El miedo integra y desintegra redacciones por igual

Tengo la sensación de que hemos pasado de la apasionada preocupación crónica por la deriva de la profesión, que en el mundo digital se agudiza por la ansiedad que provoca en algunos sectores la velocidad de los cambios tecnológicos,  a sentir en comandita una especie de espanto, de verdadero terror colectivo ante la situación provocada por la crisis económica.

Medio y miedo son dos palabras casi homofónicas en nuestro idioma.Se podría hacer un interesante estudio psico-sociológico de cómo se expresa en el panorama periodístico actual cada uno de los estadios del miedo.

Dos ejemplos de este fin de semana para que cada cual identifique en ellos la intensidad de la gradación, desde el temor a la angustia, pasando por el horror y toda la gama de sensaciones negativas que afectan a los profesionales de los medios (se pueden identificar y aislar perfectamente de los síntomas que la crisis económica ha provocado en la sociedad general):

  • “El largo invierno de la prensa”, un artículo de El Mundo que echa un vistazo a los grandes medios estadounidenses, que se replantean sus estrategias en internet y quieren volver a cobrar por la información. Es curioso que en la red se haya titulado “El largo invierno de la prensa escrita“, como para alejar el yuyu del soporte digital.
  • Recortes y ERES en los medios de aquí. Más de 600 periodistas han perdido el empleo desde el pasado mes de junio, según el Observatorio de la crisis de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), que no tiene consignados todavía los previstos Telemadrid (más de un centenar), y los ERES del gratuito Qué! (91) y de Zeta (más de cuatrocientos para todo el grupo). El repaso detallado es impresionante. Ver documento.

En situaciones críticas, el miedo actúa como resorte natural que garantiza la supervivencia. Ha permitido que la especie sobreviva, pues es el mecanismo que empuja a responder rápidamente y sortear el peligro.

¿Va a funcionar ahora el miedo de la misma forma que lo hace en los animales? ¿Periodistas y editores reaccionarán instintivamente sin razonar? Ahora sabemos que el estado emocional de angustia provocado por el miedo no se reduce al ámbito personal. Una organización social puede construir temores conjuntos, alimentarlos y aprender a generar ante ellos una compleja maraña de emociones. Y también sabemos que el hombre no nace con ese sentimiento. Un bebé puede mantenerse impasible ante un peligro inminente e, incluso, hacerle cucamonas. Por eso, no son pocos quienes lo consideran un producto de la consciencia y, sobre todo, del desconocimiento.

Sea como sea, lo que no se puede entender es que a estas alturas del partido se tomen decisiones desesperadas. O sí,  en caso de que la situación se considere desesperada. El resorte natural del pánico funciona así, unos huyen hacia un lado y otros hacia otro:

  •  El País se reinventa. PRISA integra las operaciones del diario en Internet y en papel para refundarlo como empresa de producción de contenidos
  • 20 minutos se arrepiente y se desintegra: “Las redacciones de papel y online de 20 Minutos [el primer diario español que integró sus redacciones] se separan (…) No puedes tener una empresa para el papel y otra para la Red y al mismo tiempo una Redacción unificada, no tiene sentido. La división tiene que llegar hasta sus últimas consecuencias”

Lo más triste es que en uno y otro caso no haya habido un debate previo a estas decisiones. Habría sido, sin duda, apasionante y muy educativo que se explicaran los planteamientos empresariales, los motivos redaccionales, los pros y los contras… En ambos casos las ventajas son obvias, o al menos las que se mostraron sin tapujos, que son las fiscales.

Lo extraño es que lo que para unos sirve ahora, para los otros no. Lo que para unos servía antes, para los otros no. Curioso.

Puede que la utopía tecnológica nos haya metido a todos en su absorbente razonamiento. Puede que la convergencia sea un fenómeno que llega con el propio paso del tiempo, el avance de esa tecnología prometida y, al tiempo, se explique en algunas de sus facetas (es un concepto polisémico, y hay muchas formas de converger) sin cuestionamientos por la apisonadora del liberalismo económico. Incluso puede que sea positivo, que en la era de la hipermegaespecialización, los periodistas tengan que formarse en un esquizofrénico maremágnum de conocimientos dispersos. Tienen que estar preparados para la multimedialidad, se les dice. Puede ser. A mí, que me lo tomo como un hobby, me vale. Pero no confío nada en la integración de las redacciones. No obstante eso será un post para otro día. No mezclemos conceptos.

Como sé que el tema es polémico y que son legión quienes no están de acuerdo conmigo, me gustaría saber qué opinas tú. Me encanta debatir, si el tono es civilizado. Espero tus comentarios.

2 comentarios

  1. […] Dicho esto, me gustaría exponer aquí diez razones para explicar por qué no estoy de acuerdo con la integración de redacciones:  […]

  2. […] Me gusta la metáfora de los ‘pollos sin cabeza’, es muy gráfica para esta situación de miedo exarcebado que estamos viviendo en la profesión. […]

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