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¿Miedo a la interactividad?

Enric González no quiere más correspondencia electrónica con los lectores de su columna de El País. “Marta” fue la última opinión en la que indicaba su dirección con el fin de fomentar una saludable interactividad con sus lectores. Ahora, después de recibir un correo envenenado con un virus, no le parece tan saludable. Anuncia que no quiere más interacción:

Dado que represalias vigorosas de ese tipo podrían repetirse, creo que ha llegado el momento de interrumpir la estimulante correspondencia directa que venía manteniendo con algunos lectores, y agradecer muy sinceramente todos los mensajes recibidos hasta ahora. Parece que en elpais.com abrirán espacio para opiniones debajo de esta columnita. El sistema resulta sin duda más seguro y permite que la gente dialogue entre sí. Veremos.

El tema me trae a la mente que Lucía Etxebarría tuvo que cerrar su blog en noviembre de 2006 por culpa de un troll. Ella se quedó más tranquila, pero no sus usuarios.

Ilustración: JNL

Por supuesto, no ha sido el único caso que hemos visto. Ni será el último, porque en la Red el anonimato fomenta este tipo de actitudes. Ya he hablado del tema y expresado mi actitud aquí mismo. Lo repito: no se puede ceder ante la cobardía de quien no da la cara.

La interactividad -tanto abierta en forma de comentarios públicos como cerrada en correos electrónicos privados- tiene un gran valor para el periodismo en la Red. En casos así, lo mejor es denunciar. La policía tiene una sección dedicada a la red donde se pueden deben denunciar este tipo de acciones.

Si alguien te molesta en la calle, la mejor opción no es quedarte en tu casa toda la vida para que no vuelva a ocurrir. Internet se presenta como una calle virtual. Ya sabemos que siempre hay algún indeseable paseando, pero esa no es razón… suficiente.

¿Hay un límite legal para los comentarios de los internautas?

El caso Putasgae.org, que tuvo en tensión a los internautas españoles durante una buena temporada, puso de manifiesto que las leyes del siglo XX tienen que adaptarse al XXI y a las nuevas tecnologías. En los medios digitales, por un lado se asegura la libertad de expresión a quienes hacen comentarios y se les incita a que los hagan pero, por otro, los moderadores borran y borran sin más explicación. Queda la duda de si el exceso de celo se convierte en censura.

En su consultorio digital, Carlos Sánchez-Almeida profundiza en el tema y analiza el tratamiento legal que reciben en España los comentarios publicados en diarios digitales, tanto en lo que afecta a los propios usuarios como en lo concerniente al grado de responsabilidad que contrae el medio en que se publican. Porque, en muchas ocasiones y sobre todo cuando el objeto del comentario no coincide con la línea editorial del medio, comprobamos que se publican insultos y se permiten falsedades contra personalidades públicas que nunca aparecerían firmadas por un profesional. Pero lo han dicho otros…

¿Cómo afecta los comentarios delictivos o los insultos que han ido más allá del molesto ataque del troll de turno a las páginas que los albergan?

La contestación del abogado, que plantea jurisprudencia nacional y europea determina:

Carlos Sánchez-Almeida.Cuando se trate de comentarios, informaciones u opiniones publicadas por terceros, debería aplicarse el régimen de la Directiva de comercio electrónico, que establece que el prestador de servicios no podrá ser considerado responsable de los datos almacenados a petición del destinatario, a condición de que:

  • el prestador de servicios no tenga conocimiento efectivo de que la actividad a la información es ilícita y, en lo que se refiere a una acción por daños y perjuicios, no tenga conocimiento de hechos o circunstancias por los que la actividad o la información revele su carácter ilícito, o de que,
  • en cuanto tenga conocimiento de estos puntos, el prestador de servicios actúe con prontitud para retirar los datos o hacer que el acceso a ellos sea imposible.

La LSSICE española dispone que se entenderá que el prestador de servicios tiene conocimiento efectivo cuando un órgano competente haya declarado la ilicitud de los datos, ordenado su retirada o que se imposibilite el acceso a los mismos, o se hubiera declarado la existencia de la lesión, y el prestador conociera la correspondiente resolución.

Pero también el comentarista, ofendido por que le quitan la palabra prometida, puede acusar al medio de censor: 

La legislación española sólo considera punible la censura cuando ésta es ejercida por un funcionario público. Cuando la ejercen particulares en sus propios medios de comunicación, estaríamos ante un concepto distinto, definido con el socorrido eufemismo de «línea editorial».

La sección de Sánchez-Almeida ha cumplido expectativas en Elmundo.es, que por cierto estos días muestra ufano su nueva redacción y lo hace al estilo de los grandes; por eso de que ‘ser grande es una actitud’.

De la disgregación del idioma y los miedos del blogger

Pues nada, que ahora que somos más globales que nunca es cuando nos damos cuenta de los localismos. La inmensidad de la red acompaña, además, al vértigo y la inseguridad. Por eso muchos bloggers no enseñan la patita.

Encuentro un post titulado Lecciones de periodismo (I), que tiene su aquél:

Gracias a las constantes notas sobre la Universidad, se me ha hecho la [no tan] sana costumbre de leer los diarios locales. Uno de mis favoritos es La Quinta Columna. Sí, es mi placer periodístico culpable. Me fascina la incorrección política de sus notas, su desdén por las formas, su [ab]uso de los coloquialismo. Por eso inauguro esta sección, para reconocer a todas esas plumas que nos divierten mientras nos [ejem…] informan.

Para iniciar, una puntada de inspiración:

rata.JPG

¿Cómo no amar La Quinta?

He [re]leído varias veces título y subtítulo del primer ‘cromo’  del álbum que nos ofrece Pepe Flores, pero no he entendido nada. La colección de extrañezas periodísticas promete, como poco, demostrar que el español se disgrega (a pesar de la Academia)

¡Que viene el ‘troll’!

Ésta que comento -la de Pepe Flores- es una de esas entradas en blogs desconocidos que me abducen durante un rato. Y como soy muy aficionado a dejar comentarios por doquier -y encima largos, lo siento-, he intentado colgar uno. Mi intención era muy clara: avisar al blogger de que uno de sus enlaces no funciona, pero no porque esté roto, sino porque le falta la triple W a la URL de destino. No he tenido éxito.

Ilustración: JNL

Al final, he conseguido la dirección de Pepe Flores, el autor, por otro blog que tiene. ¿Tan difícil es facilitar la interacción con los usuarios? Y me refiero tanto a la interactividad abierta (comentarios) como a la privada (correo electrónico), porque siempre hay conversaciones que no tienen por qué llegar al público.

Puede que el problema de Pepe sean sus experiencias con trolls o spammers. No sería el primero ni el segundo.

De todas formas, si es así, siempre he pensado que es mejor denunciar. En España al menos la policía tiene una sección dedicada a la red. Supongo que fuera ocurre lo mismo. Pues que se ocupen sus miembros agentes. ¿No? Si alguien te molesta en la calle, la mejor opción no es quedarte en tu casa toda la vida.

Internet se presenta como una calle virtual. Ya sabemos que siempre hay algún indeseable paseando, pero esa no es razón… suficiente.