• "Señor Boot, soy un periodista de 250 dólares a la semana. Se me puede contratar por 50. Conozco los periódicos por delante y por detrás, de arriba abajo. Sé escribirlos, publicarlos, imprimirlos, empaquetarlos y venderlos. Puedo encargarme de las grandes noticias y de las pequeñas. Y, si no hay noticias, salgo a la calle y muerdo a un perro. Dejémoslo en 45." (Charles Tatum / K. Douglas en 'El gran carnaval', Billy Wilder)
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Píldoras para el fin de semana

Se venden más periódicos, pero no aquí

La Asociación Mundial de Periódicos (WAN, por sus siglas en inglés), ha celebrado el 27 y 28 de mayo su conferencia anual en Barcelona bajo el lema “El poder de la prensa impresa“. Según datos proporcionados allí, la circulación mundial de periódicos creció un 1,3 por ciento en 2008, con casi 540 millones de ejemplares vendidos cada día. Esto representa un crecimiento de 8,8 por ciento en los últimos cinco años. La venta de periódicos creció en África, Latinoamérica y Asia, sobre todo en India y China, pero cayó en Europa y Norteamérica. Gavin O’Reilly, Presidente de la WAN, lo explica así:

Se podría decir que dicho crecimiento tiene lugar en los mercados en desarrollo y oculta una tendencia decreciente constante en los mercados de los países desarrollados. Y hasta cierto punto, eso es verdad, pero resulta parcial, pues las compañías de periódicos en dichos mercados [en desarrollo] han adoptado tecnologías digitales para aumentar sus audiencias (…) La opinión, incluida la crítica, debe titularse en letra cursiva.  

Vía WAN-press.org          

      

Preocupación en Suramérica

La Sociedad Interamericana de la Prensa (SIP) ha mostrado su preocupación por la propuesta de los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, y Venezuela, Hugo Chávez, de plantear a la Unasur la creación de un organismo que se encargue de vigilar a los medios de comunicación de Suramérica. El caso de Venezuela merece una mención aparte. Yolanda Valery analiza en BBC la situación de los medios en Venezuela, donde el gobierno y los medios que se oponen a él mantienen un pulso desde hace años, con tres batallas muy definidas:

RCTV. Uno de los momentos más álgidos se presentó hace exactamente dos años, cuando el gobierno decidió no renovarle la concesión a Radio Caracas Televisión (RCTV), a la que había acusado de conspiradora y golpista.

Ley Resorte. En 2005, el gobierno promulgó la Ley de Responsabilidad Social de Radio y TV -conocida como Ley Resorte-, que según el gobierno busca promover el uso responsable de los medios, ante lo que el gobierno ha visto como abusos. Sus críticos dicen que promueve la “autocensura”.

Globovisión. En la más reciente polémica, el presidente enfiló sus baterías contra Globovisión y aseguró que tomaría medidas contra “el loco con cañón”, como se refirió al director del medio. Hugo Chávez envió policías a la casa del presidente de la cadena, Guillermo Zuloaga y ha acusado a ese canal de televisión de utilizar “terrorismo mediático” y el “discurso de odio” con “fines desestabilizadores”.

 

Almódovar se cabrea con Boyero y Hermoso

Esta semana se ha hablado mucho de la visceral reacción de Pedro Almodóvar contra Carlos Boyero, crítico de cine de El País, y el jefe de la sección de cultura de este periódico, Borja Hermoso. El manchego se ha despachado a gusto en su blog. La verdad es que ‘Los abrazos rotos’ a mí no me ha parecdio una gran película, por lo que no me extraña que los de El Deseo se volvieran a casa con las manos vacías a pesar de las expectativas del director. 

ACTUALIZACIÓN 31.05.09. Milagros Pérez Oliva, Defensora del Lector de El Páis es emplazada a responder por varios lectores. Y lo hace:

La libertad del crítico para criticar es intocable, como lo es también la independencia del diario para decidir a su criterio quién y cómo deben cubrir un festival de cine. Pero del mismo modo creo que es incuestionable la libertad del criticado para criticar a su vez al crítico. Y, por tanto, yo no consideraría un intento de presión que el cineasta se defienda en su web. La misma libertad que asiste a Boyero para criticar desde EL PAÍS al director de cine, asiste a Almodóvar para expresar como mejor le parezca su malestar (…) Siendo el estilo de Boyero tan manifiestamente subjetivo, sus críticas deberían presentarse siempre de forma clara como opinión.

 

¿Empresas o medios de comunicación?

Carlos Ayala Ramírez reflexiona en Adital sobre el papel de la empresa en el periodismo. Lo hace en unos momentos en los que el ultraliberalismo es pensamiento único y no deja resquicio para otras vías:

El medio como empresa. Es un hecho que la mayoría de medios de comunicación social están configurados como empresas que buscan obtener recursos y beneficios en el mundo del mercado. Hablamos del medio como empresa con exigencias muy concretas: rentabilidad, optimización de recursos, éxito financiero (…)

Hay que hacer prevalecer la empresa como medio y no el medio como empresa. La comunicación y la información no pueden ni deben reducirse a una mercancía que se produce y se vende.  Hay que evitar que los criterios del mercado se impongan a los criterios éticos o que éstos se vean postergados por la lógica empresarial que puede resultar perversa para la sociedad y para los mismos profesionales de la comunicación.  

 

La causa y los periodistas

Miguel Ángel Aguilar habla en El País de los periodistas ‘con causa’:

Los periodistas están siempre solicitados para que desempeñen el papel de promotores, para que ofrezcan espacios de mayor relevancia a los asuntos con causa, como la cinta roja de los juzgados indica la prioridad de atención debida a las causas con preso. Pero esa solicitud sólo puede satisfacerse postergando a su vez otros asuntos que compiten por ese mismo privilegio. Porque sabemos que la atención es un bien escaso (…)

Así sucede también en los periódicos, a los que debe negarse indulgencia alguna cuando al enamorarse de sus propias noticias acaban aturdidos y contagiando de aturdimiento a sus lectores. Porque los periódicos deben en última instancia cultivar la tendencia que les haga independientes incluso de sus propietarios y de sus periodistas. De modo que al procesar sus noticias, también las más exclusivas, deben hacerlo respetando las pautas de ponderación que merece siempre su audiencia. Porque la exclusividad en absoluto confiere de antemano a una información el valor de un titular en primera página a seis columnas. Porque muy por delante de esos aspavientos, destinados tal vez a elevar la moral de la propia tropa periodística, están los deberes imprescriptibles con aquellos a quienes el periódico se dirige.  

 

‘Twittervistas’, nueva forma de entrevistar

Público descubre la novedosa forma de entrevistar de Pérez Miguel. El periodista, más conocido como Allendegui, (eliminado debido a fallos ‘telefónicos’ 11,1,11, que es el día de los palotes) entrevista a personajes interesantes del cibermundillo y para ello utiliza la web social o herramientas propias del microblogging. Despúes muestra sus charlas en su blog, Gente de Internet. Prefiere llamarlas ‘twittervistas’. 

En información, la garrafa es lo de menos

José Luis Pardo, catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, en su artículo “Las garrafas y el vino del periodismo”, mantiene que nos estamos perdiendo en la discusión papel-pantalla, que no deja de ser de contenedores, mientras hemos olvidado los contenidos, que son lo importante. Para Pardo ésta es una forma de enterrar la profesión, que no aprovecha el gran activo que tiene en la opinión: 

Como la opinión -es preciso recordarlo ante el notorio desgaste que ha sufrido este término- consiste siempre en un juicio argumentalmente justificado y expuesto a la discusión, y no en la simple emisión de gustos, intereses o preferencias presuntamente indiscutibles, ésta es la única función de la prensa que puede efectivamente contrarrestar la proclividad a la indiferencia y la amalgama que subyace al carácter amorfo de la temporalidad moderna, pues ella es la que produce inmediatamente jerarquías y vínculos conceptuales entre los contenidos, que obligan a distinguir unos de otros y que hacen imposible considerarlos a todos ellos iguales e igualmente prescindibles o renovables. Por tanto, es también la única función de la prensa capaz de distinguirse de la simple propaganda, del negocio o del ingenio publicitario, porque es la única que garantiza su autonomía con respecto a esas otras esferas de influencia de los poderes fácticos (…)

Y la discusión acerca de qué podríamos hacer para mejorar el periodismo, el nivel cultural, las instituciones educativas o la investigación científica no puede celebrarse porque es una discusión de contenidos, y de momento estamos ocupadísimos con los contenedores y con la publicidad, con los portátiles, los móviles y las descargas caseras. Y no es por culpa de estos artilugios, sino de algunas decisiones políticas y profesionales, por lo que los periódicos, los libros, las escuelas y las universidades, que fueron hasta hoy los lugares naturales de estas discusiones, se están volviendo literalmente insoportables, es decir, inviables en cualquier soporte.  

 

Puntualizaciones a la integración

En las sesiones de trabajo 10 en Comunicació sobre periodismo y nuevas tecnologías -que organizó la Fundació Escacc en el Col·legi de Periodistes de Catalunya se escucharon las palabras del holandés Piet Bakker, profesor de Cross Media Content (información y convergencia de medios) en la Universidad de Utrecht, sobre convergencia redaccional.  Leo la crónica en La Vanguadia, y me parece que Bakker aporta algo de sensatez a lo que se ha dicho sobre el tema: 

Aunque a priori la integración pueda parecer la opción más económica, en realidad puede ser más costosa que mantener redacciones separadas ya que, según Bakker, con la fusión aumentan los costes de organización y de coordinación.  
Además, “transferir el mismo modelo de negocio” al periodismo online quizás no sea la fórmula más adecuada. Entre otros motivos porque un periódico o una televisión de ámbito nacional compiten con cinco o seis cabeceras o emisoras, mientras que una web tiene cientos de competidores. La consecuencia de esta mayor competencia es que la publicidad da menos dinero.

También es fundamental ser consciente que las personas que recurren a la versión digital de un medio tradicional “son distintas y tienen una actitud distinta” de los usuarios habituales del medio. Según Bakker, la coincidencia es tan sólo de un 20%.  

 

¿Quién gana con los lectores electrónicos?

Las palabras de Piet Bakker en 10 en Comunicació sobre la experiencia periódisica del e-reader merecen una píldora aparte:

En relación a la reciente aparición de las suscripciones a los periódicos vía e-reader, Bakket criticó que en Estados Unidos (donde esta opción está más avanzada) el portal Amazon se queda con el 70% de la cuota y con todos los derechos. De esta forma, un periódico como The New York Times, que ofrece este tipo de suscripción por entre 10 y 15 euros al mes, acaba percibiendo sólo 30 euros por su contenido de todo un año. “Debemos replantearnos cómo vamos a hacerlo”, sentenció.

Vía La Vanguardia  

Teléfonos inteligentes como herramienta periodística

Leo en Alt1040 que  en Estados Unidos ya se pide que los estudiantes de Periodismo utilicen el i-phone:

Sé que actualmente un smartphone es algo de lo más normal, pero vamos, no todo el mundo posee uno. Por ese motivo me pareció bastante raro que la Escuela de Periodismo de la Universidad de Missouri obligue a sus estudiantes a tener un iPhone o un iPod touch. Y aunque no lo creas, esto no es opcional, o lo tienes, o te vas a casa.

Desde la universidad aseguran que el dispositivo sirve para descargar material que se encuentra en la red y que además es útil para aprender cómo manejarse con el periodismo multimedia, cosa que no niego, pero convengamos que no es una herramienta fundamental para ejercer la profesión y mucho menos para dejar a estudiantes fuera de la carrera.  
 

Puertas al campo digital

Internet para muchos es como el Salvaje Oeste, lleno de indios cazando bisontes y aprovechando unas riquezas que los colonos piensan que son suyas. Pronto vendrá el hombre blanco para poner orden en tanto caos. Los primeros pasos son tímidos, porque la opinión pública protege de momento a las tribus digitales partidarias de la gratuidad y desconocedora de cualquier tipo de copiright. Pero ya empiezan a llegar caravanas con pioneros dispuestos a hacerse con el terreno. Lo leo en el blog del Knight Center. Se están desarrollando herramientas para que los editores de periódicos impidan o detecten cuándo blogs y pequeños sitios web copian su contenido. Las quejas por este motivo crecen paulatinamente. La  agencia Associated Press (AP) anunció recientemente “un plan para proteger sus contenidos y el desarrollo de un sistema para rastrear la distribución de sus informaciones en línea”. El artículo habla de dos sistemas informáticos de control.

Los sindicatos defienden la autoría

La Federación de Sindicatos de Periodistas (FESP) ha entrado en liza por la reciente sentencia sobre el derecho de los editores a cobrar derechos de autor de las empresas de presclipping y los derechos reprográficos, pues considera que no tiene en cuenta a los periodistas. La FESP anuncia también que impulsará sin demora la creación de la gestora de derechos de los profesionales de la información, prevista en la legislación.  Igualmente se compromete a defender, con todos los recursos legales a sus disposición, el derecho de autoría de los periodistas. En este caso, espera que una resolución en instancia superior enmiende este fallo que considera injusto, pues de no ser así intervendrá.

 

 

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Seis razones para firmar los artículos

Estos días hay una fiebre repentina por los libros de estilo en los blogs que frecuento. Ya dije lo que pienso en su momento y he dejado algunos comentarios por ahí para reforzar la idea de que no me interesa si hay muchos o pocos, pues cada medio ha de tener el suyo. Me parece más importante que se cumplan y, sobre todo, que no sirvan sólo como diccionario de uso para los redactores. Para eso está el de la RAE, que es sólo uno. O en su caso el María Moliner.

Sea como sea, me he quedado con una frase de Pardina al respecto:

Muy recomendable la Style Guide de The Economist, esa revista excelsamente escrita donde ningún autor firma sus artículos.  

Una cosa no lleva a la otra, espero. No creo que su excelencia en la escritura se deba a no firmar los artículos.

En nuestro entorno, me parece un error que el periodista no firme sus trabajos. Lo digo con el resquemor de la herida en propia piel, pues he estado varios años en revistas donde no se firmaban los artículos. Por eso quiero exponer mis razones para pedir que el nombre del periodista aparezca junto a su trabajo:

  • Primera. El supuesto objetivo empresarial  de convertir cada ejemplar en una especie de obra coral, más que un objetivo editorial me parece una excusa para que cualquier cambio en una precaria redacción pase inadvertido. Si no hay firmas, es difícil que se nota cuando se va un redactor y llega otro.
  • Segunda. A los periodistas nos pagan de dos formas: una material (dinero y especies) y otra inmaterial, pero muy importante (nombre). La firma de un redactor es uno de los valores que se acumulan en su currículo. Que su nombre se conozca juega a su favor no sólo al buscar trabajo, sino en el día a día, cuando se acerca a las fuentes en busca de información.
  • Tercera. Aunque el periodismo es un trabajo en equipo, no es lo mismo un artículo firmado por un miembro de una redacción que por otro. Me gusta saber quién está detras de lo que leo/veo/oigo. La credibilidad depende en gran parte de esa visibilidad. En la red lo estamos viendo cada día. Esto es especialmente importante cuando hablamos de géneros interpretativos y de opinión; pero también en todos los demás: en los informativos, por ese refuerzo de confianza cada vez más necesario, y en los géneros dialógicos porque quiero saber con quién habla el entrevistado. Si soy testigo de una conversación, me gustaría ver a las dos personas que charlan. Para artículos sin firma, ya tenemos el editorial.
  • Cuarta. La firma del periodista humaniza su trabajo. No ‘ver’ a la persona que está detrás de una información  es como recibir la información de una máquina. No hay pálpito. Y ninguna cabecera de las que conozco por aquí tiene suficiente calidez como para reemplazar el látido humano de la firma
  • Quinta. La mezquindaz del medio no puede quitarle ese derecho al profsional. Porque, ¿qué gana una publicación poniéndose por encima de las personas que trabajan en él? ¿Se engrandece su cabecera mientras la figura de los redactores se hacen más pequeños?
  • Sexta. No puedo entender la comparación con otros trabajos creativos en los que, sin discusión previa, se reconoce la labor del autor. Que cada cual busque los ejemplos, que hay muchos y de sangrante cercanía.

Puede que la mala experiencia no me deje ver el tema con claridad, pero estoy abierto a otras perspectivas.

Algunas lecturas que me han hecho pensar:

Los periodistas españoles quieren cobrar sus derechos de autor

Despues del golpe militar, en los 70 en Argentina, las mujeres no podían firmar artículos

El día en que los periodistas se niegan a firmar como medida de presión

…o como salvaguarda de su conciencia