El periodista es narrador, no cómplice de lo que cuenta

Acabo de aterrizar en Madrid tras una larga estancia en el Reino Unido y, claro, lo primero es ‘aclarar el jabón’ de la inmersión inglesa con una rápida hojeada a los RSS atrasados en Netvibes, que son bastantes.

Entre todo lo que veo me llama la atención que El Periódico de Catalunya cambió la portada del lunes 29 de agosto pasado por presiones ejercidas por usuarios de Twiter.  Un aluvión de comentarios en la red social demostraron hasta qué punto es cierto que las redes sociales están cambiando la forma de hacer periodismo más allá de la pantalla del ordenador. Su efecto llega también al papel.

Enric Hernández, director del diario, lo cuenta en primera persona y explica cómo reaccionó el diario cambiando la portada.

Montaje-portada-elperiodico

Me gusta el razonamiento de Enric:

“Si un solo lector puede malinterpretar un titular, es que este es erróneo”

El cambio de la entradilla es mínimo, pero esencial. Donde ponía “un catálogo de los delitos más habituales en la capital”, ahora pone “un catálogo plagado de expresiones xenófobas”.

No es necesario dar explicaciones ni alterar la esencia de una noticia, que es tal cual es; pero sí conviene dejar claro que una publicación no comparte el espíritu de la información que da en un momento determinado. El Periódico reaccionó bien y a tiempo.

 

La responsabilidad del periodista financiero

No paro de pensar en cuánto de subjetivo hay en esta crisis global que nos abduce. Creo que no soy el único en subrayar cierta -no toda, por supuesto- responsabilidad por parte de los medios en esta liposucción indeseada de las finanzas planetarias. No hemos sabido distinguir entre la economía productiva y la especulativa, que al fin y al cabo es la última responsable -junto a un salvaje pensamiento ultra liberal- del desaguisado. Y ya se sabe, si ayudamos a que se extienda la percepción de que el mercado está a punto de hundirse, éste se hundirá (George Soros, nada menos, dixit).

¿No intervienen los periodistas en los vaivenes económicos?

Un ejemplo significativo y reciente. El domingo, El País nos regalaba una de las brillantes columnas de Thomas L. Friedman en las que el apóstol del neoliberalismo decía: 

Tengo que hacer una confesión y una sugerencia. La confesión es que últimamente, cuando entro en algún restaurante, miro hacia las mesas a mi alrededor, que con bastante frecuencia siguen repletas de gente joven, y me invade un incontenible deseo de ir mesa por mesa diciéndoles: “Ya sé que no me conocéis de nada, pero tengo que deciros que no deberíais estar aquí. Deberíais estar ahorrando dinero. Deberíais estar en casa comiendo bocadillos de sardinas. Esta crisis económica va a alargarse durante mucho tiempo. Esto no es más que el fin del principio. En serio, pedid que os pongan ese filete para llevar y marchaos a casa”.

Generalmente el articulista del New York Times me abduce con su estilo ligero y brillante, pero enseguida me rebelo. En este caso paradigmático de periodista que influye en economía, y mucho, me resulta fácil hacerlo. ¿Qué pasaría si todos nos retraemos con el consumo y dejamos de acudir a bares y restaurantes? ¿No contribuimos a hacer más grave la crisis condenando al sector de la hostelería al cierre? ¿Hasta donde puede llevarnos la espiral iniciada con las subprimes y la locura del ladrillo? De momento es suficiente con que cierren fábricas como las de puertas en la provincia de Toledo porque ya no se construyen apenas casas o que haya despidos masivos en la industria del automóvil porque no se dan créditos y, por tanto, no se venden coches.

A veces, el periodista no es tan transparente en su análisis. En 2000, Anil Bhoyrul y James Hipwell, redactores de la columna “City Slickers” del británico The Daily Mirror, violaron el código de conducta británico, que prohíbe a los periodistas sacar provecho de la información financiera antes de que se publique y escribir sobre empresas en cuyo capital participan sin informar antes a su director. Lo peor del caso es que también el director de The Daily Mirror, Piers Morgan, utilizó esta información privilegiada para operar en Bolsa.

Gustavo Bravo se pregunta si el periodista es el remedio o la enfermedad en momentos de crisis económica. Me descubre un interesante informe elaborado por el observatorio británico de medios de comunicación Polis LSE. El estudio, dirigido por Damian Tambini, analiza la ética y la responsabilidad de la profesión en momentos financieros como los que estamos viviendo. Aporta elementos de reflexión sobre los derechos adquiridos por el periodismo, sobre todo por el especializado en economía. Es necesario plantearse si estas prerrogativas son directamente proporcionarles a su responsabilidad con la sociedad. Además, se abre un nuevo frente con la información digital, especialmente la que gira alrededor de los blogs, pues en este campo no es tan sencillo apelar a la ética o buscar la profesionalidad. La información se mezcla en la red, la del profesional y la del que no lo es.

Según Damian “no hay evidencias de un trastorno en las normas éticas ni de graves niveles de negligencia en el periodismo financiero actual sobre la base de las entrevistas realizadas para este estudio”, en el que han participado casi una veintena de periodistas, “pero hay una sensación generalizada de que los retos a los que se enfrentaba tradicionalmente un periodista financiero, como el de no ser utilizado por sus fuentes, el mantenimiento adecuado de escepticismo, o el conseguir la exclusiva sin caer en maldades, están siendo redefinidos en el contexto de las nuevas tecnológicas”.

 Informe completo de Damian Tambini (en inglés)

Esa “redefinición” de la que Tambini habla puede tener varias direcciones. Los medios económicos digitales han visto incrementado su número de lectores en los últimos meses de forma considerable, así como han crecido en número los blogs dispuestos a explicar con sus palabras la situación financiera actual. El mismo Rodríguez Zapatero parecía consciente del poder de los medios cuando decidió reunirse con los principales editores españoles para debatir cómo abordar informativamente la crisis en aras de tranquilizar el mercado. ¿Cual es el poder del periodismo actual para crear opinión? ¿Pueden alterar la dirección y el orden de los mercados si se lo proponen?  De ser así, ¿deben hacerlo? Si los blogs vigilan a los medios, ¿quién vigila a los blogs?

Ahora no sé a qué se debe está pasión por ser el primero en llevar la palabra ‘recesión’ a portada. Quizá evite malas conciencias de algunos jefes ante compañeros despedidos. La crisis económica es también una buena excusa para justificar la profunda crisis del periodismo. Pero a primera vista no debería tratarse más que de otra convergencia de la que poder hablar: la que une un mal planteamiento del sistema económico con la penosa situación del periodismo. Pero y no hablo sólo del papel agobiado por el empuje digital, entiéndanme.Hablo del Periodismo con mayúsculas que es lo que realmente está en crisis.

Si Sarkozy afirmó en un momento de euforia que hay que refundar el capitalismo y sus bases éticas, probablemente nosotros tengamos que proponernos refundar el periodismo. Está haciendo aguas por muchas vías, está en crisis y hay muchas razones para ello. Tendremos que acudir a los orígenes y comenzar de nuevo a plantear definiciones, marcar objetivos y responsabilidades sociales y proyectarlos sobre el momento actual, transformado por nuevos paradigmas difíciles de entender para muchos.

Leo al respecto, entre divertido y asombrado, la opinión del catedrático de Economía Financiera (y subrayo esto para que conste que se trata de un pensamiento cualificado) Oriol Amat en la insuperable “La Contra” de La Vanguardia:

 ¡Ojalá esta crisis fuera lo bastante profunda como para obligar a corregir el sistema! Y lamento el sufrimiento que causa, pero si al final fuerza estas mejoras, no será inútil.

Se me ocurre que sería divertido apropiarme de ese razonamiento para aplicarlo al periodismo, al Periodismo. ¿Serviría como catarsis dejarlo hundirse hasta que toque fondo con el fin de que rebote y se refunde?

 

Hay periodismos que matan

El argentino La Nación me recuerda en un editorial que el periodismo mata y, la verdad, muy a mi pesar me ha hecho sonreír. Por lo que dice y por lo despistado que soy. Por un momento he pensado que estaba en el diario argentino y no en la página digital del grupo español Intereconomía. Me tendría que haber dado cuenta por el diseño o por la URL, que avisa bien claro que el dominio es español; sin embargo no he caído hasta que he leído “predrojotiano”:

A veces les pasa a las compañías, como a la de aviación United Airlines, que viene un inexperto periodista anónimo y les funde los plomos. Esto es, un novato lee una antigua información de cuando la empresa esta al borde de la suspensión de pagos. La toma por nueva la publica y produce un efecto dominó sobre las acciones de United que bajan un 99% en Wall Street. Este tipo de dramas. Son aún más molestos cuando afecta a las personas.

La empresa del alcalde de Nueva York, Bloomberg, tan seria ella y tan aséptica, editó sin más un obituario del célebre Steve Jobs el fundador y consejero delegado de la compañía de informática Apple (hoy reconvertida en firma de telefonía). Naturalmente, se trataba de una metedura de pata, grande, pero una metedura de pata. Jobs vive y parece que goza de buena salud.

(…)Así que el periodismo mata y arrolla. Produce víctimas de las que debemos sacar provecho, en el mejor sentido, naturalmente, todos los que nos dedicamos a este oficio. Las noticias hay que confirmarlas. Bastante cuesta luego mantenerlas en pie, aun sabiendo que son ciertas.

Esto me recuerda una poco conocida anécdota del periodismo español que refleja el estimulo contrario al de la humildad y el reconocimiento del fallo, cuando lo hay: la contumacia y/o la soberbia. Hace muchos años, el Diario de Irán publicó un obituario dedicado a un popular comerciante de la villa. “Don Fulano de tal falleció ayer en Irán a la edad de 73 años….”, ya saben. Airados, sus familiares recurrieron al diario porque el comerciante no había muerto. Alguien no confirmó la información. Al día siguiente, publicaba, en similares alardes tipográficos, el mentís de su noticia: “Por error, les informábamos ayer del fallecimiento de don tal …”

Quince días después, esta misma persona fallecía. Una especie de saña, de quien no asimiló bien que el periodismo mata guió la pluma de quien escribió la necrológica. “Por fin murió ayer en Irán el comerciante don Fulano de Tal…” Sólo le faltó añadir aquello tan pedrojotiano de: “Como este periódico ya adelantó en exclusiva hace 15 días”. Créanme, el periodismo mata.

Responsabilidad de los medios ante el terrorismo

Después de publicar el post anterior, me he parado un momento a pensar sobre las lecturas off line. Mi reacción, Paulov por medio, fue probablemente motivada por ésta: 

En la presentación del último número de Cuaderno de Periodistas, Urbaneja cuenta que recientemente escuchó “en una cadena de televisión que presume de seriedad, y que se siente depositaria del buen priodismo, una alusión al secuestro de la política colombiana Ingrid Betancourt por las guerrillas terroristas qu se trataba de una ‘detención’, y el cronista siguió tan ancho, como el editor, presentador… Así vamos”.

Gorka Landaburu piensa que hay una intoxicación sobre el tema de ETA, de manera que el grupo terrorista copa muchas portadas innecesariamente, sólo porque vende bien. No obstante, no puede haber autocensura, sino actuar con ética. Para él es importante la afirmación de la Unesco acerca de que el mayor servicio que los medios pueden prestar en la lucha contra el terrorismo es actuar libremente. Pero con una matización importante: “los medios, además de defender la libertad, deben defender la democracia”. La banda atentó contra él (vídeo 0:44 m)

José Luis Barbería, por su parte, cree que Batasuna ha convocado ruedas de prensa, con gran impacto mediático, en las que no decía nada nuevo. Se regala un espacio demasiado valioso cuando “la única noticia de ellos que interesa es la que no están dispuestos a darnos”.

  •  Descargar el artículo. En él se muestra partidario de reducir drásticamente el desmesurado espacio que se dedica al terrorismo, incluidas las páginas de condenas rituales y se dicen cosas como éstas, que no tienen desperdicio: “Los medios de comunicación no podemos ser neutrales puesto que formamos parte del sistema democrático y estamos comprometidos en la defensa de los derecho humanos que los terroristas tratan de destruir (…) ¿Por qué nos comportamos, a veces, como si el mensaje de los terroristas fuera una mercancia más destinada a excitar la antención de los lectores? (…) Tienen sus propios medios de comunicación, pero éstos cumplen casi exclusivamente la función de cementar la cohesión interna en su espacio político. Al resto, nos necesitan para que labremos el camino que conduce al desistimiento colectivo. Atención no aspiran tanto a convencernos de las bondades de sus propuestas, como a que les apliquemos ese tratamiento aséptico, aceptado tácitamente por algunos de nuestros compañeros, que, invocando la imparcialidad profesional, consigue, precisamente, el efecto contrario a la mirada objetiva, en la medida que ignora o amortigua las diferencias entre el terrorismo y la democracia (…) Conviene no olvidar que en la ponencia Txinaurriak (hormigas) de KAS elaborada en 1995 para preparar el terreno al asesinato de periodistas (‘el frente mediático’, que dicen ellos) explicaban que con esos atentados se trataba de conseguir ‘que los periodistas que ahora piden guerra, pidan luego soluciones’ (…) ¿Han conseguido domesticarnos? Aceptamos con resignación que nos retiren el derecho a preguntarles en sus comparecencias (…) pasamos por alto que hayan impuesto el veto a una serie de periódicos y hasta nos disputamos sus declaraciones (…) La quema de un cajero bancario puede dar para dos columnas ocn foto (..) No soy partidario de un apagón infromativo -los hechos son sagrados-, pero sí de reducir drásticamente el desmesurado espacio que dedicamos al terrorismo (…) El exceso de información produce, además, el efecto perverso de normalizar la presencia del terrorismo y de exagerar el peligro, al tiempo que adormece conciencias y facilita la impresión buscada de que todo lo que se haga contra ellos resultará inútil.

Lourdes Pérez se muestra preocupada por la utilización de las nuevas tecnologías, concretamente de internet, por bandas terroristas como Al Qaeda.

  •  Descargar el artículo. En él se aboga por extremar la responsabilidad social para sobreponerse al miedo colectivo, no magnificar equivocadamente el impacto del terror, saberlo calibrar para no infravalorarlo y no alimentar la visceralidad. Y, por supuesto, prestarle la debida atención a las víctimas.

Terrorismo: entre la información y la propaganda

Anoche, actualidad manda, el Telediario de las 21:00 de TVE fue machacón con las noticias referentes a ETA: dos nuevos zulos encontrados y entrega por parte del Reino Unido de tres miembros de la banda terrorista. Muchos detalles y mucha imagen de niños con cara de no romper ningún plato en su vida. Demasiado tiempo en pantalla para noticias que, sospecho, podrían haberse transmitido de forma mucho más sintética.

Unas veces porque la cámara es excesiva y otras porque las palabras nos traicionan. Es preciso pararse y meditar sobre un tema en el que es más importante para los periodistas aclarar términos que buscar conspiraciones.

Mediante un lenguaje metafórico y, supuestamente, correcto desde el punto de vista político lo único que se consigue es dignificar a los delincuentes y sus actividades. Los medios se convierten así, en complices involuntarios en la transmisión de los mensajes de las bandas terroristas. De alguna forma, el periodismo (transmisión de noticias) se convierte en propaganda (transmisión de ideas) cuando en las informaciones se utilizan términos como estós cuando se debería expresar de otra forma:

  • Proceso de paz: tregua con las bombas.
  • Kale borroka: terrorismo callejero.
  • Violentos: terroristas callejeros.
  • Baja intensidad: unos pocos muertos menos.
  • Voluntad pacificadora: deseo independentista.
  • Comando: grupo de asesinos.
  • Izquierda abertzale: independentistas violentos.
  • Alto el fuego: cese de actividades sanguinarias
  • Lucha armada: terrorismo.
  • Grupo separatista: banda terrorista.
  • conflicto.
  • Activistas: terroristas.
  • Impuesto revolucionario: chantaje mafioso.
  • En nombre del pueblo vasco: en nombre de una minoría que quiere imponerse.