El ‘viacrisis’ del periodismo en un par de pasos, por Manuel Artero Rueda

Harto de discutir off line sobre la situación (tremenda) de la profesión y de escuchar, entre sorbo y sorbo de cerveza y mordisquito de tapa, atinados análisis sobre lo que está ocurriendo en las redacciones, en las empresas y en el periodismo en general, he decidido empujar a unos cuantos ‘al abismo’ de la Red.
Como ninguno de mis amigos se digna a dejar comentarios en este blog, pero todos tienen aclaraciones que hacer a cada entrada que hago, he decidido que voy a abrir el chiringuito para que ellos hagan aquí sus cócteles ideológicos y se los ofrezcan al mundo. Pero sólo en ocasiones especiales, que el bar es mío😉
Supongo que tendrá más trascendencia que una pataleta en el bar de la esquina. Además, el nivel está asegurado. Todos son buenos profesionales. Son mis amigos. Poco a poco irán llegando sus aportaciones.

 El ‘viacrisis’ del periodismo en un par de pasos

Manuel Artero Rueda

      Reportero, profesor y académico de TV    

El guiño para periodistas es espectacular: Produce la irremediable sonrisa cómplice pero además, en una segunda lectura, nos invita a la reflexión sobre la crisis, la ética y el futuro del periodismo que el autor plantea “entre líneas” y con profunda exquisitez, en la obra que hoy “consume” gran parte de la opinión pública de la sociedad industrial del primer mundo. Se trata,  de la trilogía “Millenium” escrita por Stieg Larsson.

En su primer volumen, en España titulado “Los hombres que no amaban a las mujeres”, al principio de la historia, cuando el lector comienza a conocer al protagonista de profesión periodista, Mikael Blomkvist, éste ha acudido al Palacio de Justicia para recoger una sentencia condenatoria por difamación por un artículo que ha publicado. La ‘tribu’ se le acerca a la salida, como estamos acostumbrados a ver en todos los “informativos”, le rodea con las pértigas y las alcachofas, y un colega le pregunta:

-¿Y cómo te sientes?

 A pesar de lo tenso de la situación, ni Mikael ni los periodistas más veteranos pudieron evitar sonreír por la pregunta. Mikael intercambió una mirada con la de “TV 4”. Los periodistas serios siempre habían sostenido que esa pregunta, era la única que los periodistas deportivos bobos eran capaces de hacer al deportista jadeante al otro lado de la meta. Op.Cit. pag. 21

En España los periodistas veteranos no pueden, ni deben, ser tan cándidos, como lo es, en esencia, el gran escritor sueco, al relacionar la historia profesional de la pregunta de marras con los “talentosos” plumillas de deportes curtidos en infinitas y monotemáticas ruedas de prensa futbolísticas.

Aquí, en España, sucedió el caso Alcàsser, donde la profesión enfebreció a la búsqueda de ese falso, pero económicamente poderoso, santo grial que llamamos audiencia. Se debe recordar para no traicionar a la historia, que seguramente pretenderán borrar, como siempre, los que resultaron ganadores, y hoy además de seguir siendo periodistas son poderosos empresarios o petulantes amigos del poder, que allí en esa pequeña ciudad del cinturón industrial valenciano, un 13 de noviembre de 1992 tres jóvenes adolescentes de entre 14 y 15 años, Míriam García, Desirée Hernández y Toñi Gómez, fueron raptadas, violadas y muertas.

Y que el caso adquirió el grado diez en la escala de lo mediático y por ello, una legión de periodistas veteranos, curtidos o famosos, campearon durante semanas en la ciudad y, a pie de calle, pero escoltados por vigilantes de empresas de seguridad privada, rodearon a los protagonistas, y, sin piedad,  preguntaron “¿Qué se siente?” a ese  padre o esa madre que acababa de reconocer a su hija en la “morgue”, donde el forense, en voz baja, le había comunicado que la adolescente de sus amores, fue torturada antes de muerta.

Es la pregunta maldita del periodismo, de variopinto y extendido uso, para el que no ha habido autocrítica, que da perfecta cuenta que los periodistas no saben preguntar y, por ello, nos ilumina sobre la desmedida proporción del cáncer que soporta la profesión periodística. Y de ahí a la crisis cardiovascular solo hay uno, o un par, de pasos a los que, en la actualidad estamos asistiendo en directo en nuestro país.

Hoy mismo, mientras escribo estas líneas, oigo una de las tertulias televisivas de carácter político que alimentan la “caja tonta”. Los “expertos” comentan, y a la vez publicitan, una de las producciones que la cadena acaba de realizar y va a emitir próximamente. Se trata de un reportaje en el que una plumilla ha estado fumando hachís durante unas cuantas semanas, dicen los tertulianos que para acercar al espectador a esa droga a la que califican de social.

Bueno, el caso es que uno de los “teleparlantes” suelta, para cerrar el tema, que la periodista ha debido ser muy valiente y que ésa, la de fumar e ingerir hachís, es la única manera posible de saber ‘qué se siente’.

Y luego, sin darse cuenta que acaba de tirar otra palada de palabras sobre el cadáver del periodismo, continúa hablando de la política en el país vasco y los problemas internacionales del gobierno ZP por el tema de Kosovo, tan tranquilo.

Muchos argumentan, sobre todo desde que Ryszard Kapuscinsky situó el problema de la manipulación periodística en los directivos de los periódicos, que la responsabilidad de la crisis profesional del periodismo es de los empresarios en busca de beneficios. Que se acabaron para siempre esos viejos periodistas, tan amantes del oficio, a los que no importaba arriesgar su patrimonio por publicar con ética. 

Pero no hay que hacer una ardua tarea de investigación, tan sólo dejarse caer por dos o tres redacciones, para ver que las nuevas generaciones, esa legión de plumillas en prácticas o becarios en formación, se han sentado en las mesas para decir que sí a todo aquello que, con diferentes argumentos, les ordenan los veteranos.

Lo importante es “hacerse un hueco”. Afianzar el trabajo. La pasión por el oficio de contar historias, aquello de buscar fuentes, contrastarlas, o simplemente dudar de las cifras oficiales de los oficiales gabinetes de prensa, sencillamente ha quedado relegado al cajón del desuso, y en el trajín cotidiano de la batalla, “l’écoume des jours” que dijo el genial Boris Vian, se está olvidando.

Es algo así como la dañina “autocensura” elevada al cubo y multiplicada por “n”, siendo “n” la necesidad de hacer la pelota mientras se comulga con ruedas de molino para conseguir un sueldo que supere los seiscientos euros mensuales. Merece la pena recordar en este sentido las palabras del profesor de periodismo de la Universidad Pompeu y Fabra, Arcadi Espada que en su último libro “Periodismo Práctico” escribe: 

¡De acuerdo! ¿Quién puede dudar de los directivos? Pero el primer responsable de una mentira es el que la firma. Y la información es un negocio para todos. Creo que es injusto olvidarse del pequeño y mediano corrupto. También ellos mueven el mundo. Op.Cit. pag. 148.

Pero entiendo que el lector no quiera acudir a una redacción para comprobar esa cara aburrida de la crisis del periodismo. Y digo aburrida porque en las últimas que he estado no había otra cosa que aburrimiento y política corrección. Se acabaron para siempre, las conversaciones en voz alta, las tertulias, las críticas e incluso las broncas profesionales.

Ahora somos todos del mismo partido o al menos, y esto es lo mas grave, todos pensamos igual. Parece como si el concepto de línea editorial se interiorizara en el profesional al ritmo machacón del reloj de la ficha laboral de cada empresa.

Y es que, la empatía necesaria para la práctica del oficio ha cambiado de dirección y ahora no va dirigida a los desposeídos, emigrantes, falsos culpables, engañados y perdedores. En la actualidad, los periodistas empatizan con el poder, con los jefes, los políticos y los gabinetes de prensa, sobre todo con los responsables de los hoy todopoderosos y omnipresentes gabinetes de prensa. Y es que, factor humano, gusta la moqueta.

Parece como si todos hubieran olvidado que una de las reglas no escritas de este oficio, para el que solo existe una regla: no mentir ni tan siquiera sobre el color de los ojos de tu protagonista, como dijo el maestro Gabriel García Márquez, es la de tratar de sortear a los gabinetes de prensa que, ya se sabe, te van a tratar de “colar” tan solo una parte de la verdad, la verdad oficial. Y es que desgraciadamente, cómo no va a estar así el periodismo en crisis, en periodismo político hasta los titulares salen de las interesadas salas de máquinas de los gabinetes de prensa y los periodistas los utilizan sin más. Los actuales programas informáticos de tratamiento de textos son el arma con el que el periodista se está disparando a la sien: la bala no es del nueve ni del seis. Se llama “corta y pega”.

Y no es tan sólo que se acepte una comparecencia pública sin la posibilidad de preguntar. Es que en muchas ruedas de prensa ni tan siquiera se pregunta. ¿Para qué? Si el Gabinete de Prensa ha redactado ya la noticia.

El profesor de filosofía de la Universidad Complutense, José Luis Pardo en su obra “Esto no es música” nos recuerda que la profesión de escritor, mas o menos vinculado a la prensa escrita, nació en el siglo XIX,

que vio aparecer un cierto número de “nuevas profesiones” o de destinos subsidiarios que, precisamente por su novedad o su condición difusa, carecieron durante mucho tiempo de sanción académico-universitaria por parte de la enseñanza superior y estuvieron ligadas mas directa y simplemente al “mercado”… Durante mucho tiempo, espectáculo y periódicos coexistieron con los mítines y panfletos a la hora de atraer a las masas o, a veces, se mezclaron con ellos. Op.Cit- pag. 245

Es normal por tanto que el periodismo se haya acercado de manera tan peligrosa al mundo del espectáculo porque hoy el mercado precisamente está ahí. Bueno y en los bancos.

La noticia viene recuadrada en un periódico salmón. Es del pasado fin de semana (sábado 20 de marzo). Se hace eco de la iniciativa de una de las más importantes cajas de ahorro españolas que, para captar capitales privados, en estos días de monotemática crisis, ofrece a los potenciales clientes una biografía personal de entre ochenta y cien páginas. Por una suma de euros que no recuerdo y a plazo fijo de un año, el capitalista recibe a un periodista investigador que después de varias entrevistas personales y acopio de material gráfico, redacta, me imagino que en tono épico, las andanzas del depositante.

La entidad financiera calcula que el libro cuesta unos mil euros. O sea que después de la imprenta, el papel y la encuadernación ¿Qué sentirá el periodista cuando reciba trescientos euros por dos semanas de trabajo?

Crisis, quién dijo crisis. Las ideas son las que cuentan y hay que reconocerlo, cuando menos esta es original: Además, me hace recordar uno de los tangos más famosos. Se titula “Cambalache”. Su autor: Santos Discépolo.

… Vivimos revolcaos en un merengue,

Y un mismo lodo, todos manoseaos.

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,

Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador.

Todo es igual, nada es mejor,

Lo mismo un burro, que un gran profesor…   (vídeo, 1:14 m) 

Recuerdo por último, un anuncio televisivo de un diario uruguayo Últimas noticias del que no sé en la actualidad si están con ERE,s o problemas económicos, como tantos y tan importantes periódicos lo están en todo el mundo. Y aunque, muchos profesores dicen que ése es precisamente el gran síntoma de la crisis del periodismo: el que no se leen periódicos, el guión de aquel anuncio nos puede iluminar a todos. Se titulaba algo así como el infierno de los periodistas y allí abajo estaban los superficiales que no investigaron nunca y su castigo era escribir cosas que no se entendían. Los inexactos que no contrastaban fuentes. Los tendenciosos que, sin matices, sólo decían sí o no. Los altaneros, intocables, que abusaban de su poder. Los sensacionalistas y los serviles, siempre a favor del viento y, los mercaderes a los que solo importaba el dinero. (vídeo, 1:46m)

3 comentarios

  1. Curioso, porque le pregunté “qué sientes” a mi compañero periodista por una circunstancia del trabajo. Quería saber la sensación que le dejó en ese momento lo que había sucedido, ¿tan mala pregunta es?

  2. Estimado Francisco: La pregunta no es mala, creo, en sí misma. Yo puedo hacerla en mi vida privada, a mis amigos, a mi mujer, a mis hijos y, con ella, quizás pueda acercarme personal, íntimamente, a ellos. Incluso y gracias a la pregunta, pueda quererlos, comprenderlos, acercarme que es de lo que se trata, mas. Pero una cosa es la vida privada y otra el oficio.

    Pero una cosa es nuestra vida privada y otra es el oficio: en este caso hablamos de Periodismo. Y en este trabajo todos sabemos o deberíamos saber que hay que evitar preguntas capciosas o manipuladoras. Por ejemplo: – Todas las personas decentes afirman que hay que votar por los Verdes, ¿Usted que dice?.

    Pues igual, todos sabemos o deberíamos saber que hay que evitar preguntas indiscretas. Aunque desgraciadamente cada día está mas de moda, es una horterada y expresa una mínima falta de educación, la intromisión en la privacidad.

    Un saludo,

    Manuel Artero Rueda

  3. Estoy completamente de acuerdo con Manuel (y con Mikael Blomkvist). Hay preguntas que penetran en una esfera de las emociones privadas que, por muy acostumbrados que estemos a ellas gracias/por-culpa-de tanto tomate televisivo, el periodista debería dejar quietas. Por eso mismo, porque son íntimas y personales.

    Le podía haber preguntado qué pensaba de la sentencia, si ésta traería consecuencias, si pensaba hacer algo… Cualquier cosa menos algo tan sentimental como ¿qué sientes.

    Larsson, que era periodista, matiza muy bien: son los ‘periodistas serios’ quienes piensan así. Pero si es a un compañero de trabajo, Francisco, no pasa nada.

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