El periodista es narrador, no cómplice de lo que cuenta

Acabo de aterrizar en Madrid tras una larga estancia en el Reino Unido y, claro, lo primero es ‘aclarar el jabón’ de la inmersión inglesa con una rápida hojeada a los RSS atrasados en Netvibes, que son bastantes.

Entre todo lo que veo me llama la atención que El Periódico de Catalunya cambió la portada del lunes 29 de agosto pasado por presiones ejercidas por usuarios de Twiter.  Un aluvión de comentarios en la red social demostraron hasta qué punto es cierto que las redes sociales están cambiando la forma de hacer periodismo más allá de la pantalla del ordenador. Su efecto llega también al papel.

Enric Hernández, director del diario, lo cuenta en primera persona y explica cómo reaccionó el diario cambiando la portada.

Montaje-portada-elperiodico

Me gusta el razonamiento de Enric:

“Si un solo lector puede malinterpretar un titular, es que este es erróneo”

El cambio de la entradilla es mínimo, pero esencial. Donde ponía “un catálogo de los delitos más habituales en la capital”, ahora pone “un catálogo plagado de expresiones xenófobas”.

No es necesario dar explicaciones ni alterar la esencia de una noticia, que es tal cual es; pero sí conviene dejar claro que una publicación no comparte el espíritu de la información que da en un momento determinado. El Periódico reaccionó bien y a tiempo.

 

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Sin opinión (columnas) se puede vivir, sin periodismo no

Siete días le han bastado a Enric González para llegar a ésta conclusión. Me siento un poco agorero, y lo lamento. Sigo reivindicando El País que no ve la actual dirección:

28 de abril: Enric González participa en una charla digital en el Elpaís.com y en una de sus respuestas se puede leer:

Intuyo que ocasionalmente hago sufrir al director, pero el hombre sabe sufrir en silencio: nunca, nunca me ha dicho nada, y se lo agradezco profundamente. También habrá algún cabreo más arriba, en la empresa, pero tengo la obligación (si no viene en los manuales, debería venir) de que eso me resulte del todo indiferente.

29 de abril. El grupo Prisa anuncia que cierra las librerías Crisol. Asamblea de trabajadores de esta empresa debate la posibilidad de rebajarse el sueldo. La dirección comunica que los bancos reclaman más de 5.044 millones de euros. Hay que recordar que el conglomerado heredado del imperio Polanco agrupa varias empresas propietarias, entre otros medios, de El País, la Cadena Ser, Canal Plus, Cuatro…

30 de abril. La dirección retira un artículo de Enric González de la sección de Pantallas del diario. El motivo es esta frase:

Uno lo ve todo negro. No quiero ponerme en lo peor, pero cualquier día, en cualquier empresa, van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños. Ya sé que exagero, que esas cosas no pasan.

1 de mayo. Ignacio Escolar publica la columna que la dirección de El País no quiso publicar.  El altavoz de la Red empieza a funcionar. La blogosfera se pone en marcha.

2 de mayo. En el periódico, mientras El Roto da ideas a la empresa (“no os creáis las noticias, tened fe en las profecías) , se puede leer entre líneas la preocupación. Carlos Boyero echa de menos la columna de su compañero:

Se lleva fatal con el mono nicotínico. Recurro a otra de mis impagables y gozosas costumbres. Leer a Enric González, un primoroso narrador de historias, una cultura enciclopédica, alguien que ha elevado el bisturí de la ironía a la categoría de las Bellas Artes describiendo y razonando el casi siempre lamentable estado de las cosas. No lo encuentro. El día empieza crudo.

3 de mayo. Este domingo, qué casualidad, se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa

4 de mayo. Enric González vuelve fiero. Imprescindible la  lectura de la columna “Derechos” , aunque destila finura y sutileza. Y una lección de periodismo. Confiesa que escribió su columna ayer, cuando se celebro -“es un decir”- el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Pues eso:

No se preocupen si un día echan en falta una opinión: tienen de sobra por ahí y, sobre todo, ya tienen ustedes la suya. Preocúpense por lo otro, por lo que nos hace realmente falta [el periodismo]. Como decía Manuel Vázquez Montalbán, estamos rodeados. Falta por ver si este asedio acabará como Numancia o como Stalingrado.

¿Miedo a la interactividad?

Enric González no quiere más correspondencia electrónica con los lectores de su columna de El País. “Marta” fue la última opinión en la que indicaba su dirección con el fin de fomentar una saludable interactividad con sus lectores. Ahora, después de recibir un correo envenenado con un virus, no le parece tan saludable. Anuncia que no quiere más interacción:

Dado que represalias vigorosas de ese tipo podrían repetirse, creo que ha llegado el momento de interrumpir la estimulante correspondencia directa que venía manteniendo con algunos lectores, y agradecer muy sinceramente todos los mensajes recibidos hasta ahora. Parece que en elpais.com abrirán espacio para opiniones debajo de esta columnita. El sistema resulta sin duda más seguro y permite que la gente dialogue entre sí. Veremos.

El tema me trae a la mente que Lucía Etxebarría tuvo que cerrar su blog en noviembre de 2006 por culpa de un troll. Ella se quedó más tranquila, pero no sus usuarios.

Ilustración: JNL

Por supuesto, no ha sido el único caso que hemos visto. Ni será el último, porque en la Red el anonimato fomenta este tipo de actitudes. Ya he hablado del tema y expresado mi actitud aquí mismo. Lo repito: no se puede ceder ante la cobardía de quien no da la cara.

La interactividad -tanto abierta en forma de comentarios públicos como cerrada en correos electrónicos privados- tiene un gran valor para el periodismo en la Red. En casos así, lo mejor es denunciar. La policía tiene una sección dedicada a la red donde se pueden deben denunciar este tipo de acciones.

Si alguien te molesta en la calle, la mejor opción no es quedarte en tu casa toda la vida para que no vuelva a ocurrir. Internet se presenta como una calle virtual. Ya sabemos que siempre hay algún indeseable paseando, pero esa no es razón… suficiente.

Contar lo que pasa, no lo que pasará

Los Reyes me han dejado, entre otras cosas, un poco de tiempo libre para echar un vistazo a lo que se dice por la red. He leído muchos resúmenes, muchas propuestas y muchos augurios, también algún que otro pensamiento interesante al respecto, como las “Diez cosas que debería plantearse todo medio digital” para 2009 que propone Borja Ventura (Por cierto hay que felicitar a Borja por su incorporación al ‘Proyecto-i’).

Por lo demás, mucho de lo mismo, de eso que cada día del año se escribe por doquier. Con tal cantidad de análisis y augurios salidos de tanta mente preclara, me he acordado de lo que escribió Enric González el día 30 de diciembre del año ya pasado:

The Economist es uno de los medios informativos más prestigiosos del mundo. Se puede estar en desacuerdo con su rígido liberalismo (aunque ahora exige a los gobiernos que suelten la pasta), con su pedantería o con cualquiera de los rasgos que lo caracterizan, pero se trata de un semanario interesante y con gran influencia entre las élites. Sus previsiones son consideradas altamente fiables. ¿Recuerdan lo que The Economist vaticinaba para 2008, en enero de este mismo año? Hillary Clinton iba a ser presidenta de Estados Unidos, la economía española iba a mantener un crecimiento del 3,7% y el gran tema iba a ser el calentamiento climático. Cito estas tres previsiones como ejemplo: las otras estaban igualmente equivocadas.

A veces es mejor no jugar a ser como Aramís Fuster. El oficio sólo pide ‘contar a la gente lo que le pasa a la gente’, pero no lo que le va a pasar. 

Pues eso, que de todo lo leído, quiero salvar sólo esta entrada que 233grados.com recuerda entre lo mejor del año pasado:

Del papel al online: pierde cien y gana ocho