Erratas, gazapos y aviso a los lectores

Recupero mi actividad normal tras una larga temporada de tensión acumulada que me ha alejado del blog. Bueno, ha merecido la pena y ya estoy de nuevo operativo.

Esta mañana leí que a la cantante Bebe iban a ponerle una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. A mediodía ya se estaba desmintiendo la noticia. La agencia EFE, generadora de la información, había rectificado poco después de lanzar la noticia con la aclaración de que el reconocimiento no estaba dirigido a la cantante española sino a Bebe & Cece Winans. Nada que ver.

Esto me hace pensar en lo curioso de las rectificaciones. Suelo mirar la fe de erratas de El País, que se ha propuesto no dejar pasar una y las refleja día a día en su página web. Si bien es cierto que hay que buscarlas. Y no es lo mismo que se puntualice un error comprensible (las erratas so las últimas que abandonan el barco, recordaba Escolar), como el de Lluís Bassets al escribir centro-izquierda cuando quería decir centro-derecha al refererirse a la coalición de gobierno en Alemania, que haya que reconocer una metedura de pata de calado. Un ejemplo subsanado (?) más tarde: la afirmación de que la lista de asistentes al foro Bilderberg, que ronda el centenar de personas, “no es pública”, cuando sí lo es.

La sección “Fe de errores” sirve para enmendar esos pequeños fallos que a todos se nos cuelan. Es comprensible que Antonio Elorza, y tras él los editores del artículos, confundiera en el artículo La patria de los italianos, publicado el 25 de mayo, dos fechas: la expedición de Garibaldi fue en 1860, no en 1861; y la proclamación del Reino de Italia, en 1861, no en 1862. A algunos cinéfilos quizá les sorprendiera el cambio de nacionalidad de un lauredo en Cannes, que es tailandés, y no taiwanés como se decía en el titular -corregido- de la información en la sección de Cultura. Son despistes, deslices, pequeños equívocos que hasta en las redacciones mejor preparadas se cuelan.

Queda la duda de si en un medio como El País debería haberse publicado esto. Son dos ejemplos recogidos de su “Fe de errores” corresponden a la edición impresa:

14 jueces se presentan para sustituir temporalmente a Garzón – En la información titulada “Catorce jueces se presentan para sustituir temporalmente a Garzón”, publicada el 9 de junio en la página 16, se afirma que si Garzón volviera a su puesto, su sustituto quedaría adscrito a la Sala de lo Penal, cuando en realidad el sustituto volvería a su plaza de origen, ya que se trata de una comisión de servicios y no de servicios especiales.

Clásicos que se ponen al día – En el pie de foto de la información Clásicos que se ponen al día, publicada el domingo 6 de junio en la sección de Tendencias, las butacas Plastic de los diseñadores Charles y Ray Eames producidas por VItra fueron designadas equivocadamente como taburetes de Alvar Aalto producidos por Artek.

Más allá del puro gazapo, el diario ha reconocido (¿le exime de culpa?) que “En la información sobre el estudio que detecta abusos en las residencias de ancianos, publicada ayer, 17 de junio, en Sociedad, se incluía la fotografía de un centro de Fuenlabrada que no tiene ninguna relación con este caso”. Porque una cosa son los gazapos, que han generado una enorme literatura, casi siempre condescendiente y humorística, y otra muy distinta las equivocaciones producidas por la omisión, el olvido o la ignorancia, tanto del autor como de quien supervisó su trabajo. En las rectificaciones se mezcla todo.

El objetivo de las “cero erratas” es un sueño de los editores, una químera, un deseo utópico. Ya lo sabemos aunque intentamos conseguirlo.

Para entretenerse un rato y reflexionar sobre el tema:

Scott Rosenberg: «Los errores periodísticos, como los informáticos, son problemas que hay que resolver».

En Flickr se puede ver una recopilación de imágenes de erratas donde aparecen todo tipo de textos de periódicos en formato árbol muerto, periódicos digitales, algunos olvidos de maquetistas, rótulos de tiendas y similares.

Otra Recopilación de erratas de prensa entre las muchas que se pueden encontrar en cualquier buscador.

Gincana de erratas de todo tipo y selección de erratas que atentan contra la lengua.

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Ya no me creo nada

erroresComo para anotar en una entrada de Mala Prensa lo que he visto, así sin buscarlo, en El Mundo (papel). Son errores que dicen poco de un medio que se proclama grande. La verdad, hay momentos en que preferiría tener un espíritu más positivo, al estilo de La Buena Prensa, porque como dice este aconsejable blog “siempre se publican páginas de buen periodismo”. Es cierto, pero creo que es momento de exigir(se) el máximo.

Cada tarde, a eso de las cinco, dejo el ordenador y me voy a tomar tranquilamente un café. Sólo y con dos azucarillos, que me gusta dulce. Aprovecho para relajarme y degustar dos cosas que me motivan especialmente: la cafeína y el tacto del papel de prensa. Es gratificante tantas sensaciones a la vez: la tinta deja huella en mis dedos y los titulares en mi cabeza. No está mal.

Digo que es gratificante, salvo los días en que sale a pasear mi espíritu crítico. Hoy era uno de ésos. Y esta vez le ha tocado a El Mundo(generalmente leo El País y El Mundo):

En la sección de Televisión, en la parrilla veo que en “Supervivientes” aún aparece Iván Santos, el ‘triunfito’ que ya salió del programa hace semanas. Bueno, no importa, se les ha pasado. La parrilla es un engorro y las erratas son algo que puede ocurrir.

Pero en contraportada hablan de No Angels y la detención de una de sus cantantes por haber contagiado el VIH a su amante sin haberle advertido del peligro. Todo iba bien hasta que leo que el redactor dice que el grupo quedó el tercero en Eurovisión el año pasado. Qué más quisieran los alemanes. Y eso que creo que quien escribe es especialista en música en el diario.

Lo he buscado al volver a casa, pero sólo se accede a ello si eres suscriptor, y no tengo ganas de dar vueltas. Lo extraño es que hace un par de días, El Mundo recogió la información de EFE y, ya en el subtítulo, decía que “El año pasado quedaron en último lugar en Eurovisión“.

Ver imagen en tamaño completoCuando oigo a alguien que ya no se cree nada de lo que dicen los periodistas, no pienso en la prensa del corazón ni en el descrédito derivado de  internet, siempre me vienen a la cabeza estos ‘pequeños’ despistes. La mayoría se solucionarían con la vuelta de los correctores a las redacciones. Al menos de suficientes correctores, porque muchas de las veces no son erratas, son errores.

Supongo que alguien tendrá que decirle a alguien que merece la pena invertir en credibilidad. He leído en El Mundo que es el gran problema de la profesión.

Fuentes oficiales: cuidado con el manejo

Como sabéis, soy un adicto a la retórica de los defensores del lector en todas sus variantes. Y como también sabéis, el zapping de este blog a veces se retrasa, pero no importa la actualidad no se pierde (eso intento):

“Las normas internas de este periódico (El País) exigen que los errores cometidos en sus páginas sean subsanados lo más rápidamente posible y sin tapujos. Y encarga esa tarea de una manera muy especial a los responsables de cada área informativa. Las Fe de errores que publica el diario en la sección de Opinión, al final de Cartas al director, recogen algunas de ellas, no todas. En los últimos cuatro meses, el periódico ha publicado una media de 12 fe de errores al mes. Hay errores inapelables, que se suelen corregir en cuanto se detectan, y otros inducidos por fuentes perfectamente identificadas en las informaciones que facilitan datos que luego son rebatidos por fuentes oficiales. Esto plantea la necesidad de contrastar todas las informaciones, aun cuando la fuente de origen sea relevante. Es obvio que así se da pie a la polémica sobre si es imprescindible contrastar todas las informaciones públicas. Pero el manejo de la información que pueden hacer las fuentes, por muy identificadas que estén, hace que cada día el trabajo deba ser más exigente.”

José Miguel Larraya en El País