El enlace es otra forma (discutida) de crowdsourcing

Por San Blas las cigüeñas han traído unas cuantas letras y han completado el nombre del proyecto i, desde ahora lo llamaremos Lainformación.com. Supongo que esto se hará con permiso de los del Diario de Navarra , con los que se van a confundir en los buscadores.

Sea como sea, hasta ahora el trabajo que hacen es brillante, como también lo es la campaña viral desplegada para el proyecto, con sugerentes própositos para enmendar la realidad que nos ahoga (de lectura obligatoria para cualquiera que desee mantener una conversación coherente sobre lo que nos estamos jugando en la partida digital. Anda, pierde unos minutos y enlaza a estos diez puntos. No te arrepentirás). Los primeros son reveladores:

1. El periodismo de enlaces como ejercicio de transparencia.

2. La agregación de contenidos como aliada del nuevo periodismo.

Por ahí van los tiros más certeros del momento. Y si no que se lo digan a Espada, que alertaba ‘al periódico’ (al suyo, claro) de que Soitu.es ya ha abierto camino:

El ejemplo de Soitu. Desde hace pocos días han instalado el llamado Selector y han construido una nueva home con él, que recuerda mucho en su estructura física el cajetín “Mi Mundo” del periódico, con lo más interesante (dicen) que aparece en la red (…)  La idea de soitu es excelente, y se ha practicado con éxito en periódicos y blogs fundamentalmente americanos; pero es la primera vez (que yo sepa) que se aplica en España a esa escala. La excelencia tiene una oscura contrapartida: la nueva home es lo más interesante de soitu, como no podía ser de otro modo, dado su nivel de producción propia. Se plantea de nuevo quién paga esa home. Es cierto que la mayoría de las veces soitu se limita a poner un breve telegrama y el link original: pero no acabo de ver que eso pague las historias. En realidad el periodismo agregado (¡segregado!) sólo hace que repetir el viejo esquema de las agencias y los periódicos. Una fuente original (ayer agencia, hoy periódico, blogs o microblogs) elabora una noticia y otros (soitu, huffington o quien pase por ahí) la redifunde, más o menos retocada y con mayor o menor legalidad. En el tiempo viejo se sabía quién y cómo pagaba. No digo que no acabemos sabiéndolo; pero de momento no lo sabe nadie.

Y al periódico le convendría mucho saberlo. Y ya no digamos al periodismo. Una cosa es el periodismo y otra el centrocampismo. Este último sólo reparte juego. Segregando y agregando, segregando y agregando. Al parecer, los nuevos medios.

La (bendita) polémica está servida. Y más ahora que La Vanguardia ha contraatacado con HagoClic.com, una selección diaria de enlaces de actualidad. Espada no se resiste:

Aún no conocía el experimento, en fase beta, de La Vanguardia. Hagoclic.com, inspirado hasta en el color en el prototipo del Times, el magnífico Blogrunner. No acaba de entenderse que el digital haya desaprovechado hasta ahora la oportunidad de poner en marcha el ingenio. Renunciar a incoporar a la propia web el trabajo destacado de los otros (periódicos o blogs) es colocarse voluntariamente en una situación de inferioridad. Así, La Vanguardia o Soitu pueden enriquecerse con los contenidos del periódico (y lo hacen a menudo, mediante links ortodoxos, aunque Soitu exige un doble clic para acceder a la fuente original de los temas más destacados), pero no a la recíproca. No tiene lógica. La cuestión clave es que cualquier material publicado en internet está hoy al alcance de cualquiera y parece absurdo limitarse por misteriosa prescripción facultativa al goce múltiple. Si el negocio no va a estar en la protección del material propio, sino en su diseminación (juntemos las manos para que esté ahí), ¿por qué el periódico no acude a recoger los frutos diseminados en el gran zoco digital?

Simplificando mucho: ¿El ejercicio de rastreo, una forma evolucionada de las revistas de prensa tradicionales, va a complementar/sustituir sin aportar nada más por parte de sysop (system operator) en que se va a convertir el profesional de la información?

Después de la batalla judicial que se ha iniciado en Estados Unidos por enlazar información sin permiso entre New York Times y la empresa GateHouse Media, que engloba a 125 cabeceras, podría sentarse un precedente judicial con innegables consecuencias en todo el mundo. La cosa se pone interesnate. Y eso sin meternos todavía en harina con otro de los vértices del periodismo de crowdsourcing que se avecina y para el que los profesionales deben prepararse, por supuesto: los usuarios.

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Los profesionales, tal y como bien han reflejado los chicos de Dixired se quedan en el centro. La crisis nos está demostrando que sí, que el periodismo tradicional tal y como lo entendíamos hasta ahora se tambalea, pero lo que de verdad se hunde es el modelo de negocio de la información.

Atención a lo que viene diciendo Varelay no sólo él- desde hace tiempo. Los vientos animan a abrir las velas del hipertexto y a buscar soluciones imaginativas:

1. La necesidad de un nuevo periodismo más participativo y con criterio social.
2. Medios abiertos para una economía del enlace que genere más valor del que captura.
3. El periodismo y los medios como un proceso informativo, personal y social
para la ciudadanía 3.0 y las identidades de dominio público, más allá del producto acabado y cerrado.
4.
Medios distribuidos y negocio distribuido. El fin de la centralización y cómo los contenidos se independizan de su soporte.
5. Redacciones más pequeñas y eficientes,
órganicas, flexibles, conectadas, abiertas y multimedia.
6.
Nuevos periodistas con las habilidades imprescindibles de siempre y las nuevas (tecnología, gestión participación, multimedia, transparencia, etc.)
7. Medios como plataforma, herramientas donde la información se use y procese por el público.
8. Redacciones distribuidas, con menos gente dentro para tareas mecánicas y más gente fuera, profesionales y aficionados, para generar más información.
9. Nuevas formas de propiedad centradas en la responsabilidad social y el dominio público. Otra vez el modelo de la influencia de Philip Meyer y más atrás, el modelo de transmision ritual de James Carey fortalecido por el software libre y la cultura participativa de internet.
10. Y nuevos modelos de rentabilidad, de la gratuidad y el periodismo como servicio, alejándose de la
comoditización, evolucionando hacia modelos freemium ante la caída de la publicidad.

Hoy va de columnas (y de Espadas en alto)

Traigo aquí la reflexión sobre el lenguaje, primero de los periodistas, luego de los estudiantes y después del resto de la sociedad, que hace hoy Elvira Lindo en El País. Bajo el título “Marujeo” se esconde una sonrisa y un asentimiento, porque es eso mismo lo que ocurre. Es la marea del habla, que ha hecho que los niveles de comunicación se mezclen. Para bien o para mal.

“La Audiencia Provincial de Sevilla ha condenado al programa Aquí hay tomate a indemnizar a la duquesa de Alba en una sentencia escrita con tan elocuentes palabras: “El marujeo no puede ni debe erigirse en una sociedad de hombres libres como modelo”. ¿He oído bien? ¿Marujeo? Dios mío, teniendo más razón que un santo, ¿era necesario emplear una palabra tan manoseada para describir la supuesta tendencia genética de las señoras al cotilleo? Si seguimos así, a Roca lo acabarán condenando por fistro y al ex teniente de alcalde mallorquín que pagaba puticlús con cargo al Ayuntamiento por pecador de la pradera.”

Y, como va de columnistas (ellas), también reseño “La Mía” de hoy en ADN. Mariola Cubells nos cuenta “Cómo hacer más amarillo lo que es amarillo“. Verdad como la vida misma. Acaba así:

“Después el ejecutivo recibió en su despacho, a solas, al productor y al director del programa. Entonces les pidió que convirtieran aquello que había visto en un programa de sucesos con un punto de humor en lugar del “programa de investigación” que les había salido. Y en ello están. Trabajando horas, rehaciendo, calentando más las bocas de los que intervienen en el programa, grabando otra vez áridas conversaciones. Cuando acaben de reconstruirlo, lo podrán ver ustedes en sus pantallas.”

Pero no me voy a olvidar de ellos y menos, cómo no, de Arcadi, que hoy da un salto adelante con tirabuzón y triple pirueta mortal con un escueto post en El Mundo por dentro. Lo titula “¿Mentiras y plagios en el periódico?” (Espada se refiere siempre a El Mundo como “el periódico”):

Se espera la respuesta del periódico.

Lacónico, pero muy efectivo. Supongo que habrá hecho saltar algún resorte en la propia redacción del “periódico”. También sospecho que sigue en la línea de la entrada de ayer, que empieza suave:

“Luis Martínez traduce y resume hoy en el periódico una información del Times sobre la verdad y el dinero. Errol Morris, autor de un documental sobre las torturas de Abu Ghraib, reconoce haber pagado a algunos testimonios.”

Y acaba fuerte:

Es realmente llamativo que la excelencia se confunda con la candidez. Las noticias exclusivas sólo llegan al periódico por dos vías de interés: hacer negocio o hacer daño. Por desgracia para Rosenstiel el make sense no suele mover a la fuente. En realidad si no se tratara del negocio o del daño no haría falta el periodismo. La única función del periodismo es comprobar si los canallas dicen la verdad, dado que los santos ni se acercan. Si no pagarle a la fuente fuera un antídoto contra la dramatización o las ganas de agradar el trabajo sería bien sencillo: de nuevo inexistente. Como cualquier poseedor de materias de primas de interés las fuentes quieren cobrar. A veces no les basta con la posibilidad del negocio futuro o de la venganza que obtendrán tras la publicación de lo que conocen. Quieren algo a cuenta. El periodismo debe ver si vale la pena pagarlo. Como cantaría Krahe: ‘Ay qué tiempos tan precarios/todo en manos de becarios’.”

En el mismo post, la respuesta del periodista aludido, Luis Martínez, bajo la rúbrica “Correspondencias”. Que vaya por delante que no estoy de acuerdo en nada de lo que dice:

Estimado Arcadi, Mal. No vale utilizar sólo una parte de una argumentación para declararla no válida. En el artículo que comentas hoy, en efecto, Rosentiel se limita a defender su silla. Si cobra por defender la ética del periodismo desde el Projecte for Excellence in Journalism (o desde de la Pompeu Fabra, qué más da), lógico es que suelte bobadas del tipo: “Si se paga, se deja la puerta abierta para que se dramatice, se actúe, y no se cuente, simplemente, la verdad”. Ponte en su lugar. Tú mismo (tú que conoces el precio de todo, pero no das valor a nada. Así define Wilde al cínico) ejerces desde el mismo tribunal y con el mismo gusto por el aforismo resultón (“El periodismo debe ver si vale la pena pagar”). En cualquier caso, lo que se discute no es ni el chascarrillo de Rosentiel ni el tuyo. De lo que se habla, y de ahí el escándalo (o lo que sea), es que Morris haya ocultado que pagó a los entrevistados. Hubiese bastado una nota al final de la película. Las declaraciones que hizo en el festival de Berlín y las que ha hecho en el festival de Tribeca le ponen al descubierto como un tramposillo (no llega a tramposo, es cierto). Evidentemente, lo de la ética periodística es como lo del pensamiento navarro, pero más grave (sin exagerar, eso sí) es sustituir el razonamiento por la ocurrencia. El problema de la prosa oscura (o demasiado clara, qué más da) es que corre el riesgo de convertir el pretendido cinismo en simple estupidez, esa enfermedad extraña que no la sufren los que la padecen, sino los que rodean (o leen el blog, qué más da) al enfermo.

La contestación de Arcadi ha sido publicar la carta. Podría haberle dicho “Estimado Luis, Mal”, pero queda mejor así porque el periodista queda peor.

A veces nos puede la soberbia de la pluma. Qué pena.

“La entrevista es una suplantación, un género ficcional y barato”

 “La entrevista (de Gabilondo a Zapatero, vídeo 10:00) sólo se recordará por lo que pasó después (vídeo 00:09). Comprendo la dureza de la cosa. Pero no hay mal que por bien no venga y el episodio podría servir para despeñar definitivamente al género, mero borrador del periodismo. La entrevista es una suplantación, y he visto pocos momentos que lo reflejen tan ásperamente como ese beso entre imberbes. Pero, en fin, si no se atreven a acabar con el género al menos que acaben con el directo. La gran superioridad de la entrevista escrita sobre la audiovisual se basa en el diferido. El diferido elimina toda la grasa que inexorablemente aflora en la televisión y en la radio. La entrevista de Gabilondo a Zapatero es insoportable. Como también lo fue la de Carlos Herrera. Derroche de minutos baldíos, cuando con dos cortes y una entradilla habría bastado. Ni Gabilondo ni Herrera ni Zapatero tienen la culpa. Hacen lo que pueden con un género puramente ficcional, es decir y sobre todo, barato.”

Arcadi Espada, mi nueva estrella blogosférica, dixit. Y ante tanta elocuencia no sé que decir. Cuando me recupere intentaré pensar… 

Chapeau, Arcadi Espada

La verdad es que un par de días han sido suficientes para caer rendido ante la finura de Arcadi Espada y su brillante blog.

Pasen y vean lo que dice hoy, es una pequeña lección de espíritu crítico y de periodismo. Resalto esto:

  • El Director le da (y se da) portada y siete páginas al presidente Zapatero.
  • Hay un evidente desequilibro entre el espacio que ocupa la entrevista y la importancia de su destilación en titulares
  • El Director aparece en tres de las siete fotografías.
  •  “El presidente del Gobierno dialoga y discute durante ocho horas con el director de El Mundo” (…) La novedad extraordinaria de la frase está en la inversión de los sujetos activos, y la evidencia de que, con su redacción actual, el Presidente del Gobierno ha conseguido una entrevista con el director de El Mundo.
  • “Los periódicos tomamos decisiones de forma inmediata y eso aumenta nuestra capacidad de equivocarnos”. Desde luego, con cinco minutos de más cualquier periodista es un genio. Pero el oficio consiste en no tenerlos.

Espada debatirá el funcionamiento de El Mundo por dentro

El Mundo anuncia en su edición de hoy que, a partir del miércoles día 9, Arcadi Espada inaugura un nuevo blog “de análisis crítico” cuyo objeto será analizar el diaro de PJ desde dentro.

Arcadi espada.jpg“Todos los días de lunes a domingo y antes de las 12.00 del mediodía llegará puntual su visión acerca de algún aspecto concreto de lo publicado ese día en El Mundo. Positiva o negativa. ‘Creo que en las redacciones se está perdiendo debate sobre lo que se publica y tendría que recuperarse’ Su propósito con este nuevo espacio es organizar una ‘tertulia’ en torno al diario en la que participen todas las personas que lo hacen. para ello cederá la palabra a quienes puedan sentirse aludidos por sus post, además de a los propios lectores, que podrán convertirse en juez y parte del debate a través de sus comentarios. Arcadi asegura que los lee todos -‘favorece saber cómo es el lector y lo que quiere’-, aunque no determinan sus palabras.”

En la misma información se puede leer otra significativa frase de Espada: Un blog de un periódico debe servir a esa cabecera porque, lo quiera o no, está incrustado en su discurso general“.

Primera cuestión: ¿Es eso un blog?

Segunda cuestión: La iniciativa es novedosa e interesante, pero ¿va a ser el lector juez y parte, como se anuncia?

Tercera cuestión: ¿Cómo aguantará el espíritu hipercrítico de Espada la presión de los comentarios (internos y externos)?

ACTUALIZACIÓN (9.1.2007 15:05): Ya vi el ‘blog’. Poco funcionamiento interno de diario, pero alguna reflexión interesante: 

 “A veces los compañeros se molestaban un momento ante algún comentario, pero recuerdo que pasaba pronto. La ocasión digital es inmejorable para seguir haciéndolo. Entre los grandes placeres de la vida, escribe mi admirado Paul Johnson, está el de escribir una columna. Aún es mejor discutirla. También las mías. Pienso que los blogs empotrados en los periódicos (nadie se fíe, muerdo la mano, pero en el fondo soy un embedded) deberían ser algo así como el making of de las informaciones. Los blogs deberían contar cómo esas informaciones se obtienen, se elaboran y se escriben. Por desgracia, yo sólo podré dar cuenta del cuarto trasero de mis opiniones, género manifiestamente inferior del periodismo.”

Yo, embedded lo traduciría por ‘empotrado’, que es un término muy feo, pero ampliamente aceptado ya en la profesión.