Brotes verdes en el periodismo de investigación gracias a Wikileaks

El viernes pasado, en la primera sesión del Laboratorio de Periodismo de la APM, a la que me invitaron como orientador del debate, se habló largo y tendido sobre el estado de la profesión. Y entre quejidos y lamentaciones, que hubo varios como es lógico, fueron abriéndose paso algunas ideas. En futuras reuniones se intentará centrar el tema con el fin de que la foto de la profesión tenga una mayor definición.

Es bueno que los periodistas hablen sobre periodismo y que no lo hagan solo en las cenas con los amigos y compañeros. (vídeo 5:00).

 Muchas reflexiones sobre la mesa para empezar. Personalmente me quedo con dos ideas que merece la pena desarrollar:

1.       Juanjo Amorín, CEO de la red social Kedin y directivo de la APM, expreso la necesidad de trabajar más en la narrativa digital y reprochó cortésmente que en las universidades que no se esté haciendo. Eso, tengo que confesar, me alteró un tanto. En la mía se hace. ¿Qué imagen estamos dando de lo que aprenden los nuevos periodistas?

2.      ¿Dónde ha quedado el periodismo de investigación? Desde luego ha abandonado los periódicos. Dos elementos nuevos en el ecosistema mediático cubren la aguda carencia de trabajos de profundidad: las fundaciones sin ánimo de lucro, tipo ProPublica(ing.) y los movimientos de denuncia como Wikileaks.

 

Poco ha habido que esperar para que Wikileaks nos descubra lo que ha dado en llamarse el Cablegate. Si no es periodismo propiamente dicho, es una organización empeñada en hacer cumplir los mismos fines que cimenta la profesión. Su integridad ética se quiere poner en duda, pero hasta ahora Assange ha demostrado un férreo compromiso con eso que llamamos “principios éticos”. 

Algunos apuntes rápidos frente a todo lo que se nos viene encima:

Lo mejor: se ha animado un panorama últimamente en declive. Los periodistas, en lugar de clamar contra “esa caja de filtraciones”, deberíamos estar contentos de ver cómo renace el periodismo de investigación. El Watergate, que es el gran orgullo del género, nació también de filtraciones de una garganta profunda. Ahora se ha proporcionado la información a cinco grandes medios para que investiguen y confirmen los datos. Nada sospechoso.

El making-of de la filtración a El País. Se puede leer en Proyecto C, un blog escrito desde “la mina chilena”,  que es como han llamado en el diario al grupo encargado de la investigación de los datos proporcionados por Wikileaks. Lo escribe Joseba Elola.

 Joseba Elola firmó precisamente la entrevista a Assange. Un buen documento para centrar el tema (y el problema de este hombre, que es el de toda su organización).

Próximas entregas en español de la filtración de Wikileaks: El País ha hecho un extraordinario despliegue en la red, pero los documentos dan para mucho: “En los próximos días difundiremos informaciones relevantes sobre Venezuela, México, Bolivia, Cuba y otros países (…) Hoy mismo arrancamos con Argentina”, anuncia Javier Moreno.

“Tal vez lo que estamos presenciando no sea el nacimiento de un nuevo tipo de periodismo, sino un mundo donde ahora es muchísimo más arduo para los gobiernos y otros ocultarle información a la opinión pública.” Hillary Bishop

 

Anuncios

‘Bookcrossing’ de libros de periodismo

No sé si existe el Destino con mayúscula ni si el azar contribuye a recrear nuestra existencia. El otoño ahoga Madrid y no estoy para pensar en ello. Pero es cierto que el Fatum me ha visitado en alguna ocasión. Hoy acabo de tropezarme con un libro de periodismo en la calle. Y es el segundo que toca el tema en menos de una semana. ¿El bookcrossing tiene un panóptico global y un dedazo para elegir los lectores?

Parece una invención, pero no lo es. Tengo en este momento en mis manos dos novelas con un denominador común: ambas tocan de alguna manera la profesión. En la portada de las dos puedo ver claramente una etiqueta con un aviso para que colabore en un proyecto social de bookcrossing. Si doy cuenta de que he encontrado estos libros, el Ayuntamiento de Madrid y la cervezas Mahou donarán seis euros (tres por libro) a programas de ayuda.

Noticia bomba.jpg El primero de los libros, con el que me tropecé el domingo pasado, ya lo he leído hace años. Es una edición de bolsillo de ¡Noticia bomba!, de Evelyn Waugh. Aún sonrío al recordar algunas de las anécdotas que cuenta esta caricatura de determinado “periodismo de corresponsal”.

Creo que voy a pasar unas tardes agradables releyendo a Waugh (1903-1966) disfrutando de su impagable humor británico. ¡Fantástico Retorno a Brideshead!

La memoria es muy traidora. He tenido que releer la solapa y buscar alguna información sobre el título para centrar bien algo que, en su momento, fue para mí un motivo importante de reflexión. Pero, estoy refrescando las sinapsis. Sólo a un inglés se le puede ocurrir una parodia como ésta (que me perdone la Academia por las tildes que todavía me salen sin pensar) en la que los periodistas se pasan la vida más preocupados por inventar la noticia que por descubrirla mientras los medios dan el trabajo a profesionales poco conocedores de los temas que van a tratar.

El hombre que quería recordar.jpgEl segundo libro lo encontré ayer. Es El hombre que quería recordar, de Andrea Ferrari. Al parecer es un relato juvenil que trata de un aprendiz de periodista que, ya con 17 años, trabaja en prácticas en un periódico. Tiene que reconstruir el pasado, y con ello reconstruir la identidad, de un herido en accidente que no recuerda nada de su vida. A priori, parece sugerente como metáfora del mundo actual y una propuesta para los periodistas ¿no?

Bueno, ya he registrado los encuentros para que se haga la donación y, una vez los lea, los dejo a disposición de quien me los reclame. Que siga la bola del bookcrossing y la labor social de las marcas implicadas en esta empresa. Pero esta vez que el encuentro sea digital.

Si te interesa alguno de estos libros, pídemelo. Ya sabes, estoy en el centro de Madrid o en la Uni en Getafe (martes y jueves). Tendrás que venir a por él. Tan sólo necesito un par de semanas de inmersión en sus páginas y los libero y que quien se los lleve me asegure que va a continuar la cadena. Lo del “pásalo” tiene muchas connotaciones.

Y dejaré la reflexión sobre la casualidad y el destino para otra vez. La serendipia ha favorecido los avances de la ciencia pero no es científico creer en ella.

Hay nueva ortografía, y los periodistas somos transmisores

Los cambios ortográficos provocan recelos y resistencias entre los hablantes, a los que les ha costado mucho acostumbrarse a la norma. Ahora la RAE trae unos pocos más, no excesivos, la verdad, pero puede que innecesarios. Y la polémica nos afecta de lleno a los periodistas como guardianes de la pureza del idioma. El País, por ejemplo, lleva varias semanas sin acentuar  los ‘solo’ adverbios ni los pronombres este y esta.

El idioma ha cambiado la fecha y el lugar de origen. Ahora que sabemos que el castellano es dos siglos más antiguo de lo que nos decían y que su partida de nacimiento no está en La Rioja sino en Castilla y León. Sin haber digerido la noticia, vienen los académicos a fijar y dar más esplendor a la anciana lengua en una nueva obra de más de 800 páginas, Ortografía de la lengua española, que será ratificada este mismo mes y verá la luz antes de que acabe el año. Para quien no se haya enterado, éstas (cuesta adaptarse a los cambios) estas son las novedades:

  • Hay letras que cambian de nombre. La ‘y griega’ ahora es ‘ye’ ahora y la ‘i latina’ se queda en ‘i’. Ya no hay ‘be alta’ y ‘be baja’, pues se quedan en ‘b’ (dígase be) y ‘v’ (dígase uve).
  • El diccionario se queda con 27 letras. Desaparecen definitivamente del abecedario ‘ch’ y “ll’.
  • Tenemos que olvidarnos de los diacríticos. Ya no se acentúan los demostrativos este, esta, estos, estas para diferenciar las formas pronominales. Tampoco hay que desperdiciar tildes para el distinguir solo adverbio de solo adjetivo, algo que ya se dijo allá por 1959.  Entonces se recomendaba su uso si daba lugar a duda, pero casi nadie hizo caso. A partir de ahora “esta mañana vendrá” o “pasaré solo el verano” pueden significar dos cosas, pero tienen una sola escritura. Igualmente pierde la tilde la ‘o’ internumérica y a partir de ahora ya se puede escribir 5 o 6, pues la RAE considera que el ordenador hace muy bien la diferencia entre letras y números.
  • Guion y truhan se escriben sin tilde. Son monosílabos. Escribirlo de otra forma se considerará falta de ortografía, lo mismo ocurre con hui, riais, sion, fie…
  • En algunas palabras la ‘c’ sustituye a la ‘q’. Hay que escribir ‘Catar’ pero no ‘Qatar’ y ‘cuórum’, nunca más ‘quórum’ . Quien prefiera la vieja escuela, deberá ponerlo en cursiva y sin tilde: ‘quórum’. Irak tampoco volverá a ser Iraq.

Reforma mínima con propuestas innecesarias pero no perturbadoras, según José Antonio Marina. Pero si son innecesarias ¿para qué se hacen? Aún recuerdo cómo se alteraba mi abuelo cuando le decía que era muy antiguo por escribir ‘obscuro’. Porque la ortografía se ha convertido también en una forma de diferenciación generacional gracias a la RAE.

Los periodistas somos también maestros de la lengua, entre nuestras obligaciones una muy importante es ésa esa. Pero, la ortografía no es una ciencia sino una convención, tal y como afirma Víctor García de la Concha. Por eso Andrés Bello, ya en 1823 hizo unas nunca suficientemente atendidas Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar la ortografía en América. Tan sólo Juan Ramón Jiménez, desde su pulpito, quiso acabar con la dictadura de la ‘g’ y las ‘j’ en sus escritos, pero poco más. Quizá ahora escuchemos/leamos algo interesante al respecto.

Me recuerda un lúcido artículo de Roberto Hernández Montoya, “La Real Academia Española tiene mala ortografía”, (creo que merece una lectura reposada y desprovista de prejuicios) en el que, a partir de aquella frase de Andrés Bello que recuerda que “la pendantería de las escuelas es peor que la ignorancia”, se puede leer:

Por no seguir ese principio, no sabemos si escribir injerencia o ingerencia; total si hay gerencias ¿por qué no puede haber ingerencias?