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No leas revistas de belleza, te sentirás feo

Ése es uno de los consejos que me da un amigo en uno de esos vídeos víricos que me suelen enviar tras la excusa-inexcusable- del ‘ya sabes que no me gusta este tipo de correos, pero echa un vistazo a éste que está muy bien’. Es la nueva forma de trasmisión de filosofía vital de consumo rápido, de pensamiento fácil y ya digerido. Y ‘Wear Sunscreen’ (Usa protector solar) me llega bajo el lema: “un poco de optimimos vital para disfrutar de la vida” (vídeo 7:02 m):

Dejo el análisis sociológico de este fenómeno de transmisión ciudadana de nuevos y viejos valores a quien tenga más criterio, seguro que las conclusiones son interesantes. La web social no sólo afecta a la música, la economía y al periodismo, como vemos. A mí me llamado la atención la frase (minuto 3:09 del vídeo) que he llevado al título de esta entrada:

No leas revistas de belleza, para lo único que sirven es para hacerte sentir feo.

Un tiro en la conciencia de la prensa. Intenta parecer una especialidad de ayuda práctica a la ciudadanía y se convierte en un instrumento de sometimiento y de tortura para todos. Luego pasa lo que pasa:

La foto original de REUTERS y la retocada de 'Paris-Match'.

Pero que nadie me malinterprete. El periodismo especializado en este campo puede ejercerse desde una perspectiva muy seria. Las revistas de belleza son necesarias e, incluso, pueden ser beneficiosas si cumplen su función de periodismo de servicio (que no de servicios, que no es lo mismo). El instrumento no es bueno ni malo. Lo peor es el uso que se hace de ellas, cuando  lo convertimos en plataformas publicitarias para las marcas. Es una forma de convertir el periodismo en lo que no es. Mostrar el mundo como debería ser en lugar de tal cual es.

Y como la publicidad es un negocio muy desarrollado y con gente muy lista, pues se mimetiza. Ya lo veremos en cuanto se prohíba en la televisión pública, a partir de este otoño. Y si no, al tiempo.

Por cierto, si la publicidad de todos estos productos no está en la tele pública, ¿irá a otras teles o se vendrá a la red? Porque las privadas ya no pueden incorporar más anuncios a ciertas horas sin icumplir las leyes.

Cuando el pensamiento complejo llega al periodismo especializado

No sé si en periodismo se pueden defender ciertos lenguajes obtusos que empiezan a proliferar sobre todo en los suplementos de arte y cultura. Mi primer impulso es pedir un lenguaje lo más claro posible para cumplir con una de las normas clásicas de la redacción: escribe para el más torpe de tus lectores.

Pero no todo es tan claro como el lenguaje al que, sin más, aspiramos. También en esto los paradigmas han cambiado. A lo mejor estamos empobreciendo y simplificando la visión de un mundo mucho más amplio de lo que vemos. Porque una de las responsabilidades del periodista es enseñar a mirar. 

Pero empiezo desde el principio. Todo empezó esta mañana mientras leía el periódico (el de papel):

La última obra de los suizos Herzog y De Meuron, el nuevo CaixaForum del Paseo del Prado de Madrid, es como esos tipos fotógenicos que parecen estupendos en la foto y luego, en persona, pierden. Me queda al lado de casa y la vencindad multiplica un interés ya grande de por sí.

También es un caramelo para críticos de arte y comentaristas de la movida arquitectónica. Leo y [re]leo a Jacobo Armero en El País:

“Desde la distancia se ve muy bien la primera imagen del edificio. Una arquitectura cuajada de instantáneas que convierten la experiencia en un proceso de comunicación: ‘Nos interesan las imágenes porque son abiertas; no utilizan un lenguaje conceptual sino universal y, por lo tanto, apuntan directamente a la imaginación (…)

Al final entiendo que han intentado hace algo bello para todos los públicos, pero ¿por qué no hacen lo mismo con el lenguaje? ¿Y por qué cuesta entender lo que dice el crítico y los arquitectos en un diario generalista? ¿Sirve de excusa que se trata del suplemento cultural del fin de semana?

Cuando hablo de periodismo, generalista o especializado, no me refiero al ‘lenguaje del prestigio’. No pienso en un médico que se dirige al paciente con términos científicos ininteligibles o en un abogado que utiliza jerga legal para deslumbrar a su defendido. Tampoco en el chef del anuncio que busca nombres imposibles para describir la tortilla de patata en la carta de su restaurante. El lenguaje en el periodico ha de ser sencillo, claro y conciso. Pero, ¿esto sirve para todas las secciones y para todas las circunstancias?

En estas estoy cuando me encuentro con un interesante artículo que explica y justifica en parte esta tendencia -megatendencia, según la página- a la expresión compleja, pues  aunque no se refiere exactamente al periodismo lo encuadra bien: “El pensamiento complejo es una vía para captar el Todo Unificado”, de María Teresa Pozzoli. 

Leo y extraigo unos párrafos que no hacen justicia a la profundidad de lo que expone Pozzoli en su elaborado artículo. Se trata tan sólo de centrar el tema y sugerir lecturas:

“Tanto la paradoja como la metáfora son la licencia fundamental de la poesía libertaria porque tienen la misión de desestructurar, provocar, sugerir, despertar, remover, conmover, inquietar lo estatuído. Constituyen un reto para nuestra limitada facultad de discernimiento. En la metacognición que pueden generar como producto del ejercicio reflexivo que provocan, se deconstruyen los significados primitivos para dar lugar a una comprensión más amplia (…) Al principio del artículo destacamos la necesidad de desarrollar nuestra espiritualidad siendo ésta una demanda bastante extendida entre las personas que sufren las consecuencias de este sistema y que pagan un precio demasiado alto para mantenerse adaptadas a sus exigencias (…) De hecho, no es un dato a desconocer, el éxito editorial que desde hace dos décadas han tenido a nivel mundial los manuales de autoayuda y las columnas psico-espirituales en los medios gráficos y televisivos, que no dejan de ser una mercancía más que produce altos niveles de rentabilidad en el mercado. Estas expresiones han aprovechado un nicho de mercado no explotado. A pesar de ello, sirven como respuesta paliativa frente a la falta de verdaderos satisfactores que el sistema no pone a disposición de las personas. Frente a las múltiples insatisfacciones de un público que se siente huérfano y solitario en esa búsqueda silenciosa de satisfacción de la propia espiritualidad, esos sucedáneos cumplen de alguna manera con un destino benévolo.”

El tema está en el aire y [pre]ocupa más de lo que yo pensaba. Más tarde leo en Llámalo periodismo:

Raymond Carver (1938-1988) desconfiaba del ‘lenguaje hinchado’ y creía, como Pound, que ‘la máxima precisión en el decir es la única moral de la escritura’. Por precisión entendía “la honestidad en el uso del lenguaje para expresar con exactitud lo que se quiere expresar y obtener los resultados que se pretenden obtener (…) Le gustaba esta frase de Hemingway: ‘Busca lo que te provoca emociones; que la vida sea lo que te conmueva. Luego escríbelo del modo más claro posible para que pase a formar parte de la experiencia de la persona que lo lea.”

Me pregunto si el nuevo paradigma del pensamiento complejo puede ser compatible con la claridad (para que “pase a formar parte de la experiencia” de todos los que lo lean).

No sé si es por la influencia cada vez más fuerte de la teoría del pensamiento complejo o por la falsa retórica culterana, pero se está imponiendo una “comunicación compleja”, sobre todo en ciertos suplementos. Si éstos son culturales, está bien; si se trata de suplementos de divulgación, tendríamos que sentarnos a reflexionar.