Con una sonrisa se aprende mejor

Alejandro D’Agostino ofrece, con mucha sorna, el primer capítulo de su Manual de Periodismo, realizado con carteles de  Placas Rojas y relacionado con noticias de Crónica TV.

Sonrisas aseguradas tras un trasfondo de seriedad. Un par de ejemplos para hacer boca:

Regla VII: Lenguaje claro. Los términos utilizados deben ser de fácil comprensión por parte de público.

Regla VIII: Relevancia. Deben descartarse aquellos elementos de la noticia que no aportan demasiada información.

Un matemático lee el periódico

Cuando un matemático lee el periódico enseguida percibe lo mal que se tratan los números en las redacciones. Y lo cuenta en un libro.

Recupero parte de la reseña de El-escéptico.org y lo anoto como lectura para esta Semana Santa:

matem.jpgEl contenido de las “meteduras de pata” periodísticas es muy variado, pero abundan los relacionados con los porcentajes, lo que implican y cómo se pueden manipular. Veamos un ejemplo sobre los teléfonos móviles: ‘Desde un punto de vista muy particular, los ‘datos’ sugerían un defectuoso argumento matemático que parecía poner de manifiesto que estos aparatos lo que hacen realmente es inhibir la formación de tumores cerebrales […] Había 10 millones de usuarios de teléfonos móviles en este país y que el índice de incidencia del cáncer cerebral entre todos los estadounidenses era de 6 casos anuales por cada 100.000 ciudadanos; multiplicando 10 millones por 6/100.000 averiguamos que entre los usuarios de estos teléfonos había que esperar alrededor de 600 casos de tumor cerebral todos los años; puesto que las pruebas de que haya una relación entre el cáncer y los teléfonos móviles se basan sólo en un puñado de personas que ni siquiera da para 600 casos anuales, la conclusión es que los teléfonos móviles impiden ciertamente los tumores cerebrales. Absurdo, sin lugar a dudas, pero no más (en realidad menos) que la histeria del principio.” (Pág. 117)

“Otro de los grandes temas es los errores en la realización e interpretación de estadísticas y de gráficos. El sacar conclusiones cuando el muestreo es tan reducido que no es representativo porque cuanto menor sea éste es más fácil que se produzcan coincidencias insignificantes, es uno de los más frecuentes. Veamos uno de los más útiles para un escéptico: ‘Uno de los ejemplos que publicó en The Skeptical Inquirer se refería a otros dos presidentes muertos en atentado, William McKinley y James Gardfield. Resulta que los dos eran republicanos, y que nacieron y se criaron en Ohio. Los dos fueron veteranos de la guerra de Secesión y los dos ocuparon un escaño en el Congreso. Ambos defendieron con tesón los aranceles protectores y el patrón oro, y tenían ocho letras en el apellido. Al morir les sustituyeron los respectivos vicepresidentes, Theodore Roosevelt y Chester Alan Arthur que eran de Nueva York, tenían bigote y diecisiete letras en el nombre. Los dos murieron durante el primer mes de septiembre de sus respectivos mandatos, a manos de Charles Guiteau y Leon Czolgosz, los dos con apellidos que parecía extranjero. Pero como no son estrellas de primera magnitud en la historia de Estados Unidos, McKinley y Garfield no producen la misma fascinación que Lincoln y Kennedy.” (Pág. 75)

“Tampoco faltan las equivocaciones en aspectos elementales de las matemáticas: ‘Engañosas o sinceras, las campañas publicitarias, por otra parte, fracasan con frecuencia, aunque pocas veces porque las empresas cometan errores y hagan afirmaciones matemáticas que les perjudican. Una empresa constructora anunciaba que el dinero que se invirtiera en ella aumentaría con los años en progresión logarítmica (es decir, a paso de tortuga, sin duda lo contrario de lo que se quería dar a entender), pero sospecho que su fracaso tuvo poco que ver con esta metedura de pata matemática.” (Pág. 129)

Las palabras de la tribu bajo la lupa

«La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha» (Montaigne)

Bajo este lema se desarrollan las entradas del blog Las palabras de la tribu. que, en cuestiones linguísticas, no pasa una.

La prisa y el titular

Estaba reservando esta información para una entrada posterior y para hablar en profundidad de los títulos, de la dificultad que conllevan y de la importancia que tienen. Y también de lo que consideramos ‘titular’, pues me he encontrado en algunas redacciones con compañeros que engloban en este término antítulo y subtítulo, con lo que conforman una unidad para mí extraña y que facilita la imprecisión.

Pero hoy me he levantado pensando que el ejemplo se iba a quedar viejo. Ya habrá otros para otras ocasiones.

La información a que me refiero es en realidad una carta (supongo que un correo electrónico) de Fernando Mas, subdirector de El Mundo, a Arcadi Espada. Habla precisamente de un título discutible y discutido del día anterior:

[foto de la noticia]

“Esta mañana he visto tu comentario de ayer. Me fui del periódico a mediodía y me ‘desconecté’ para descansar. En fin, nos conocemos poco, pero que sepas que entre mis múltiples defectos están el de polemizar sin fin y el de provocar, incluso defendiendo lo indefendible… aunque sea sólo por diversión, placer. Todo esto para decirte que me divierte mucho este pequeño análisis de texto en el que nos hemos metido. Hay ocasiones -el 99%- en que uno titula sin tener en cuenta esos matices. Buscas, apresurado, resolver. Tratas de responder de forma inmediata y automática a varias cuestiones que tienes ya interiorizadas: ¿Se entiende? ¿Es bueno? ¿Es claro? ¿Seduce? Y así podríamos continuar la lista. Si es así, adelante. El titular me salió casi del tirón (el cansancio empezaba a perturbar el entendimiento) y debatimos, incluso antes de lanzarlo, sobre la pertinencia o no del mismo. El titular puede ser gramaticalmente correcto, pero es obvio que no era bueno: no se entendía o al menos había gente, mucha, que no lo entendía. Toda mi obsesión, en un momento determinado de la mañana, era evitar la coma y el pero para que no hubiera interrupciones en la lectura de un título con el que pretendíamos resumir una noche en la que Obama se mantuvo en pie con fortaleza y Hillary logró sonreír tras conquistar los territorios más importantes. Por cierto, no estoy de acuerdo con ese lector que utiliza el ‘le’ para identificar a Clinton. Yo hubiera escrito: ‘El triunfo de Bill Clinton en los estados clave apenas lo distancia de Obama’… jajaja. Un abrazo. Fernando.”

Lo cierto es que Fernando había contestado ya defendiendo su posición (distancia es sustantivo y verbo) y el título se había cambiado en la web:

[foto de la noticia]

Moraleja:

Es malo intentar resolver apresuradamente, aunque el tiempo/cierre empuje. Mejor pensar, como dice Fernando Mas, en si se entiende el título, si es claro y si seduce.

Los viejos manuales aconsejan, incluso, dejar que lo vean y juzguen los compañeros. Algo que ha hecho Arcadi Espada y que, si no, harán después los lectores.

Cuando el pensamiento complejo llega al periodismo especializado

No sé si en periodismo se pueden defender ciertos lenguajes obtusos que empiezan a proliferar sobre todo en los suplementos de arte y cultura. Mi primer impulso es pedir un lenguaje lo más claro posible para cumplir con una de las normas clásicas de la redacción: escribe para el más torpe de tus lectores.

Pero no todo es tan claro como el lenguaje al que, sin más, aspiramos. También en esto los paradigmas han cambiado. A lo mejor estamos empobreciendo y simplificando la visión de un mundo mucho más amplio de lo que vemos. Porque una de las responsabilidades del periodista es enseñar a mirar. 

Pero empiezo desde el principio. Todo empezó esta mañana mientras leía el periódico (el de papel):

La última obra de los suizos Herzog y De Meuron, el nuevo CaixaForum del Paseo del Prado de Madrid, es como esos tipos fotógenicos que parecen estupendos en la foto y luego, en persona, pierden. Me queda al lado de casa y la vencindad multiplica un interés ya grande de por sí.

También es un caramelo para críticos de arte y comentaristas de la movida arquitectónica. Leo y [re]leo a Jacobo Armero en El País:

“Desde la distancia se ve muy bien la primera imagen del edificio. Una arquitectura cuajada de instantáneas que convierten la experiencia en un proceso de comunicación: ‘Nos interesan las imágenes porque son abiertas; no utilizan un lenguaje conceptual sino universal y, por lo tanto, apuntan directamente a la imaginación (…)

Al final entiendo que han intentado hace algo bello para todos los públicos, pero ¿por qué no hacen lo mismo con el lenguaje? ¿Y por qué cuesta entender lo que dice el crítico y los arquitectos en un diario generalista? ¿Sirve de excusa que se trata del suplemento cultural del fin de semana?

Cuando hablo de periodismo, generalista o especializado, no me refiero al ‘lenguaje del prestigio’. No pienso en un médico que se dirige al paciente con términos científicos ininteligibles o en un abogado que utiliza jerga legal para deslumbrar a su defendido. Tampoco en el chef del anuncio que busca nombres imposibles para describir la tortilla de patata en la carta de su restaurante. El lenguaje en el periodico ha de ser sencillo, claro y conciso. Pero, ¿esto sirve para todas las secciones y para todas las circunstancias?

En estas estoy cuando me encuentro con un interesante artículo que explica y justifica en parte esta tendencia -megatendencia, según la página- a la expresión compleja, pues  aunque no se refiere exactamente al periodismo lo encuadra bien: “El pensamiento complejo es una vía para captar el Todo Unificado”, de María Teresa Pozzoli. 

Leo y extraigo unos párrafos que no hacen justicia a la profundidad de lo que expone Pozzoli en su elaborado artículo. Se trata tan sólo de centrar el tema y sugerir lecturas:

“Tanto la paradoja como la metáfora son la licencia fundamental de la poesía libertaria porque tienen la misión de desestructurar, provocar, sugerir, despertar, remover, conmover, inquietar lo estatuído. Constituyen un reto para nuestra limitada facultad de discernimiento. En la metacognición que pueden generar como producto del ejercicio reflexivo que provocan, se deconstruyen los significados primitivos para dar lugar a una comprensión más amplia (…) Al principio del artículo destacamos la necesidad de desarrollar nuestra espiritualidad siendo ésta una demanda bastante extendida entre las personas que sufren las consecuencias de este sistema y que pagan un precio demasiado alto para mantenerse adaptadas a sus exigencias (…) De hecho, no es un dato a desconocer, el éxito editorial que desde hace dos décadas han tenido a nivel mundial los manuales de autoayuda y las columnas psico-espirituales en los medios gráficos y televisivos, que no dejan de ser una mercancía más que produce altos niveles de rentabilidad en el mercado. Estas expresiones han aprovechado un nicho de mercado no explotado. A pesar de ello, sirven como respuesta paliativa frente a la falta de verdaderos satisfactores que el sistema no pone a disposición de las personas. Frente a las múltiples insatisfacciones de un público que se siente huérfano y solitario en esa búsqueda silenciosa de satisfacción de la propia espiritualidad, esos sucedáneos cumplen de alguna manera con un destino benévolo.”

El tema está en el aire y [pre]ocupa más de lo que yo pensaba. Más tarde leo en Llámalo periodismo:

Raymond Carver (1938-1988) desconfiaba del ‘lenguaje hinchado’ y creía, como Pound, que ‘la máxima precisión en el decir es la única moral de la escritura’. Por precisión entendía “la honestidad en el uso del lenguaje para expresar con exactitud lo que se quiere expresar y obtener los resultados que se pretenden obtener (…) Le gustaba esta frase de Hemingway: ‘Busca lo que te provoca emociones; que la vida sea lo que te conmueva. Luego escríbelo del modo más claro posible para que pase a formar parte de la experiencia de la persona que lo lea.”

Me pregunto si el nuevo paradigma del pensamiento complejo puede ser compatible con la claridad (para que “pase a formar parte de la experiencia” de todos los que lo lean).

No sé si es por la influencia cada vez más fuerte de la teoría del pensamiento complejo o por la falsa retórica culterana, pero se está imponiendo una “comunicación compleja”, sobre todo en ciertos suplementos. Si éstos son culturales, está bien; si se trata de suplementos de divulgación, tendríamos que sentarnos a reflexionar. 

Escribir un post no es lo mismo, leerlo tampoco

Un post no se debe concebir como una columna de opinión. Su lectura ha de ser también distinta. La culpa, del hipertexto.

hipertexto1.gif

Júcaro reflexiona sobre ello en Ciberprensa.com:

“El escritor de blogs tiene el trabajo adicional de, una vez concluido el cuerpo del escrito, enriquecerlo con vínculos o enlaces a otros textos, sonidos o imágenes. Es una labor que requiere su tiempo; no se trata de linkear alegremente sino que todo enlace debe responder a unas razones.”

Este último link nos lleva, precisamente, a un artículo de Boulesis.com que aboga por una gramática del hipertexto. Creo que desdice lo expuesto en el párrafo anterior.

“Es necesaria, a mi entender, una gramática del hipertexto. Conocemos su sintaxis (…), también su semántica. Pero fallamos en la pragmática del hipertexto, es decir, en su uso.”

¿Hay que atender a los enlaces una vez acabado el cuerpo escrito, como dice Júcaro?  (El audiovisual va incluido, supongo) Yo creo que no. Hay que hacerlo ‘durante’ no ‘después’. Me explico.

El hipertexto es una cuestión de estilo ciberperiódistico, con la misma importancia que los adjetivos, por ejemplo. Con la práctica, hay que aprender a utilizar y situar los enlaces con la misma soltura que cualquier otro elemento gramatical. Eso evita los típicos “textos Frankenstein” de los bloggers recién llegados y, lo que es peor, de algunas cabeceras online que, tras volcar su artículo del papel, incluyen algunos enlaces dispersos por el texto.

No es habitual que un redactor se detenga después de haber escrito un artículo para sembrarlo de adjetivos. Sí para releerlo, corregirlo y cambiar la expresión por otra más precisa. Si añade adjetivos será para que enriquezcan la expresión de los existentes. También puede eliminar los que considere excesivos. ¿Por qué va a ser diferente con el hipertexto?

Hay mucho escrito al respecto, y no todos los teóricos coinciden. Personalmente, defiendo la propuesta de “hipertexto razonado” de Mark Bernstein.

Escribir para los usuarios y no para Google

Sergio Mahugo, al  que acabo de incluir en el blogroll por su excelente bitácora (¿docente?), da hoy una lección de cómo escribir y titular en la red. Entre otras cosas dice:

Icono de sergio m. mahugoEs un riesgo escribir para buscadores. Ojo, lo mismo que tratar de ser excesivamente original a la hora de redactar titulares. Y por eso insisto, una y otra vez, en que a la hora de acometer la construcción del blog es necesario diferenciar y tener bien claro desde el principio si te interesa más la cantidad o la calidad de las visitas. Al final, es una actitud. Una apuesta ética.”

Interesantes, no sólo para blogs, todos los enlaces de la entrada, pero me ha encantado este post publicado hace ya un tiempo por Juan Carlos García de Úsalo: Escribir noticias para la web. Dos enfoques, que empieza así de fuerte:

“Hay dos formas básicas de entender la creación de noticias para la web: buscar atraer y agradar a los lectores o informar asépticamente. La inmensa mayoría de los que crean noticias para la web estarán en el primer grupo. Sólo los grandes medios podrán permitirse hacer noticias web totalmente asépticas.”