La churrería, por Pilar Ortega Bargueño

Invité a mis amigos a que, en lugar de lamentarse en el bar sobre lo mal que va la profesión, dejaran comentarios en mi blog. No me pareció mala fórmula para incentivar las visitas, animar la conversación y dejar constancia de algunos lúcidos análisis. Una buena jugada, pensé, pues son listos, tienen experiencia y son mis amigos 😉
Pero no sirvió. La única conversación que se animó fue la del bar. Tuve que echar mano del plan B, que consistió en dejarles un hueco -con tratamiento de estrella, por supuesto- en la página.
Estoy muy contento porque esta vez ha funcionado. Poco a poco van llegando sus contribuciones. He aquí la segunda:

La churrería
pilar-ortega

 

 

 

 

 

Pilar Ortega Bargueño
Periodista (y mujer) en activo

 

Los periodistas que integran la Redacción de un diario nacional con sede en Madrid denominan ‘la churrería’ al sector digital, seguramente por el ritmo acelerado al que se genera la información y cuyo funcionamiento y sistema de trabajo muy poco, por no decir nada, tiene que ver con el de su hermano mayor, el diario de papel.

Quien esto escribe conoce bien los dos ámbitos –mejor el diario tradicional- y considera que hay un tipo de periodista para cada tipo de sector.

Hay profesionales que prefieren la serenidad, la reflexión, la calma, la posibilidad de contrastar aquí y allá, el placer de documentarse… cuando se trata de ofrecer a la opinión pública una historia que contar, una noticia, un artículo, un reportaje o una crónica. Para ellos está hecho el papel, que, si bien está perdiendo terreno, hoy por hoy brinda, por lo general, más calidad y garantía que cualquier producto ofrecido a través de la Red, sin que ello suponga desmerecer el trabajo de los profesionales ‘digitales’.

Sin embargo, ya hay una generación de profesionales formada en el periodismo concebido para Internet. Para ellos sí están pensados los medios digitales, porque son capaces de moverse en el editor de noticias como peces en el agua, con una agilidad pasmosa. Y por eso llaman a su factoría de noticias ‘la churrería’. Muy posiblemente, el periodista de papel la denominaría ‘fábrica de hacer churros’, una idea que gasta más en palabras –ahorrar tiempo no es para él- para producir un impacto más tradicional y familiar, quizá también más antiguo.

El periodista digital no sólo tiene que saber de periodismo. Tiene que conocer muy bien los secretos de Internet, los programas y soportes informáticos que editan fotografías, los editores de video, las hemerotecas digitales y, por supuesto, el editor en el que quiere transferir su información al lector, y en el que también caben gráficos, localizadores espaciales y temporales, secuencias fotográficas, enlaces a otras informaciones casi siempre internas, el uso de negritas y cursivas, la utilización de símbolos y la obligatoriedad de incluir claves y más claves para que la información salga de la manera deseada.

El periodista que tradicionalmente ha trabajado para el periódico impreso sufre una revolución de considerable magnitud cuando se ve obligado a desempeñar su trabajo en la redacción de un diario digital. Tiene que despedirse de su lápiz y su libreta y adaptarse a los nuevos tiempos a una velocidad superior a la del rayo, porque, en caso contrario, sus propios compañeros le tratarán como a un ser prehistórico. Tiene que ser capaz de desenvolverse muy pronto con soltura en medio de tanta foto, teletipo, agencias, llamadas de teléfono, vídeos… una esquizofrenia de elementos que están ahí, paradójicamente, con un único objetivo: llegar los primeros a la meta, ofrecer la información antes que nadie. Y tiene que ser capaz, claro, de reflexionar sobre el contenido de la noticia, porque a veces la rapidez y la “carpintería” del editor, la presión del corta y pega, pueden imponerse al rigor, calidad y objetividad de lo que se está transmitiendo.

Además, las empresas periodísticas tratan de reducir costes de plantilla a la hora de concebir sus redacciones digitales y los profesionales que acaban en ellas se ven obligados a hacer un trabajo superior al deseable. ‘La churrería” tiene que seguir su producción a un ritmo acelerado, son los altos hornos de la prensa, y el ejercicio del periodismo se reduce, en muchos casos, a estar frente a un ordenador insertando casi siempre información de periodistas y colaboradores ajenos, y con poca capacidad temporal para recapacitar y volver sobre las noticias generadas previamente.

¿Nuevos tiempos para nuevos retos? ¿Llegar el primero a la meta es siempre un seguro de rigor y calidad? ¿No estamos pagando demasiado caro el ejercicio de una profesión que algunos hemos soñado de otra manera? ¿Merece la pena someterse a un estrés que no procede del contraste de las fuentes ni de la urgencia del cierre, sino del hecho de que hay que seguir produciendo para ‘la churrería’?

Bienvenido lo digital, pero no a cualquier precio.

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