Repensar la noticia y definir el nuevo diario, posibles soluciones a una crisis inacabable

Como cada cual, asisto ensimismado y con orejas, ojos y demás sentidos muy abiertos al espectáculo de una información sometida a “la centrifugadora digital”, (Fogel y Patiño dixit). Insisto en que hasta ahora hemos hablado mucho de tecnología y demasiado de economía, pero poco de periodismo. Sin embargo, parece que las mentes más despiertas empiezan (afortunadamente) a reaccionar y a recordarnos dónde estamos.

El último análisis sobre la situación es de Pepe Cervera, quien , brillante como siempre, expone sus ideas en el Congreso Andaluz de Periodismo Digital de La Rábida (15-16 sept. 2011). Previamente Cervera ha desarrollado su tesis en su blog. Demoledor. Reproduzco párrafos, pero aconsejo lectura detenida en origen:

1. Situación desesperada.

Ya hemos recortado todo lo recortable, reasignado todo lo reasignable, reducido todo lo reducible. Hemos quitado, simplificado y despejado; hemos reprogramado, reajustado, minimizado y niquelado. Nuestros productos no tienen un gramo de grasa de sobra, y nuestros compañeros no tienen un minuto del día libre.

El trabajo de los redactores lo hacen becarios, el de los redactores jefe, redactores, el de los subdirectores, redactores jefe; cuando no hacen becarios todos los trabajos, y aún se mantienen dobles estructuras de sueldo y condiciones entre unos y otros. Donde debía haber 15 haciendo el trabajo de 10 hay 5 haciendo el trabajo de 15, y ganando lo que debieran cobrar 2. No queda un coste por recortar, un recurso por aprovechar, un esfuerzo por exigir en el nombre de la empresa y la profesión. Y pronto no quedará un periodista por despedir.

2. Hemos reaccionado, pero mal.

Lo hemos probado todo en muros, murallas, vallados, cercos, tapias, paredes, tabiques, cercados, alambradas, barreras fijas y móviles y otros dispositivos de control. Hemos cobrado, regalado, ofertado, vendido y revendido. Hemos demandado, amenazado, suplicado y hasta mendigado. No ha servido de nada. Nos hundimos.

 3. La solución pasa por reinventar el periodismo.

Nuestro problema, damas y caballeros, es de producto [no de modelo de negocio]. La gente ya no necesita diarios de 64 páginas, ni noticias 10 segundos antes que el vecino, ni informativos de 30 minutos. El público recibe demasiada información, está anegado de datos, y no necesita productos que incrementan la infoxicación que sufre, en lugar de aliviaría.

PRIMERAS PROPUESTAS DE PEPE CERVERA:

A)    Tenemos que redefinir la noticia, el átomo de la información. Los valores de rapidez y exclusividad carecen de sentido en un entorno de sobreabundancia de información; ya no vale ser el primero, es más importante ser el mejor.

 B) No basta con contar lo que pasa; hay que explicar qué significa, de dónde viene, cuáles son sus consecuencias. Y para ello no hay que distinguir por secciones, o por formatos, o por medios; hay que usar todos los recursos disponibles y necesarios para contar mejor la historia. Hay que usar texto, fotos, vídeos, visualización de datos, geolocalización y enlaces en función de lo que queremos contar.

C)   Hay que replantear lo que ofrecemos, cómo lo fabricamos y de qué manera lo ofrecemos. Hay que acabar con las secciones y con los feudos, con las barreras entre soportes y con el tradicional reparto de funciones y tareas. Hay que inventar un nuevo núcleo informativo desde la necesidad del usuario y las herramientas disponibles. Y seguir haciéndolo según surjan nuevas posibilidades. Tenemos que repensar, y rehacer, el diario generalista; entendido como paquete de información.

D) El medio futuro en la red no tiene por qué, ni puede, tratar todos los temas y cubrir todas las informaciones. La idea de contar el mundo al mundo para todo el mundo carece y de sentido. El diario generalista de audiencia general ha quedado obsoleto. El futuro son medios segmentados, de audiencias reducidas pero rentables, de redacciones pequeñas y de alcance informativo menor. Se ha terminado la era industrial de los medios; hay que regresar a los talleres de artesanos que fabrican noticias de alta calidad que no interesan quizá a todo el mundo, pero que son las mejores para aquellos que sí están interesados.

E) Si queremos que el periodismo viva tenemos que pensarnos seriamente cuál es la esencia del periodismo, y qué es accesorio. La noticia tal y como la conocemos, el diario y sus valores han formado parte central de lo que somos, pero no son la esencia de la profesión ni del papel social de nuestra industria. Para que sobreviva nuestra esencia hay que abandonar lo accesorio y abrazar lo importante, que es informar lo mejor posible.

No puedo evitar comparar el razonamiento con el de los indignados del 15M ante un sistema económico global que no funciona y que nos está machacando a todos. Los economistas y los políticos buscan las soluciones donde no pueden encontrarlas y los problemas se perpetúan. En periodismo ocurre lo mismo. Puede que Pepe tenga razón. No es un problema de negocio, sino de producto. No es un problema de empresa sino del papel que juega la información (profesional) en el nuevo mundo que estamos construyendo.

Nos centramos demasiado en la economía, en el beneficio, en la publicidad, en el puesto de trabajo y desviamos la mirada al proceso tecnológico. Los efectos del ciberespacio son prometedores, pero de momento el optimismo tecnológico no se cumple. Los nuevos luditas se cargan de razones y aportan datos de una profesión devastada.

La urgencia de los datos económicos y lo arrollador de la novedad tecnológica despistan. Nos olvidamos de los procesos que generan estos efectos (Boczkowki, pág. 14) y nos centramos demasiado en lo revolucionario de la tecnología online. Muy a menudo se pasan por alto las formas en que los usuarios –que somos todos- incorporan a su actividad diaria los cambios tecnológicos. Y el anunciado sunami acaba arrollándonos. A no ser que reaccionemos. Estamos a tiempo.

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Los chascarrillos adquieren dimensión periodística

Los chascarrillos de cafetería que casi nunca lograban salir de la tasca de turno, y si lo hacían rara vez se les dejaba penetrar en las redacciones de los medios, ahora, gracias a Internet, adquieren una dimensión planetaria en cuestión de horas.

El País, por boca de Francisco Peregil, se cae del burro por fín. El artículo a doble página está dedicado en realidad a la vida cada vez menos privada de los políticos para los medios de comunicación. Y la primera culpa (¿la responsabilidad?) parece recaer en internet.

Se trata simplemente del nuevo mecanismo de producción de noticias: aparece un bulo en la red, un medio tradicional de amplia audiencia, generalmente televisión, se hace eco de ello y le da marchamo de credibilidad. Pero eso no quiere decir que sea verdad, no nos engañemos.

En este caso hay ligeras variaciones para la fórmula, pero el resultado es el mismo:

El diario digital marroquí L’Observateur el pasado miércoles (…) aseguraba que el bebé que espera la ministra francesa de Justicia, Rachida Dati, soltera de 42 años, es hijo de Aznar.

En España sólo algún medio digital sin apenas resonancia se había hecho eco del infundio publicado por el diario marroquí. Pero Aznar a las seis y diez de la tarde del miércoles, a través de la fundación FAES, emitió un comunicado en el que amenazaba con “emprender todas las acciones legales contra quienes han vertido tales falsedades o quienes se hagan eco de ellas”. A partir de ese momento, los medios digitales recogieron la mentira y su desmentido. Y al día siguiente hubo diarios de difusión nacional que le dedicaron al chascarrillo hasta dos páginas con sus correspondientes análisis.

Lo que es o no noticia

En un artículo de opinión sobre el Acinetobacter baumanii, la bactería que ha causado una tremenda infección nosocomial en el hospital madrileño 12 de Octubre,  José Luis de la Serna no se explicaba como había llegado a la portada de los periódicos algo así.

Atención porque son palabras de un subdirector del diario El Mundo:

Científicamente no es una noticia… relevante. Por eso es difícil de entender que el periódico de mayor tirada de España dedique cuatro columnas de su portada de un domingo al que haya existido una bacteria común en las dependencias de una Unidad de Cuidados Intensivos. Más aún si en la información que sigue al ‘preocupante’ titular no hay un solo dato que sugiera negligencia, impericia o mala práctica médica.

Ahí queda eso, escrito en tinta negra sobre papel de periódico, que todo lo aguanta. He tardado estos dos días en recuperar el artículo porque en la red sólo está disponible para suscriptores (no entiendo por qué), con lo que me he visto obligado a buscar mis claves de la uni para llegar a ella. Suelo leer los periódicos en papel y los dejo en el banco del tren para fomentar la lectura en otras personas, al estilo de lo que piden los gratuitos. Sin embargo, ya veo que luego no todo está disponible en la red como pudiera pensar en principio.

Pero no quiero perder el hilo. Se refiere De la Serna, claro, a El País, que según mi punto de vista -y creo que no soy el único– sí que sugiere negligencia ya en portada (“El brote en la UCI del 12 de Octubre tardó 20 meses en ser erradicado”). Es más, al pasar a la red, el titular se hace activo para dejar clara la responsabilidad (“El hospital tardó 20 meses en acometer las obras que acabaron con el brote“). Me parece un matiz importante.

Si el brote de infección nosocomial más importante registrado en España no es noticia, cuando hay afectados 252 pacientes y 18 muertos, apaga y vámonos.

Si no fuera lector compulsivo de varios diarios, me quedaría con la idea de lo exagerados que son los periodistas de El País, que se dejan llevar por el sensacionalismo de una noticia que tienen en el hospital cada día. Ya sabes, eso de que no es noticia que un perro muerda a un niño y sí lo es que el niño muerda al perro.

Pero, es curioso, pues el propio De la Serna se contradice a sí mismo cuando concluye su artículo con la frase siguiente:

Cerrar las Unidades que están más afectadas por brotes del bacilo, para limpiarlas a fondo, no suele ser la norma.

La información de El País dice (y no es precisamente lo que ha leído él) que:

El centro admite que la opción más drástica, el cierre de la UCI y el traslado de los enfermos a otros hospitales, ha sido ‘barajada desde el principio’ y que al menos en cuatro ocasiones se procedio ‘al cierre parcial del servicio para desinfectar a fondo algunas zonas’ (…) Al final, tras un año y medio de lucha, el 12 de Octubre apsotó el pasado verano por la solución final: recolocar a los pacientes en otras unidades de críticos del centro y echar la UCI por tierrra para construirla de nuevo y ya libre de bacterías.

Para no ser la norma, ¡cuatro veces! cerrada y, después, demolida… Tengo que discrepar con todo un sudirector de uno de los diarios más importantes de España. Y eso sin contar los muertos y afectados.

Me he planteado varias opciones para explicar el razonamiento del subdirector en su artículo, pero ninguna de ellas me gusta nada:

a) que De la Serna es médico y no periodista

b) que no ha sido su medio el que levantó una noticia de tanta trascendencia y él es, precisamente, el responsable del área de salud de El Mundo

c) que la Comunidad de Madrid va a verse salpicada, y este tema puede ser utilizado con intereses políticos contra ella, algo que a la dirección del periódico puede no gustarle demasiado

Si alguien tiene otra explicación para justificarlo, por favor, los comentarios están abiertos a cualquier opinión.

Con todo esto me ha venido a la cabeza algo que dijo Fernando Jauregui recientemente en una conferencia: “noticia es todo aquello que alguien quiere que no se sepa”. Pues, si no fuera por la minudencia de los muertos, de los numerosos afectados, de las medidas excepcionales o de la cercanía que provoca cualquier tema relacionado con la salud, tan sólo por eso, el Acinetobacter baumanii es noticia.

¿Todos los periodistas van al infierno?

Júcaro hace una interesantísima reflexión sobre qué es la noticia en Ciberprensa.com. La titula Del infierno y el periodismo“. En principio, pensé equivocadamente que iba a referirse al vídeo “El infierno de la prensa”, una muy buena publicidad del lanzamiento del diario uruguayo Últimas Noticias.

Aunque no era eso a lo que se refiere Júcaro, y la reflexión sobre la noticia es pertinente, no está de más traer el anuncio uruguayo a la actualidad, porque también hay otros infiernos (vídeo 1:46):

Como en la Divina Comedia, todo un recorrido por los círculos infernales, aunque esta vez no es el poeta Virgilo, sino una moderna Beatriz, que en libro de Dante guía al poeta por el Cielo, quien nos conduce a las profundidades de la profesión.

  • En el primer nivel inferior, cientos y cientos de “periodistas superficiales, los que no investigan, están condenados a escribir eternamente cosas sin sentido”.
  • En el piso menos dos de esta representación del Infierno penan los inexactos, “los que no contrastan las fuentes, los imprecisos”.
  • El tercer sotano (el Cielo siempre está encima; el Infierno debajo) encierra a los tendenciosos, a los que informan sin matices (geniales las orejeras). “Están condenados a decir sí o no. Para siempre”.
  • Justo bajo ellos, los altaneros purgan su pena. Son “los que abusan de su poder. Se creen intocables”.
  • El quinto anillo es el más ruidoso. Los sensacionalistas: se ven condenados a gritar y gritar. “Es su castigo”.
  • A los periodistas serviles, “los que se venden y van adonde sopla el viento” les está reservado el sexto nivel.
  • Finalmente, el séptimo círculo del infierno espera a un tipo de informador muy propio de nuestro tiempo: el calculador. Pertenece al grupo de los mercaderes. “No les importa el periodismo; sólo les importa el dinero”.

La pregunta final que hace el joven (avatar de Dante) de esta alegoría sobre la profesión no es nada ingenua, aunque lo parezca:

¿Todos los periodistas van al infierno?

Menos mal que para los publicistas que hicieron el anuncio hay algunos que se salvan, aunque sean pocos.

¿Qué se ofrece en un periódico?

¿A qué se dedica un periódico? ¿Qué venden realmente las empresas periodísticas? ¿Es la redacción una mera excusa para comercializar productos de todo tipo? ¿Producimos noticias o bisutería? A lo mejor ni eso. Tan sólo atrapamos durante unos instantes la atención de unos lectores mientras que los publicistas ceban sus mentes con sugerentes propuestas de consumo.

Acabo de leer que La Vanguardia ha lanzado una promoción con un collar de bisutería (Vía: Jornalismo & Internet). Era algo que faltaba en la fántastica lista de promociones y regalos que nos ofrece el quiosco. Hay una web dedicada a dar cuenta de ello.

Para curiosos, están ordenadas por categorías:

 Cartillas cupones     CD    Cine    Colecciones    DVD     Electrónica    Juguetes     Libros      Música      Regalo    Ropa

El proceso por el que el quiosco se ha convertido en un bazar puede resultar gracioso (para los quiosqueros no) e, incluso, ser un buen tema para una distendida charla de café, pero esconde un trasfondo preocupante. Los periodistas somos productores de información y, hasta ahora, ésa era una labor vocacional, sagrada e hasta bien vista y protegida socialmente. En la actualidad somos productores de contenido para unos medios que, durante un tiempo, fueron plataformas publicitarias y ahora ni eso.

Los periódicos han convertido a sus audiencias en un nuevo producto que vender, como señala Chomsky. Y por eso la guerra de los números se ha hecho encarnizada. También en la red, donde aún no hemos aprendido a contar. Paralelamente, la noticia ha perdido protagonismo hasta percibirse como elemento de relleno. Interesa más si presenta un aspecto lúdico o sensacional. Pero, ¿qué ocurre cuando todos los medios ofrecen lo mismo? Pues que hay que diferenciarse de alguna forma, aunque sea ofreciendo un croissant, como hizo La Razón hace algún tiempo.

En realidad, promociones de este tipo se han hecho desde siempre. En los años 30 los diaros americanos ofrecían biblias a los lectores con el fin de mejorar su imagen ante ellos y fidelizarlos. En los 80 triunfaron los fascículos y a finales de los 90, las colecciones de pago. El gran problema con que se encuentran los editores en el nuevo milenio es que los lectores, avisados de tanta uniformidad en los medios, son mucho más promiscuos. Saltan de un medio a otro según les interese el CD, un DVD o el croissant de regalo.

La gran paradoja del periodismo: más medios no garantizan mejor información al ciudadano. Asistimos -y somos responsables- a una uniformización de los contenidos. No se hace periodismo de investigación porque es caro y lleva mucho tiempo. Como consecuencia, todos decimos prácticamente lo mismo en todos los medios. ¿Para qué comprar, entonces, el periódico si me va a decir lo mismo que ya he visto en la tele y he escuchado en la radio? Peor aún con internet, pues a menudo la lectura del diario produce la sensación de “comer pan duro”, de estar delante de noticias que ya no lo son, por conocidas.

Las promociones, de todas formas, ya funcionan de manera independiente a los lectores. Ni siquiera se utilizan exclusivamente para ganar o fidelizar a esos lectores que atraigan a su vez a los anunciantes. Se han convertido en sí mismos en una suculenta fuente de ingresos para las empresas ¿periódísticas? En 2006 El País facturó más con la venta de estas promociones que con el propio diario. Como consecuencia, se creó Prisa Innova, una unidad de negocio destinada a gestionar y promocionar el nuevo cuerno de la abundancia. El papel en el quiosco se ha convertido -también- en un gran escaparate de venta de productos, y no son precisamente los de las páginas de publicidad.  

¿Dónde queda la función del periodista?

Más sobre el tema de las promociones en:

Cómo aprovechan los periódicos la nueva locura de la promoción.  Artículo de 2005  que se centra sobre todo en diarios ingleses, pero resulta muy esclarecedor.

En los diarios gratuitos, la promoción es de pago.

El fin de la era de la prensa. Wiki a partir de un artículo de Varela publicado en Cuaderno de Periodistas.