Convergencia: de qué estamos hablando

Hay cierta dispersión mental cuando se habla de convergencia. Sospecho que es porque en ocasiones quien habla se refiere a una cosa y el que escucha entiende otra.

En periodismo se aceptan habitualmente cinco tipos de convergencia:

1. Convergencia del capital. Se refiere a que los grupos financieros tienden a agruparse, a absorber a otros hasta crear grandes emporios mediáticos. Hay muchos condicionantes legales, éticos y sociales que, aunque sólo sea en teoría (algunos hay), deberían marcas caminos y límites para que no sea sólo el negocio quien decida algo tan trascendente para toda la sociedad. 

2. Convergencia tecnológica. Las innovaciones aportan nuevas herramientas digitales que nos llevan hacia un vértice que con toda probabilidad será una pantalla única. Aún está por ver cuál de las cuatro pantallas en liza (tv, ordenador, móvil o pda) será el vértice; pero todo apunta hacia el móvil.

3. Convergencia de los contenidos. Hasta ahora cada medio mantenía una versión perfectamente diferenciada. Todavía hoy la formación que se imparte en las facultades marca la divergencia conscientemente: por un lado están las titulaciones de Periodismo y, por otro, las Audiovisuales. La adaptación de los planes de estudio a la realidad del mercado no se produce con suficiente velocidad, los profesores se ven desbordados y los alumnos desconcertados.

4. Convergencia de redacciones, mediática o editorial, según autores. También se le ha llamado integración de redacciones. Es la más polémica y suele ser el centro de las conversaciones entre colegas, sobre todo porque lleva asociada una consecuencia inevitable: la reducción de plantillas. Se trata de reunir en un mismo lugar lugar a los productores de información que alimenten a distintos medios y plataformas.

5. Convergencia periodística. Reclama la vieja idea del periodista todoterreno, aunque en este caso más que aquel que se adapta a todos los géneros y secciones de una redacción, reclama un profesional conocedor de todos los medios y sus herramientas. La imagen de esta deseada versatilidad la vimos con la película Kika de Almodóvar, donde Victoria Abril lleva a cuestas todo tipo de aparataje para emitir al instante en cualquier formato. Fuera de España se conoce como “periodismo de mochila” (backpack jurnalism) o “de navaja suiza”.

La tecnología trastoca el ecosistema mediático cada cierto tiempo. Los profesionales lo vivimos como una verdadera revolución, lo celebramos, hablamos de nuevas crisis (cuándo no) y, finalmente, nos adaptamos a la realidad. La linotipia, el offset, la llegada de los ordenadores a las redacciones… ahora internet, son  escalones en la innovación profesional que conllevaron cierta tensión. Y ante el progreso no queda otra opción que asumirlo, aprovechar todas sus ventajas e intentar minimizar cualquier inconveniente.

Es cierto que las redacciones digitales integradas se muestran como el paradigma del progreso, la victoria del conocimiento que da servicio a todo tipo de nanoaudiencias, que ayuda a los empresarios a racionalizar costes y a anunciantes a encontrar sus nichos.

Pero también lo es que estas plataformas multimedia capaces de integrar imágenes texto y sonido no han revelado, tal y como recuerdan Fogel y Patiño, “subida alguna de la calidad ni de la rentabilidad de las empresas”. Porque la experiencia no es nueva. Ya habíamos visto intentos de convergencia en radio y televisión. Por eso, estos autores señalan que “La suma de las redacciones nunca llegó a buen puerto, mientras que la división del talento se esboza con unos periodistas que trabajan al mismo tiempo en internet y en otro medio”. Y ahí está el principal riesgo de la convergencia de redacciones, que se convierta en la partición del talento.

Lo que hay que preguntarse es si más allá de la convergencia tecnológica, lo que realmente nos está abrumando es la convergencia de los intereses económicos, que conlleva una concentración del poder de decisión en pocas manos. Tenemos que preguntarnos si esto es algo consustancial a la globalización o uno de sus daños colaterales. Porque en nuestro campo, la convergencia digital es algo más que un proceso tecnológico -contra el que se sitúan sólo unos pocos desinformados-. Supone, no nos engañemos, un cambio de gran trascendencia para la comunicación, para el periodismo, para los periodistas y para su objeto de trabajo, la información. 

No podemos aceptar lo que se nos viene encima sin más, sin reflexionar, sin debatir.

Hoy por hoy, hay tres bandos bien diferenciados en la profesión a la hora de hablar de integración de redacciones:

1. Los indiferentes. Son la gran mayoría. Ni siquiera se plantean el tema y se limitan a seguir con su rutina sin más. Es curioso que se trate de personas con una gran capacidad de percepción y análisis y un desarrollado espíritu crítico hacia todo tipo de cuestiones sociales.

2. Los defensores. En las redacciones suelen ser pocos, muy jóvenes y con altos conocimientos tecnológicos. Son optimistas exarcebados y verdaderos apóstoles de la integración. Su número aumenta si buscamos en internet, sobre todo en blogs de tecnología, o sondeamos a periodistas especializados en temas digitales. También los editores se muestran muy proclives, aunque de momento pocos han dado el paso. Quienes lo han hecho hasta ahora parecen movidos por cuestiones de prestigio. Los argumentos a favor se basan en el aprovechamiento de la polivalencia de los periodistas, que puede redundar en mejor aprovechamiento para los distintos medios en distintos niveles:

Fuentes e ideas. Compartirlas reforzará el producto en las distintas plataformas de emisión. Es positivo para la elaboración de temas, pues las piezas conjuntas tienen un planteamiento global con una cobertura más amplia.

Recursos. Se aprovechan mejor, sobre todo en la cobertura de acontecimientos imprevistos.

Imágenes y documentos sonoros. Se ahorra mucho tiempo y esfuerzos al compartirse en distintos soportes.

Renovación. Las redacciones del papel tienen una gran oportunidad para rejuvenecerse y dar esquinazo al riesgo de desaparición. Además, es una forma de atraer nuevos lectores.

3. Los detractores. Tampoco son muchos. Se notan más en círculos sindicales y en los esclarecedores análisis de algunos docentes. Temen que de una operación de índole empresarial y de reducción de costos -algo lícito-, se desprenda un periodismo más barato, estereotipado y mucho menos elaborado. Sus argumentos son dos:

La calidad de la información se resiente cuando un redactor tiene que atender a más de una tarea. Es algo humano.

Es un ardid empresarial para incorporarse a la red sin que suponga una gran inversión, pues rentabilizan la mano de obra que ya tienen.

Pere Massip debate en Brasil sobre convergencia (vídeo 6:13)

Personalmente estoy más cerca de este tercer grupo. Soy muy escéptico con las redacciones integradas aunque me maravillan las inmensas posibilidades que plantea la tecnología para la información. Tan sólo se trata de aprovecharlas, pero, por favor, no sólo para ganar dinero. Es importante atender a la forma en que se aplica la convergencia, que en sí misma es un fenómeno inevitable y positivo.

Los vértices sin pulir en este poliedro son demasiados. Hasta el Derecho quedará tocado por la convergencia mediática. Aunque según la Ley de Propiedad Intelectual el soporte de la obra no debería afectar a su protección, es evidente que los nuevos soportes generan nuevas modalidades de explotación y modifican casi todos los conceptos legales, como por ejemplo: el concepto de obra de autor, la atribución de autorías y derechos, los derechos morales, los derechos económicos, la transmisión de derechos, los sistemas de protección y los sistemas de gestión.

Hasta ahora los movimientos de convergencia redaccional más significativos se han producido en el ámbito anglosajón y, salvo alguna incursión de las televisiones, suele ocurrir entre medios impresos y digitales. Hay muchos ejemplos:

El Financial Times unificó a los redactores del diario impreso y digital en 1999.

El New York Times muestra con orgullo su redacción integrada, cuyo proceso comenzó en agosto de 2005 con el objeto de “ganar calidad y operatividad”.

En diciembre de 2005, USA Today también decidió dar el paso. Su fin “crear una sola empresa informativa de 24 horas”.

En España, El Mundo está probando de momento con la convergencia de algunas secciones. Comunicación, Deportes y Ciencia están integrados desde septiembre de 2007, y trabajan indistintamente para el periódico y la edición online.

20 Minutos es el ejemplo más exitoso y mejor implementado en nuestro entorno de convergencia redaccional.

Roy Greenslade tomó el pulso a la integración de las redacciones de tres importantes medios británicos, The Daily Telegraph, Financial Times y The Times, en enero pasado (en inglés). Su visión es optimista, aunque reclama planificación empresarial y cambio de mentalidad  en los periodistas, que deben ser más creativos y aprender nuevas técnicas para su trabajo.

Pero también es cierto, aunque puede verse como un daño correlativo al progreso, algo que ya conocieron los primeros trabajadores de la revolución industrial con la llegada de las máquinas de vapor, que estas decisiones acarrean reducciones de plantilla. Por ejemplo, a principios de diciembre de 2005, el Orlando Sentinel despidió a 33 periodistas y el Chicago Tribune puso en la calle a otros 28 por esta razón (aunque hay otras). En este momento hay muchos de los 1.300 trabajadores del New York Times están esperando a que les echen. La “optimización de recursos” y “aprovechamiento de sinergias” son razones que todos entendemos en estos momentos de crisis editorial.

Hay casos muy señalados, como The Washington Post o The Guardian que no han integrado sus redacciones y, sin embargo, han demostrado que el modelo divergente funciona perfectamente, tanto en calidad y como en beneficios (aunque el segundo ha anunciado que se replanteará su organización para el otoño). Tan sólo se trata de encontrar el modelo de negocio en la red.

“No se trata de hacer un periodismo más barato, sino de hacerlo mejor. Los informadores actuales y los nuevos periodistas tienen que recibir una formación multimedia y acostumbrarse a trabajar en redacciones convergentes y polivalentes. Nos oponemos al informador multiuso, convertido gracias a las herramientas digitales en una especie de navaja de explorador

Son palabras del profesor José Álvarez Marcos en el Manual de Redacción Ciberperiodística que traigo como ejemplo de que para muchos investigadores y profesionales (antes hablé de Fogel y Patiño) la convergencia redaccional es tanto fenómeno inevitable como sinónimo de más trabajo y menos calidad informativa.

La solución no es resistirse, es debatir. ¿Por qué la era de la superespecialización no llega a las redacciones? ¿Seguiremos hablando de lo mismo cuando se aclare el negocio en la red? ¿Estamos observando el tema desde la perspectiva adecuada? 

 
 
 
 

 

5 comentarios

  1. […] cuando la convergencia en todas sus variedades marca el futuro del periodismo, va la tele pública y abandona una de ellas -y no la menos […]

  2. […] que recordar que, hasta ahora, TWP no se ha rendido a la convergencia redaccional. El río Potomac separa geográficamente a los redactores dedicados al papel y a los digitales. […]

  3. […] que la utopía tecnológica nos haya metido a todos en su absorbente razonamiento. Puede que la convergencia sea un fenómeno que llega con el propio paso del tiempo, el avance de esa tecnología prometida y, al tiempo, se explique en algunas de sus facetas (es […]

  4. […] contra la integración redaccional Publicado el Lunes 16 Feb 09 por felixbahon Me gusta distinguir entre los distintos tipos de convergencias que se están produciendo, porque es una palabra polisémica que puede llevarnos a hablar de temas diferentes. Para la […]

  5. […] económica y tecnológica. Son elementos transversales de los que no podemos liberarnos y que nos arrastran inevitablemente hacia un prototipo de periodista parecido al dibujado por Almodóvar e…. La formación multiplataforma es en estos momentos un requisito tan esencial como hablar idiomas. […]

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