Fotos que hieren la sensibilidad del lector de periódicos y límites de la manipulación

La sensibilidad de la audiencia -sea lector, oyente, televidente o usuario de la red- depende, de la cultura y del entorno social, tal y como comentábamos en la última entrada.

Ahora, para confirmar todo lo expuesto, acaba de saltar otro escándalo de la mano de una portada (al parecer) muy agresiva.

Portada difuminada del periódico 'Habertürk'.

Leo en Elmundo.com:

Desnuda hasta la cintura, manchada de sangre y con el cuchillo sobresaliendo de la espalda. Parece un fotograma de alguna película de terror, pero no: es la realidad. Retratada en una portada del periódico turco ‘Habertürk’, uno de los más leídos del país, con una tirada diaria de unos 230.000 ejemplares. Una portada que no ha sentado nada bien entre las asociaciones de mujeres que luchan contra la violencia.

“Esta portada y la foto no sirven para denunciar los asesinatos de mujeres sino para legitimiarlos“, reza el comunicado de la Plataforma de Insurrección contra los Asesinatos de Mujeres, integrada por las asociaciones feministas y de centros de acogida más importantes del país, como Mor Çati, WWHR, Kadav o Amargi. “A las mujeres y su entorno se les hace sentir indefensas contra la amenaza de la violencia masculina”, concluye.

Me recuerda el embolado que se montó en torno a las fotografías publicadas sobre el atentado del 11M (PDF) en Madrid.

También renace el viejo debate de la manipulación, la que se hace por ética y la que obedece a pura estética (PDF) .

El dolor y la imagen. Debate sobre el tratamiento informativo del 11-M | Varios diarios internacionales retocaron las fotografías más dramáticas | Los peligros del tratamiento digital y el respeto a los lectores Por J. Varela (PDF)

Esta fotografía (en realidad una serie de Pablo Torres servida por Reuters) fue manipulada por distintos medios para hacer menos evidentes los restos humanos dispersos por las vías. Tiscar Lara salvó una recopilación de Poynter.org que ha desaparecido (?) de la red.

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Aunque sea el mismo medio, una cosa es la web y otra el periódico en papel

Un interesante ejercicio es comparar lo que aparece en la página web de un periódico cuando salta una noticia y cómo lo publica después en papel. En ocasiones nos encontramos con diferencias muy marcadas. Podría deberse a la diferencia entre el lector de pantalla y el de prensa, que ofrece un perfil muy diferente y a las estrategias empresariales de la cabecera. Pero, ¿esto no distorsiona los principios de la credibilidad basada en el brand-name? ¿Está bien que la información se ofrezca de una forma en internet y otra en el diario?

 

Hoy Milagros Pérez Oliva, defensora del lector de El País, habla en su sección sobre “Las tenues fronteras del sensacionalismo“. Contesta así a las protestas de algunos lectores por la presentación de las fotos del cadáver de Gadafi, identificadas como una concesión al periodismo amarillo.

Tanto las fotos como los vídeos sobre la captura y muerte de Gadafi son de una gran violencia. ¿Estaba justificada la publicación de esas imágenes? Ricardo Gutiérrez, redactor jefe de Fotografía, asegura que ni él ni los demás responsables del diario tuvieron la más mínima duda: el valor informativo era incuestionable. La única duda que se planteó fue sobre la autenticidad, pues la imagen no era del todo nítida y las mismas fuentes habían anunciado tiempo atrás la captura de uno de los hijos del coronel, y esta no se había producido. Advirtiendo de esta cautela, la foto fue publicada en la cabecera de la edición digital. Y enseguida llegaron cartas de lectores.

Pérez Oliva comprende que las fronteras del sensacionalismo son imprecisas, sobre todo en una sociedad en la que este tipo de fotografías escabrosas circula con rapidez por la red y “se ha incrementado la tolerancia, tanto los editores como entre los lectores”. Por eso ha querido comprobar el tratamiento efectuado por otros medios “de referencia” (todos extranjeros, por cierto).

Me ha movido la curiosidad y, ya que Milagros se refiere a las ediciones digitales, he buscado portadas de papel de ese día. Y ha habido sorpresas:

“Como las fronteras del sensacionalismo son imprecisas, al recibir las primeras quejas quise comprobar qué tratamiento estaban dando a esas imágenes -sobre las ocho de la tarde del jueves- las webs de otros periódicos de referencia. En la prensa británica, The Guardian colocaba la foto de Gadafi en portada, pero con un tratamiento discreto: la foto del cadáver era la primera de un mosaico de cuatro que, en conjunto, ocupaba un espacio más bien discreto.”

Sin embargo, la portada en papel se dejó llevar por la emoción:

The Guardian

The Times mostraba en portada una gran foto de Gadafi aún vivo, aunque ensangrentado, y remitía a una galería de imágenes en la que había dos del cadáver.

Al día siguiente no hay fotos del tema en portada:

The Times

The Independent abría también su edición digital con la noticia, pero no llevaba la foto de Gadafi en portada. En el desarrollo interior incluía una imagen del coronel muerto, dentro de una galería con otras imágenes.

Efectivamente, después no puso fotos del cadaver en portada. Pero sí de su linchamiento, de una violencia extrema.

The Independent

El francés Le Monde abría con una gran foto en la portada, pero no era la del coronel muerto, sino la de un joven que exhibía un póster con la imagen del dictador muerto; era una forma muy indirecta de mostrar el cadáver.

Le Monde

Por su parte, La Repubblica, en Italia, mostraba en la portada dos grandes fotos, una de un joven exhibiendo la pistola de Gadafi y otra del cadáver.

Después la imagen del “cuerpo profanado” aparece, aunque en pequeño. Corriere hace lo propio:

La RepubblicaCorriere della Sera

Al otro lado del Atlántico, The Washington Post no llevaba fotos del dictador en portada, ni vivo ni muerto. La noticia remitía, mediante un enlace, al vídeo de su captura y a una galería de fotos, entre las que solo había una del cadáver.

En papel no exhibe el cadaver, pero ofrece la cara del dictador ensangrentada. Si bien es cierto que en un tamaña menor:

Washington Post

¿Y qué hacia The New York Times, el diario de referencia del resto de diarios? En ese momento la noticia de la muerte de Gadafi abría también su edición digital y como EL PAÍS, encabezaba la portada con una galería de fotos. Pero la que aparecía fija en primer lugar no era la del coronel muerto, sino una que mostraba el júbilo de los rebeldes. En la galería, la foto del cadáver figuraba en último lugar y cuando el lector iba a acceder a ella aparecía una advertencia en grandes caracteres: “La foto que sigue es una imagen del que se dice que es el cadáver de Gadafi”.

 

New York Times

“Como las fronteras del sensacionalismo son imprecisas, al recibir las primeras quejas quise comprobar qué tratamiento estaban dando a esas imágenes -sobre las ocho de la tarde del jueves- las webs de otros periódicos de referencia. En la prensa británica, The Guardian colocaba la foto de Gadafi en portada, pero con un tratamiento discreto: la foto del cadáver era la primera de un mosaico de cuatro que, en conjunto, ocupaba un espacio más bien discreto.”

Sin embargo, la portada en papel se dejó llevar por la emoción:

The Guardian

Sin embargo, aparte de esta diferenciación notoria y que merece un análisis detenido entre una plataforma y otra del mismo medio, habría que reflexionar sobre otras cuestiones. La defensora se da cuenta y dice:

La primera frontera está clara: el valor informativo debe prevalecer sobre la capacidad de impacto. En este caso, la imagen de Gadafi muerto pertenece a la misma categoría que la del cadáver del dictador rumano Nicolae Ceausescu, ejecutado en 1989, o la del cuerpo de Benito Mussolini colgado por los pies en una plaza de Milán tras ser ejecutado en 1945.

Los editores de los diarios mencionados coincidieron en que el valor informativo de la imagen justificaba su publicación. Pero no todos la colocaron en portada y no todos le dieron el mismo tratamiento. De lo cual se deduce que la frontera del sensacionalismo se sitúa, en estos casos, en la medida, en los matices. Varios de estos diarios han aplicado en este caso un criterio implícito: que el lector no se encuentre por sorpresa con una imagen tan desagradable, pero que pueda acceder a ella si quiere verla. The New York Times es el que aplicó este criterio de forma más exquisita.

Yo habría añadido que también cuenta la cultura. No es lo mismo un lector anglosajón que uno mediterráneo o iberoamericano:

ClarínO Globo

La VanguardiaEl Mundo

Queda claro que, en todo caso, el valor informativo de una imagen prevale sobre otras consideraciones.

 

Plagios y refritos periodísticos, fáciles de hacer pero también de detectar

En internet es muy fácil copiar y pegar artículos ajenos, pero también es tremendamente sencillo descubrir a quien se vale de esta técnica para presentar un trabajo como suyo.

Las alertas del Blog del Knight Center me avisan de que “una reportera de Politico renunció tras acusaciones de cometer plagio de artículos previamente publicados por The New York Times, Associated Press y otros medios”. Una nota editorial de la publicación digital señala:

“Uno de los principios inviolables del periodismo, algo por lo que trabajamos en Politico, es que lo publicamos sea genuino y nuestro (…) Nuestro estándar en Politico es ser honestos con nosotros mismos y con nuestros lectores cuando erramos, y actuar con prontitud, en forma justa y transparente para mantener la confianza del público.”

En The New York Time ya se enfrentaron con Jayson Blair al problema de un periodista de prestigio que plagia, pero supieron reaccionar. Entonces, un ‘comité de investigación del plagio’ liderado por Allan M. Siegal identificó en una serie de ‘exhaustivos’ artículos los desllices de Blair, que arrastraron consigo al director del NYT, Howell Aines, quien se vio obligado a dimitir.

No hay que engañarse, el copia-pega se está convirtiendo en una herramienta más del oficio. Pero tampoco hay que resignarse. Todas las estrellas tienen un ángulo poco fotogénico.

Helena Barrera-Agarwal  reflexionó sobre el caso de Jayson Blair, Su pensamiento es extrapolable al momento actual con las circunstancias introducidas por internet en todos los medios del mundo:

“Durante años Blair se había servido de la tecnología del periódico para escribir historias apócrifas. Usando teléfonos celulares había dado la impresión de encontrarse en los lugares de sus reportajes, sin abandonar Nueva York. Sus crónicas contenían pormenores plagiados de crónicas ajenas, descripciones redactadas con la ayuda de fotografías localizadas en bases de datos, declaraciones inventadas por su imaginación febril. A pesar de la gravedad y envergadura de sus embustes, con alarmante regularidad su firma había aparecido en la célebre primera plana (…)

El ambiente periodístico que permitió las actividades de Jayson Blair y de Judith Miller es un paradigma de los escollos que inquietan a la profesión. Seth Mnookin en su libro Hard News (Difíciles Noticias) alude a las características de la administración de Howell Raines valiéndose de las observaciones críticas de Daniel Okrent, editor público del The New York Times:

‘Una avidez por exclusivas; una cultura que valoraba espectaculares historias de primera página; una tendencia al periodismo de “golpea y corre”, en el que raramente se asignaba continuaciones escépticas a historias; y una mística en la que las fuentes de importancia eran tratadas con guante blanco.’

31 de mayo de 2006. Caigo en la cuenta de que los plagios en periodismo también pueden ser gráficos. La portada de Marca copia literalmente una imagen de un blog:

elcodigodeluis.jpg

7 de febrero de 2007. La agencia EFE despide, por primera vez en su historia, a una redactora por plagiar un artículo de la Wikipedia.

25 de marzo de 2007. Pero esto también afecta a personajes muy acostumbrados a escribir. El novelista peruano Alfredo Bryce Echenique es acusado por estas fechas de sucesivos plagios en revistas y  periódicos. Más tarde, también Arturo Pérez Reverte se topa con el fantasma del copia-pega en sus artículos.

18 de mayo de 2009. Maureen Dowd, ganadora del premio Pulizter en 1999 y columnista de New York Times, plagió al menos un párrafo entero de un artículo publicado en un blog sin citarlo. El prestigioso periódico norteamericano tuvo que publicar una corrección y pedir disculpas. La periodista, en cambio, dijo que nunca antes leyó ese texto (ing.) pero que se lo escuchó decir a un amigo suyo.

13 de enero de 2010. Una sentencia condena a Periodistadigital.com a pagar 3.100 euros al blogger Samuel Parra, experto en protección de datos, cuyo post “El cotillear se va a acabar (en la Administración de Justicia)” fue reproducido tal cual dos días después por el medio online. Para el juez, esto “supone una infracción de los derechos de autor de Samuel Parra por plagio del citado artículo sin autorización ni citación de la fuente ni del autor”.

No es la primera vez que PD es acusada de plagio.  Rosa J.C. denunció que esta página le copió hasta las erratas.

7 de febrero de 2010. Sin embargo Periodistadigital.com señala con el dedo a El País por hacer lo mismo en un artículo -que reproduce literalmente otro de La Defensora del Lector  de ese diario-. Esta vez admite la reproducción total bajo un intento de eximir la culpa mediante un subtítulo: “Autoplagiarse de forma tan extensa y tan literal puede menoscabar su imagen (la de José Tamayo, que firma la pieza) y la del propio diario El País”. Sorprende la falta de autocrítica y de comillas que indiquen donde comienza la cita:

Por su interés, reproducimos a continuación el artículo Historias de plagios y autoplagios de la Defensora del Lector del El País, Milagros Pérez Oliva, publicada este domingo 7 febrero 2010 en el diario.

La historia que les traigo hoy a colación tiene que ver con las inseguridades del mundo digital, donde las cosas no siempre son lo que parecen ser y donde llegar a desentrañar lo que realmente es requiere a veces un esfuerzo casi detectivesco que no siempre los lectores están en condiciones de hacer. Vean este ejemplo: un lector de Tarragona, Miquel Sunyol, me envía este correo: “ El País se hizo eco en su momento de la muerte de Edward Schillebeeckx, uno de los grandes teólogos del siglo XX, lo cual es un punto positivo para El País. Mi asombro vino cuando pude comprobar que la reseña necrológica, firmada por Juan José Tamayo, era un simple ejercicio -propio de un mal alumno de ESO- de copiar y pegar, extractado de Wikipedia (los profesores de ESO suelen darse cuenta cuando ocurren estas cosas). Edward Schillebeeckx y los lectores de El País se merecían otra cosa”, escribe. El lector se había tomado la molestia de copiar en paralelo las dos versiones, la de Wikipedia y la de El País.

Sin embargo, Pérez Oliva coteja las versiones de quienes gestionaron la necrológica y la del propio autor, y descubre que la primera, la que coincidía con Wikipedia, también era obra de Tamayo. Sorprendente la conclusión de la Defensora del Lector:

He aquí cómo, en tiempos de Internet, el verdadero autor puede llegar a ser sospechoso de plagio, y quedar incómodamente indefenso y hasta ignorante de la mala fama que ello le puede reportar.

No se pierdan el final del artículo de la Defensora, con otros dos aleccionadores ejemplos de copia-pega:

Una lectora de Madrid, Rosa de Lera López, me escribió el 21 de diciembre para advertirme de que acababa de leer una noticia calcada de otra publicada anteriormente. “Creo que un periódico de la talla y prestigio de EL PAÍS no puede permitirse este autoplagio tan escandaloso”, decía, enfadada. Efectivamente, la noticia EL PAÍS, líder en Twitter, publicada el 21 de diciembre, era casi idéntica a la titulada EL PAÍS es líder en Twitter, del 29 de octubre. Sólo se había cambiado la cifra de usuarios. Un burdo copiar y pegar con firma corporativa que, tratándose de una noticia que quiere destacar un éxito del propio diario, no habla precisamente a favor de su calidad.

El hecho de que EL PAÍS sea utilizado como base de documentación por muchos académicos, y que sea además tan fácil acceder a los archivos, hace que plagios y autoplagios sean ahora mucho más fácilmente detectables. Un profesor universitario me escribe, con ruego que de que no mencione su nombre, para advertirme de que el artículo de Javier Sampedro publicado el 27 de diciembre bajo el título Patente omisión, es en su mayor parte una reproducción literal de otro titulado El precio de no inventar, publicado por el mismo Sampedro ¡en septiembre de 1998!

Sampedro me facilita la siguiente explicación: “El lector está en lo cierto. Quería mostrar ejemplos históricos de patentes, recordé que los tenía escritos en una vieja pieza, la busqué y los tomé de ahí. Incurro a menudo en este tipo de autoplagios. Cuando has explicado cien veces lo que es el ADN, ya no puedes mejorar más ese párrafo, y lo lógico es tomarlo de artículos anteriores. Un hiperlink evitaría tener que hacerlo, pero apenas los usamos en nuestra web”. Sampedro es uno de los divulgadores científicos más respetados. Aun cuando el texto sobre las patentes siga siendo tan interesante como lo era el de 1998, autoplagiarse de forma tan extensa y tan literal puede menoscabar su imagen y la del propio diario. Y desde luego estoy segura de que también hiere la vista de sus admiradores.

9 de febrero de 2009. Las cabeceras también se acusan unas a otras de plagio. La página 8 del ABC de este lunes se convierte en un golpe a la línea de flotación del diario La Razón, dirigido por Francisco Marhuenda. Lo hace con pruebas documentales, pues buena parte del contenido del editorial “Toda una vida”, publicado por ABC el pasado sábado, reaparecía al otro día, pero en las páginas de La Razón.

15 de febrero de 2010. @ramonsalaverria se queja en Twitter de que en El Mundo le copian sin pararse a enlazar, que es lo mínimo:

“Esto se llama plagio: ayer en mi blog; hace un rato en El Mundo. No hay links”

16 de febrero de 2010. El País informa de que el diario The New York Times investiga a uno de sus periodistas económicos sospechoso de haber plagiado palabras y pasajes publicados, entre otros, por el Wall Street Journal o la agencia Reuters. El periódico neoyorquino aseguró en la sección Correcciones que en el último año, en varios artículos económicos y en uno de los blogs de su edición online, un redactor, Zachery Kouwe, “parece haberse apropiado indebidamente de expresiones y pasajes publicados por otros medios de comunicación”.

17 de marzo de 2010. Otro de los grandes, The Washington Post, pide disculpas en un editorial publicado en su página web porque Sari Horwitz , ganadora nada menos que de dos premios Pulitzer, ha plagiado parte de dos reportajes publicados por el Arizona Republic Newspaper.

2 de mayo de 2010. Milagros Pérez Oliva vuelve a la carga desde su posición de Defensora del Lector de El País para arremeter contra “el periodismo de refrito y composición”:

Examinados los casos, no he encontrado plagio, y así se lo he hecho saber, pero la insistencia en este tipo de quejas me ha llevado a observar con un poco más de detenimiento esta cuestión. Y lo que he encontrado es algo que parece molestar a los lectores tanto como el plagio, aunque no lo sea: lo que podríamos llamar periodismo de refrito y composición. Son artículos “tan inspirados” en otros, que parecen copiados (…) Pero la lección que extraer de estas quejas es clara: hemos de evitar el periodismo de refrito, tener mucho cuidado con el de composición y en todo caso, ser exquisitamente respetuosos con el trabajo de los demás, citando aquellos artículos cuyo contenido nos parezca interesante reproducir.

20 de junio de 2010. Los casos de plagio se multiplican por la facilidad de las nuevas tecnologías y, además, gracias a ellas se dan a conocer con gran viralidad. Los medios deciden despedir a quien encuentra culpable http://www.eae-deusto.es/contabilidad-finanzas/inicio.htm?c=I10111M3107   .Jill Geisler, del Poynter, opina que un despido puede ser justificado si el periodista ha actuado de espaldas al medio. Ofrece algunos consejos para los editores.

 7 de septiembre de 2010. La portadilla del programa Puro Cuatro de la cadena de televisión del mismo nombre presenta como una noticia real una de las habituales burlas de El Mundo Today, que publicó una información acerca de la posibilidad de que el nuevo iPod no permita escuchar “música de mierda”. Reproduce declaraciones que habría hecho el fallecido presidente de Apple, Steve Jobs, durante la presentación de novedades de la compañía.

26 de diciembre de 2010. Borja Cabeaga introduce un nuevo matiz en este ejercicio “tan periodístico” que es el corta y pega:

Este fenómeno lo he padecido mucho como entrevistado. Noto una gran diferencia entre las entrevistas que me hacían hace dos años con el estreno de mi anterior película y las que me hacen ahora. A mí me gusta llamarlo “el Armageddon del corta-pega”. Consiste en que el periodista no te entrevista por teléfono ni presencialmente, sino que te envía las preguntas por mail y tú escribes las respuestas. La ventaja para el entrevistado es que no hay peligro de tergiversación en tus palabras y la desventaja es que le estás haciendo el trabajo al periodista. Eso sí que es “yo periodista”… El entrevistador abre el documento, selecciona el texto, corta y pega y ya tiene su artículo. Si hay un “yo periodista”, lo normal sería que en los próximos años hubiera un “yo médico”, un “yo auxiliar administrativo” o un “yo técnico nuclear”.

27 de febrero de 2011. Milagros Pérez Oliva hace una nueva incursión sobre el plagio y la falta de respeto al trabajo ajeno, que se presenta nuevos matices cuando el periodista se hace pasar por experto en un tema que desconoce. Esta vez la Defensora del Lector analiza el caso relacionado con un artículo publicado el 20 de febrero en el suplemento Negocios a página entera y en un formato reservado a las grandes aportaciones. En ese artículo, firmado porBorja Vilaseca, se defiende que el actual modelo de consumo es insostenible y se argumentan las razones sin que aparezzca ni una sola cita, de modo que cualquier lector puede pensar, con lógica, que lo allí expuesto es una formulación original del autor:

“Mi sorpresa fue”, prosigue, “que al leer el artículo me encontré con una transcripción resumen, en algunos casos con expresiones idénticas, del vídeo de Annie Leonard La historia de las cosas, uno de los mejores audiovisuales que yo he visto explicando este tema”. El lector tenía razón. Esta defensora se quedó estupefacta al comprobar no solo que el texto sigue fielmente el esquema del vídeo, sino que, como dice Carlos Ballesteros, “hay expresiones que son literalmente una transcripción de la traducción española que hay en YouTube”.

17 de agosto de 2011. La bloguera británica Alice acusa al diario Daily Mail de apropiarse sin su consentimiento de unas fotografías que ella hizo y posteriormente colgó en su cuenta de Twitter. El rotativo colgó las fotos en su sitio web sin atender a las condiciones de la bloguera y eliminando además todos los ‘links’ que relacionaban la noticia con ella.

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‘Churnalism’ arma de detección (de plagios) masiva.  Se trata de una nueva plataforma independiente sin ánimo de lucro creada por Media Standards Trust cuya función es comprobar la originalidad de los textos periodísticos fusilados tal cual de otros medios, sin enlace y sin remordimiento. Mediante un sistema de comparación pretende detectar qué textos son una copia o cuales son originales. El término es una fusión de los términos en inglés “churn” (remover o revolver) y “journalism”, (periodismo).

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