La responsabilidad del periodista financiero

No paro de pensar en cuánto de subjetivo hay en esta crisis global que nos abduce. Creo que no soy el único en subrayar cierta -no toda, por supuesto- responsabilidad por parte de los medios en esta liposucción indeseada de las finanzas planetarias. No hemos sabido distinguir entre la economía productiva y la especulativa, que al fin y al cabo es la última responsable -junto a un salvaje pensamiento ultra liberal- del desaguisado. Y ya se sabe, si ayudamos a que se extienda la percepción de que el mercado está a punto de hundirse, éste se hundirá (George Soros, nada menos, dixit).

¿No intervienen los periodistas en los vaivenes económicos?

Un ejemplo significativo y reciente. El domingo, El País nos regalaba una de las brillantes columnas de Thomas L. Friedman en las que el apóstol del neoliberalismo decía: 

Tengo que hacer una confesión y una sugerencia. La confesión es que últimamente, cuando entro en algún restaurante, miro hacia las mesas a mi alrededor, que con bastante frecuencia siguen repletas de gente joven, y me invade un incontenible deseo de ir mesa por mesa diciéndoles: “Ya sé que no me conocéis de nada, pero tengo que deciros que no deberíais estar aquí. Deberíais estar ahorrando dinero. Deberíais estar en casa comiendo bocadillos de sardinas. Esta crisis económica va a alargarse durante mucho tiempo. Esto no es más que el fin del principio. En serio, pedid que os pongan ese filete para llevar y marchaos a casa”.

Generalmente el articulista del New York Times me abduce con su estilo ligero y brillante, pero enseguida me rebelo. En este caso paradigmático de periodista que influye en economía, y mucho, me resulta fácil hacerlo. ¿Qué pasaría si todos nos retraemos con el consumo y dejamos de acudir a bares y restaurantes? ¿No contribuimos a hacer más grave la crisis condenando al sector de la hostelería al cierre? ¿Hasta donde puede llevarnos la espiral iniciada con las subprimes y la locura del ladrillo? De momento es suficiente con que cierren fábricas como las de puertas en la provincia de Toledo porque ya no se construyen apenas casas o que haya despidos masivos en la industria del automóvil porque no se dan créditos y, por tanto, no se venden coches.

A veces, el periodista no es tan transparente en su análisis. En 2000, Anil Bhoyrul y James Hipwell, redactores de la columna “City Slickers” del británico The Daily Mirror, violaron el código de conducta británico, que prohíbe a los periodistas sacar provecho de la información financiera antes de que se publique y escribir sobre empresas en cuyo capital participan sin informar antes a su director. Lo peor del caso es que también el director de The Daily Mirror, Piers Morgan, utilizó esta información privilegiada para operar en Bolsa.

Gustavo Bravo se pregunta si el periodista es el remedio o la enfermedad en momentos de crisis económica. Me descubre un interesante informe elaborado por el observatorio británico de medios de comunicación Polis LSE. El estudio, dirigido por Damian Tambini, analiza la ética y la responsabilidad de la profesión en momentos financieros como los que estamos viviendo. Aporta elementos de reflexión sobre los derechos adquiridos por el periodismo, sobre todo por el especializado en economía. Es necesario plantearse si estas prerrogativas son directamente proporcionarles a su responsabilidad con la sociedad. Además, se abre un nuevo frente con la información digital, especialmente la que gira alrededor de los blogs, pues en este campo no es tan sencillo apelar a la ética o buscar la profesionalidad. La información se mezcla en la red, la del profesional y la del que no lo es.

Según Damian “no hay evidencias de un trastorno en las normas éticas ni de graves niveles de negligencia en el periodismo financiero actual sobre la base de las entrevistas realizadas para este estudio”, en el que han participado casi una veintena de periodistas, “pero hay una sensación generalizada de que los retos a los que se enfrentaba tradicionalmente un periodista financiero, como el de no ser utilizado por sus fuentes, el mantenimiento adecuado de escepticismo, o el conseguir la exclusiva sin caer en maldades, están siendo redefinidos en el contexto de las nuevas tecnológicas”.

 Informe completo de Damian Tambini (en inglés)

Esa “redefinición” de la que Tambini habla puede tener varias direcciones. Los medios económicos digitales han visto incrementado su número de lectores en los últimos meses de forma considerable, así como han crecido en número los blogs dispuestos a explicar con sus palabras la situación financiera actual. El mismo Rodríguez Zapatero parecía consciente del poder de los medios cuando decidió reunirse con los principales editores españoles para debatir cómo abordar informativamente la crisis en aras de tranquilizar el mercado. ¿Cual es el poder del periodismo actual para crear opinión? ¿Pueden alterar la dirección y el orden de los mercados si se lo proponen?  De ser así, ¿deben hacerlo? Si los blogs vigilan a los medios, ¿quién vigila a los blogs?

Ahora no sé a qué se debe está pasión por ser el primero en llevar la palabra ‘recesión’ a portada. Quizá evite malas conciencias de algunos jefes ante compañeros despedidos. La crisis económica es también una buena excusa para justificar la profunda crisis del periodismo. Pero a primera vista no debería tratarse más que de otra convergencia de la que poder hablar: la que une un mal planteamiento del sistema económico con la penosa situación del periodismo. Pero y no hablo sólo del papel agobiado por el empuje digital, entiéndanme.Hablo del Periodismo con mayúsculas que es lo que realmente está en crisis.

Si Sarkozy afirmó en un momento de euforia que hay que refundar el capitalismo y sus bases éticas, probablemente nosotros tengamos que proponernos refundar el periodismo. Está haciendo aguas por muchas vías, está en crisis y hay muchas razones para ello. Tendremos que acudir a los orígenes y comenzar de nuevo a plantear definiciones, marcar objetivos y responsabilidades sociales y proyectarlos sobre el momento actual, transformado por nuevos paradigmas difíciles de entender para muchos.

Leo al respecto, entre divertido y asombrado, la opinión del catedrático de Economía Financiera (y subrayo esto para que conste que se trata de un pensamiento cualificado) Oriol Amat en la insuperable “La Contra” de La Vanguardia:

 ¡Ojalá esta crisis fuera lo bastante profunda como para obligar a corregir el sistema! Y lamento el sufrimiento que causa, pero si al final fuerza estas mejoras, no será inútil.

Se me ocurre que sería divertido apropiarme de ese razonamiento para aplicarlo al periodismo, al Periodismo. ¿Serviría como catarsis dejarlo hundirse hasta que toque fondo con el fin de que rebote y se refunde?

 

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