Plagio en The New York Times

Vaya. Ayer hablaba del NYT como faro para el periodismo goblal en crisis. Hoy toca incidir en la parte oscura, de la que también hablabamos. Esta profesión está llena de luces y sombras:

Acto Primero.- En una de sus últimas entradas (ing. – ya corregida) Maureen Dowd escribe sobre la postura del ex presidente de EEUU Dick Cheney acerca de las torturas: “Cada vez más, la línea del tiempo plantea la cuestión de por qué, si la tortura era para prevenir ataques terroristas, parece que ocurrió  principalmente durante el periodo en el que se [el equipo de Bush] estaba buscando lo que era esencialmente información política para justificar la invasión de Irak”.

Acto Segundo.- Son Exactamente las mismas palabras que utiliza Marshall en su blog de información política Talking Points Memo.

Acto Tercero.- Maureen Dowd se ha defendido en el Huffington Post -otro blog que cada vez adquiere más importancia-. Admite que el párrafo de su columna dominical es igual al que escribió Marshall el martes anterior. En su defensa dice que que “no leyó en toda la semana Talking Points Memo, sino que escuchó esas opiniones de boca de un amigo suyo, que con toda seguridad debe de haber leído a Josh Marshall sin decírmelo.”. Corrige su entrada con una indicación a la fuente. Ahora pone que lo dice Josh Marshall. Además ha borrado la alusión al equipo de Bush.

Esto me recuerda algunas discusiones que, de cuando en cuando, surgen con los alumnos. Pese a que conocen la prohibición de copiar y la obligación ética de enlazar con las fuentes, la frase sale siempre de alguna boca: “Sólo ha sido un párrafo y el resto está muy trabajado”. ¿Cuántas veces hay que matar a alguien para que te acusen de homicidio? Es más, ¿ese homicidio puede estropear toda una vida de honrado ciudadano? Cualquier juez no dudaría en sentenciar el homicidio con una sola víctima. Aunque luego haya atenuantes, los homicidas suelen llevar una vida ordenada y los vecinos acuden a los medios a decir que era un buen hombre y que nada hacía pensar que acabara matando.

En el periodismo ocurre lo mismo. Y cada vez más. En The New York Time supieron reaccionar ante el caso de Jayson Blair, aunque sea en menor escala. Entonces, un comité de investigación del plagio liderado por Allan M. Siegal identificó en una serie de exhaustivos artículos los desllices de Blair, que arrastraron consigo al director del NYT, Howell aines, que se vio obligado a dimitir.

Helena Barrera-Agarwal  reflexionó sobre el tema, y su pensamiento es extrapolable al momento actual y las circunstancias introducidas por internet en todos los medios del mundo:

Durante años Blair se había servido de la tecnología del periódico para escribir historias apócrifas. Usando teléfonos celulares había dado la impresión de encontrarse en los lugares de sus reportajes, sin abandonar Nueva York. Sus crónicas contenían pormenores plagiados de crónicas ajenas, descripciones redactadas con la ayuda de fotografías localizadas en bases de datos, declaraciones inventadas por su imaginación febril. A pesar de la gravedad y envergadura de sus embustes, con alarmante regularidad su firma había aparecido en la célebre primera plana (…)

El ambiente periodístico que permitió las actividades de Jayson Blair y de Judith Miller es un paradigma de los escollos que inquietan a la profesión. Seth Mnookin en su libro Hard News (Difíciles Noticias) alude a las características de la administración de Howell Raines valiéndose de las observaciones críticas de Daniel Okrent, editor público del The New York Times:

‘Una avidez por exclusivas; una cultura que valoraba espectaculares historias de primera página; una tendencia al periodismo de “golpea y corre”, en el que raramente se asignaba continuaciones escépticas a historias; y una mística en la que las fuentes de importancia eran tratadas con guante blanco.’

Hay que esperar una reacción del periódico para conocer el verdadero desenlace de la historia. En cualquier caso es una pena que esto sea así. El copia-pega es casi una herramienta más del oficio. Y si no, vean esto:

Artículo de Rosa J. Cano en Elpaís.com: ‘La calidad como reto para el nuevo periodismo digital’

El artículo en Periodistadigital.com

Reacción de Rosa en su blog:  ‘Me copian título y erratas’

 

 

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3 comentarios

  1. Hola, Félix,

    Visito tu blog regularmente. Acabo de leer tus dos posts sobre el New York Times y me sorprendo al encontrar un artículo mío gentilmente referido en ellos.

    Te escribo para comentar que el New York Times ya reaccionó frente a lo sucedido con Maureen Dowd. Se trata de un comunicado de prensa enviado por el departamento de Relaciones Públicas del periódico a Michael Calderone – de Politico.com – en el que se lee entre otras cosas:

    “Maureen nos pidió que corrigiéramos su columna en línea tan pronto como el error le fuese comunicado, añadiendo la fuente con un vínculo al blog de Marshall. Publicamos hoy una corrección en el periódico, refiriendo a nuestros lectores a la versión corregida en línea.

    No hay necesidad de hacer nada más, puesto que no hay alegación, indicio u otra reacción por parte de Marshall que indicase que el piense que esto fue algo más que un error. Se lo corrigió.”

    http://www.politico.com/blogs/michaelcalderone/0509/NYT_defends_Dowd_in_TPM_flap.html

    Esa defensa del periódico desde luego no resuelve la interrogante de cómo una conversación resultó en la copia casi al idéntico de un párrafo entero. Algo que desafía explicaciones.

    Muchos saludos,

    María Helena

  2. Efectivamente, María Helena, cuando escribí el post ya estaba corregida y lo reseño. No tenía todos datos que ahora me das.

    Cuando hablo de reacción del periódico me refiero a algo más oficial, algo así como lo que hicieron recientemente con Thomas Friedman, a quien además de hacerle devolver el dinero que había cobrado de la administración por dar unas conferencias le hicieron retractarse y dar explicaciones publicamente. La excusa del amigo de Maureen no parece muy consistente.

  3. […] York Time ya se enfrentaron con Jayson Blair al problema de un periodista de prestigio que plagia, pero supieron reaccionar. Entonces, un ‘comité de investigación del plagio’ liderado por Allan M. Siegal […]

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