El mensaje del maestro Restrepo

Consulta 871.
En una reunión de concejales se dio lectura a una carta anónima que denunciaba irregularidades en el manejo del presupuesto municipal. Un periodista que cubría la reunión informó porque había ocurrido en el encuentro de concejales; otro periodista se abstuvo porque la carta era anónima y las irregularidades no habían sido comprobadas. ¿Cómo se debió proceder?   

Respuesta:
El buen periodismo rechaza los documentos anónimos, a menos que una investigación a partir de sus datos, confirme las aseveraciones del anónimo De este enunciado general se desprende:
  • Toda fuente debe ser sometida a comprobación, tanto de su autenticidad ( que la fuente sea quien dice ser) como de la veracidad de sus afirmaciones.
  • Es obligatorio dar a conocer al lector la fuente de donde proceden las informaciones que se publican. La excepción se da cuando de conocerse el nombre de la fuente, correrían peligro su vida o su trabajo.
  • La fuente anónima, lo mismo que los rumores, exponen al periodista y su medio a ser objeto de manipulación por parte de quienes se valen del nombre y el rostro del periodista y del medio, para atacar sin dar la cara.
  • El periodista es mucho más que un simple intermediario que trae y lleva informaciones de documentos o de entrevistas. Profesionalmente debe estar preparado para someter cualquiera información a comprobación, análisis y desarrollo.
  • Documentos anónimos y rumores, sin embargo, pueden ser el punto de partida para una investigación con otras fuentes, con el fin de validar la información sin nombre, o para invalidarla definitivamente.
 
Referencia Bibliográfica:
 
  • El rumor no es noticia en El Colombiano. Publicarlo es darle entidad de hecho comprobado, con los naturales riesgos para la credibilidad del periódico y para las personas involucradas. El rumor debe utilizarse solo como una pista que puede conducir a hechos comprobables.
  • Los testimonios de fuentes anónimas a través de cartas, grabaciones o conversaciones telefónicas deben ser examinados minuciosamente y confirmados con otras fuentes antes de su publicación. Inclusive las conversaciones telefónicas con fuentes que se identifican, deben ser sometidas a un examen de autenticidad.
    Manual de Estilo y Redacción de El Colombiano. Medellín, a. 2.1.1 y 2.1.16.
  • Los rumores no son noticia. Cuando el rumor sea utilizado por algún grupo como arma contra otro, se podrá denunciar este hecho, pero sin citar las acusaciones difundidas mediante esta argucia.
    Libro de Estilo de El País, Madrid. A 113.
  • Al procesar comunicados o boletines oficiales de cualquier organización, este debe identificarse con toda claridad y precisión.
  • La autenticidad de todo comunicado o boletín deberá ser comprobada, cualquiera que haya sido el medio para su difusión.
  • En toda comunicación telefónica el periodista establecerá plenamente la identidad del interlocutor y se asegurará de haber captado con exactitud su declaración.
    Manual de Redacción del diario El Tiempo, de Bogotá. Aa 201.09 20110 20111.

 

 

 

De cuando en cuando -menos de lo que me gustaría- me acerco al Consultorio Ético de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano para disfrutar de la respuesta a consultas como ésta. Lo lleva magistralmente Javier Dario Restrepo, probablemente la autoridad máxima en nuestro idioma en asuntos de ética y un verdadero referente en toda América Latina. Creo que es una de esas pocas pocas personas que nos hacen olvidar que las referencias clásicas para el “gran periodismo” están más al Norte y sólo en inglés.

A muchos quizá lo que más le suene de Restrepo es la máxima que acompaña siempre a sus talleres, y que en realidad es una frase de García Márquez: “La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siermpre al periodismo como el zumbido al moscardón”.El zumbido y el moscardón” es precisamente el título de su libro más conocido. Se trata de una recopilación de las lecciones que imparte desde 1995 junto a algunas de las cosultas más interesantes de este consultorio.

Habrá que hablar de nuevo de las esencias de la profesión

Estas vacaciones, el golpe emocional del accidente de Barajas me ha zarandeado con una fuerza feroz. Ya de por sí ha sido algo tremendo sin palitivos, pero yo iba a pasar por el aeropuerto madrileño  a los dos días para coger un avión, y de Spainair precisamente. Afortunadamente no hubo ninguna incidencia. Para volver tampoco; tres horas de retraso, pero nada más. La compañía, pesarosa, me invitó a cenar.

 

Me pregunto si estarán pesarosos algunos periodistas por la cobertura que han realizado del accidente y de los días posteriores. Porque nos pasamos la vida discutiendo sobre cómo afecta la tecnología a los medios y elucubrando mundos virtuales, imaginando pros y contras de la convergencia total, y aplaudiendo o denigrando escenarios repletos de ciberperiodistas ciudadanos. Sin embargo, con tanta innovación, nos hemos olvidado de la esencia del oficio, de lo realmente importante, de lo que ni siquiera se aprende en las facultades.

Creo que, entre todos, hemos perdido el sentido común.
Y si alguien no entiende a que me refiero, que eche un vistazo a la red.
Lean si no las palabras de la diputada socialista Elena Valenciano:

El espectáculo de reporteros y reporteras -jóvenes y, probablemente mal pagados- micrófono en mano con el logotipo de su cadena de televisión, correteando por los pasillos del IFEMA y por las lágrimas y la pena de los familiares es, sencillamente, repugnante y ha llegado a rozar la crueldad.

La necesidad de rellenar horas y horas de “información” en las teles y en algunas radios ha producido verdaderos “esperpentos de la comunicación”.

Pero esto no es más que el principio de un post en el que hay que leer los numerosos comentarios  sobre el estado de la profesión, casi todos identificados con nombres y apellidos. Es tan sólo un ejemplo de lo que se ha dicho estos días en internet sobre el periodismo. Tremenda la imagen que los ciudadanos tienen de nuestra profesión. Y no vale eso de que en agosto los verdaderos profesionales están de vacaciones o que la culpa la tienen los programas del corazón, porque se está viendo que muchas de las formas de actuar de éstos se utilizan constantemente en los informativos, a los que hasta no hace mucho se les suponía cierta seriedad. Como mucho se podría dudar de su sesgo ideológico, pero pocas veces se iba más allá. ¿Es que no hay redactores jefes o editores en las redacciones? ¿Hasta dónde vamos a llegar en la deriva?
Como perros guardianes, estamos acostumbrados a clamar contra todo lo que consideramos incorrecto, incluso hemos puesto en tela de juicio -y nunca mejor dicho- ciertas actuaciones judiciales. No pasamos una a los políticos ni a los médicos negligentes o a los empresarios corruptos. Ha llegado el momento de que empecemos a considerar el problema que tenemos en casa. No sirve de nada discutir sobre convergencia mediática o periodismo ciudadano si no tenemos claro qué es periodismo. No es de recibo entristecerse por la agonía del periódico de papel cuando se nos está muriendo entre los brazos el propio periodismo.
Un repaso por algunas de las cosas leídas estos días dan que pensar. Ahí van algunas para agravar el síndrome postvacacional (si es que eso realmente existe):

  •  “Parece una competición de falta de ética periodística y hay medallas para todos”, opinaba Nacho Escolar. El director de Público reflexiona sobre una información de la cadena de televisión argentina Todo Noticias (TN), que emitió el jueves por la noche, el día siguiente del accidente, una información donde aseguraba tener la transcripción de las últimas frases que se cruzaron el comandante del JK5022 y su copiloto. (Vídeo 3:42)

 

Puede que no sea un tema de control, sino de principios. De definición. De saber quiénes somos, qué hacemos y cuáles son nuestras obligaciones.

Puede que tengamos que hablar de nuevo de las esencias de la profesión. Y de la ética, la deontología y todo eso.