Los medios distorsionan la realidad, internet está aquí para recordarlo

Quiero compartir un correo electrónico que he recibido por varias vías y que no en todos los casos me avisaban del origen. Se trata de un artículo de Noam Chomsky en el que el lingüista estadounidense sintetiza las 10 estrategias de manipulación que los medios de comunicación utilizan/¿utilizamos?, unas veces en forma alternativa y otras, simultánea.

Manipulation-Posters.jpgEl texto viene directamente de Grano de Arena (PDF), un boletín digital de las asociaciones ATTAC, que a su vez es una traducción literal (avisa de ello) de una entrada en el blog del brasileño Instituto Joao Goulart

Una sencilla búsqueda ya avisa de que la voz del eco ha funcionado en la red

Esto me recuerda que acabo de leer un artículo de Ernesto Hernández Busto sobre la memoria y el olvido en internet. El ensayista nos recuerda que la red es el ‘Funes memorioso’ digital y que recordarlo todo puede llegar a ser una pesadilla. En este caso, recordar las palabras de Chomsky es un motivo para despertarse y abrir bien los ojos a la realidad.  

1-La estrategia de la distracción.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2- Crear problemas, después ofrecer soluciones.

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3- La estrategia de la gradualidad.

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4- La estrategia de diferir.

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

 

5- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

6- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permnezacan imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9- Reforzar la autoculpabilidad.

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

Relacionado:

Cuando The New York Times mató a Noam Chomsky (5:58). Hay que confirmar siempre lo que dicen las fuentes, aunque la información proceda del NYT.

Si te interesa el tema, te interesarán también este vídeo:

Cómo distorsionan los medios la opinión pública (vídeo realizado en abril de 2008, antes de la era Obama, 5:54)

Compromiso contra la manipulación, Juan Varela propone seis medidas para empezar a luchar contra la manipulación, todas parten de que los medios no se dejen a  su vez manipular por los políticos.

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Esa espiral del silencio que calla a los periodistas y hace hablar a los blogs

Fin de semana y tiempo para descansar y reflexionar. Maruja Torres, una columnista que generalmente me aburre -para qué nos vamos a engañar-, hoy me ha enganchado y he leído su columna en EPS de un tirón

amaruja.jpgBajo el título “Contra letargos”, Maruja viene a decirnos que internet romperá el “forzado letargo del paraíso”. Es decir, dejará paso a la información y al conocimiento. Y esto gracias a la imposibilidad de poner límites a la inmensidad de la red -y otros soportes que vendrán- y a su capacidad ilimitada de memoria.

Tiene razón, pero…

Ya tendremos tiempo de hablar sobre si se pueden poner limites legales, técnicos o psicológicos -que por ahí va- o de debatir sobre si esa memoria acumulativa contribuye a una infoxicación tal que ni los recuerdos más sangrantes hagan salir a nadie a ciudadanos y periodistas del letargo que dice Maruja.

¿De qué sirve que en distintos foros -y no sólo contraculturales- se denuncien las actuaciones de Estados Unidos en Guatemala, El Salvador, Chile, Irak o Guantánamo, por poner sólo ejemplos conocidos por todos y traídos reiteradamente a nuestra memoria por Noam Chomsky y otros pensadores de gran talla como Umberto Eco (a quien, por cierto, estos precedentes de intervención le hacen desconfiar también de la red)?

De poco. Y eso pese a que algunos medios se muestren críticos y “refresquen la memoria”. Aunque la propia CNN deje bien grabado en la retina de los espectadores, en directo y en los archivos audiovisuales el palpitar del globo. Porque la visión que da es una visión desde una sola perspectiva. Y, además, convierte los conflictos en infoespectáculos.

Y eso, pese a la acción interventora de los blongs, de la inteligencia colectiva y del comportamiento de las multitudes intercomunicadas, que permiten, sin duda, confiar en el desarrollo novedoso del fenómeno de la política 3.0 y abren nuevas vías de participación digital.

Pero no es el punto del equilibrio que trae la información paralela al conocimiento social lo que me ha llamado más la atención del comentario de Maruja Torres. Me he quedado con el arranque, con el augurio de que lo que pasará cuando el periodismo desaparezca y las pantallas de todo tipo se “hayan multiplicado hasta el infinito”.

Os brindo unos párrafos de Maruja que me sirven para continuar con la reflexión. Por supuesto siempre es mejor acudir al original completo:

Cuando el periodismo haya desaparecido y los periodistas nos hayamos reciclado –o mutado– en viajantes de comercio, vendedores ambulantes que, sin deambular más que por el ciberespacio, ofrezcamos a una amodorrada y obsesiva clientela el paquete, cada vez a mejor precio, de los sobresaltos –antaño, noticias– recogidos gracias a una red de confidentes o de subrrastreadores o de jóvenes genios de la informática carentes de escrúpulos.

Cuando el número de pantallas –de pared, de mesa, de bolsillo, de pecho, o proyectadas en nuestros párpados a través de un chip implantado en nuestros cerebros– se haya multiplicado hasta el infinito, y en la abarrotada superficie del planeta nadie necesite hablar con su vecino, pues dispondrá de la información que le apetezca, asequible a buen precio, quizá gratis –son los aparatos, estúpido, dirán entonces, lo que se convirtió en el negocio–, quizá también acerca de su vecino…

Cuando eso ocurra y se levanten las voces que convoquen el ayer, las voces moralistas –quizá crean ustedes que la mía lo es; no, en absoluto– que entonen cánticos por los buenos diarios de antaño y sus supuestas verdades de papel…

Entonces convendrá que sea recordado de nuevo el viejo adagio: el medio no es el mensaje, y si el medio se ha convertido en el mensaje es que el lector, antes, se ha convertido en cliente de las corporaciones, de los fabricantes de chismes.

Y deberemos recordar también que la inocencia o la malicia se encuentran en los ojos del que mira, en la billetera del que paga.

La demanda es cómplice, si no instigadora de la perversión de la oferta. Y la multiplicación del forraje –por interesada que resulte– no sobreviviría sin el estulto silencio de los corderos.

Maruja se refiere sin decirlo a la teoría de la espiral de silencio de Elisabeth Noelle-Neuman, por la que en situaciones de inestabilidad manifiesta, en la que los individuos tienen que tomar partido entre dos posturas, no siempre la toman abiertamente. Existe un miedo interno a expresarse y quedarse aislado, a no estar en la corriente dominante. También en los periodistas. Fermín Galindo lo expresa así:

b.jpgÉste es un tema complejo, pero es sabido que la posición de los medios, o un cambio en la posición de los medios, suele preceder a un cambio en las actitudes personales. La conducta de la gente se suele adaptar a la evaluación del clima de opinión pero, recíprocamente, también influye en las evaluaciones del clima de opinión en un proceso de retroalimentación que suele provocar una suerte de tendencias de opinión de distinta intensidad, pudiendo alcanzar su máximo grado en la conocida como espiral de silencio.

Chomsky ya lo expuso , con su clarividencia habitual, en un célebre texto sobre el control de los medios de comunicación:

anoam.gifEl papel de los medios de comunicación en la política contemporánea nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia queremos para esta sociedad (…)

Desde el momento en que un individuo no encuentra la manera de unirse a otros que comparten o refuerzan este parecer y que le pueden transmitir la ayuda necesaria para articularlo, acaso llegue a sentir que es alguien excéntrico, una rareza en un mar de normalidad. De modo que acaba permaneciendo al margen, sin prestar atención a lo que ocurre, mirando hacia, otro lado, como por ejemplo la final de Copa (…)

En vez de hablar de la guerra pasada, hablemos de la guerra que viene, porque a veces es más útil estar preparado para lo que puede venir que simplemente reaccionar ante lo que ocurre.

Deberíamos estar preparados para gestionar nuestros silencios, de los que somos dueños. No para que los gestionen desde los poderes, sean éstos oficiales o fácticos.

Precisamente ayer recordaba Dan3 en ComuniSfera el décimo elemento añadido por Rosenstiel el año pasado a los otros nueve de su libro esencial: “conocer y defender los derechos y responsabilidades de los ciudadanos”. Y concluía que los principios de Rosenstiel (y Kovach) “no deben quedar restringidos al trabajo en empresas o grupos periodísticos (…) pues son igualmente importantes para cualquiera que haga comunicación desde su casa o desde cualquier puesto profesional”. Para todos.

Y defender no es precisamente callar y dejarse caer en la espiral del silencio. Porque si no, ocurrirá lo que augura Maruja, que la expresión social buscará nuevas vías. Creo que ya lo está haciendo.