Fotos que hieren la sensibilidad del lector de periódicos y límites de la manipulación

La sensibilidad de la audiencia -sea lector, oyente, televidente o usuario de la red- depende, de la cultura y del entorno social, tal y como comentábamos en la última entrada.

Ahora, para confirmar todo lo expuesto, acaba de saltar otro escándalo de la mano de una portada (al parecer) muy agresiva.

Portada difuminada del periódico 'Habertürk'.

Leo en Elmundo.com:

Desnuda hasta la cintura, manchada de sangre y con el cuchillo sobresaliendo de la espalda. Parece un fotograma de alguna película de terror, pero no: es la realidad. Retratada en una portada del periódico turco ‘Habertürk’, uno de los más leídos del país, con una tirada diaria de unos 230.000 ejemplares. Una portada que no ha sentado nada bien entre las asociaciones de mujeres que luchan contra la violencia.

“Esta portada y la foto no sirven para denunciar los asesinatos de mujeres sino para legitimiarlos“, reza el comunicado de la Plataforma de Insurrección contra los Asesinatos de Mujeres, integrada por las asociaciones feministas y de centros de acogida más importantes del país, como Mor Çati, WWHR, Kadav o Amargi. “A las mujeres y su entorno se les hace sentir indefensas contra la amenaza de la violencia masculina”, concluye.

Me recuerda el embolado que se montó en torno a las fotografías publicadas sobre el atentado del 11M (PDF) en Madrid.

También renace el viejo debate de la manipulación, la que se hace por ética y la que obedece a pura estética (PDF) .

El dolor y la imagen. Debate sobre el tratamiento informativo del 11-M | Varios diarios internacionales retocaron las fotografías más dramáticas | Los peligros del tratamiento digital y el respeto a los lectores Por J. Varela (PDF)

Esta fotografía (en realidad una serie de Pablo Torres servida por Reuters) fue manipulada por distintos medios para hacer menos evidentes los restos humanos dispersos por las vías. Tiscar Lara salvó una recopilación de Poynter.org que ha desaparecido (?) de la red.

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Plagios y refritos periodísticos, fáciles de hacer pero también de detectar

En internet es muy fácil copiar y pegar artículos ajenos, pero también es tremendamente sencillo descubrir a quien se vale de esta técnica para presentar un trabajo como suyo.

Las alertas del Blog del Knight Center me avisan de que “una reportera de Politico renunció tras acusaciones de cometer plagio de artículos previamente publicados por The New York Times, Associated Press y otros medios”. Una nota editorial de la publicación digital señala:

“Uno de los principios inviolables del periodismo, algo por lo que trabajamos en Politico, es que lo publicamos sea genuino y nuestro (…) Nuestro estándar en Politico es ser honestos con nosotros mismos y con nuestros lectores cuando erramos, y actuar con prontitud, en forma justa y transparente para mantener la confianza del público.”

En The New York Time ya se enfrentaron con Jayson Blair al problema de un periodista de prestigio que plagia, pero supieron reaccionar. Entonces, un ‘comité de investigación del plagio’ liderado por Allan M. Siegal identificó en una serie de ‘exhaustivos’ artículos los desllices de Blair, que arrastraron consigo al director del NYT, Howell Aines, quien se vio obligado a dimitir.

No hay que engañarse, el copia-pega se está convirtiendo en una herramienta más del oficio. Pero tampoco hay que resignarse. Todas las estrellas tienen un ángulo poco fotogénico.

Helena Barrera-Agarwal  reflexionó sobre el caso de Jayson Blair, Su pensamiento es extrapolable al momento actual con las circunstancias introducidas por internet en todos los medios del mundo:

“Durante años Blair se había servido de la tecnología del periódico para escribir historias apócrifas. Usando teléfonos celulares había dado la impresión de encontrarse en los lugares de sus reportajes, sin abandonar Nueva York. Sus crónicas contenían pormenores plagiados de crónicas ajenas, descripciones redactadas con la ayuda de fotografías localizadas en bases de datos, declaraciones inventadas por su imaginación febril. A pesar de la gravedad y envergadura de sus embustes, con alarmante regularidad su firma había aparecido en la célebre primera plana (…)

El ambiente periodístico que permitió las actividades de Jayson Blair y de Judith Miller es un paradigma de los escollos que inquietan a la profesión. Seth Mnookin en su libro Hard News (Difíciles Noticias) alude a las características de la administración de Howell Raines valiéndose de las observaciones críticas de Daniel Okrent, editor público del The New York Times:

‘Una avidez por exclusivas; una cultura que valoraba espectaculares historias de primera página; una tendencia al periodismo de “golpea y corre”, en el que raramente se asignaba continuaciones escépticas a historias; y una mística en la que las fuentes de importancia eran tratadas con guante blanco.’

31 de mayo de 2006. Caigo en la cuenta de que los plagios en periodismo también pueden ser gráficos. La portada de Marca copia literalmente una imagen de un blog:

elcodigodeluis.jpg

7 de febrero de 2007. La agencia EFE despide, por primera vez en su historia, a una redactora por plagiar un artículo de la Wikipedia.

25 de marzo de 2007. Pero esto también afecta a personajes muy acostumbrados a escribir. El novelista peruano Alfredo Bryce Echenique es acusado por estas fechas de sucesivos plagios en revistas y  periódicos. Más tarde, también Arturo Pérez Reverte se topa con el fantasma del copia-pega en sus artículos.

18 de mayo de 2009. Maureen Dowd, ganadora del premio Pulizter en 1999 y columnista de New York Times, plagió al menos un párrafo entero de un artículo publicado en un blog sin citarlo. El prestigioso periódico norteamericano tuvo que publicar una corrección y pedir disculpas. La periodista, en cambio, dijo que nunca antes leyó ese texto (ing.) pero que se lo escuchó decir a un amigo suyo.

13 de enero de 2010. Una sentencia condena a Periodistadigital.com a pagar 3.100 euros al blogger Samuel Parra, experto en protección de datos, cuyo post “El cotillear se va a acabar (en la Administración de Justicia)” fue reproducido tal cual dos días después por el medio online. Para el juez, esto “supone una infracción de los derechos de autor de Samuel Parra por plagio del citado artículo sin autorización ni citación de la fuente ni del autor”.

No es la primera vez que PD es acusada de plagio.  Rosa J.C. denunció que esta página le copió hasta las erratas.

7 de febrero de 2010. Sin embargo Periodistadigital.com señala con el dedo a El País por hacer lo mismo en un artículo -que reproduce literalmente otro de La Defensora del Lector  de ese diario-. Esta vez admite la reproducción total bajo un intento de eximir la culpa mediante un subtítulo: “Autoplagiarse de forma tan extensa y tan literal puede menoscabar su imagen (la de José Tamayo, que firma la pieza) y la del propio diario El País”. Sorprende la falta de autocrítica y de comillas que indiquen donde comienza la cita:

Por su interés, reproducimos a continuación el artículo Historias de plagios y autoplagios de la Defensora del Lector del El País, Milagros Pérez Oliva, publicada este domingo 7 febrero 2010 en el diario.

La historia que les traigo hoy a colación tiene que ver con las inseguridades del mundo digital, donde las cosas no siempre son lo que parecen ser y donde llegar a desentrañar lo que realmente es requiere a veces un esfuerzo casi detectivesco que no siempre los lectores están en condiciones de hacer. Vean este ejemplo: un lector de Tarragona, Miquel Sunyol, me envía este correo: “ El País se hizo eco en su momento de la muerte de Edward Schillebeeckx, uno de los grandes teólogos del siglo XX, lo cual es un punto positivo para El País. Mi asombro vino cuando pude comprobar que la reseña necrológica, firmada por Juan José Tamayo, era un simple ejercicio -propio de un mal alumno de ESO- de copiar y pegar, extractado de Wikipedia (los profesores de ESO suelen darse cuenta cuando ocurren estas cosas). Edward Schillebeeckx y los lectores de El País se merecían otra cosa”, escribe. El lector se había tomado la molestia de copiar en paralelo las dos versiones, la de Wikipedia y la de El País.

Sin embargo, Pérez Oliva coteja las versiones de quienes gestionaron la necrológica y la del propio autor, y descubre que la primera, la que coincidía con Wikipedia, también era obra de Tamayo. Sorprendente la conclusión de la Defensora del Lector:

He aquí cómo, en tiempos de Internet, el verdadero autor puede llegar a ser sospechoso de plagio, y quedar incómodamente indefenso y hasta ignorante de la mala fama que ello le puede reportar.

No se pierdan el final del artículo de la Defensora, con otros dos aleccionadores ejemplos de copia-pega:

Una lectora de Madrid, Rosa de Lera López, me escribió el 21 de diciembre para advertirme de que acababa de leer una noticia calcada de otra publicada anteriormente. “Creo que un periódico de la talla y prestigio de EL PAÍS no puede permitirse este autoplagio tan escandaloso”, decía, enfadada. Efectivamente, la noticia EL PAÍS, líder en Twitter, publicada el 21 de diciembre, era casi idéntica a la titulada EL PAÍS es líder en Twitter, del 29 de octubre. Sólo se había cambiado la cifra de usuarios. Un burdo copiar y pegar con firma corporativa que, tratándose de una noticia que quiere destacar un éxito del propio diario, no habla precisamente a favor de su calidad.

El hecho de que EL PAÍS sea utilizado como base de documentación por muchos académicos, y que sea además tan fácil acceder a los archivos, hace que plagios y autoplagios sean ahora mucho más fácilmente detectables. Un profesor universitario me escribe, con ruego que de que no mencione su nombre, para advertirme de que el artículo de Javier Sampedro publicado el 27 de diciembre bajo el título Patente omisión, es en su mayor parte una reproducción literal de otro titulado El precio de no inventar, publicado por el mismo Sampedro ¡en septiembre de 1998!

Sampedro me facilita la siguiente explicación: “El lector está en lo cierto. Quería mostrar ejemplos históricos de patentes, recordé que los tenía escritos en una vieja pieza, la busqué y los tomé de ahí. Incurro a menudo en este tipo de autoplagios. Cuando has explicado cien veces lo que es el ADN, ya no puedes mejorar más ese párrafo, y lo lógico es tomarlo de artículos anteriores. Un hiperlink evitaría tener que hacerlo, pero apenas los usamos en nuestra web”. Sampedro es uno de los divulgadores científicos más respetados. Aun cuando el texto sobre las patentes siga siendo tan interesante como lo era el de 1998, autoplagiarse de forma tan extensa y tan literal puede menoscabar su imagen y la del propio diario. Y desde luego estoy segura de que también hiere la vista de sus admiradores.

9 de febrero de 2009. Las cabeceras también se acusan unas a otras de plagio. La página 8 del ABC de este lunes se convierte en un golpe a la línea de flotación del diario La Razón, dirigido por Francisco Marhuenda. Lo hace con pruebas documentales, pues buena parte del contenido del editorial “Toda una vida”, publicado por ABC el pasado sábado, reaparecía al otro día, pero en las páginas de La Razón.

15 de febrero de 2010. @ramonsalaverria se queja en Twitter de que en El Mundo le copian sin pararse a enlazar, que es lo mínimo:

“Esto se llama plagio: ayer en mi blog; hace un rato en El Mundo. No hay links”

16 de febrero de 2010. El País informa de que el diario The New York Times investiga a uno de sus periodistas económicos sospechoso de haber plagiado palabras y pasajes publicados, entre otros, por el Wall Street Journal o la agencia Reuters. El periódico neoyorquino aseguró en la sección Correcciones que en el último año, en varios artículos económicos y en uno de los blogs de su edición online, un redactor, Zachery Kouwe, “parece haberse apropiado indebidamente de expresiones y pasajes publicados por otros medios de comunicación”.

17 de marzo de 2010. Otro de los grandes, The Washington Post, pide disculpas en un editorial publicado en su página web porque Sari Horwitz , ganadora nada menos que de dos premios Pulitzer, ha plagiado parte de dos reportajes publicados por el Arizona Republic Newspaper.

2 de mayo de 2010. Milagros Pérez Oliva vuelve a la carga desde su posición de Defensora del Lector de El País para arremeter contra “el periodismo de refrito y composición”:

Examinados los casos, no he encontrado plagio, y así se lo he hecho saber, pero la insistencia en este tipo de quejas me ha llevado a observar con un poco más de detenimiento esta cuestión. Y lo que he encontrado es algo que parece molestar a los lectores tanto como el plagio, aunque no lo sea: lo que podríamos llamar periodismo de refrito y composición. Son artículos “tan inspirados” en otros, que parecen copiados (…) Pero la lección que extraer de estas quejas es clara: hemos de evitar el periodismo de refrito, tener mucho cuidado con el de composición y en todo caso, ser exquisitamente respetuosos con el trabajo de los demás, citando aquellos artículos cuyo contenido nos parezca interesante reproducir.

20 de junio de 2010. Los casos de plagio se multiplican por la facilidad de las nuevas tecnologías y, además, gracias a ellas se dan a conocer con gran viralidad. Los medios deciden despedir a quien encuentra culpable http://www.eae-deusto.es/contabilidad-finanzas/inicio.htm?c=I10111M3107   .Jill Geisler, del Poynter, opina que un despido puede ser justificado si el periodista ha actuado de espaldas al medio. Ofrece algunos consejos para los editores.

 7 de septiembre de 2010. La portadilla del programa Puro Cuatro de la cadena de televisión del mismo nombre presenta como una noticia real una de las habituales burlas de El Mundo Today, que publicó una información acerca de la posibilidad de que el nuevo iPod no permita escuchar “música de mierda”. Reproduce declaraciones que habría hecho el fallecido presidente de Apple, Steve Jobs, durante la presentación de novedades de la compañía.

26 de diciembre de 2010. Borja Cabeaga introduce un nuevo matiz en este ejercicio “tan periodístico” que es el corta y pega:

Este fenómeno lo he padecido mucho como entrevistado. Noto una gran diferencia entre las entrevistas que me hacían hace dos años con el estreno de mi anterior película y las que me hacen ahora. A mí me gusta llamarlo “el Armageddon del corta-pega”. Consiste en que el periodista no te entrevista por teléfono ni presencialmente, sino que te envía las preguntas por mail y tú escribes las respuestas. La ventaja para el entrevistado es que no hay peligro de tergiversación en tus palabras y la desventaja es que le estás haciendo el trabajo al periodista. Eso sí que es “yo periodista”… El entrevistador abre el documento, selecciona el texto, corta y pega y ya tiene su artículo. Si hay un “yo periodista”, lo normal sería que en los próximos años hubiera un “yo médico”, un “yo auxiliar administrativo” o un “yo técnico nuclear”.

27 de febrero de 2011. Milagros Pérez Oliva hace una nueva incursión sobre el plagio y la falta de respeto al trabajo ajeno, que se presenta nuevos matices cuando el periodista se hace pasar por experto en un tema que desconoce. Esta vez la Defensora del Lector analiza el caso relacionado con un artículo publicado el 20 de febrero en el suplemento Negocios a página entera y en un formato reservado a las grandes aportaciones. En ese artículo, firmado porBorja Vilaseca, se defiende que el actual modelo de consumo es insostenible y se argumentan las razones sin que aparezzca ni una sola cita, de modo que cualquier lector puede pensar, con lógica, que lo allí expuesto es una formulación original del autor:

“Mi sorpresa fue”, prosigue, “que al leer el artículo me encontré con una transcripción resumen, en algunos casos con expresiones idénticas, del vídeo de Annie Leonard La historia de las cosas, uno de los mejores audiovisuales que yo he visto explicando este tema”. El lector tenía razón. Esta defensora se quedó estupefacta al comprobar no solo que el texto sigue fielmente el esquema del vídeo, sino que, como dice Carlos Ballesteros, “hay expresiones que son literalmente una transcripción de la traducción española que hay en YouTube”.

17 de agosto de 2011. La bloguera británica Alice acusa al diario Daily Mail de apropiarse sin su consentimiento de unas fotografías que ella hizo y posteriormente colgó en su cuenta de Twitter. El rotativo colgó las fotos en su sitio web sin atender a las condiciones de la bloguera y eliminando además todos los ‘links’ que relacionaban la noticia con ella.

Relacionados:

‘Churnalism’ arma de detección (de plagios) masiva.  Se trata de una nueva plataforma independiente sin ánimo de lucro creada por Media Standards Trust cuya función es comprobar la originalidad de los textos periodísticos fusilados tal cual de otros medios, sin enlace y sin remordimiento. Mediante un sistema de comparación pretende detectar qué textos son una copia o cuales son originales. El término es una fusión de los términos en inglés “churn” (remover o revolver) y “journalism”, (periodismo).

“Criptomnesia”: es más fácil recordar la información que la fuente

El plagio entre periodistas. Una práctica más habitual de lo que se cree

El refrito en los medios

Medios que ni siquiera saben copiar 

Todas las soluciones para el periodismo pasan por la ética, la integridad y la honestidad

Ya han colgado el vídeo y la reseña del séptimo Laboratorio de Periodismo de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), que se celebró el viernes pasado, 11 de junio. El planteamiento partió de una propuesta positiva: el rescate del periodismo. Una provocación, en un momento en el que el mercado rescata bancos. Pues eso, ¿qué periodismo queremos rescatar?

Resumen realizado por Sergio J. Valera

Vídeo del VII Laboratorio de la APM (4:51)

En mi intervención (Qué raro me veo y qué raro me escucho), planteé que cualquier análisis de la situación periodística gira en torno a dos lógicas, una externa –que no depende de nosotros, pero a la que debemos estar muy atentos y sobre la que podemos influir- y otra interna, que es la que consume una gran cantidad de energía y está dejando a la profesión sin autoestima. Si atendemos a cualquiera de las ramas que parten de estos dos troncos podemos crear grandes árboles de discusión.

Desde la lógica externa podemos perdernos en múltiples debates, todos interminables, algunos ya extenuantes y a veces hueros:

-Industrial, económica y tecnológica. Son elementos transversales de los que no podemos liberarnos y que nos arrastran inevitablemente hacia un prototipo de periodista parecido al dibujado por Almodóvar en Kika. La formación multiplataforma es en estos momentos un requisito tan esencial como hablar idiomas. Puede ser muy enriquecedor o puede significar una nueva forma de opresión laboral. Ya veremos.

-Social. El periodismo observado como un servicio a la sociedad y no vinculado a intereses de ningún otro tipo aparte del propiamente informativo.

-Política. Es una lógica intervencionista que va más allá de la manipulación burda en la que se piensa ante el simple enunciado de la palabra. Abarca cuestiones menos groseras y presentes en cualquier país democrático con temas como las subvenciones a los medios. En este momento el Congreso debate si los periódicos pueden o no llevar anuncios de prostitución. ¿No es un tema de ética empresarial? ¿No deberían ser en último término los lectores quienes decidan si compran o no un diario con este tipo de publicidad? ¿Por qué los partidos se cuestionan  si la prostitución debe estar en las páginas de los periódicos y no discuten sobre su la legalidad en calles y carreteras?

-Educativa. La Universidad se ha convertido, muy a nuestro pesar, en una gran fábrica de becarios con la que abastecer un mercado ya muy saturado de trabajadores malpagados y con contratos de chiste. Sin embargo, hay unas 70 facultades en toda España impartiendo enseñanzas relacionadas con el Periodismo. La lógica académica intenta mantener el tipo con un sentido equilibrado, que obliga a mantener un método. Siempre se acusa a la Universidad (también desde dentro, faltaría más) de lentitud ante los cambios tecnológicos. Sin olvidar que, sistemáticamente, los alumnos aseguran no salir preparados para ejercer su labor profesional. Esto ha generado una locura de máster y posgrados por doquier. Hay también un debate abierto sobre la “burbuja académica” y su inminente estallido. Sin embargo -como quedó claro en alguna de las intervenciones del otro día-, cuando se trata de instituciones privadas nadie puede evitar que sigan creándose nuevas facultades. Otro tema es cuando una ciudad grande, además de su AVE y su aeropuerto, reclama su facultad de Periodismo.

Ante todas las discusiones posibles (y el Laboratorio de la APM es una buena muestra) sólo cabe un objetivo:

Mantener un periodismo digno que informe al ciudadano de lo que pasa en el mundo en el que vive, pero que, a la vez, le sirva para mantenerse económicamente él. Esto es una profesión y hay que vender el producto.

Y aquí entra en juego la lógica interna de la profesión, la que nos compete a todos los que la ejercemos. No sé si la solución la encontraremos conjuntamente de una manera gremial y manteniendo el ejercicio de buena voluntad, que parece generalizado en estos momentos. Pero estoy seguro de que, más allá de una buena formación, la solución está en tres palabras clave:

Ética

Integridad

Honestidad

Sólo con ellas dignificaremos la profesión. Porque el rescate moral es más importante que el económico.

 

Las asociaciones de periodistas mueven ficha contra la Ley Electoral

Dos elementos reseñables de la actividad de las asociaciones profesionales a las que estoy vinculado. En ambos se piden acciones contra las restricciones de los bloques electorales:

a) La junta directiva de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) estudiará próximamente a propuesta de su presidente, Fernando González Urbaneja, instar a la Defensora del Pueblo interina, María Luisa Cava de Llano, a que presente un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley Electoral por las restricciones que contempla para las televisiones privadas en época electoral. Con la imposición de bloques electorales en las televisiones, “la Junta Electoral se convierte en redactor jefe, en editor de los telediarios, puesto que el criterio editorial se impondrá desde fuera y los periodistas se convertirán en contadores de minutos”, aseguró González Urbaneja.

b) La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) ha recordado los principios que deben marcar el ejercicio periodístico:

  1. Imponer la lógica del servicio: La FAPE recuerda a Javier Darío Restrepo, cuando señala que el principio y el fin de los medios “siempre debe ser el lector o la audiencia”.
  2. Un periodista ético es aquel que actúa como legislador de sí mismo con vocación de servicio público.
  3. Llevar nuestro compromiso de servicio público a todo soporte: La ética no distingue entre medios. Esta federación reivindica el papel de las nuevas tecnologías en el desarrollo de la profesión y exhorta al periodismo online a mirar a la excelencia tanto o más que otros medios.
  4. Defender la independencia frente a los poderes: La imposición de bloques electorales a las televisiones, públicas y privadas, constituye un claro intento de control político de la información. La FAPE rechaza estos espacios porque invalidan el papel informativo del periodista, suponiendo un auténtico atropello profesional, y advierte de que la reforma de ley electoral –ya aprobada por el Senado- podría vulnerar el artículo 20 de la Constitución al obligar a las cadenas privadas a dedicar tiempos reglados a la propaganda política bajo los mismos criterios de proporcionalidad y neutralidad que ya imperan en las públicas, señala un informe de la Comisión de Quejas y Deontología de la Federación.
  5. Reivindicar nuestros derechos: Los periodistas no podemos permitirnos perder la batalla por el reconocimiento de los derechos de autor, morales y económicos, de los periodistas. Su regulación contribuirá a que todos los agentes implicados en la elaboración y consumo de la información tomen conciencia de ello.
  6. Instar a editores y periodistas a entender el periodismo de calidad como un buen negocio: La crisis económica no debería representar una pérdida de calidad. «Los medios no se venden por sus anuncios, se venden por su credibilidad», explica Javier Darío Restrepo, «y esa se consigue publicando información de interés público». «Cuanta más información de calidad, más anunciantes habrá y esas ganancias servirán para seguir informando», concluye el maestro en ética periodística.
  7. Confiar en la formación y en la reconversión para ganar la batalla al desempleo: Los medios de comunicación demandan nuevos perfiles profesionales, preparados para la edición digital. Los periodistas, hoy y siempre, hemos sido profesionales curiosos e interesados en los cambios. La maleabilidad de nuestro ADN nos convierte en uno de los colectivos mejor preparados para abrazar la tecnología y usarla en beneficio de la sociedad.
  8. Emprender: El periodista es un emprendedor nato. Las nuevas herramientas digitales abren múltiples vías para el ejercicio del periodismo individual y colectivo sin necesidad del paraguas de grandes empresas editoriales. Construir nuestra propia marca profesional puede contribuir a reducir la tendencia al desempleo.
  9. Unidad frente a la crisis: implicar a los editores, a las fuerzas políticas y sociales y a la misma ciudadanía en la defensa de un periodismo de calidad, fundamental para la construcción de una democracia sana amparada en una sociedad vigilante de los abusos del poder.
  10.  Apostar por los colegios profesionales: La FAPE concibe los colegios profesionales de periodistas como estructuras de defensa de los intereses del colectivo profesional, que aseguran la calidad de un servicio ciudadano como el derecho a la información. Estas entidades encauzarán la profesión, defenderán a los periodistas y abrirán horizontes hacia un periodismo del siglo XXI.

La responsabilidad del periodista financiero

No paro de pensar en cuánto de subjetivo hay en esta crisis global que nos abduce. Creo que no soy el único en subrayar cierta -no toda, por supuesto- responsabilidad por parte de los medios en esta liposucción indeseada de las finanzas planetarias. No hemos sabido distinguir entre la economía productiva y la especulativa, que al fin y al cabo es la última responsable -junto a un salvaje pensamiento ultra liberal- del desaguisado. Y ya se sabe, si ayudamos a que se extienda la percepción de que el mercado está a punto de hundirse, éste se hundirá (George Soros, nada menos, dixit).

¿No intervienen los periodistas en los vaivenes económicos?

Un ejemplo significativo y reciente. El domingo, El País nos regalaba una de las brillantes columnas de Thomas L. Friedman en las que el apóstol del neoliberalismo decía: 

Tengo que hacer una confesión y una sugerencia. La confesión es que últimamente, cuando entro en algún restaurante, miro hacia las mesas a mi alrededor, que con bastante frecuencia siguen repletas de gente joven, y me invade un incontenible deseo de ir mesa por mesa diciéndoles: “Ya sé que no me conocéis de nada, pero tengo que deciros que no deberíais estar aquí. Deberíais estar ahorrando dinero. Deberíais estar en casa comiendo bocadillos de sardinas. Esta crisis económica va a alargarse durante mucho tiempo. Esto no es más que el fin del principio. En serio, pedid que os pongan ese filete para llevar y marchaos a casa”.

Generalmente el articulista del New York Times me abduce con su estilo ligero y brillante, pero enseguida me rebelo. En este caso paradigmático de periodista que influye en economía, y mucho, me resulta fácil hacerlo. ¿Qué pasaría si todos nos retraemos con el consumo y dejamos de acudir a bares y restaurantes? ¿No contribuimos a hacer más grave la crisis condenando al sector de la hostelería al cierre? ¿Hasta donde puede llevarnos la espiral iniciada con las subprimes y la locura del ladrillo? De momento es suficiente con que cierren fábricas como las de puertas en la provincia de Toledo porque ya no se construyen apenas casas o que haya despidos masivos en la industria del automóvil porque no se dan créditos y, por tanto, no se venden coches.

A veces, el periodista no es tan transparente en su análisis. En 2000, Anil Bhoyrul y James Hipwell, redactores de la columna “City Slickers” del británico The Daily Mirror, violaron el código de conducta británico, que prohíbe a los periodistas sacar provecho de la información financiera antes de que se publique y escribir sobre empresas en cuyo capital participan sin informar antes a su director. Lo peor del caso es que también el director de The Daily Mirror, Piers Morgan, utilizó esta información privilegiada para operar en Bolsa.

Gustavo Bravo se pregunta si el periodista es el remedio o la enfermedad en momentos de crisis económica. Me descubre un interesante informe elaborado por el observatorio británico de medios de comunicación Polis LSE. El estudio, dirigido por Damian Tambini, analiza la ética y la responsabilidad de la profesión en momentos financieros como los que estamos viviendo. Aporta elementos de reflexión sobre los derechos adquiridos por el periodismo, sobre todo por el especializado en economía. Es necesario plantearse si estas prerrogativas son directamente proporcionarles a su responsabilidad con la sociedad. Además, se abre un nuevo frente con la información digital, especialmente la que gira alrededor de los blogs, pues en este campo no es tan sencillo apelar a la ética o buscar la profesionalidad. La información se mezcla en la red, la del profesional y la del que no lo es.

Según Damian “no hay evidencias de un trastorno en las normas éticas ni de graves niveles de negligencia en el periodismo financiero actual sobre la base de las entrevistas realizadas para este estudio”, en el que han participado casi una veintena de periodistas, “pero hay una sensación generalizada de que los retos a los que se enfrentaba tradicionalmente un periodista financiero, como el de no ser utilizado por sus fuentes, el mantenimiento adecuado de escepticismo, o el conseguir la exclusiva sin caer en maldades, están siendo redefinidos en el contexto de las nuevas tecnológicas”.

 Informe completo de Damian Tambini (en inglés)

Esa “redefinición” de la que Tambini habla puede tener varias direcciones. Los medios económicos digitales han visto incrementado su número de lectores en los últimos meses de forma considerable, así como han crecido en número los blogs dispuestos a explicar con sus palabras la situación financiera actual. El mismo Rodríguez Zapatero parecía consciente del poder de los medios cuando decidió reunirse con los principales editores españoles para debatir cómo abordar informativamente la crisis en aras de tranquilizar el mercado. ¿Cual es el poder del periodismo actual para crear opinión? ¿Pueden alterar la dirección y el orden de los mercados si se lo proponen?  De ser así, ¿deben hacerlo? Si los blogs vigilan a los medios, ¿quién vigila a los blogs?

Ahora no sé a qué se debe está pasión por ser el primero en llevar la palabra ‘recesión’ a portada. Quizá evite malas conciencias de algunos jefes ante compañeros despedidos. La crisis económica es también una buena excusa para justificar la profunda crisis del periodismo. Pero a primera vista no debería tratarse más que de otra convergencia de la que poder hablar: la que une un mal planteamiento del sistema económico con la penosa situación del periodismo. Pero y no hablo sólo del papel agobiado por el empuje digital, entiéndanme.Hablo del Periodismo con mayúsculas que es lo que realmente está en crisis.

Si Sarkozy afirmó en un momento de euforia que hay que refundar el capitalismo y sus bases éticas, probablemente nosotros tengamos que proponernos refundar el periodismo. Está haciendo aguas por muchas vías, está en crisis y hay muchas razones para ello. Tendremos que acudir a los orígenes y comenzar de nuevo a plantear definiciones, marcar objetivos y responsabilidades sociales y proyectarlos sobre el momento actual, transformado por nuevos paradigmas difíciles de entender para muchos.

Leo al respecto, entre divertido y asombrado, la opinión del catedrático de Economía Financiera (y subrayo esto para que conste que se trata de un pensamiento cualificado) Oriol Amat en la insuperable “La Contra” de La Vanguardia:

 ¡Ojalá esta crisis fuera lo bastante profunda como para obligar a corregir el sistema! Y lamento el sufrimiento que causa, pero si al final fuerza estas mejoras, no será inútil.

Se me ocurre que sería divertido apropiarme de ese razonamiento para aplicarlo al periodismo, al Periodismo. ¿Serviría como catarsis dejarlo hundirse hasta que toque fondo con el fin de que rebote y se refunde?

 

Matt Drudge, ¿idiota con módem o periodista del siglo XXI?

Pedro Rodríguez, desde su atalaya neoyorquina, hace hoy semblanza de Matt Drudge en ABC. El viernes también habló de Matt El Mundo. La razón de traerlo al papel español es que, en una semana, este blogger y atípico periodista de nuevo cuño ha levantado dos grandes polémicas en su bitácora: la primera con la foto de Barak Obama con turbante y la segunda al publicar el destino del príncipe Enrique de Inglaterra en Afganistán.
El blog de Matt Drudge, el Drudge Report, con un aspecto bastante feo, por cierto, tiene en su haber otro de los grandes e insólitos golpes periodísticos producidos desde la red hace ahora diez años: el caso Clinton-Levinsky. Insólito por realizarse fuera de parámetros habituales de la profesión y de todos sus cuestionamientos deontológicos, pues Matt contó en su blog que Newsweek no iba a publicar la historia del presidente Bill Clinton y su becaria. Con el destino del príncipe Enrique también había un pacto de silencio en los medios.
Drudge marcó con el caso Levinsky un antes y un después en la política estadounidense, en el lavado de vestidos y en el periodismo moderno. Así describe al personaje Pedro Ródríguez:  
aadrudge_nr.jpgSe llama Matt Drudge. Vive lujosamente en Miami, tiene 41 años pero carece de formación universitaria o experiencia práctica en algún medio de comunicación. Lo cual no impide que sus admiradores le consideren como «el periodista más poderoso del mundo». Otros le califican como el «Walter Cronkite de la generación de Internet». Y, por supuesto, sus críticos le denigran como «un idiota con un modem» y una ridícula mezcla de cotilleos, historias pirateadas y bastante mala leche. Pero de lo que no cabe duda alguna es que su minimalista página en la Red (www.drudgereport.com) tuvo el año pasado más de 5.000 millones de «hits», incluidos periodistas profesionales que ayudan a multiplicar el impacto de sus «exclusivas».

Las calendas vienen alteradas, guárdate de los idus de marzo

En este año nuevo romano las calendas están agitadas, quizá por el debate electoral, quizá por el cambio climático. Y yo, como un artrósico la lluvia, presiento los idus de marzo en algunos rincones de la blogosfera periodística.

A esta profesión adormilada no le viene mal cierta alteración, un poco de estrés en forma de debate existencial. Por eso me alegra que Enrique Meneses haya abierto el fuego de la autoconciencia con una flamígera entrada sobre la imparcialidad. Y aunque estoy de acuerdo con mucho de lo que dice, no lo suscribo todo. La parte que nos separa es esencial.

He dejado escrito lo que pienso en su blog para no desviar el centro de la conversación, pero no es suficiente. Aconsejo leer también los demás comentarios que se han generado.

¡Por fin! Algo se mueve en nuestras conciencias.

Brillante y muy imaginativo el padrenuestro periodístico de Anibal Castro, al que me lleva uno de los enlaces (aunque no entiendo por qué Meneses lo mezcla con la ‘equidistancia’):

No nos dejes caer en la tentación de creer en la ‘imparcialidad’ de algunos periodistas o en la capacidad de los sabelotodos que pueblan la fila de tus trabajadores.

Estoy de acuerdo. Superado este obstáculo terminológico, entiendo que no ideólogico. Entonces, el post nos lleva a un segundo debate que, perdón, no tiene que ver con la imparcialidad, sino con la ideología. Y, cuidado, que ya hay medios y profesionales que están cargando de connotaciones la palabra.

  • ¿Puede tener ideología un periodista? Debe. No entiendo un periodista, ni siquiera una persona, sin ella.
  • ¿Puede mostrarla? Debe. Sólo así sus lectores/audiencias/usuarios pueden depositar plenamente su confianza en él. Es un componente de la credibilidad y ya tendremos tiempo de hablar/debatir sobre ello en más ocasiones, sobre todo porque en internet se hace necesario que el periodista “enseñe la patita” un poco, aunque sólo sea por medio del blogroll (en el caso de un blog, porque si es un medio digital en el que firma la patita la veremos por otras rendijas).
  • ¿Puede ser equidistante? Puede pero no debe. La equidistancia es una entelequia, pura retórica de baratillo. Se trata de un término de nuevo cuño que floreció en nuestro país cuando los embites del terrorismo etarra eran más fuertes y los periodistas, sobre todo en el País Vasco, no sabían muy bien como tratar el tema. Ya antes que Meneses Radiocable.com planteó la pregunta y la dejó en el aire. Animoso que soy, también dejé entonces mi opinión allí. No entiendo cómo un periodista puede ser equidistante ante alguien cuya postura atenta contra cualquiera de los derechos humanos por ejemplo. Hay conceptos que enrarecen el pensamiento, pero que se imponen como verdades universales por eso del pensamiento memético (nada que ver con pensamiento viral, como muchos afirman, por cierto). Un ejemplo: “hay que respetar el pensamiento de los demás”. ¿Queeeeé? ¿Tiene que respetar un periodista el razonamiento, por llamarlo de algún modo, de un ultraderechista en su justificación del holocausto? Hay pensamientos que no son respetables, por muy equidistante que quiera ponerse el profesional. De hecho, creo que si intenta mantener la equidistancia en casos tan flagrantes queda moralmente inhabilitado.
  • ¿Qué pasa si se nota que es parcial? Pues que no ha cumplido con el deber de la objetividad. Un periodista que no tiende a la objetividad (sí, ya sé que en absoluto en imposible) no es buen periodista. Y no son cuentos de viejos, que nadie se lleve a engaño.
  • ¿Qué pasa si nota (sólo él) que es parcial? Que está manipulando, aunque desde fuera parezca un trabajo informativo impecable. La conciencia, la ética… Dos palabras que a muchos profesionales hoy les suenan a sermón barato y ya obsoleto. Pero sin ellas, la profesión no va por buen camino.

Meneses se lamenta de las críticas al concluir su entrada:

Algunos colegas que se han pronunciado como yo están siendo criticados por quienes siguen creyendo en lo de “la mujer del César que no basta que sea decente sino que lo parezca”. Ser valiente o cobarde son opciones que cualquiera puede elegir en nuestra profesión sin necesidad de criticar a los que eligieron una cosa u otra. Como estas críticas parten de recién licenciados con viejas teorías contra otros jóvenes licenciados con el nuevo periodismo en mente, he querido poner los 60 años de mi profesión en defensa de estos últimos.

Guárdate de los idus de marzo, decía el adivino en el Julio César del gran William.

El debate es constructivo, la crítica puede serlo o no. Prefiero promover la autocrítica y la reflexión. Después -no antes, que esto no es un partido de fútbol en el que cada uno va con un equipo durante todo el tiempo-, vendrá la ideología. Que cada cual tenga la suya y la muestre cuando sea necesario; por ejemplo si hace periodismo político. Porque a mí, saber a qué partido va a votar Sánchez Ocaña, como comprenderéis, me da igual. ¿O no es así? Porque quizá esto influya en el tratamiento que dé a temas como los anticonceptivos o el aborto.

Tendré que buscar otro ejemplo, qué pereza. O va a ser que el ochenta por ciento de  la convergencia habitual con Meneses suba en realidad a un noventa.