• "Señor Boot, soy un periodista de 250 dólares a la semana. Se me puede contratar por 50. Conozco los periódicos por delante y por detrás, de arriba abajo. Sé escribirlos, publicarlos, imprimirlos, empaquetarlos y venderlos. Puedo encargarme de las grandes noticias y de las pequeñas. Y, si no hay noticias, salgo a la calle y muerdo a un perro. Dejémoslo en 45." (Charles Tatum / K. Douglas en 'El gran carnaval', Billy Wilder)
  • Follow me on Twitter

    • RT @el_pais: Ampliación | La absolución de Ana Botella ha ganado por dos votos a uno. Los dos consejeros que han revocado la condena son lo… 1 day ago
    • RT @mcarvajal_: Hace un par de días puse en marcha una herramienta 🤖 que compara la portada de El País con versiones anteriores, localiza l… 2 days ago
    • RT @Sofi_pm: -Isabel Díaz Ayuso afirma que Madrid Central ha aumentado la delincuencia -Le preguntan al alcalde de Madrid por los datos y r… 2 days ago
    • RT @daandina: Soy Pediatra de Urgencias. Hace unos días atendimos un adolescente transexual que había cometido su quinto intento de suicidi… 2 days ago
    • RT @ismaelnafria: Are Paywalls Saving Newspapers? - Newspapers with reputable brands and unique content are finding success behind paywalls… 2 days ago
  • Mi Del.icio.us

  • Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

    Únete a otros 29 seguidores

  • Páginas

  • Anuncios

Esa espiral del silencio que calla a los periodistas y hace hablar a los blogs

Fin de semana y tiempo para descansar y reflexionar. Maruja Torres, una columnista que generalmente me aburre -para qué nos vamos a engañar-, hoy me ha enganchado y he leído su columna en EPS de un tirón

amaruja.jpgBajo el título “Contra letargos”, Maruja viene a decirnos que internet romperá el “forzado letargo del paraíso”. Es decir, dejará paso a la información y al conocimiento. Y esto gracias a la imposibilidad de poner límites a la inmensidad de la red -y otros soportes que vendrán- y a su capacidad ilimitada de memoria.

Tiene razón, pero…

Ya tendremos tiempo de hablar sobre si se pueden poner limites legales, técnicos o psicológicos -que por ahí va- o de debatir sobre si esa memoria acumulativa contribuye a una infoxicación tal que ni los recuerdos más sangrantes hagan salir a nadie a ciudadanos y periodistas del letargo que dice Maruja.

¿De qué sirve que en distintos foros -y no sólo contraculturales- se denuncien las actuaciones de Estados Unidos en Guatemala, El Salvador, Chile, Irak o Guantánamo, por poner sólo ejemplos conocidos por todos y traídos reiteradamente a nuestra memoria por Noam Chomsky y otros pensadores de gran talla como Umberto Eco (a quien, por cierto, estos precedentes de intervención le hacen desconfiar también de la red)?

De poco. Y eso pese a que algunos medios se muestren críticos y “refresquen la memoria”. Aunque la propia CNN deje bien grabado en la retina de los espectadores, en directo y en los archivos audiovisuales el palpitar del globo. Porque la visión que da es una visión desde una sola perspectiva. Y, además, convierte los conflictos en infoespectáculos.

Y eso, pese a la acción interventora de los blongs, de la inteligencia colectiva y del comportamiento de las multitudes intercomunicadas, que permiten, sin duda, confiar en el desarrollo novedoso del fenómeno de la política 3.0 y abren nuevas vías de participación digital.

Pero no es el punto del equilibrio que trae la información paralela al conocimiento social lo que me ha llamado más la atención del comentario de Maruja Torres. Me he quedado con el arranque, con el augurio de que lo que pasará cuando el periodismo desaparezca y las pantallas de todo tipo se “hayan multiplicado hasta el infinito”.

Os brindo unos párrafos de Maruja que me sirven para continuar con la reflexión. Por supuesto siempre es mejor acudir al original completo:

Cuando el periodismo haya desaparecido y los periodistas nos hayamos reciclado –o mutado– en viajantes de comercio, vendedores ambulantes que, sin deambular más que por el ciberespacio, ofrezcamos a una amodorrada y obsesiva clientela el paquete, cada vez a mejor precio, de los sobresaltos –antaño, noticias– recogidos gracias a una red de confidentes o de subrrastreadores o de jóvenes genios de la informática carentes de escrúpulos.

Cuando el número de pantallas –de pared, de mesa, de bolsillo, de pecho, o proyectadas en nuestros párpados a través de un chip implantado en nuestros cerebros– se haya multiplicado hasta el infinito, y en la abarrotada superficie del planeta nadie necesite hablar con su vecino, pues dispondrá de la información que le apetezca, asequible a buen precio, quizá gratis –son los aparatos, estúpido, dirán entonces, lo que se convirtió en el negocio–, quizá también acerca de su vecino…

Cuando eso ocurra y se levanten las voces que convoquen el ayer, las voces moralistas –quizá crean ustedes que la mía lo es; no, en absoluto– que entonen cánticos por los buenos diarios de antaño y sus supuestas verdades de papel…

Entonces convendrá que sea recordado de nuevo el viejo adagio: el medio no es el mensaje, y si el medio se ha convertido en el mensaje es que el lector, antes, se ha convertido en cliente de las corporaciones, de los fabricantes de chismes.

Y deberemos recordar también que la inocencia o la malicia se encuentran en los ojos del que mira, en la billetera del que paga.

La demanda es cómplice, si no instigadora de la perversión de la oferta. Y la multiplicación del forraje –por interesada que resulte– no sobreviviría sin el estulto silencio de los corderos.

Maruja se refiere sin decirlo a la teoría de la espiral de silencio de Elisabeth Noelle-Neuman, por la que en situaciones de inestabilidad manifiesta, en la que los individuos tienen que tomar partido entre dos posturas, no siempre la toman abiertamente. Existe un miedo interno a expresarse y quedarse aislado, a no estar en la corriente dominante. También en los periodistas. Fermín Galindo lo expresa así:

b.jpgÉste es un tema complejo, pero es sabido que la posición de los medios, o un cambio en la posición de los medios, suele preceder a un cambio en las actitudes personales. La conducta de la gente se suele adaptar a la evaluación del clima de opinión pero, recíprocamente, también influye en las evaluaciones del clima de opinión en un proceso de retroalimentación que suele provocar una suerte de tendencias de opinión de distinta intensidad, pudiendo alcanzar su máximo grado en la conocida como espiral de silencio.

Chomsky ya lo expuso , con su clarividencia habitual, en un célebre texto sobre el control de los medios de comunicación:

anoam.gifEl papel de los medios de comunicación en la política contemporánea nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia queremos para esta sociedad (…)

Desde el momento en que un individuo no encuentra la manera de unirse a otros que comparten o refuerzan este parecer y que le pueden transmitir la ayuda necesaria para articularlo, acaso llegue a sentir que es alguien excéntrico, una rareza en un mar de normalidad. De modo que acaba permaneciendo al margen, sin prestar atención a lo que ocurre, mirando hacia, otro lado, como por ejemplo la final de Copa (…)

En vez de hablar de la guerra pasada, hablemos de la guerra que viene, porque a veces es más útil estar preparado para lo que puede venir que simplemente reaccionar ante lo que ocurre.

Deberíamos estar preparados para gestionar nuestros silencios, de los que somos dueños. No para que los gestionen desde los poderes, sean éstos oficiales o fácticos.

Precisamente ayer recordaba Dan3 en ComuniSfera el décimo elemento añadido por Rosenstiel el año pasado a los otros nueve de su libro esencial: “conocer y defender los derechos y responsabilidades de los ciudadanos”. Y concluía que los principios de Rosenstiel (y Kovach) “no deben quedar restringidos al trabajo en empresas o grupos periodísticos (…) pues son igualmente importantes para cualquiera que haga comunicación desde su casa o desde cualquier puesto profesional”. Para todos.

Y defender no es precisamente callar y dejarse caer en la espiral del silencio. Porque si no, ocurrirá lo que augura Maruja, que la expresión social buscará nuevas vías. Creo que ya lo está haciendo.

Anuncios

Prensa de cuchillos afilados

Hoy he echado un vistazo tranquilo a “Se nos ve el plumero. Noticias (y no noticias) comparadas”, el blog de Martínez Soler,  y no quiero que se me os escape su entrada del pasado 22 de enero: “Cuchillos gratis, fuera de los titulares de pago”.

“Si Federico (por García Lorca) levantara hoy la cabeza… Quizás se sorprendiera, como muchos de nosotros, al comprobar que los cuchillos más afilados no son los que brillan a diario en los titulares de la prensa. Ahora te los dan gratis, al comprar el diario por un euro, o te los venden por un euro y, a cambio, te regalan el diario (…) Hoy me enteré de que, agotados los utensilios de cocina, los diarios de pago van a vender y/o regalar productos textil-hogar (servilletas, mantelerías, toallas, etc.). Debemos estar atentos para cuando acaben con la cocina y el comedor y le toque el turno al cuarto de baño o al dormitorio. Junto a promociones tan afiladas, los titulares pueden parecen hermanitas de la caridad.”

Una delicia de post, más afilado que los cuchillos, los titulares o el mensaje de las fotos que compara. Sirva esto de adelanto para los que quieran seguir el enlace:

“¿A qué diario de pago pertenece la foto del alcalde Gallardón, entretenido con su móvil sin antender al discurso de su jefe Rajoy?

¿A qué diario de pago pertenece la segunda foto de Gallardón aplaudiendo con fervor el discurso de su jefe Rajoy?

Un año sin Kapu, recuerdo para lectores verticales

kapuscinsky1.jpgUna buena pista para los que, quizá por falta de tiempo, están cambiando sus hábitos de lectura y abandonan el habitual ojeo vertical por un hojeo horizontal -o diagónal- más apresurado.

Este post no busca que se retracten, qué más quisiera. Sólo intenta que se lo piensen y, por unos momentos, vuelvan a las viejas costumbres (si no hay mucha prisa, claro):

‘La Cuarta’ de El País  publica ‘Kapuscinski contra la manipulación’, con lo que nos recuerda que hoy hace un año que Kapu ya no está entre nosotros.

Lectura vertical:

Entradilla: “El gran periodista polaco Ryszard Kapuscinski, de cuya muerte se cumple hoy un año, se planteó preguntas como ésta: ‘¿Sabemos a quién definirá la historia como terrorista y a quién como combatiente?”

Sumarios: “El rebelde es alguien que puede tener y esgrimir razones. El terrorista es un asesino sin más”
“Estaba horrorizado ante el washingtoniano “partido de la guerra”, como lo estaba ante Al Qaeda”
Lectura horizontal (aperitivo para una):

“Para muchos periodistas del mundo, Ryszard Kapuscinski era un maestro, una brújula, incluso un ídolo. Hoy, después de hacer muchos viajes y mantener muchas conversaciones, ya no estoy tan seguro de hasta qué punto se le conocía, hasta qué punto había calado su mensaje (o sus mensajes). Uno de mis interlocutores, que había colaborado con Kapu y que decía ‘idolatrarlo’, se indignó cuando lo califiqué como hombre de izquierdas. ‘¡Cómo, si era un demócrata!’, estalló.”

“Para muchos periodistas del mundo, Ryszard Kapuscinski era un maestro, una brújula, incluso un ídolo. Hoy, después de hacer muchos viajes y mantener muchas conversaciones, ya no estoy tan seguro de hasta qué punto se le conocía, hasta qué punto había calado su mensaje (o sus mensajes). Uno de mis interlocutores, que había colaborado con Kapu y que decía ‘idolatrarlo’, se indignó cuando lo califiqué como hombre de izquierdas. “¡Cómo, si era un demócrata!”, estalló.”

“Como testigo de la descolonización, Kapuscinski observó el ascenso al poder de no pocos líderes “terroristas”: Ahmed Ben Bella, Menájem Beguin, Anuar el Sadat, Jomo Kenyatta… Hoy nadie se atrevería a llamar ‘terroristas’ a estos líderes, que, ungidos por la historia, son héroes de sus respectivos países, culturas y épocas.”

“Es fácil mostrarse contrario a la violencia ‘en abstracto’. Sin embargo, cuando el poder extermina a grupos enteros de la población, las cosas se complican. Aquel que cree que nunca sería capaz de meterse en la piel de un ‘terrorista’ debería leer La muerte de un embajador, sobre la Guatemala de la época de la guerra fría. Aún con mayor contundencia que en otros reportajes, Kapuscinski se muestra en él como portavoz de un rincón olvidado del mundo donde se perpetró un crimen por encargo del ‘buen’ Occidente.”

“He escrito sobre Guatemala, que ha sido uno de los países más desgraciados de América Central, de toda América Latina (…). He explicado en qué contexto se produjo el asesinato del embajador, que en ese momento mantenía excelentes relaciones con el régimen. Un régimen atroz y dictatorial. Al tiempo que condenaba el asesinato en sí, expliqué en qué situación se había producido. Éste es un libro contra la manipulación de la opinión pública mundial por parte de nosotros, los periodistas”.

¿Cuáles son las diferencias entre el Cristo con un fusil de los años 60 y 70 y el Mahoma con un fusil de hoy? ¿Dónde buscar criterios delimitadores entre una lucha armada legítima -aunque nunca buena- y la atrocidad del terrorismo, el cual no es, ni mucho menos, tan sólo un arma de los débiles?

Pasen. Pasen y lean (en vertical, por favor).

También , “¿Reflejan los media la realidad del mundo? Nuevas censuras, sutiles manipulaciones”, un artículo suyo publicado en Le Monde Diplomatique en 1999. 

Las palabras las carga el enemigo

El lenguaje, como principal instrumento de trabajo, se convierte en una responsabilidad para el periodista. Y no vale la excusa de que “lo conozco desde pequeño y me comunico con él a cada momento”, como he oído más de una vez. O la de “a mí se me entiende perfectamente”, porque en ocasiones -muchas más de las que pensamos- la intención comunicativa no se corresponde con la percepción.

palabras.jpgNo es extraño que, ante un párrafo dudoso, el redactor le diga al corrector (cuando existe) o al redactor jefe: “Lo que quise decir es…” 

Si intentamos decir algo y no lo conseguimos, hemos fallado en la intención. Se ha desmoronado uno de los cimientos de la precisión.

Ocurren estas cosas por la dejación de un instrumento tan familiar como es el lenguaje. Y eso nos trae tantos problemas como el desconocimiento tecnológico, por mucho que esté en el aire esa preocupación como ‘mayor’. Y si no, véase el post anterior por dónde van las preocupaciones de las asociaciones de periodistas. Claro que, esto queda/debería quedar en manos de las facultades y de los planes de estudio, incluso de enseñanza básica. Las asociaciones tienen un punto de razón, pues pueden ayudar más en el campo de la alfabetización digital que en el de la alfabetización propiamente dicha.

No obstante, lo mismo que no creo que el periodista necesite conocimientos informáticos de geek, tampoco pienso que deba ser un filólogo profesional, pero casi. La lengua es una de las asignaturas primordiales y atraviesa en diagonal todos los planes de estudio de Comunicación. La obligación de cualquier profesional, sea del medio que sea, es conocer el funcionamiento interno de las palabras en profundidad; por lo menos con tanta habilidad como un buen carpintero conoce su martillo y todas sus posibilidades. 

Todo esto me ha venido porque la otra noche, un amigo me dio la cena con múltiples preguntas y observaciones-no-inocentes sobre entradas de este blog. Yo, en ese momento, sólo quería oxigenarme por lo que le invité a que dejara comentarios aquí; que prometía contestarlos con calma. Es evidente que no sirvió de nada. La conversación, con la complicidad de los demás comensales, siguió hacia donde él quería llevarla: a cómo utilizamos el lenguaje los periodistas cuando hablamos terrorismo en España y cómo lo hacemos cuando se trata de otros países. Conclusiones momentáneas:

  • Primera: hay vida más allá de internet. Se puede hablar sin una pantalla de por medio.
  • Segunda: me leen más de lo que creía, aunque sean amigos y para pincharme después.
  • Tercera: empieza a ser urgente que motive de algún modo los comentarios de este blog.

Sea como sea, esta mañana tenía en mi correo electrónico un pequeño ejercicio de parte de mi amigo. El juego consistía en reescribir un texto según las distintas opciones que me daba (en verde):

“Hoy en Judea y Samaria / en los territorios palestinos / en los territorios ocupados/en los territorios en disputa / en los territorios liberados, tres palestinos / inocentes / terroristas musulmanes fueron / eliminados preventivamente / brutalmente asesinados / muertos por el enemigo sionista / por las tropas de ocupación israelíes / por las fuerzas de defensa israelíes“.

A continuación una gran pregunta sin descanso:

 “¿No se puede definir al periodista y a su medio cuando utiliza ‘territorios cuestionados’ en lugar de ‘ocupados’ y si estos deben ser ‘devueltos’ o ‘cedidos’; si habla de ‘Israel’, de ‘entidad sionista’ o de ‘Palestina ocupada’; si para él los judios son ‘ultraortodoxos’ mientras que los palestinos son ‘fundamentalistas’…?”

El mesaje acababa con otras preguntas, las mismas que me hizo la otra noche durante la cena:

“¿Por qué en algunos medios Castro es un ‘dictador’ y lo expresan pero no lo son -o no lo dicen- Musharraf o el emir de Kuwait? ¿Por qué no hablas en tu blog de cómo manipulan los periodistas las palabras en la sección de internacional?”

Pues nada. Ya lo he hecho. Lo peor es que ocurra por desconocimiento.

Responsabilidad de los medios ante el terrorismo

Después de publicar el post anterior, me he parado un momento a pensar sobre las lecturas off line. Mi reacción, Paulov por medio, fue probablemente motivada por ésta: 

En la presentación del último número de Cuaderno de Periodistas, Urbaneja cuenta que recientemente escuchó “en una cadena de televisión que presume de seriedad, y que se siente depositaria del buen priodismo, una alusión al secuestro de la política colombiana Ingrid Betancourt por las guerrillas terroristas qu se trataba de una ‘detención’, y el cronista siguió tan ancho, como el editor, presentador… Así vamos”.

Gorka Landaburu piensa que hay una intoxicación sobre el tema de ETA, de manera que el grupo terrorista copa muchas portadas innecesariamente, sólo porque vende bien. No obstante, no puede haber autocensura, sino actuar con ética. Para él es importante la afirmación de la Unesco acerca de que el mayor servicio que los medios pueden prestar en la lucha contra el terrorismo es actuar libremente. Pero con una matización importante: “los medios, además de defender la libertad, deben defender la democracia”. La banda atentó contra él (vídeo 0:44 m)

José Luis Barbería, por su parte, cree que Batasuna ha convocado ruedas de prensa, con gran impacto mediático, en las que no decía nada nuevo. Se regala un espacio demasiado valioso cuando “la única noticia de ellos que interesa es la que no están dispuestos a darnos”.

  •  Descargar el artículo. En él se muestra partidario de reducir drásticamente el desmesurado espacio que se dedica al terrorismo, incluidas las páginas de condenas rituales y se dicen cosas como éstas, que no tienen desperdicio: “Los medios de comunicación no podemos ser neutrales puesto que formamos parte del sistema democrático y estamos comprometidos en la defensa de los derecho humanos que los terroristas tratan de destruir (…) ¿Por qué nos comportamos, a veces, como si el mensaje de los terroristas fuera una mercancia más destinada a excitar la antención de los lectores? (…) Tienen sus propios medios de comunicación, pero éstos cumplen casi exclusivamente la función de cementar la cohesión interna en su espacio político. Al resto, nos necesitan para que labremos el camino que conduce al desistimiento colectivo. Atención no aspiran tanto a convencernos de las bondades de sus propuestas, como a que les apliquemos ese tratamiento aséptico, aceptado tácitamente por algunos de nuestros compañeros, que, invocando la imparcialidad profesional, consigue, precisamente, el efecto contrario a la mirada objetiva, en la medida que ignora o amortigua las diferencias entre el terrorismo y la democracia (…) Conviene no olvidar que en la ponencia Txinaurriak (hormigas) de KAS elaborada en 1995 para preparar el terreno al asesinato de periodistas (‘el frente mediático’, que dicen ellos) explicaban que con esos atentados se trataba de conseguir ‘que los periodistas que ahora piden guerra, pidan luego soluciones’ (…) ¿Han conseguido domesticarnos? Aceptamos con resignación que nos retiren el derecho a preguntarles en sus comparecencias (…) pasamos por alto que hayan impuesto el veto a una serie de periódicos y hasta nos disputamos sus declaraciones (…) La quema de un cajero bancario puede dar para dos columnas ocn foto (..) No soy partidario de un apagón infromativo -los hechos son sagrados-, pero sí de reducir drásticamente el desmesurado espacio que dedicamos al terrorismo (…) El exceso de información produce, además, el efecto perverso de normalizar la presencia del terrorismo y de exagerar el peligro, al tiempo que adormece conciencias y facilita la impresión buscada de que todo lo que se haga contra ellos resultará inútil.

Lourdes Pérez se muestra preocupada por la utilización de las nuevas tecnologías, concretamente de internet, por bandas terroristas como Al Qaeda.

  •  Descargar el artículo. En él se aboga por extremar la responsabilidad social para sobreponerse al miedo colectivo, no magnificar equivocadamente el impacto del terror, saberlo calibrar para no infravalorarlo y no alimentar la visceralidad. Y, por supuesto, prestarle la debida atención a las víctimas.

Terrorismo: entre la información y la propaganda

Anoche, actualidad manda, el Telediario de las 21:00 de TVE fue machacón con las noticias referentes a ETA: dos nuevos zulos encontrados y entrega por parte del Reino Unido de tres miembros de la banda terrorista. Muchos detalles y mucha imagen de niños con cara de no romper ningún plato en su vida. Demasiado tiempo en pantalla para noticias que, sospecho, podrían haberse transmitido de forma mucho más sintética.

Unas veces porque la cámara es excesiva y otras porque las palabras nos traicionan. Es preciso pararse y meditar sobre un tema en el que es más importante para los periodistas aclarar términos que buscar conspiraciones.

Mediante un lenguaje metafórico y, supuestamente, correcto desde el punto de vista político lo único que se consigue es dignificar a los delincuentes y sus actividades. Los medios se convierten así, en complices involuntarios en la transmisión de los mensajes de las bandas terroristas. De alguna forma, el periodismo (transmisión de noticias) se convierte en propaganda (transmisión de ideas) cuando en las informaciones se utilizan términos como estós cuando se debería expresar de otra forma:

  • Proceso de paz: tregua con las bombas.
  • Kale borroka: terrorismo callejero.
  • Violentos: terroristas callejeros.
  • Baja intensidad: unos pocos muertos menos.
  • Voluntad pacificadora: deseo independentista.
  • Comando: grupo de asesinos.
  • Izquierda abertzale: independentistas violentos.
  • Alto el fuego: cese de actividades sanguinarias
  • Lucha armada: terrorismo.
  • Grupo separatista: banda terrorista.
  • conflicto.
  • Activistas: terroristas.
  • Impuesto revolucionario: chantaje mafioso.
  • En nombre del pueblo vasco: en nombre de una minoría que quiere imponerse.