Un medio que dice investigar frente a una ‘casa de citas’ o como algunos periodistas perdieron su ética

Recuerdo con cariño a una compañera, profesional de cierto éxito, que pasaba las mañanas en su mesa de trabajo sin pegar palo al agua. En los 90 algunas redacciones eran como balnearios. Hasta te daba tiempo a leer la prensa o tomarte un café con los compañeros entre artículo y artículo. Pero esta profesión siempre ha estado llena de tipos listos, que trabajan lo mínimo y que saben venderse.

 

Esta chica –ya no tanto-a la que me refiero, y de la que es mejor no decir su nombre porque tiene muy mal genio, es una verdadera maestra del aparentar sin ser. Su mantra telefónico repetía una y otra vez “Aquí estamos, trabajando a tumba abierta”. Je, je. Hay tipos habilidosos y que saben venderse. Después he conocido que son legión. Lástima que cada vez les queden menos posibilidades para hacerlo.La situción hoy es otra.

 

El arte del escaqueo en las redacciones está en vía de extinción. Me pregunto qué dirá ahora esta mujer cuando descuelgue el teléfono y, sobre todo, qué hará para mantener su ultrarrelajado ritmo de trabajo en las adelgazadas redacciones de la crisis. Supongo que habrá buscado imaginativas argucias para seguir aprovechándosedel esfuerzo de los compañeros. Qué pena.

Luis Rendueles y Manuel Marlasca, subdirector y adjunto a la dirección de Interviú me dan una pista sobre las nuevas picardías de redactor. Son reporteros de sucesos que no necesitan presentación, transpiran oficio por todos sus poros y poseen el ojo hipercrítico y la pluma afilada propia del plumilla de la vieja escuela. En A quemarropa, su blog, acabo de leer una de las entradas más esclarecedoras de los últimos tiempos sobre la diferencia entre ‘periodismo ético’, que cita las fuentes aunque éstas sean su competencia, y ‘periodismo jeta’ (que nadie lea ‘periodismo Jota’, que sería un chiste fácil), que es aquél que se apropia sin rubor del trabajo de los demás y lo disfraza de investigación.

La entrada es brillante desde el principio:

No nos gusta entrar en peleas de periodistas: a ver quién la tiene más grande –la exclusiva–, a ver quién es más aguerrido, o mejor investigador –nosotros nunca nos hemos considerado investigadores, solo periodistas–. Pero siguiendo a Groucho Marx,“nunca olvido una cara, pero con la suya haré una excepción”–, vamos a contar un caso real ocurrido esta semana y que ilustra cómo anda la profesión, o algunos profesionales.

La historia, para simplicar, ilustra cómo algunos periodistas ayudan a otros compañeros cuando éstos acuden a ellos, incluso citan a otros medios en sus artículos pero, más tarde, ven desolados cómo plagian su trabajo sin siquiera citarles. Sería lo mínimo, digo yo.

Pero la realidad es ésta. Hay quien no cita y presenta su artículo –ya viejo- como una novedosa investigación. ¿Será porque los redactores jefe tienen tanto trabajo que no les da tiempo a leer lo que publican otros medios? No lo sé, pero tiene razón Rendueles en su párrafo de cierra. Es mejor trabajar en una ‘casa de citas’ (gran imagen) que hacer eso que algunos llaman periodismo de investigación:

Primero pensamos que El Mundo había olvidado citar el reportaje que su periódico pidió –imaginamos que para documentarse–. Luego, un amigo, veterano en esto de tratar con las tres p (periodistas, prostitutas, policías), nos lo explicó: “vosotros sí citáis vuestras fuentes, debe ser por eso que algunos dicen que en Interviú sois una casa de citas; pero El Mundo no; y a eso le llaman, algunos, periodismo de investigación”.

Pero pasen y lean el post completo, que merece la pena.

El mensaje del maestro Restrepo

Consulta 871.
En una reunión de concejales se dio lectura a una carta anónima que denunciaba irregularidades en el manejo del presupuesto municipal. Un periodista que cubría la reunión informó porque había ocurrido en el encuentro de concejales; otro periodista se abstuvo porque la carta era anónima y las irregularidades no habían sido comprobadas. ¿Cómo se debió proceder?   

Respuesta:
El buen periodismo rechaza los documentos anónimos, a menos que una investigación a partir de sus datos, confirme las aseveraciones del anónimo De este enunciado general se desprende:
  • Toda fuente debe ser sometida a comprobación, tanto de su autenticidad ( que la fuente sea quien dice ser) como de la veracidad de sus afirmaciones.
  • Es obligatorio dar a conocer al lector la fuente de donde proceden las informaciones que se publican. La excepción se da cuando de conocerse el nombre de la fuente, correrían peligro su vida o su trabajo.
  • La fuente anónima, lo mismo que los rumores, exponen al periodista y su medio a ser objeto de manipulación por parte de quienes se valen del nombre y el rostro del periodista y del medio, para atacar sin dar la cara.
  • El periodista es mucho más que un simple intermediario que trae y lleva informaciones de documentos o de entrevistas. Profesionalmente debe estar preparado para someter cualquiera información a comprobación, análisis y desarrollo.
  • Documentos anónimos y rumores, sin embargo, pueden ser el punto de partida para una investigación con otras fuentes, con el fin de validar la información sin nombre, o para invalidarla definitivamente.
 
Referencia Bibliográfica:
 
  • El rumor no es noticia en El Colombiano. Publicarlo es darle entidad de hecho comprobado, con los naturales riesgos para la credibilidad del periódico y para las personas involucradas. El rumor debe utilizarse solo como una pista que puede conducir a hechos comprobables.
  • Los testimonios de fuentes anónimas a través de cartas, grabaciones o conversaciones telefónicas deben ser examinados minuciosamente y confirmados con otras fuentes antes de su publicación. Inclusive las conversaciones telefónicas con fuentes que se identifican, deben ser sometidas a un examen de autenticidad.
    Manual de Estilo y Redacción de El Colombiano. Medellín, a. 2.1.1 y 2.1.16.
  • Los rumores no son noticia. Cuando el rumor sea utilizado por algún grupo como arma contra otro, se podrá denunciar este hecho, pero sin citar las acusaciones difundidas mediante esta argucia.
    Libro de Estilo de El País, Madrid. A 113.
  • Al procesar comunicados o boletines oficiales de cualquier organización, este debe identificarse con toda claridad y precisión.
  • La autenticidad de todo comunicado o boletín deberá ser comprobada, cualquiera que haya sido el medio para su difusión.
  • En toda comunicación telefónica el periodista establecerá plenamente la identidad del interlocutor y se asegurará de haber captado con exactitud su declaración.
    Manual de Redacción del diario El Tiempo, de Bogotá. Aa 201.09 20110 20111.

 

 

 

De cuando en cuando -menos de lo que me gustaría- me acerco al Consultorio Ético de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano para disfrutar de la respuesta a consultas como ésta. Lo lleva magistralmente Javier Dario Restrepo, probablemente la autoridad máxima en nuestro idioma en asuntos de ética y un verdadero referente en toda América Latina. Creo que es una de esas pocas pocas personas que nos hacen olvidar que las referencias clásicas para el “gran periodismo” están más al Norte y sólo en inglés.

A muchos quizá lo que más le suene de Restrepo es la máxima que acompaña siempre a sus talleres, y que en realidad es una frase de García Márquez: “La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siermpre al periodismo como el zumbido al moscardón”.El zumbido y el moscardón” es precisamente el título de su libro más conocido. Se trata de una recopilación de las lecciones que imparte desde 1995 junto a algunas de las cosultas más interesantes de este consultorio.