Yo blogger

“La reflexión moral no es sólo
un asunto especializado más
para quienes desean
cursar estudios superiores de filosofía,
 sino parte esencial de cualquier
educación digna de ese nombre.”
Fernando Savater (Ética para Amador)

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Como sabéis, no creo que los blogs sean una forma de periodismo, aunque existan blogs realizados con criterios periodísticos y periodistas que hacen blogs. Una bitácora no es más que un formato, una herramienta; y sólo la habilidad y los fines de quien la utiliza determinará si su uso es profesional o no.

Es cierto que algunos medios digitales han incorporado el concepto de blog a sus páginas; pero esto no deja de ser una sutil traición al principio definitorio de las bitácoras que en origen apela a la individualidad y a la independencia. Sospecho que estos bloggers, al vincularse a dichos medios, se han convertido en columnistas virtuales. Los soldados sin ejército al que servir suelen enrolarse como mercenarios. Pero los legionarios están bajo una bandera. No sirve de nada negarlo.

Aparte quedaría la aportación de estas páginas al desarrollo del periodismo, pero eso exige un análisis en profundidad y en otro entorno. Se ha dicho que la diferencia entre un blogger y un periodista reside en que el primero escribe su bitácora para sí mismo mientras que el segundo lo hace para los demás. Habría que ir más lejos. El fin del periodismo no sólo informar, sino proporcionar al ciudadano la información que necesita para ser libre y gobernarse a sí mismo (Rosentiel y Kovach). ¿Es ése el fin de los ciberinformadores no profesionales?

Ante el periodismo ciudadano

manosobremano.jpgSin falsos corporativismos, hemos de reconocer que los periodistas hemos llegado tarde a internet.

El sitio que reivindicamos ya está cogido. Primero llegaron los informáticos y los diseñadores y, después, un montón de geeks que ocuparon un lugar en el nuevo medio.

Mientras que para muchos habitantes de las redacciones la red era hasta hace muy poco sólo un medio, una tecnología que simplificaba las molestias del fax y que permitía realizar entrevistas de una manera mucho más cómoda que el teléfono, la realidad se ha ido imponiendo. Y todas las conciencias se han abierto a ellas, incluso las más reticentes: el futuro es ya. Parece que a muchos les ha llegado como aquellos lejanos propósitos de aprender idiomas. Pero sin inglés se puede sobrevivir entre las mesas de redacción; sin internet, cada vez resulta más difícil. ¿Cómo recuperar, entonces, tanto tiempo perdido?

En primer lugar, aceptando las limitaciones y los errores. Esto es así y así ha sucedido. Multitud de usuarios han tomado el papel de informadores y algunos no lo hacen mal. Incluso hemos descubierto que las bitácoras son a menudo nichos de información especializada. Son fuentes muy valiosas si se mantienen las exigencias mínimas de contrastar lo que dicen.

Por ello, no sirve de nada que los profesionales nos sintamos desplazados. Cada uno puede desempeñar un papel diferente en el nuevo escenario. Al fin y al cabo seguimos siendo eso, profesionales. Y sabemos hacer -o deberíamos saber- lo que no-saben/no-hacen los ‘informadores ciudadanos’, ‘periodistas participativos, colaborativos, accidentales” (o como se decida llamarlos, que eso nos puede despistar del meollo de la discusión): buscar, recopilar, gestionar y transmitir la información.

¿Por qué vamos a tener miedo a la infoxicación de la red cuando nuestra especialidad es precisamente trabajar con información? ¿Qué más da que venga de múltiples fuentes y sean poco fiables? ¿Qué importa que la información sea abundante?

Hemos de estar preparados para el 2020 que anunció Jeff Jarvis ante la Asociación Mundial de Periódicos. Según él, habrá entonces una red aún más numerosa de gente que informará, y el valor que nosotros añadimremos  será organizarlos y permitirles el trabajo. Debemos estar preparados para promover sus contenidos y educarlos (y ellos a nosotros), moderar el debate y encontrar los mejores y más fiables de entre todos ellos para incluirlos en nuestra agenda de fuentes. Con ello podremos incorporar el periodismo a su reporterismo diletante, unir nuestra a la suya y, por supuesto, añadir nuestra experiencia en la edición.

“Cuanto más incrementemos el valor de la red, más crecerá el valor de sus miembros”, dice el bloguero y profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

La información es un material que conocemos y es el objeto de nuestro trabajo. Estamos entrenados para ello. La diferencia entre un periodista profesional y otro que no lo es radica en que el primero sabe encontrar la información y los datos relevantes; ha desarrollado una visión especial para rastrearlos, sistematizarlos, contextualizarlos, darles un aspecto atractivo y comunicarlos sin sesgos. Y además lo hace de una manera precisa y veraz.

El ser del periodista, por tanto, se exprese en un blog o no, conlleva la búsqueda de la información allí donde ésta se encuentre –online y off line– con el fin de recuperarla y tamizarla a través del filtro de la verificación. Para ello se necesitan dos aprendizajes básicos: el del método periodístico, tantas veces olvidado en favor del salvavidas de la serendipia, y el de la expresión en todas sus vertientes: oral, audiovisual, escrita y multimedia. Pero estos conocimientos, una vez adquiridos y dominados, no sirven de nada sin lo que tan a menudo reclamamos y que tan fácilmente se olvida (sobre todo en la red): la ética.

Calidad de la información y la búsqueda de la verdad

He llegado al punto en que conviene puntualizar, por si acaso: hablo de ética porque la ‘calidad’ se da por sentada. Es una cualidad sine qua non. Como dice Martín Bernal (que ahora es mi jefe, por cierto), “los analistas o los guardianes de las esencias suelen invocar la deontología –o la ética, los más solemnes– como explicación de este y otros desaguisados que se supone han llevado a una cota de mínimos  el crédito social del periodismo. Quizá sea el  momento de revisar a fondo ese discurso: habría que prestar mucha mayor atención a los desajustes de un sistema cada vez más elefantiásico, movido por enormes intereses entrecruzados,  mientras, en el plano profesional, sería aconsejable hablar de calidad antes que de ética. También la calidad es un concepto impreciso y manipulable, pero permite referirse a cosas básicas e inteligibles como la idoneidad para acceder a una información fiable, para valorarla libre y correctamente, para garantizar que llegue de la forma más adecuada a los ciudadanos…”. Pues estoy de acuerdo, pero quiero reivindicar ambas cosas: ética y calidad.

Lo dejo por escrito para que cualquiera de los usuarios de este blog pueda recordármelo cuando sea necesario.  Tiene todas las vías para llegar a mí y las pistas suficientes como para que yo no me pueda esconder de esta responsabilidad.

Un tema como el de los periodistas y el periodismo se presta a los rumores, a beber en las fuentes de los confidenciales donde reina la noticia sin confirmar, el dato aproximado y las anónimas medias verdades. Intentaré huir en todo momento de eso. Al fin y al cabo, es responsabilidad del periodista perseguir la verdad, sea en un blog o en un telediario.

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Esta imagen corresponde a un polémico anuncio de ABC. La utilicé para ilustrar un post en mi blog 0.1 que titulé: “Verdades a medias no son verdad”. Sigo pensando lo mismo:  si las palabras se manipulan, la realidad cambia.

La verdad es la primera obligación del periodista, como recuerdan Bill Kovach y Tom Rosenstiel en (el ya citado) “Los elementos del periodismo”. Sin embargo, el capítulo correspondiente de este libro -esencial aunque discutible en algunos pasajes- lo titulan con un ‘pero’: “La verdad: el primer principio y el más confuso”. Y dedican veinte páginas a subrayar y aclarar en qué consiste el desconcierto:

  • ¿Qué significa ese compromiso del periodista con la verdad? Normalmente todos los esfuerzos efectuados en seminarios o ensayos filosóficos por responder a esta cuestión nos dejan confundidos. Es posible que ello se deba a que, por regla general, el debate no se desarrolla en el mundo real. Las discusiones filosóficas sobre si la ‘verdad’ realmente existe se producen en el campo de la semántica.”
  • El periodista es, por propia naturaleza más reactivo y pragmático que filosófico e introspectivo (…) Las teorías del periodismo se dejan en manos del mundo académico cuando lo cierto es que, históricamente, muchos profesionales desprecian la formación académica del periodista, argumentando que el periodismo sólo se puede aprender por ósmosis en la práctica.”
  • Esta ‘verdad periodística’ es también una mera fidelidad a los hechos. Es un proceso de selección que se desarrolla entre el artículo inicial de una serie y la interacción entre lectores y periodistas.”
  • En otras palabras, la verdad es un fenómeno complejo y a veces contradictorio, pero vista como un proceso que discurre a lo largo del tiempo, el periodismo puede desentrañarla. El periodismo intenta llegar a la verdad en un mundo confuso procurando discernir en primer lugar lo que es información fidedigna de todo lo que son informaciones erróneas, desinformación o información interesada, para luego dejar que la comunidad reaccione y el proceso de discernimiento continúe. La búsqueda de la verdad se convierte en un diálogo.”

Con los blogs (periodísticos o no) tenemos la fortuna de contar con una comunidad que reacciona y somete a la información a un proceso de discernimiento continuo. Pero, además, a este respecto y para subrayar el compromiso de calidad que es este texto, quiero recordar que seguiré otros dos principios clásicos del periodismo:
 

  • No hacerme eco de una mentira. Cuando un periodista cita una fuente que ha dicho una mentira, el periodista dice la verdad; pero se convierte en un eslabón más de la cadena de mentiras.
  • Intentaré buscar toda la verdad. Cuando un periodista cita sólo una parte de la verdad que ha dicho una fuente, el periodista dice la verdad; pero no por ello es un profesional veraz. Puede que se trate de una verdad interesada.

A lo mejor es cierto que la verdad absoluta no existe y sólo nos queda eso: ser veraces.

Una vez dicho esto, vuelvo al tema de la ética, pues, en los tiempos que corren, es más necesaria que nunca.
 

Código ético para periodistas-bloggers

En este sentido, es posible que los profesores Flores Vivar y García Alonso aporten alguna luz con su propuesta de Asociación de Periodistas Bloggers, En este sentido, es posible que los profesores Flores Vivar y García Alonso aporten alguna luz con su propuesta de Asociación de Periodistas Bloggers, Es posible que los profesores Flores Vivar y García Alonso aporten alguna luz a este tema con su propuesta para formar una Asociación de Periodistas Bloggers, surgida en el I Congreso de Blogs y Periodismo en la Red. Ambos pretenden crear un punto de encuentro para profesionales, donde se aclare la confusión de términos y de roles que están viviendo los periodistas en este momento.

El rápido cambio no tiene que significar necesariamente incertidumbre. Ambos consideran que es necesario “dar autenticidad” al trabajo que se desempeñan los periodistas-bloggers en la red, y para eso proponen el compromiso con un decálogo ético del que -espero- oiremos hablar mucho en un futuro.

El proyecto cuenta con el apoyo de la Asociación de la Prensa de Madrid. La inscripción es gratuita. Por su interés, reproduzco los diez puntos de compromiso ético para los socios:

“Como miembro de la Asociación de Periodistas Bloggers, me comprometo a defender los valores periodísticos de Profesionalidad, Objetividad, Veracidad, Autenticidad, Imparcialidad, Respeto, Independencia, Responsabilidad, Libertad, Diversidad, Honradez, Credibilidad y Ciudadanía.”

1.- Libertad: Defender la libertad de expresión y el derecho a informar, admitir la diversidad de opiniones y discrepancias.

2.- Responsabilidad: Cuidar la identificación de los autores de comentarios incorporados, pudiendo identificarlos.

3.- Profesionalidad: Asegurar la calidad de la información. No esconder en ella publicidad ni propaganda.

4.- Objetividad: Distinguir los hechos y datos constatables, de las opiniones e interpretaciones personales.

5.- Veracidad: No manipular imágenes ni testimonios falseándolos, salvo advirtiéndolo y presentándolo a modo de ironía o chiste.

6.- Honradez: Salvar la propia independencia. No aceptar sobornos. Ser neutral y observador imparcial.

7.- Credibilidad: Contrastar las fuentes, sin presentar rumores inciertos como seguros, para asegurar que la información sea exacta y genuina antes de volcarla a la red.

8.- Autenticidad: Citar o dar link de acceso a la fuente originaria si ésta es pública, respetando el copyright, sin plagiar ni copiar. No presentar como propias ideas o escritos de otros: no usarlas sin atribución.

9.- Respeto: Acatar los Derechos fundamentales reconocidos, no vulnerar la intimidad ni insultar, no ofender con calumnias ni injurias, no presentar violencia ni pornografía, no hacer apología del terrorismo ni de las drogas, no hacer discriminación negativa ni racismo, evitar cualquier actividad que menoscabe la integridad personal o perjudique a inocentes.

10.- Ciudadanía: No herir la sensibilidad de los lectores: tener presente que los posts son accesibles a todos los públicos, también a menores de edad y a personas de otras culturas. Evitar los matices de referencias que puedan insultar a un grupo minoritario: usar otras alternativas que no ofendan.

Una respuesta

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