Losantos y otros mitos reales e imaginarios

No soy nada mitómano y creo que ningún periodista debería serlo, pero siempre hay personajes a los que uno admira especialmente en la profesión y otros a los que respeta menos, e incluso en lo más íntimo de su conciencia hasta desprecia. Al menos tengo claro que cuando muera me gustaría que alguien escribiera sobre mí un obituario como el de Caño a Tim Russert (qué más quisiera) y que mientras viva, me gustaría mantenerme muy alejado de las posturas losantianas, profesional e ideológicamente.

Sentencia íntegra de condena a Federico Jiménez Losantos por injurias

De mitos y muertos hablaba también el otro día en un comentario en este blog Rafael del Barco con motivo de la compra de Zeta. Y decía que Asensio quería ser el Murdoch de la prensa española. Eso me ha recordado un libro -excelente y muy recomendable, especialmente para periodistas- que acabo de leer, Los hombres que no amaban a las mujeres, del sueco Stieg Larsson, donde una historia compleja y bien narrada da una perfecta panorámica de los grandes hombres que se mueven en el mundo de las finanzas y del trato, a veces excesivamente amigable que reciben de los periodistas.

Aunque el periodismo es sólo uno de los  muchos temas de actualidad de los que habla el último fenómeno de la literatura nórdica, el libro contiene algunos párrafos que llegan como ácidas reflexiones sobre el estado actual de la profesión. Al fin y al cabo Larsson es otro más de los muchos periodistas metidos a literatos.

Mikael Blomkvist [protagonista de la historia y también periodista] opinaba que el cometido del periodista económico era vigilar de  cerca y desenmascarar a los tiburones financieros que provocaban crisis de intereses y que especulaban con los pequeños ahorros de la gente en chanchullos sin sentido de empresas puntocom. Tenía la convicción de que la verdadera misión del periodista consistía en controlar a los empresarios con el mismo empeño inmisericorde con el que los reporteros políticos vigilaban el más mínimo paso de ministros y diputados. A un reportero político nunca se le pasaría por la cabeza llevar a los altares al líder de un aprtido político, y Mikael era incapaz de comprender por qué tantos periodistas económicos de los medios de comunicación más importantes del país [Suecia] tratatan a unos mediocres mocosos de las finanzas como si fuesen estrellas del rock.

¿A que parece que Larsson está hablando de los periodistas de aquí? He sentido esa percepción en varias ocasiones, como cuando Blomvist sale del juzgado donde el juez acaba de dictaminar que había calumniado y difamado al fianciero Hans-Erik Wennerström. Una compañera le pregunta cómo se siente:

A pesar de lo tenso de la situación, ni Mikael ni los periodistas más veteranos pudieron evitar sonrír por la pregunta (…) Los periodistas serios siempre habían sostenido que esa pregunta -“¿cómo te sientes?”- era la única que los periodistas deportivos bobos eran capaces de hacer al deportista jadeante al otro lado de la meta. Pero acto seguido recobró la seriedad.

-No puedo más que lamentar que el tribunal no haya llegado a otra conclusión -contesto de manera algo formal.

-Tres meses de prisión y ciento cincuenta mil corronas de indemnización por daños y perjuicios. Una sentencia que debe resultar dura -dijo “la de TV4”-.

– Sobreviviré.

-¿Vas a pedirle disculpas a Wennerström? ¿A darle la mano?

-No, no creo. Mi idea sobre la ética empresarial del señor Wennerström no ha cambiado.

-¿Así que sigues pensando que es un sinvergúenza? -se apresuró a preguntar Dagens Industri.

Tras aquella pregunta se escondía una cita acompañada de un devastador titular, y Mikael podría haber mordido el anzuelo si el reportero no le hubiese advertido del peligro al acercar el su micrófono con con un entusiasmo algo excesivo.

-Consideré que tenía buenas razones para publicar aquellos datos. El juez lo ha visto de otro modo y, naturalmente, debo aceptar que el proceso jurídico haya seguido su curso. AHora vamos a comentar la sentencia detenidamente en la redacción antes de decidir qué hacer. No tengo nada más que añadir.

– Pero se te olvidó que un periodista debe probar sus afirmaciones -dijo “la de TV4” con un deje de dureza en la voz.

Bueno, hay algunas coincidencias, pero Losantos no se acerca ni de lejos a Blomkvist. Qué más quisiera.  

 

4 comentarios

  1. k info gracias…
    ahora ya no voy a sacar 0…

  2. […] una verdadera lección de periodismo envuelta en una trama absorbente. Fantástico e impagable. Es de lo mejor que he leído el año pasado (en España sólo se han publicado las dos primeras novelas, y estoy ansioso por que aparezca la […]

  3. […] su primer volumen, en España titulado “Los hombres que no amaban a las mujeres”, al principio de la historia, cuando el lector comienza a conocer al protagonista de profesión […]

  4. […] su primer volumen, en España titulado “Los hombres que no amaban a las mujeres”, al principio de la historia, cuando el lector comienza a conocer al protagonista de profesión […]

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