No son periodistas ni quieren serlo

En un blog que suelo leer con placer, me encuentro con una entrada sobre Periodismo e Internet que me ha conmovido. No dice nada nuevo, pero es un tema que toca mi fibra porque alguien en quien he depositado mi cuota de credibilidad afirma que bloggers e informadores ocasionales son periodistas. He dejado mi opinión en el correspondiente comentario, claro.

Así, de corrido, algunas de las opiniones de Mercè Molist. Como siempre, aconsejo leer el artículo completo y también el de Francis Pisani en el Ciberpaís, “El estado de los medios de información en EE UU“, que da pie a sus reflexiones:

¿De verdad el blogger es menos periodista que el periodista? ¿Cuántos periodistas que ejercen como tales en los medios tradicionales no han pasado por la facultad? ¿Por qué al blogger se lo pone aparte? ¿Porqué el medio en el que escribe no es “como los otros”? ¿Qué define, de verdad, a un periodista? ¿El título universitario? ¿El que trabaje para una empresa llamada periodística? ¿O, amigos y amigas, ese gusanillo, esa nariz, esa maravillosa fluidez comunicativa?

A veces el discurso de los medios de comunicación tradicionales se asemeja al de la industria cultural: ¡Sin nosotros, no habrá cultura! ¡Sin nosotros, no habrá periodismo! Bueno, bueno.

El llamado “periodismo ciudadano” no pisará a los profesionales del periodismo. Pero estos tampoco deberían despreciar al “periodismo ciudadano”. Coincido en lo que dice Pisani sobre la credibilidad que siguen teniendo los medios tradicionales, frente a un post escrito por alguien en el blog Yopasabaporaqui. Aunque hay excepciones, depende de la noticia. Y del blog. Algunos ya tienen tanta credibilidad como la prensa más consagrada.

Mi comentario:

Es difícil razonar sin que medie una distancia prudencial. Los periodistas estamos sometidos a un cambio vertiginoso, y reconocerlo no nos da más que la posibilidad de intentar alejarnos para reflexionar. No nos engañemos. No tenemos visión suficiente desde tan cerca y menos a esta velocidad.

Es difícil porque el día a día empuja y hemos llegado a la red tarde. O quizá no. Tan sólo sé que, a nuestra llegada, ya había gente ocupando un sitio que -según nuestro razonamiento ciberforastero- nos correspondía. ¿Es lícito que miremos este espacio nuevo con las mismas gafas que utilizábamos para movernos por el viejo periodismo?

Ahora actuamos como los vaqueros de las películas del Oeste. Queremos alejar a los indios de los pastos. Necesitamos instalar aquí nuestras reses porque la sequía nos ha dejado sin hierba fresca en nuestro territorio tradicional. Qué pena.

Tienes razón en todo lo que dices. Sólo disiento en una cosa, Mercé: aunque es cierto que no es necesario que un periodista pase por la Facultad para serlo (hay muchos con título que han ido cinco años a la universidad, pero la universidad no ha pasado por ellos), sí pienso que el periodista,en su trabajo, necesita un mínimo de método para considerarlo profesional y, sobre todo, una intencionalidad, la de informar; esa a la que te refieres cuando dices que “queremos publicar, y punto”.

Muchos bloggers actúan con criterios profesionales, pero otros muchos no. Lamento que a estos últimos los consideres periodistas o que se llame así a informadores ocasionales que han grabado en su móvil un accidente y lo envían a la tele.

La intencionalidad pocas veces es informativa. Sólo quieren ‘fardar’ delante de sus amigos, pero nada entienden de criterios de veracidad, precisión o amenidad. No se han planteado si su información es rigurosa. Sólo saben que es sensacional. Y punto.

Lo siento, por respeto a esta profesión a la que quiero tanto como tú, no puedo llamarles periodistas. No creo que a ellos les importe mucho. Ya sabes lo devaluada que está la profesión en el imaginario popular.

Últimamente percibo en la blogosfera periodística una fuerte corriente, parece que mayoritaria, en el mismo sentido del pensamiento de Mercè Molist. Lo entiendo cuando llega de personas que no han vivido el periodismo desde dentro y creen que con saber leer, escribir u opinar, con dejar su firma en el medio ya se está haciendo periodismo. No entiendo que los propios profesionales lo confirmen.

En el caso de los bloggers habrá que analizar primero el campo, definir bien estos términos que, ya desde un principio, dan lugar a tantas divergencias y, finalmente, separar el grano de la paja. Una bitácora de diario, donde un señor cuenta su vida con detalles, da mucha información personal, pero nadie se atrevería a calificarla de periodística. No creo que el propio blogger se considere periodista en este caso. Lo que ocurre es que, a base de insistir y con la inestimable ayuda del lenguaje utilizado de manera inconsciente, acabarán por serlo. Habrá que buscar entonces nuevos términos que definan con concisión cada actividad.

Por otra parte, mi vecino, que grabó cómo se quemaba su casa del pueblo y envió el vídeo a la televisión para que lo emitieran en el informativo regional, no tiene ninguna conciencia de ser un reportero gráfico. Me consta que apenas tiene concomientos del funcionamiento de su videocámara. No le llamaría periodista ni le pondría el adjetivo de ciudadano. Mi vecino es ya es ciudadano antes de coger la cámara. La utilización de este epíteto, que parece que refuerza y centra el tipo de “periodismo” a que nos referimos está, en realidad, vaciando de contenido a una palabra tan hermosa y con tantas connotaciones como “ciudadano”. 

“Periodismo ciudadano” se ha impuesto, se habla de él por doquier. Incluso los congresos más serios adoptan el término sin un mínimo cuestionamiento previo, que sería lógico entre acadámicos. Es cierto que se ha intentado acotar y definir de otras muchas formas: “periodismo participativo”, “periodismo colaborativo”, “periodismo amateur”, periodismo accidenta”… La cultura del marketing lo impregna todo y necesitamos un buen slogan para cada cosa. En internet la utilización de tags contribuye a la tendencia.

Las etiquetas se fijan y quedan colgadas sin que, después, su utilización conlleve un razonamiento previo, pero llevan en sus genes la carga de la significación, de la idea primigenia. ¿A alguien le interesa que un blogger o un informador ocasional sea periodista? ¿Les interesa a ellos mismos?

Creo que ni son periodistas ni se les ha ocurrido serlo hasta que nosotros se lo hemos propuesto. Y no nos confundamos. Que el receptor se convierta en prosumer no implica que lo tratemos como profesional. Necesitamos reivindicar el periodismo ahora más que nunca. La sociedad precisa la visión metódica y sosegada del periodista. La infoxicación reclama buenos gestores con conocimientos profesionales.

Postdata:

Desdobles conversacionales como éste ocurren pocas veces, y siempre suelo señalarlo. No sé muy bien si es una práctica correcta, porque se desvía la atención del lugar original de la charla y se duplican los corrillos de comentarios.

Pero si no lo hago, el sistema de altavoces virtual que forman a nivel global los blogs no funcionaría con la fuerza que deseo. Es el riesgo asumido: la conversación entre Mercè y yo/los-usuarios-de-su-blog puede quedar limitada a una esquinita de la blogosfera sin que el rumor trascienda a otros muchos posibles interlocutores. Por eso y porque los comentarios deberían ser más breves que el propio post, me hago eco (qué apropiada metáfora) de lo dicho por Mercé y de lo expuesto por mí.

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2 comentarios

  1. […] que respondan a los principios del periodismo, y además cuenta con los canales para hacerlo. Y lo puede hacer estupendamente. Pero además es un llamado de atención a los olvidos que han tenido periodistas y medios […]

  2. Como reportero, fotoperiodista, se me ocurre recordar las erratas producidas por diferentes medios de comunicación por dar credibilidad a imágenes enviadas o recogidas por los que yo identifico como “Fotoperiodistas Espontáneos”. Esos seres que saltan al ruedo, en este caso informativo, cámara digital en ristre en sustitución del tradicional capote, jugándose la vida, por obtener ese minuto de gloria.
    El problema no es de ellos, sino de los medios de comunicación que les dan credibilidad y aceptan como cierta su información (conflicto en el Tíbet).
    No nos preocupemos, ya que las aguas volverán a su cauce, y seguro, que de los blogs, brotarán periodistas con savia nueva que integrarán en su quehacer el método necesario para tener credibilidad. Y seguro también, que blogs actuales, en el futuro se habrán ganado la credibilidad que da el lector, para convertirse en un medio de comunicación veraz y confiable.

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