• "Señor Boot, soy un periodista de 250 dólares a la semana. Se me puede contratar por 50. Conozco los periódicos por delante y por detrás, de arriba abajo. Sé escribirlos, publicarlos, imprimirlos, empaquetarlos y venderlos. Puedo encargarme de las grandes noticias y de las pequeñas. Y, si no hay noticias, salgo a la calle y muerdo a un perro. Dejémoslo en 45." (Charles Tatum / K. Douglas en 'El gran carnaval', Billy Wilder)
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El espíritu de la profesión periodística

Este año ha sido el del reencuentro con la Academia, pero no he perdido el ritmo del trabajo diario y el contacto con la profesión. La perspectiva, lejos de aclarar la visión, se torna confusa. Los estudiantes de Periodismo, al menos en mi facultad, salen muy bien preparados técnicamente. ¿Es suficiente? 

Me pregunto si, aparte de un título y muchos conocimientos, se llevan de la universidad el espíritu de la profesión. Probablemente no, pues eso es algo que se adquiere con el roce del oficio y que sólo se refuerza si previamente existe eso a lo que tanto nos gusta apelar: la vocación. Porque el periodismo es un proyecto vocacional, un camino vital que va -que debería ir- más allá del encogido paquete profesional que les estamos ofreciendo a los nuevos profesionales (bueno, a los viejos también).

Tan inmersos estamos en el nuevo pensamiento único que popuestas como las de la californiana  Berkeley’s Graduate School of Journalism nos parecen ingenuas. Es cierto que los compromisos de honor tienen algo de boy scout y, por qué no, suenan rídiculos, pero merece una reflexión la propuesta de que para obtener el pase de prensa de la escuela haya que comprometerse entre otras cosas a no aprovecharse del trabajo ajeno, a elaborar la propia infromación y a mantenerse al margen de la nefasta influencia de los poderes políticos y económicos. ¿Se puede cumplir algo así en una sociedad como ésta? ¿Es un brindis al sol? ¿Es tan sólo una forma de que tomen conciencia de que la realidad sobrepasa todos los límites?

Aunque uno no tenga nada de Cebrián, ni falta que hace, dan ganas de escribirle otras cartas a Honorio. A ver si replanteamos algo que, a pesar de las asignaturas de ética y deontología -que se imparten y se aprueban- aportamos un granito más de consciencia. Me da la sensación de que los estudiantes de periodismo pasan por las facultades sin que las facultades pasen por ellos. Son las redacciones las que se encargan, después de sacado el correspondiente título, las que se encargan de mostrarles la realidad tal y como es. Y depende de dónde caiga cada uno.

Quizá sea más efectivo que los futuros periodistas sigan entrenándose con nuevas tecnologías y distintas lenguas. Van a necesitarlo en su trabajo. Los estudiantes del Berkeley J-School seguro que también lo hacen, pero, si quieren recibir el pase de prensa, tienen que prometer y firmar su compromiso. Al menos reflexionarán un rato sobre ello:

    I will not fabricate; 
    I will not plagiarize; 
    I will maintain my independence from political and commercial influence; 
    I will not represent myself other than as a journalist.
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