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La exclusiva es mía, los demás publican filtraciones

Por fin, Francisco Mercado, el periodista que consiguió el polémico vídeo del accidente de Barajas, explica en El País cómo consiguió las imágenes y por qué decidió publicarlas. Merece la pena leerlo con detenimiento porque su razonamiento es impecable:

1. En primer lugar, una de las virtudes de este periódico: la dirección de EL PAÍS no me interrogó por la fuente de la noticia.

2. Frente a la polvareda sobre la “filtración interesada” o las “maniobras de Fomento”, la noticia no llegó en sobre oficial, sino gracias a los procedimientos tradicionales de cualquier redactor honesto y a través del más viejo y tozudo enfoque: ¿qué personas tienen el material? Y, acto seguido, tocarlas una a una.

3. La paradoja llega cuando el material obtenido es reproducido, en muchos casos sin citar la procedencia (“tenemos unas imágenes o unas grabaciones…”, “hoy hemos conocido”), por muchos medios audiovisuales que, sorprendentemente, organizan una campaña de presión sobre el Gobierno y el juez instructor para denunciar que ese material que vampirizan gratuitamente procede de una “filtración interesada”. Esto no es nuevo.

4. El mal perdedor llama exclusiva a lo propio y filtración a lo que publica la competencia (…) Los mismos medios que llevan semanas ofreciendo, también, datos en exclusiva sobre la tragedia. Cada vez que esos medios colgaron imágenes o escritos del sumario no juzgaron relevante pedir consejo a las víctimas. ¿Por qué ahora acuden a ellas para ocultar su envidia?

5. También tiene palabras para el Gobierno, para el PP y para el juez instructor, a quien le dice: “sólo puedo decir que mi trabajo no obstruye el suyo. Si me interroga, le diré lo mismo que ya he dicho en similares trances: señor juez, aunque la información me la hubiera dado usted, nunca se lo confesaría.”

En este asunto hay muchos otros intereses -con muchos ceros- que no menciona Mercado. Tienen que ver con el reparto de responsabilidades y de indemnizaciones y están jugando, como es de suponer, su juego de manera sorda y de espaldas a cualquier actitud ética. Los periodistas de cualquier medio han de estar atentos. Por eso, en su primera aparición pública como nueva presidenta de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), Magis Iglesias (sustituye a Urbaneja), ha declarado que El País “ha cumplido con su obligación informativa al difundir el vídeo del accidente”.

Elpaís.com adelantó el jueves el vídeo del avión, todos los medios se hicieron eco de ello (Borja Ventura hace un buen repaso de actitudes) y el juez del caso, Juan Javier Pérez, envió a la Guardia Civil al periódico para requisar el vídeo. A pesar de ello tanto este medio como televisiones y webs de todo el mundo siguen emitiendo las imágenes. Por si alguien se ha despistado y aún no las ha visto(vídeo 0:55). 

Habrá que hablar de nuevo de las esencias de la profesión

Estas vacaciones, el golpe emocional del accidente de Barajas me ha zarandeado con una fuerza feroz. Ya de por sí ha sido algo tremendo sin palitivos, pero yo iba a pasar por el aeropuerto madrileño  a los dos días para coger un avión, y de Spainair precisamente. Afortunadamente no hubo ninguna incidencia. Para volver tampoco; tres horas de retraso, pero nada más. La compañía, pesarosa, me invitó a cenar.

 

Me pregunto si estarán pesarosos algunos periodistas por la cobertura que han realizado del accidente y de los días posteriores. Porque nos pasamos la vida discutiendo sobre cómo afecta la tecnología a los medios y elucubrando mundos virtuales, imaginando pros y contras de la convergencia total, y aplaudiendo o denigrando escenarios repletos de ciberperiodistas ciudadanos. Sin embargo, con tanta innovación, nos hemos olvidado de la esencia del oficio, de lo realmente importante, de lo que ni siquiera se aprende en las facultades.

Creo que, entre todos, hemos perdido el sentido común.
Y si alguien no entiende a que me refiero, que eche un vistazo a la red.
Lean si no las palabras de la diputada socialista Elena Valenciano:

El espectáculo de reporteros y reporteras -jóvenes y, probablemente mal pagados- micrófono en mano con el logotipo de su cadena de televisión, correteando por los pasillos del IFEMA y por las lágrimas y la pena de los familiares es, sencillamente, repugnante y ha llegado a rozar la crueldad.

La necesidad de rellenar horas y horas de “información” en las teles y en algunas radios ha producido verdaderos “esperpentos de la comunicación”.

Pero esto no es más que el principio de un post en el que hay que leer los numerosos comentarios  sobre el estado de la profesión, casi todos identificados con nombres y apellidos. Es tan sólo un ejemplo de lo que se ha dicho estos días en internet sobre el periodismo. Tremenda la imagen que los ciudadanos tienen de nuestra profesión. Y no vale eso de que en agosto los verdaderos profesionales están de vacaciones o que la culpa la tienen los programas del corazón, porque se está viendo que muchas de las formas de actuar de éstos se utilizan constantemente en los informativos, a los que hasta no hace mucho se les suponía cierta seriedad. Como mucho se podría dudar de su sesgo ideológico, pero pocas veces se iba más allá. ¿Es que no hay redactores jefes o editores en las redacciones? ¿Hasta dónde vamos a llegar en la deriva?
Como perros guardianes, estamos acostumbrados a clamar contra todo lo que consideramos incorrecto, incluso hemos puesto en tela de juicio -y nunca mejor dicho- ciertas actuaciones judiciales. No pasamos una a los políticos ni a los médicos negligentes o a los empresarios corruptos. Ha llegado el momento de que empecemos a considerar el problema que tenemos en casa. No sirve de nada discutir sobre convergencia mediática o periodismo ciudadano si no tenemos claro qué es periodismo. No es de recibo entristecerse por la agonía del periódico de papel cuando se nos está muriendo entre los brazos el propio periodismo.
Un repaso por algunas de las cosas leídas estos días dan que pensar. Ahí van algunas para agravar el síndrome postvacacional (si es que eso realmente existe):

  •  “Parece una competición de falta de ética periodística y hay medallas para todos”, opinaba Nacho Escolar. El director de Público reflexiona sobre una información de la cadena de televisión argentina Todo Noticias (TN), que emitió el jueves por la noche, el día siguiente del accidente, una información donde aseguraba tener la transcripción de las últimas frases que se cruzaron el comandante del JK5022 y su copiloto. (Vídeo 3:42)

 

Puede que no sea un tema de control, sino de principios. De definición. De saber quiénes somos, qué hacemos y cuáles son nuestras obligaciones.

Puede que tengamos que hablar de nuevo de las esencias de la profesión. Y de la ética, la deontología y todo eso.