• "Señor Boot, soy un periodista de 250 dólares a la semana. Se me puede contratar por 50. Conozco los periódicos por delante y por detrás, de arriba abajo. Sé escribirlos, publicarlos, imprimirlos, empaquetarlos y venderlos. Puedo encargarme de las grandes noticias y de las pequeñas. Y, si no hay noticias, salgo a la calle y muerdo a un perro. Dejémoslo en 45." (Charles Tatum / K. Douglas en 'El gran carnaval', Billy Wilder)
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¿Los periódicos en los que se explota pueden denunciar la explotación?

Ésta es la secuencia temporal de un episodio que esta semana me ha llegado por varias vías. Trata de cierta hipocresía desarrollada por los medios (por todos). El País denuncia lo que ocurre fuera, pero no arregla lo que ocurre en su casa. Que nadie ponga el grito en el cielo, podríamos buscar más ejemplos en otras cabeceras con el fin de provocar el fuego cruzado. Sería catárquico.

17 de septiembre

Una sentida carta al director de la cacereña Diana Díaz Jiménez “No sé cómo tomármelo” removió muchas conciencias en la redacción de El País. La misiva comienza así:

Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, me ha llamado Generación Perdida. Y no sé cómo tomármelo. Bueno, sí que lo sé, porque después de escuchar aquello de Lost Generation en las noticias, y mientras metía los platos en el lavavajillas, una lágrima se coló en el dosificador de jabón. Entonces, miré a mi madre, que en esos momentos buscaba un trapo mañoso con el que desenroscar la cafetera, y solté casi convencida: “Yo no quiero ser una Generación Perdida”.

19 de septiembre (dos días después)

Silvia Blanco y Carmen Pérez-Lanzac firman un artículo de denuncia social bajo el epígrafe“Esta generación busca un plan B”. En él se pueden leer párrafos como éstos:

“El mercado laboral español es cruel con los extremos. No absorbe a quienes no estudian y frustra a los más formados. La sobrecualificación es uno de los viejos problemas estructurales que padecen los jóvenes. “Supone un derroche de talento que apenas se corrige, tampoco con la edad”, dice Almudena Moreno, coautora del informe Juventud 2008. En Panorama de la educación 2010, la OCDE constata que un 40% de universitarios españoles se tienen que conformar con puestos que no requieren título superior “

“Porque si ya era difícil “meter la patita”, ahora lo es muchísimo más. “Los que se incorporan al mercado laboral en un periodo recesivo sufren más precariedad, mayor sobrecualificación y peores salarios a lo largo de su vida que los que entran en un periodo expansivo”, advierte José García-Calvo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona”

Viñeta de Forges en www.forges.com

20 de septiembre 

Maruja Torres, que no se calla ni debajo del agua, ha escrito un post en su blog  dirigido a su empresa y titulado “Pues tiene narices”. Quien vaya a pulsar por enlace que sólo lo haga para ver los comentarios, pues la entrada es muy concisa y dice exactamente:

“… que en los periódicos, en donde se da uno de los índices más altos de explotación y falta de futuro de los jóvenes, se denuncien estas cosas como ajenas. No le echéis la culpa a mi generación, que ya ha sido jubilada, sino a los becarios de hace 20 años, hoy en el poder. Chimpón.”

 

El debate estaba sobre la mesa, ahora, gracias a la Torres, la polémica navega en la red.

A los de Periodista Digital les ha faltado tiempo, y han publicado una reseña titulada:

“Hoy los medios los llevan los becarios de hace 20 años”

Maruja Torres frena en seco las ‘moralinas’ de El País

 

Guerra del fútbol y malas prácticas del periodismo digital

El pulso empresarial entre Prisa y Mediapro provocó la llamada ‘guerra del fútbol’ y lleva casi dos años de enconado enfrentamiento. Pero la necesidad de dinero proporciona razones que la inteligencia no quiere ver y a principios de mes parecía que la paz estaba a punto de firmarse, aunque después no fue así.

La negativa de Sogecable (80 por ciento de Prisa) a pagar el primer plazo de los derechos por emitir partidos por televisión tiene una primera consecuencia: Mediapro se desestabiliza económicamente porque necesita esa inyección de dinero. Pero no hay que olvidar que también Prisa necesita urgentemente liquidez, y para ello el fútbol es un activo importante. Parece un escabroso asunto económico que tiene más que ver con la crisis que con el periodismo y que, como mucho, sólo afectará al deporte y a sus seguidores. No es tan sencillo. Los vaivenes de estos dos grandes grupos de comunicación tienen implicaciones hasta en política, no en vano Prisa gozó del favor de los primeros gobiernos socialistas mientras que Zapatero ha inclinado la balanza hacia Mediapro.

Esto, como es lógico genera carnaza para los rumores de todo tipo que, tengo que confesar, suelo seguir. Pero no es lo mismo que en una página web te informen de los últimos rumores que se generan en el mundillo periodístico que copien directamente y vendan como propio lo que otros han escrito. Una cosa es enlazar a lo que que otro profesional (estamos hablando de periodismo) se ha esforzado en recopilar para elaborar su artículo. Otra cosa es tomar tal cual -y sin cambiar ni un adjetivo- el trabajo, eliminar la firma y, para cubrirse las espaldas, incluir entre los párrafos una frase que aluda al verdadero autor.

Original: “Las vuvuzelas de Media Prisa”, Francisco Álvarez. Sección: “Medios y Redes”. ABC. 19/06/2010 a las 03.06 h

Apropiación: “Las vuvuzelas de Media Prisa”, Redacción. Sección: “Periodismo”. Periodista Digital. 19/06/2010 a las 09:48 h

Plagio en The New York Times

Vaya. Ayer hablaba del NYT como faro para el periodismo goblal en crisis. Hoy toca incidir en la parte oscura, de la que también hablabamos. Esta profesión está llena de luces y sombras:

Acto Primero.- En una de sus últimas entradas (ing. – ya corregida) Maureen Dowd escribe sobre la postura del ex presidente de EEUU Dick Cheney acerca de las torturas: “Cada vez más, la línea del tiempo plantea la cuestión de por qué, si la tortura era para prevenir ataques terroristas, parece que ocurrió  principalmente durante el periodo en el que se [el equipo de Bush] estaba buscando lo que era esencialmente información política para justificar la invasión de Irak”.

Acto Segundo.- Son Exactamente las mismas palabras que utiliza Marshall en su blog de información política Talking Points Memo.

Acto Tercero.- Maureen Dowd se ha defendido en el Huffington Post -otro blog que cada vez adquiere más importancia-. Admite que el párrafo de su columna dominical es igual al que escribió Marshall el martes anterior. En su defensa dice que que “no leyó en toda la semana Talking Points Memo, sino que escuchó esas opiniones de boca de un amigo suyo, que con toda seguridad debe de haber leído a Josh Marshall sin decírmelo.”. Corrige su entrada con una indicación a la fuente. Ahora pone que lo dice Josh Marshall. Además ha borrado la alusión al equipo de Bush.

Esto me recuerda algunas discusiones que, de cuando en cuando, surgen con los alumnos. Pese a que conocen la prohibición de copiar y la obligación ética de enlazar con las fuentes, la frase sale siempre de alguna boca: “Sólo ha sido un párrafo y el resto está muy trabajado”. ¿Cuántas veces hay que matar a alguien para que te acusen de homicidio? Es más, ¿ese homicidio puede estropear toda una vida de honrado ciudadano? Cualquier juez no dudaría en sentenciar el homicidio con una sola víctima. Aunque luego haya atenuantes, los homicidas suelen llevar una vida ordenada y los vecinos acuden a los medios a decir que era un buen hombre y que nada hacía pensar que acabara matando.

En el periodismo ocurre lo mismo. Y cada vez más. En The New York Time supieron reaccionar ante el caso de Jayson Blair, aunque sea en menor escala. Entonces, un comité de investigación del plagio liderado por Allan M. Siegal identificó en una serie de exhaustivos artículos los desllices de Blair, que arrastraron consigo al director del NYT, Howell aines, que se vio obligado a dimitir.

Helena Barrera-Agarwal  reflexionó sobre el tema, y su pensamiento es extrapolable al momento actual y las circunstancias introducidas por internet en todos los medios del mundo:

Durante años Blair se había servido de la tecnología del periódico para escribir historias apócrifas. Usando teléfonos celulares había dado la impresión de encontrarse en los lugares de sus reportajes, sin abandonar Nueva York. Sus crónicas contenían pormenores plagiados de crónicas ajenas, descripciones redactadas con la ayuda de fotografías localizadas en bases de datos, declaraciones inventadas por su imaginación febril. A pesar de la gravedad y envergadura de sus embustes, con alarmante regularidad su firma había aparecido en la célebre primera plana (…)

El ambiente periodístico que permitió las actividades de Jayson Blair y de Judith Miller es un paradigma de los escollos que inquietan a la profesión. Seth Mnookin en su libro Hard News (Difíciles Noticias) alude a las características de la administración de Howell Raines valiéndose de las observaciones críticas de Daniel Okrent, editor público del The New York Times:

‘Una avidez por exclusivas; una cultura que valoraba espectaculares historias de primera página; una tendencia al periodismo de “golpea y corre”, en el que raramente se asignaba continuaciones escépticas a historias; y una mística en la que las fuentes de importancia eran tratadas con guante blanco.’

Hay que esperar una reacción del periódico para conocer el verdadero desenlace de la historia. En cualquier caso es una pena que esto sea así. El copia-pega es casi una herramienta más del oficio. Y si no, vean esto:

Artículo de Rosa J. Cano en Elpaís.com: ‘La calidad como reto para el nuevo periodismo digital’

El artículo en Periodistadigital.com

Reacción de Rosa en su blog:  ‘Me copian título y erratas’