La hemeroteca que nunca se acaba

He estado jugando estos días con el archivo de Prensa Histórica, que pone a mi disposición materiales hemerográficos en muchos casos desconocidos y únicos, editados desde finales del siglo XVIII. Una verdadera joya para investigadores y curiosos de la prensa histórica. 

Me llamó la atención, por ejemplo un Aviso, subtitulado Curiosidad, en la segunda página del Diario Mercantil de Cádiz del día 3 de mayo de 1808:

aadiario-mercantil-copia.jpgCon permiso del Gobernador (…) se dejará ver un niño de cuatro años con la cara, brazos y pies blancos, y lo demás del cuerpo negro, y cerdas rubias iguales a las de un cerdo; cosa digna de admiración.

La entrada à real de bellón, advirtiéndose que este interés vá a servir para el rescate de su Padre que se halla cautivo.

En la actualidad, el fondo de esta hemeroteca virtual española alcanza un volumen de casi cuatro millones de páginas digitalizadas, que proceden tanto de bibliotecas públicas como de ateneos, fundaciones, ayuntamientos, universidades y de propietarios de periódicos que empezaron a editarse en el siglo XIX.

No sé si es la solución definitiva para salvar los documentos periodísticos de la degradación que amenaza a la celulosa por culpa del tiempo y los tratamientos químicos, pero es sin duda un importante paso para asegurar su conservacion.

La verdad es que, antes, había utilizado otras hemerótecas virtuales, y no siempre para consultar prensa antigua. En la actualidad, la mayoría de las publicaciones que me interesan han abierto ya sus archivos, por lo que voy directamente a la fuente. Pero para esos momentos que quiero o necesito hojear prensa de difícil acceso no hay nada como la red: 

Archive.org (en inglés): Aquí buscaba portadas de viejos periódicos. No obstante, aviso de que, aunque aparezca la cabecera que buscas en su archivo, no siempre cuenta con la edición de la fecha exacta que estás buscando. Sigue siendo interesante por todo lo demás que ofrece, incluidos libros digitales.

Issuu (en inglés): Una forma de leer todo tipo de revistas, publicaciones y catálogos. Una buena dirección para devoradores de diseño gráfico. Muy recomendable y también muy entretenido.

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Zinio: Es el mayor proveedor mundial de revistas on line. Se trata en realidad de un “quiosco global” on line, una página web donde se pueden adquirir revistas de diversa índole de todo el mundo y visualizar las páginas instantáneamente en pantalla. Permite una forma de leer revistas muy visual. Permite pasar las páginas tirando de las esquinas con el cursor o hacer zoom con dos dedos. Es de pago, pero, como en cualquier quiosco, se pueden hojear algunas cosas y curiosear las portadas.

Texterity (en inglés): es un proveedor de sistemas y servicios para la creación, entrega, y el seguimiento de las ediciones digitales de revistas al estilo de Zinnio. Entro de vez en cuando para curiosear en la página de prueba de sus servicios.
Bueno, si conoces más direcciones, estaría encantado de que las compartieras conmigo.

Al quiosco a ver la tele (y a navegar)

Los quiosqueros van a abandonar en Barcelona su tradicional rol de intermediarios del papel para pasarse al multimedia, y encima interactivo.

A partir de la segunda quincena de marzo, 700 quioscos de la Ciudad Condal dispondrán de Canalkiosk, un canal de televisión totalmente interactivo con contenidos informativos propios ininterrumpidos, 24 horas al día, 365 días al año.

Canalkiosk se presenta como pionera mundial en el desarrollo de la televisión 2.0 interactiva en una ciudad, así como la primera red de marketing móvil en la vía pública.

En Madrid conocemos Canal Metro (la misma empresa lo lleva en Barcelona), pero no es interactivo. Como en tantas otras cosas, Barcelona toma la delantera. 

Todas las portadas de hoy

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Kiosko/Hoy, escrito con dos kas, es un escaparate virtual muy útil para echar un vistazo a las portadas de la prensa del día.

Sus estantes están ordenados geográficamente: Norte, Centro, Levante o Sur de España. Pero también tiene baldas para Internacionales, Deportivos y -genial- Humor.

¿Qué se ofrece en un periódico?

¿A qué se dedica un periódico? ¿Qué venden realmente las empresas periodísticas? ¿Es la redacción una mera excusa para comercializar productos de todo tipo? ¿Producimos noticias o bisutería? A lo mejor ni eso. Tan sólo atrapamos durante unos instantes la atención de unos lectores mientras que los publicistas ceban sus mentes con sugerentes propuestas de consumo.

Acabo de leer que La Vanguardia ha lanzado una promoción con un collar de bisutería (Vía: Jornalismo & Internet). Era algo que faltaba en la fántastica lista de promociones y regalos que nos ofrece el quiosco. Hay una web dedicada a dar cuenta de ello.

Para curiosos, están ordenadas por categorías:

 Cartillas cupones     CD    Cine    Colecciones    DVD     Electrónica    Juguetes     Libros      Música      Regalo    Ropa

El proceso por el que el quiosco se ha convertido en un bazar puede resultar gracioso (para los quiosqueros no) e, incluso, ser un buen tema para una distendida charla de café, pero esconde un trasfondo preocupante. Los periodistas somos productores de información y, hasta ahora, ésa era una labor vocacional, sagrada e hasta bien vista y protegida socialmente. En la actualidad somos productores de contenido para unos medios que, durante un tiempo, fueron plataformas publicitarias y ahora ni eso.

Los periódicos han convertido a sus audiencias en un nuevo producto que vender, como señala Chomsky. Y por eso la guerra de los números se ha hecho encarnizada. También en la red, donde aún no hemos aprendido a contar. Paralelamente, la noticia ha perdido protagonismo hasta percibirse como elemento de relleno. Interesa más si presenta un aspecto lúdico o sensacional. Pero, ¿qué ocurre cuando todos los medios ofrecen lo mismo? Pues que hay que diferenciarse de alguna forma, aunque sea ofreciendo un croissant, como hizo La Razón hace algún tiempo.

En realidad, promociones de este tipo se han hecho desde siempre. En los años 30 los diaros americanos ofrecían biblias a los lectores con el fin de mejorar su imagen ante ellos y fidelizarlos. En los 80 triunfaron los fascículos y a finales de los 90, las colecciones de pago. El gran problema con que se encuentran los editores en el nuevo milenio es que los lectores, avisados de tanta uniformidad en los medios, son mucho más promiscuos. Saltan de un medio a otro según les interese el CD, un DVD o el croissant de regalo.

La gran paradoja del periodismo: más medios no garantizan mejor información al ciudadano. Asistimos -y somos responsables- a una uniformización de los contenidos. No se hace periodismo de investigación porque es caro y lleva mucho tiempo. Como consecuencia, todos decimos prácticamente lo mismo en todos los medios. ¿Para qué comprar, entonces, el periódico si me va a decir lo mismo que ya he visto en la tele y he escuchado en la radio? Peor aún con internet, pues a menudo la lectura del diario produce la sensación de “comer pan duro”, de estar delante de noticias que ya no lo son, por conocidas.

Las promociones, de todas formas, ya funcionan de manera independiente a los lectores. Ni siquiera se utilizan exclusivamente para ganar o fidelizar a esos lectores que atraigan a su vez a los anunciantes. Se han convertido en sí mismos en una suculenta fuente de ingresos para las empresas ¿periódísticas? En 2006 El País facturó más con la venta de estas promociones que con el propio diario. Como consecuencia, se creó Prisa Innova, una unidad de negocio destinada a gestionar y promocionar el nuevo cuerno de la abundancia. El papel en el quiosco se ha convertido -también- en un gran escaparate de venta de productos, y no son precisamente los de las páginas de publicidad.  

¿Dónde queda la función del periodista?

Más sobre el tema de las promociones en:

Cómo aprovechan los periódicos la nueva locura de la promoción.  Artículo de 2005  que se centra sobre todo en diarios ingleses, pero resulta muy esclarecedor.

En los diarios gratuitos, la promoción es de pago.

El fin de la era de la prensa. Wiki a partir de un artículo de Varela publicado en Cuaderno de Periodistas.