¿Qué pasa cuando las agencias de prensa se equivocan?

Cuando los únicos periodistas que acuden a las fuentes primarias, a las de origen, se contradicen, los periódicos también lo hacen. ¿De quién nos podemos fiar si nos fallan las agencias? Mal hacen los periodistas que dan por buenas las informaciones sin verificarlas porque proceden de fuentes aparentemente fiables.

No nos podemos dar por buenas las informaciones de nadie. Ni las de Science, ni de Nature, que son las cabeceras depositarias del conocimiento científico. Pero tampoco las del New York Times, aunque para muchos sea la biblia informativa.

En el estudio “Periodismo en la Era de Internet. Claves para entender la situación actual de la información periodística en España” se puede leer:

Las salas de redacción se han convertido en silenciosos semiencierros de sus profesionales. La vieja expresión de patear la calle ya no se concibe en su original sentido real y metafórico de búsqueda de lo que pasa en su escenario natural, allí donde la vida que se cuenta está latiendo (…)
Resulta sorprendente que, en esta situación, los periodistas no busquen noticias. Editan, gestionan, producen y valoran información. No la buscan. Sólo la conjetura parece marcar la diferencia más sustancial entre los medios (…)
Puede decirse que ya prácticamente el único periodismo digno de tal nombre (búsqueda real de información actual, de interés público, sujeta a la necesidad de la prueba y al aval de las fuentes) se ha recluido en las agencias de noticias. Ellas aportan los nutrientes básicos de los que se alimentan los medios digitales (…)

Pero, vaya. Qué pasa cuando una de las grandes contradice a otra. Hoy AP dice que Dayly Mirror ha ganado el juicio contra la modelo Naomi Campbell:

La Corte Europea de Derechos Humanos decidió el martes en contra de que el periódico tenga que pagar honorarios altísimos a los abogados de la modelo además de otros costos legales, argumentando que no eran acordes a la ofensa.

Sin embargo, EFE asegura que Estrasburgo da la razón a Naomi en la demanda contra el diario sensacionalista inglés:

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos considera que el Reino Unido no violó el Convenio Europeo de Derechos Humanos al condenar a la editora del Daily Mirror por los reportajes publicados en 2001 sobre el proceso de desintoxicación de drogas de la modelo Naomi Campbell.
La sentencia de la sala cuarta del tribunal asegura que los reportajes de ese diario sensacionalista “no han contribuido a ningún debate social de interés general” y añade que la información fue “perjudicial” y provocó un estado de “angustia” en Campbell.
Según el Tribunal de Estrasburgo, la información supone “una intromisión desproporcionada en el derecho de Campbell a la vida privada”.

Anuncios

Ya no me creo nada

erroresComo para anotar en una entrada de Mala Prensa lo que he visto, así sin buscarlo, en El Mundo (papel). Son errores que dicen poco de un medio que se proclama grande. La verdad, hay momentos en que preferiría tener un espíritu más positivo, al estilo de La Buena Prensa, porque como dice este aconsejable blog “siempre se publican páginas de buen periodismo”. Es cierto, pero creo que es momento de exigir(se) el máximo.

Cada tarde, a eso de las cinco, dejo el ordenador y me voy a tomar tranquilamente un café. Sólo y con dos azucarillos, que me gusta dulce. Aprovecho para relajarme y degustar dos cosas que me motivan especialmente: la cafeína y el tacto del papel de prensa. Es gratificante tantas sensaciones a la vez: la tinta deja huella en mis dedos y los titulares en mi cabeza. No está mal.

Digo que es gratificante, salvo los días en que sale a pasear mi espíritu crítico. Hoy era uno de ésos. Y esta vez le ha tocado a El Mundo(generalmente leo El País y El Mundo):

En la sección de Televisión, en la parrilla veo que en “Supervivientes” aún aparece Iván Santos, el ‘triunfito’ que ya salió del programa hace semanas. Bueno, no importa, se les ha pasado. La parrilla es un engorro y las erratas son algo que puede ocurrir.

Pero en contraportada hablan de No Angels y la detención de una de sus cantantes por haber contagiado el VIH a su amante sin haberle advertido del peligro. Todo iba bien hasta que leo que el redactor dice que el grupo quedó el tercero en Eurovisión el año pasado. Qué más quisieran los alemanes. Y eso que creo que quien escribe es especialista en música en el diario.

Lo he buscado al volver a casa, pero sólo se accede a ello si eres suscriptor, y no tengo ganas de dar vueltas. Lo extraño es que hace un par de días, El Mundo recogió la información de EFE y, ya en el subtítulo, decía que “El año pasado quedaron en último lugar en Eurovisión“.

Ver imagen en tamaño completoCuando oigo a alguien que ya no se cree nada de lo que dicen los periodistas, no pienso en la prensa del corazón ni en el descrédito derivado de  internet, siempre me vienen a la cabeza estos ‘pequeños’ despistes. La mayoría se solucionarían con la vuelta de los correctores a las redacciones. Al menos de suficientes correctores, porque muchas de las veces no son erratas, son errores.

Supongo que alguien tendrá que decirle a alguien que merece la pena invertir en credibilidad. He leído en El Mundo que es el gran problema de la profesión.

Los chascarrillos adquieren dimensión periodística

Los chascarrillos de cafetería que casi nunca lograban salir de la tasca de turno, y si lo hacían rara vez se les dejaba penetrar en las redacciones de los medios, ahora, gracias a Internet, adquieren una dimensión planetaria en cuestión de horas.

El País, por boca de Francisco Peregil, se cae del burro por fín. El artículo a doble página está dedicado en realidad a la vida cada vez menos privada de los políticos para los medios de comunicación. Y la primera culpa (¿la responsabilidad?) parece recaer en internet.

Se trata simplemente del nuevo mecanismo de producción de noticias: aparece un bulo en la red, un medio tradicional de amplia audiencia, generalmente televisión, se hace eco de ello y le da marchamo de credibilidad. Pero eso no quiere decir que sea verdad, no nos engañemos.

En este caso hay ligeras variaciones para la fórmula, pero el resultado es el mismo:

El diario digital marroquí L’Observateur el pasado miércoles (…) aseguraba que el bebé que espera la ministra francesa de Justicia, Rachida Dati, soltera de 42 años, es hijo de Aznar.

En España sólo algún medio digital sin apenas resonancia se había hecho eco del infundio publicado por el diario marroquí. Pero Aznar a las seis y diez de la tarde del miércoles, a través de la fundación FAES, emitió un comunicado en el que amenazaba con “emprender todas las acciones legales contra quienes han vertido tales falsedades o quienes se hagan eco de ellas”. A partir de ese momento, los medios digitales recogieron la mentira y su desmentido. Y al día siguiente hubo diarios de difusión nacional que le dedicaron al chascarrillo hasta dos páginas con sus correspondientes análisis.

Habrá que hablar de nuevo de las esencias de la profesión

Estas vacaciones, el golpe emocional del accidente de Barajas me ha zarandeado con una fuerza feroz. Ya de por sí ha sido algo tremendo sin palitivos, pero yo iba a pasar por el aeropuerto madrileño  a los dos días para coger un avión, y de Spainair precisamente. Afortunadamente no hubo ninguna incidencia. Para volver tampoco; tres horas de retraso, pero nada más. La compañía, pesarosa, me invitó a cenar.

 

Me pregunto si estarán pesarosos algunos periodistas por la cobertura que han realizado del accidente y de los días posteriores. Porque nos pasamos la vida discutiendo sobre cómo afecta la tecnología a los medios y elucubrando mundos virtuales, imaginando pros y contras de la convergencia total, y aplaudiendo o denigrando escenarios repletos de ciberperiodistas ciudadanos. Sin embargo, con tanta innovación, nos hemos olvidado de la esencia del oficio, de lo realmente importante, de lo que ni siquiera se aprende en las facultades.

Creo que, entre todos, hemos perdido el sentido común.
Y si alguien no entiende a que me refiero, que eche un vistazo a la red.
Lean si no las palabras de la diputada socialista Elena Valenciano:

El espectáculo de reporteros y reporteras -jóvenes y, probablemente mal pagados- micrófono en mano con el logotipo de su cadena de televisión, correteando por los pasillos del IFEMA y por las lágrimas y la pena de los familiares es, sencillamente, repugnante y ha llegado a rozar la crueldad.

La necesidad de rellenar horas y horas de “información” en las teles y en algunas radios ha producido verdaderos “esperpentos de la comunicación”.

Pero esto no es más que el principio de un post en el que hay que leer los numerosos comentarios  sobre el estado de la profesión, casi todos identificados con nombres y apellidos. Es tan sólo un ejemplo de lo que se ha dicho estos días en internet sobre el periodismo. Tremenda la imagen que los ciudadanos tienen de nuestra profesión. Y no vale eso de que en agosto los verdaderos profesionales están de vacaciones o que la culpa la tienen los programas del corazón, porque se está viendo que muchas de las formas de actuar de éstos se utilizan constantemente en los informativos, a los que hasta no hace mucho se les suponía cierta seriedad. Como mucho se podría dudar de su sesgo ideológico, pero pocas veces se iba más allá. ¿Es que no hay redactores jefes o editores en las redacciones? ¿Hasta dónde vamos a llegar en la deriva?
Como perros guardianes, estamos acostumbrados a clamar contra todo lo que consideramos incorrecto, incluso hemos puesto en tela de juicio -y nunca mejor dicho- ciertas actuaciones judiciales. No pasamos una a los políticos ni a los médicos negligentes o a los empresarios corruptos. Ha llegado el momento de que empecemos a considerar el problema que tenemos en casa. No sirve de nada discutir sobre convergencia mediática o periodismo ciudadano si no tenemos claro qué es periodismo. No es de recibo entristecerse por la agonía del periódico de papel cuando se nos está muriendo entre los brazos el propio periodismo.
Un repaso por algunas de las cosas leídas estos días dan que pensar. Ahí van algunas para agravar el síndrome postvacacional (si es que eso realmente existe):

  •  “Parece una competición de falta de ética periodística y hay medallas para todos”, opinaba Nacho Escolar. El director de Público reflexiona sobre una información de la cadena de televisión argentina Todo Noticias (TN), que emitió el jueves por la noche, el día siguiente del accidente, una información donde aseguraba tener la transcripción de las últimas frases que se cruzaron el comandante del JK5022 y su copiloto. (Vídeo 3:42)

 

Puede que no sea un tema de control, sino de principios. De definición. De saber quiénes somos, qué hacemos y cuáles son nuestras obligaciones.

Puede que tengamos que hablar de nuevo de las esencias de la profesión. Y de la ética, la deontología y todo eso.

La Vanguardia no respeta su ‘etiqueta de credibilidad’

Parece que a Barcelona no han llegado los ecos de las palabras del Defensor del Lector de El País por la distribución junto al diario de de la denominada “Colección Iker Jiménez Cuarto Milenio”, una serie de libros y DVDs sobre “los enigmas de lo oculto”.

La Vanguardia me acaba de enviar en uno de sus newsletters un mensaje publicitario (se ve enseguida el rótulo) con un motivo que al principio es parecido: los esotéricos “fenómenos atemporales del monasterio de San Benet”. Me remite a un vídeo en YouTube de la  misteriosa cadena inglesa 7tv (no la conozco y no he encontrado información sobre ella).

Se trata de una retorcida campaña turística del propio monasterio. No me gusta la forma en que lo hace, aunque reconozco que esté contribuyendo a darla a conocer con este post. Me interesa más el diario que me la sirve y su papel de mediador.

Tenemos una campaña publicitaria basada en falsos documentales que, encima, se cuelgan en YouTube para que el internauta distraído (o aficionado a estos temas) caiga en ellos. También echan el anzuelo por si hay periodistas adormilado:

avanguardia.jpg

El vídeo no merece la pena, pero pongo el enlace para que podáis leer los airados comentarios que ha suscitado. Reproduzco uno:

ADOLFtallerdart

Això és una tonteria! Un rellotge de sorra no pot anar al revès. Si realment fos veritat, tothom estaria allà fent proves.
No sé per què estic perdent el temps escribint això
.

Pero lo peor en micaso es que la broma viene avalada por la credibilidad de un diario de prestigio.

¿Venderá más ejemplares La Vanguardia con esto?

¿Por qué no han aprendido de lo que ya le sucedió a El País?

¿No han pensado que hay un doble ataque a la credibilidad del diario catalán, por el propio tema y por el engaño que conlleva?

“El problema esencial, cuando todo está en Internet, es de credibilidad, y es ahí donde los medios de comunicación siguen teniendo un papel esencial, ya que la gente tiende a dar mayor credibilidad a La Vanguardia, al New York Times, a El País o a El Periódico de Cataluña que a lo que Manuel Castells pueda poner en la red en un momento determinado. En ese sentido, el brand name, la etiqueta de veracidad, sigue siendo importante, a condición de que esa etiqueta se respete, con lo cual la credibilidad de un medio de comunicación se convierte en su única forma de supervivencia en un mundo de interacción y de información generalizada.”

Con estas palabras Manuel Castells hace hincapié en el gran trabajo que tenemos por delante los ciberperiodistas (y los no ciber) para ganar la credibilidad del público. No está de más recordarlas, pues con acciones como éstas un diario gana ingresos en publicidad pero pierde parte del camino recorrido. Estoy convencido de que dentro de unos años este y otros periódicos van a tener que invertir parte de las ganancias de ahora en recuperar el buen nombre de su cabecera, en recobrar la credibilidad.

Esta claro que La Vanguardia no ha respetado la etiqueta de veracidad, el deseado brand name, que  como avisa Castells va asociado a su cabecera.

Pues eso, no deseo que el diario pierda lectores, pero no estaría mal que se produjera un reacción de rechazo y durante una temporada se redujeran las visitas al monasterio. Porque estoy seguro de que tiene muchas otras cosas interesantes que ofrecer, y los publicistas tienen que saber cómo hacerlo sin alterar la ética del juego. No vale todo para vender más.

Y las empresas periodísticas por su parte tienen que saber discernir qué publicidad aceptan y qué formas de llegar a los usuarios eligen.

En qué y en quién confían los ciudadanos

Vía Gonzolog me entero de que la consultora Edelman, la mayor empresa de relaciones públicas del mundo, ha presentado en Londres su informe Trust Barometer 2008, el térmometro global de la confianza generada entre la población por los diferentes entes sociales y empresariales.

De las conclusiones que Octavio Rojas ofrece para España me quedo con dos que afectan directamente a la credibilidad de los medios: 

  • aa-1.jpgLas empresas y los medios de comunicación generan más confianza que las instituciones políticas.

  • Los entrevistados confían en la información que recaban en las revistas económicas (77%), en los informes de analistas (77%) y en la prensa diaria (73%). En la base de la pirámide, un 31% afirma confiar en los blogs y un 23% en los vídeos que circulan por internet.

  Trust Barometer – Full Report (PDF, en inglés)

Para este estudio se realizaron, entre octubre y noviembre de 2007, 3.100 entrevistas telefónicas a líderes de opinión. De ellas 150 se hicieron en España. Como tal se entiende una persona de entre 35 y 64 años, con formación universitaria y perteneciente a la cuarta parte de la población que percibe los ingresos más altos de su entorno. Además tiene que mostrar un nivel significativo de exposición y participación tanto en los medios de comunicación como en la vida pública.

No puedo despedir este post sin recordar que la propia Edelman, muy respetada en la blogsfera, ha tenido también su crisis de confianza.

A alguno de sus creativos se le ocurrió una campaña en la red para los almacenes Wal-Mart con un blog llamado “Wal Marting Across América“. En él una pareja contaba que viajaba a través de EE UU sin pisar un hotel. Para ahorrarse unos dólares, ambos dormían en los parkings de Walt-Mart, ya que en estos establecimientos están en todas las ciudades y permiten aparcar toda la noche.

El problema es que los lectores del blog descubrieron que estos falsos viajeros jamás habían salido de sus oficinas. Todos los post del blog estaban escritos desde la misma ciudad.

Edelman, la empresa que hace este estudio sobre la confianza fue por un momento ejemplo de lo que no se debe hacer para no perder credibilidad y el crédito que que la gente pone en una marca. Cosas de la vida.

Periodistas corruptos no es periodismo corrupto

José Miguel Larraya reflexiona desde su tribuna de Defensor del lector sobre si los periodistas se han convertido en procesadores de material facilitado por otras fuentes sin siquiera comprobarlo. Parte de un debate a tres bandas publicado en The Guardian:

Acusación: Los medios son fabricantes masivos de distorsión

flat-news.jpgNick Davies, un periodista de reconocido prestigio, abrió fuego (con motivo de la publicación de su libro  Flat Earth News): ‘Nuestros medios de comunicación se han convertido en fabricantes masivos de distorsión. Un sector cuya tarea debería ser filtrar las falsedades se ha convertido en un conducto para la propaganda y las noticias de segunda mano (…)  la tendencia a reciclar la ignorancia es mucho peor que nunca (…) No buscan las noticias, ni comprueban su contenido, sencillamente porque no tienen tiempo (…) Si a ello se añaden los límites tradicionales con los que se encuentran los periodistas cuando quieren averiguar la verdad, es posible comprender por qué los medios de masas, en general, han dejado de ser una fuente fiable de información’.

1ª Respuesta-contraataque: El conjunto diverso salva los fallos de las partes y cumple una función en la democracia

Simon Jenkins, que fue editor del Times en los años noventa y ahora es columnista de Guardian subrayó el cliché que supone afirmar que los periódicos están tan mal y han caído tanto que no merecen ‘ninguna defensa contra los bárbaros de Internet que asoman a sus puertas’. Recordó que en los periódicos serios las quejas por el descenso de la calidad son una constante (…) Los periódicos son muchas veces chapuceros, llenos de errores y poco dignos, sin que ello empañase el papel que en su conjunto desempeñan como colectivo en la democracia británica (…) Esa diversidad de conjunto es más importante para la democracia que los fallos de las partes’.

2ª Respuesta-contraataque: Siempre ha sido un lío y nuestra obligación es limpiarlo, no hundirlo

Peter Preston, que fue editor de Guardian durante veinte años (1975-1995), dio la réplica en una crítica al libro de Davis (…) Un punto ineludible en relación con el periodismo es que, bajo o elevado, despiadado o idealista, es un lío, y siempre lo ha sido. Lo cual no debe impedir que intentemos limpiarlo poco a poco, problema a problema. No podemos permitirnos el lujo de no ser serios a propósito de nuestro serio oficio’.

Me da la impresión de que en esta película uno apunta a los pistoleros del saloon, mientras los otros fortifican el poblado.

Jenkins y Preston tienen buenas razones para defender el Periodismo (con mayúsculas), pero Davies tiene datos para acusar a periodistas y el tipo de periodismo (con minúscula) que ejercen. Tan pronto como el profesional comienza a ejercer su labor se hace crítico, incluso consigo mismo. Porque en el ejercicio de esta profesión no caben deberían caber las mezclas con intereses empresariales o políticos.

Hay perro que come perro, y lo hace para bien. Los corporativismos de mira estrecha se volverán contra nosotros; lo mismo que esa lacra que es la falta de tiempo en las redacciones ¿O es falta de personal?

Mientras “los periodistas publiquen los puntos de vista de todas las partes involucradas”, como dice Larraya, no vamos mal.

¡Profesioooón!, que diría Forges.

Probablemente, la obra de Davis ha hecho sonrojarse a algún que otro colega, pero creo que aún nos tendremos que poner colorados muchas veces más. Peter Oborne exclama en The Spectator

No journalist with any sense of decency can read this work without at times feeling anger and personal shame.

Cuando lea el libro, os cuento. De momento queda el debate.