The Washington Post pierde a Leonard Downie Jr.

Leonard Downie Jr. se retira de la primera línea del periodismo estadounidense. El que ha sido desde hace 17 años el editor jefe del diario ‘he Washington Post dice adiós a la profesión. Downie se convertirá en vicepresidente honorario de la compañía editora, Post Co.

La noticia de agencia ha llegado a todas las redacciones. Pero no ha sido una sorpresa para nadie.

Desde que asumió su puesto en 1991, The Washington Post ha ganado 25 premios Pulitzer, seis de ellos este mismo año.

Bajo su dirección, Downie ha visto una caída en la circulación, de los 813.000 ejemplares de 2000 a los 673.000 actuales. Aunque The Washington Post ha vivido una nueva juventud gracias a los lectores ‘on line’, que continúan ‘en crescendo’. Su web, lanzada hace más de una década, era muy considerada entre sus competidores, debido a su temprano éxito en atraer a los lectores.

Hay que recordar que, hasta ahora, TWP no se ha rendido a la convergencia redaccional. El río Potomac separa geográficamente a los redactores dedicados al papel y a los digitales. Todo un símbolo de resistencia que puede venirse abajo.

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“El blog no es un medio de vida sino un medio en la vida”, dice Verdú

La verdadera novedad de internet es la eliminación de títulos y etiquetas. Gracias a la red se puede acceder al conocimiento directamente sin pasar por ninguna institución de enseñanza o ser un gran lector, como exigía la cultura tradicional. Vemos que se puede ejercer de periodista sin necesidad de tener un carnet en el bolsillo ni una empresa que te respalde.

Los blogs no discriminan ni reconocen instituciones preestablecidas por el poder, lo cual aporta nuevas voces y enriquece la comunicación global. Lástima que nos estemos perdiendo en la defensa del púlpito y nos entretengamos más de lo necesario con los augurios prometidos.

No se trata de parcelas de poder o de negocio. Ni siquiera de temas tecnológicos, aunque todo nos afecta muy directamente y está transformando profundamente las rutinas profesionales. Se trata de cambiar la perspectiva de mirar de otra forma. De adaptarse.

Vicente Verdú, que lleva tiempo reflexionando sobre cómo mirar de otra forma el mismo mundo que habitamos todos, habla con Miguel Pato con motivo de la publicación del libro Passé compossé” , una recopilación de los post de su blog. Como siempre, hay reflexiones interesantes en su discurso (vídeo 20:22):

Tengo que pensar en eso de que el periodismo es un medio de vida mientras que el blog es un medio en la vida. Probablemente estoy obcecado con que el Periodismo, con mayúscula, es algo más que ‘un medio de vida’. Será porque lo observo más que como una profesión como una vocación personal y una necesidad social.

Los cinco mandamientos de Rupert Murdoch

Entre otras cosas de Murdoch, Pablo Pardo nos cuenta en El Mundo cuáles son las recetas del millonario para The Wall Street Journal:

Murdoch quiere hacer un poco más macarra el periódico que acaba de comprar, para que arrebate el título de diario de referencia de EEUU ‘The New York Times’, la némesis del Partido Republicano y, de paso, el único diario aún más elitista que ‘The Wall Street Journal’. Y, más o menos, así se lo ha explicado a la plantilla. Primero, en su reunión de diciembre. Y ahora, en otro encuentro, hace un mes, en California. Éstos son los ‘Cinco Mandamientos de Rupert Murdoch’ para que sus chicos del ‘Journal’ se coman a los del ‘Times’:

1. “No te pasarás editando los textos”. A Murdoch le molesta que en ‘The Wall Street Journal’ corrijan los textos hasta dejarlos absolutamente impecables. “En este momento, cada historia en el diario está siendo corregida o editada, en promedio, por 8,3 personas. Todo el mundo que ve una noticia dice «qué pasa con esto, qué pasa con esto otro”, dijo en mayo.

2. “Escribirás noticias cortas”. Eso es algo que provoca sarpullidos a los redactores del Journal, porque les parece que es caer a los niveles de ‘Financial Times’, un periódico que siempre ha tratado, sin éxito, de alcanzar el puesto prominente del diario financiero neoyorkino. Pero Murdoch opina que las noticias eternas que son marca de la casa de The Wall Street Journal no tienen razón de ser: “No hay una sola noticia en la que no puedas meter todos los hechos en la mitad de espacio”.

3. “Buscarás exclusivas”. Una de las primeras consignas que Murdoch dio a los jefes de The Wall Street Journal es que quiere exclusivas. Algo más que notable porque ese diario destaca, entre otras cosas, por las noticias que levanta, sobre todo en su edición online. Pero eso no es suficiente. Como dijo en mayo, “tenemos que tener más periodistas donde los necesitamos”.

4. “No buscarás el prestigio”. A Murdoch no le importa demasiado la respetabilidad. En la reunión de diciembre, su mano derecha en ‘The Wall Street Journal’, Robert Thomson, explicó a la redacción que “es importante ser respetado; pero quedar enterrado en la historia es, ciertamente, mortal”. El dueño de News Corporation, además, opina que la presión de internet está haciendo que los periódicos hayan iniciado una carrera cuesta abajo en cuestión de calidad.

En otras palabras: hay un amplio margen para empeorar. El mes pasado ya dijo que las empresas de medios impresos de EEUU “han realizado todas las reducciones de costes posibles en la producción, pero no en el periodismo. Ahora van a empezar a hacerlas en el periodismo, y éste se va a deteriorar tremendamente”.

La estrategia comercial de Murdoch refleja que el prestigio no le importa. Dentro de unos meses, ‘The Wall Street Journal’ se venderá conjuntamente con el tabloide ‘The New York Post’, también de News Corporation, por un dólar (0,64 euros).

5. “Asumirás riesgos”. Sacar más exclusivas, editarlas menos y no preocuparse por la reputación equivale a asumir grandes riesgos. En el primer trimestre del año, el número de rectificaciones en ‘The Wall Street Journal’ ha crecido un 25% en relación al mismo periodo de 2007. Aunque eso no parece preocuparle a Murdoch. Porque, como dijo Thomson, “el que se quede quieto, será arrasado”.

Y, aunque eso no lo dijo, el que no esté de acuerdo, puede irse, como ya ha hecho una parte considerable de la plantilla de ‘The Wall Street Journal’ desde que el diario pasó a manos de News Corporation. Es algo que a Murdoch parece que no le importa. Ahí está para confirmarlo la frase con la que se despidió de sus empleados en diciembre: “Bueno, esto es todo lo que tengo que decir. Así que volver a vuestros sitios y aseguraros de que no os pisen ningún tema mañana”.

Periodismo de investigación en ProPublica

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ProPublica, uno de los proyectos más prometedores del periodismo mundial, ya está en marcha. Le ha costado, pero Steiger, editor en jefe, y Steve Engelberg, editor general, han cumplido su promesa de tenerlo todo listo para este año.

Su objetivo es buscar el periodismo de investigación y denuncia que dé a conocer todo tipo de abusos y negligencias por parte de las entidades gubernamentales o empresas privadas. Y si no existe, realizarlo ellos -cuentan con dos docenas de reporteros- y ofrecérselo a los medios de forma gratuita.

Día a día escanea la actualidad y ofrece un “Scandal Watch” (Monitor de Escándalos), que selecciona las cinco investigaciones más destacadas del momento en otros medios. Si se busca por temas, en  “Media & Technology” (Medios y Tecnología) esto les ha llamado la atención estos últimos días:

June 16, 2008

June 13, 2008

June 12, 2008

Post Columnist Benefits From Corporate Speaking Deals Ken Silverstein, Harper’s, June 12, 2008

Facebook Add-Ons Expose Data Kim Hart, Washington Post, June 12, 2008

FCC Drags Its Feet on Sirius-XM Merger The Wall Street Journal Editorial Page, June 12, 2008

Wash. Times Reporter Is Subpoenaed to Testify on Sources Walter Pincus, Washington Post, June 12, 2008

Losantos y otros mitos reales e imaginarios

No soy nada mitómano y creo que ningún periodista debería serlo, pero siempre hay personajes a los que uno admira especialmente en la profesión y otros a los que respeta menos, e incluso en lo más íntimo de su conciencia hasta desprecia. Al menos tengo claro que cuando muera me gustaría que alguien escribiera sobre mí un obituario como el de Caño a Tim Russert (qué más quisiera) y que mientras viva, me gustaría mantenerme muy alejado de las posturas losantianas, profesional e ideológicamente.

Sentencia íntegra de condena a Federico Jiménez Losantos por injurias

De mitos y muertos hablaba también el otro día en un comentario en este blog Rafael del Barco con motivo de la compra de Zeta. Y decía que Asensio quería ser el Murdoch de la prensa española. Eso me ha recordado un libro -excelente y muy recomendable, especialmente para periodistas- que acabo de leer, Los hombres que no amaban a las mujeres, del sueco Stieg Larsson, donde una historia compleja y bien narrada da una perfecta panorámica de los grandes hombres que se mueven en el mundo de las finanzas y del trato, a veces excesivamente amigable que reciben de los periodistas.

Aunque el periodismo es sólo uno de los  muchos temas de actualidad de los que habla el último fenómeno de la literatura nórdica, el libro contiene algunos párrafos que llegan como ácidas reflexiones sobre el estado actual de la profesión. Al fin y al cabo Larsson es otro más de los muchos periodistas metidos a literatos.

Mikael Blomkvist [protagonista de la historia y también periodista] opinaba que el cometido del periodista económico era vigilar de  cerca y desenmascarar a los tiburones financieros que provocaban crisis de intereses y que especulaban con los pequeños ahorros de la gente en chanchullos sin sentido de empresas puntocom. Tenía la convicción de que la verdadera misión del periodista consistía en controlar a los empresarios con el mismo empeño inmisericorde con el que los reporteros políticos vigilaban el más mínimo paso de ministros y diputados. A un reportero político nunca se le pasaría por la cabeza llevar a los altares al líder de un aprtido político, y Mikael era incapaz de comprender por qué tantos periodistas económicos de los medios de comunicación más importantes del país [Suecia] tratatan a unos mediocres mocosos de las finanzas como si fuesen estrellas del rock.

¿A que parece que Larsson está hablando de los periodistas de aquí? He sentido esa percepción en varias ocasiones, como cuando Blomvist sale del juzgado donde el juez acaba de dictaminar que había calumniado y difamado al fianciero Hans-Erik Wennerström. Una compañera le pregunta cómo se siente:

A pesar de lo tenso de la situación, ni Mikael ni los periodistas más veteranos pudieron evitar sonrír por la pregunta (…) Los periodistas serios siempre habían sostenido que esa pregunta -“¿cómo te sientes?”- era la única que los periodistas deportivos bobos eran capaces de hacer al deportista jadeante al otro lado de la meta. Pero acto seguido recobró la seriedad.

-No puedo más que lamentar que el tribunal no haya llegado a otra conclusión -contesto de manera algo formal.

-Tres meses de prisión y ciento cincuenta mil corronas de indemnización por daños y perjuicios. Una sentencia que debe resultar dura -dijo “la de TV4”-.

– Sobreviviré.

-¿Vas a pedirle disculpas a Wennerström? ¿A darle la mano?

-No, no creo. Mi idea sobre la ética empresarial del señor Wennerström no ha cambiado.

-¿Así que sigues pensando que es un sinvergúenza? -se apresuró a preguntar Dagens Industri.

Tras aquella pregunta se escondía una cita acompañada de un devastador titular, y Mikael podría haber mordido el anzuelo si el reportero no le hubiese advertido del peligro al acercar el su micrófono con con un entusiasmo algo excesivo.

-Consideré que tenía buenas razones para publicar aquellos datos. El juez lo ha visto de otro modo y, naturalmente, debo aceptar que el proceso jurídico haya seguido su curso. AHora vamos a comentar la sentencia detenidamente en la redacción antes de decidir qué hacer. No tengo nada más que añadir.

– Pero se te olvidó que un periodista debe probar sus afirmaciones -dijo “la de TV4” con un deje de dureza en la voz.

Bueno, hay algunas coincidencias, pero Losantos no se acerca ni de lejos a Blomkvist. Qué más quisiera.  

 

Cuando el periodismo cívico y el ciudadano se encuentran

Llevo un tiempo con la idea de dejar algún apunte sobre los beneficios que para el periodismo cívico puede tener un desarrollo adecuado del “periodismo ciudadano”. Pero un día por otro el tema se pospone. Un artículo de Paula Gonzalo me lo ha recordado y voy a aprovechar la serendipia.

chi-town.gifPrimero me llamó la atención el cartelito. Copio y pego. Y, en cuanto tenga más tiempo libre, investigaré sobre esta “reforma de los medios” que empieza con uno mismo; porque con el solsticio las horas de sol son más, pero en mi caso parece que el día se acorta y no me da tiempo a nada. En fin…

Después, leí el post sobre el Chi-Town Daily News, un periódico “online” dedicado exclusivamente a lo hiperlocal en una ciudad como Chicago (USA). Volvemos al sugestivo tema de la glocalización y al interesante futuro, aún por descubrir, que encierra para la profesión. De hecho, esta página echa mano tanto profesionales como de “periodistas ciudadanos”, que en este caso no son informadores ocasionales pues reciben una formación.

Si partimos de que el periodismo cívico es aquel que se ocupa de los temas más cercanos de la comunidad y hace especial énfasis en los problemas y sus posibles soluciones, nadie como los propios ciudadanos implicados para servir de fuente de información e, incluso, de comunicadores. Es así porque ninguna organización profesional, ni siquiera las todopoderosas agencias, pueden mantener un sistema de alerta informativa en todos los puntos en los que potencialmente puede generarse interés. Pero, incluso, en los casos en los que se llega a ellos, el sistema de selección y jerarquización de la noticia puede silenciarlos.

El periodismo cívico -comunitario, de interés público o de contacto, como también se le ha llamado- pone sobre la mesa cuestiones que los periodistas olvidamos con cierta frecuencia y que los ciudadanos nos recuerdan siempre que pueden. Por eso de la realidad pública y la realidad publicada se hace necesario retomar el contacto con la comunidad. También es una forma de encontrar espacios de interés que se han perdido en los medios en aras de agradar a las mayorías. Pues eso, justo es el momento y la ocasión -la que da la red- para que los medios se encuentren con las minorías y atiendan sus problemas.

El periodismo, en general, se encuentra con su vocación social y el negocio, en particular, encuentra un nicho de interés para sus actividades, tanto informativas como empresariales no nos engañemos. La idea no por conocida es menos buena.  

El pero, el meollo de la cuestión de esta nueva forma de periodismo ciudadano (que esta vez si puede considerarse como tal en ambos sentidos, el de periodismo y el de ciudadano) lo plantea la propia Paula Gonzalo:

Hay una cuestión acerca de la formación de los voluntarios. Chi-Town Daily News exige a los periodistas ciudadanos un intenso proceso de capacitación. Si bien este proceso no equivale a la formación profesional, Chi-Town Daily News intenta dar a los periodistas ciudadanos un trampolín para la presentación de informes (…) El resultado será una pregunta importante acerca del periodismo ciudadano: ¿pueden los ciudadanos escribir historias de los periodistas que estén debidamente investigando y escribiendo?

Mañana de confusión

Al venir a casa me he encontrado en la Gran Vía con algunos compañeros de la Cadena Ser que estaban manifestándose por el atentado contra las rotativas de El Correo. Me han venido a la mente otra vez los cinco kilos de explosivo dedicados a callar la boca de quien no opina como ellos, a quitar la palabra al contrario.

Iba con prisa y no he podido determe unos minutos, lo que ha removido mi conciencia y me ha dejado mal sabor. No pensaba escribir nada aquí sobre el atentado porque me interesa mucho cómo tratan los periodistas al terrorismo y a los terroristas, pero no cómo actúan las bombas y los tiros en la nuca de la profesión. Miento. Me interesa también, pero de otra forma. Para eso hay otros foros a los que estoy suscrito. No obstante, voy a manifestar aquí mi solidaridad con esos cincuenta trabajadores que en ese momento estaban en los talleres de Zamudio y salieron ilesos, con la empresa que no se ha amilanado y sacó el periódico a la calle ese día y, cómo no, también con los lectores a los que la banda terrorista ha querido privar de una fuente de información libre. Lo recuerda el grupo en un editorial:

“La bomba contra nuestras instalaciones en Zamudio no parará nuestra rotativa ni mucho menos pondrá mordaza a nuestra voz, la que habla por la boca de cientos de miles de vascos que lo único que anhelan es el fin de ETA” 

Los medios de comunicación, objetivo de ETA (El Mundo)

La buena noticia es que pese a los indeseables, la vida sigue y el grupo Correo acaba de estrenar una sección de blogs de corresponsales al estilo de lo que hace ya ABC en la empresa. Cronistas como Mercedes Gallego, que ubica su cuartel general en Nueva York; Fernando Iturribarria, que escribe desde París; Iñigo Gurruchaga (Londres); Fernando Pescador (Bruselas); Enrique Müller (Berlín); Íñigo Domínguez (Roma) y Rafael M. Mañueco (Moscú) escriben ya en su nuevo blog.

Tenemos que encontrar otro nombre para estas bitácoras profesionales, pues en este caso el blog es sólo un instrumento para aprovechar una red de informadores ya tejida por una empresa. Y no es lo mismo. Y si no es lo mismo la palabra tampoco debería ser la misma. Es más, no creo que una misma palabra pueda definir al blog que escribe un corresponsal en el extranjero y al blog que, a modo de columna digital de opinión, mantiene un analista político desde la redacción.

Este tipo de blogs amplía el espectro de la información. Ofrecen una visión complementaria, más personal e intimista, de los corresponsales en otros países. Se trata de un paso más hacia una globalización informativa real, pues también ellos pueden contestar a sus lectores y prestarles sus ojos y sus oídos, entrenados de forma diferente a la de los informadores ocasionales que también puedan cruzarse.

Si alguien tiene una sugerencia para nombrarlos, se admiten ideas.