que, en conjunto, ocupaba un espacio más bien discreto.”

Sin embargo, la portada en papel se dejó llevar por la emoción:

The Guardian

The Times mostraba en portada una gran foto de Gadafi aún vivo, aunque ensangrentado, y remitía a una galería de imágenes en la que había dos del cadáver.

Al día siguiente no hay fotos del tema en portada:

The Times

The Independent abría también su edición digital con la noticia, pero no llevaba la foto de Gadafi en portada. En el desarrollo interior incluía una imagen del coronel muerto, dentro de una galería con otras imágenes.

Efectivamente, después no puso fotos del cadaver en portada. Pero sí de su linchamiento, de una violencia extrema.

The Independent

El francés Le Monde abría con una gran foto en la portada, pero no era la del coronel muerto, sino la de un joven que exhibía un póster con la imagen del dictador muerto; era una forma muy indirecta de mostrar el cadáver.

Le Monde

Por su parte, La Repubblica, en Italia, mostraba en la portada dos grandes fotos, una de un joven exhibiendo la pistola de Gadafi y otra del cadáver.

Después la imagen del “cuerpo profanado” aparece, aunque en pequeño. Corriere hace lo propio:

La RepubblicaCorriere della Sera

Al otro lado del Atlántico, The Washington Post no llevaba fotos del dictador en portada, ni vivo ni muerto. La noticia remitía, mediante un enlace, al vídeo de su captura y a una galería de fotos, entre las que solo había una del cadáver.

En papel no exhibe el cadaver, pero ofrece la cara del dictador ensangrentada. Si bien es cierto que en un tamaña menor:

Washington Post

¿Y qué hacia The New York Times, el diario de referencia del resto de diarios? En ese momento la noticia de la muerte de Gadafi abría también su edición digital y como EL PAÍS, encabezaba la portada con una galería de fotos. Pero la que aparecía fija en primer lugar no era la del coronel muerto, sino una que mostraba el júbilo de los rebeldes. En la galería, la foto del cadáver figuraba en último lugar y cuando el lector iba a acceder a ella aparecía una advertencia en grandes caracteres: “La foto que sigue es una imagen del que se dice que es el cadáver de Gadafi”.

 

New York Times

“Como las fronteras del sensacionalismo son imprecisas, al recibir las primeras quejas quise comprobar qué tratamiento estaban dando a esas imágenes -sobre las ocho de la tarde del jueves- las webs de otros periódicos de referencia. En la prensa británica, The Guardian colocaba la foto de Gadafi en portada, pero con un tratamiento discreto: la foto del cadáver era la primera de un mosaico de cuatro que, en conjunto, ocupaba un espacio más bien discreto.”

Sin embargo, la portada en papel se dejó llevar por la emoción:

The Guardian

Sin embargo, aparte de esta diferenciación notoria y que merece un análisis detenido entre una plataforma y otra del mismo medio, habría que reflexionar sobre otras cuestiones. La defensora se da cuenta y dice:

La primera frontera está clara: el valor informativo debe prevalecer sobre la capacidad de impacto. En este caso, la imagen de Gadafi muerto pertenece a la misma categoría que la del cadáver del dictador rumano Nicolae Ceausescu, ejecutado en 1989, o la del cuerpo de Benito Mussolini colgado por los pies en una plaza de Milán tras ser ejecutado en 1945.

Los editores de los diarios mencionados coincidieron en que el valor informativo de la imagen justificaba su publicación. Pero no todos la colocaron en portada y no todos le dieron el mismo tratamiento. De lo cual se deduce que la frontera del sensacionalismo se sitúa, en estos casos, en la medida, en los matices. Varios de estos diarios han aplicado en este caso un criterio implícito: que el lector no se encuentre por sorpresa con una imagen tan desagradable, pero que pueda acceder a ella si quiere verla. The New York Times es el que aplicó este criterio de forma más exquisita.

Yo habría añadido que también cuenta la cultura. No es lo mismo un lector anglosajón que uno mediterráneo o iberoamericano:

ClarínO Globo

La VanguardiaEl Mundo

Queda claro que, en todo caso, el valor informativo de una imagen prevale sobre otras consideraciones.

 

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 25 seguidores