Las calendas vienen alteradas, guárdate de los idus de marzo

En este año nuevo romano las calendas están agitadas, quizá por el debate electoral, quizá por el cambio climático. Y yo, como un artrósico la lluvia, presiento los idus de marzo en algunos rincones de la blogosfera periodística.

A esta profesión adormilada no le viene mal cierta alteración, un poco de estrés en forma de debate existencial. Por eso me alegra que Enrique Meneses haya abierto el fuego de la autoconciencia con una flamígera entrada sobre la imparcialidad. Y aunque estoy de acuerdo con mucho de lo que dice, no lo suscribo todo. La parte que nos separa es esencial.

He dejado escrito lo que pienso en su blog para no desviar el centro de la conversación, pero no es suficiente. Aconsejo leer también los demás comentarios que se han generado.

¡Por fin! Algo se mueve en nuestras conciencias.

Brillante y muy imaginativo el padrenuestro periodístico de Anibal Castro, al que me lleva uno de los enlaces (aunque no entiendo por qué Meneses lo mezcla con la ‘equidistancia’):

No nos dejes caer en la tentación de creer en la ‘imparcialidad’ de algunos periodistas o en la capacidad de los sabelotodos que pueblan la fila de tus trabajadores.

Estoy de acuerdo. Superado este obstáculo terminológico, entiendo que no ideólogico. Entonces, el post nos lleva a un segundo debate que, perdón, no tiene que ver con la imparcialidad, sino con la ideología. Y, cuidado, que ya hay medios y profesionales que están cargando de connotaciones la palabra.

  • ¿Puede tener ideología un periodista? Debe. No entiendo un periodista, ni siquiera una persona, sin ella.
  • ¿Puede mostrarla? Debe. Sólo así sus lectores/audiencias/usuarios pueden depositar plenamente su confianza en él. Es un componente de la credibilidad y ya tendremos tiempo de hablar/debatir sobre ello en más ocasiones, sobre todo porque en internet se hace necesario que el periodista “enseñe la patita” un poco, aunque sólo sea por medio del blogroll (en el caso de un blog, porque si es un medio digital en el que firma la patita la veremos por otras rendijas).
  • ¿Puede ser equidistante? Puede pero no debe. La equidistancia es una entelequia, pura retórica de baratillo. Se trata de un término de nuevo cuño que floreció en nuestro país cuando los embites del terrorismo etarra eran más fuertes y los periodistas, sobre todo en el País Vasco, no sabían muy bien como tratar el tema. Ya antes que Meneses Radiocable.com planteó la pregunta y la dejó en el aire. Animoso que soy, también dejé entonces mi opinión allí. No entiendo cómo un periodista puede ser equidistante ante alguien cuya postura atenta contra cualquiera de los derechos humanos por ejemplo. Hay conceptos que enrarecen el pensamiento, pero que se imponen como verdades universales por eso del pensamiento memético (nada que ver con pensamiento viral, como muchos afirman, por cierto). Un ejemplo: “hay que respetar el pensamiento de los demás”. ¿Queeeeé? ¿Tiene que respetar un periodista el razonamiento, por llamarlo de algún modo, de un ultraderechista en su justificación del holocausto? Hay pensamientos que no son respetables, por muy equidistante que quiera ponerse el profesional. De hecho, creo que si intenta mantener la equidistancia en casos tan flagrantes queda moralmente inhabilitado.
  • ¿Qué pasa si se nota que es parcial? Pues que no ha cumplido con el deber de la objetividad. Un periodista que no tiende a la objetividad (sí, ya sé que en absoluto en imposible) no es buen periodista. Y no son cuentos de viejos, que nadie se lleve a engaño.
  • ¿Qué pasa si nota (sólo él) que es parcial? Que está manipulando, aunque desde fuera parezca un trabajo informativo impecable. La conciencia, la ética… Dos palabras que a muchos profesionales hoy les suenan a sermón barato y ya obsoleto. Pero sin ellas, la profesión no va por buen camino.

Meneses se lamenta de las críticas al concluir su entrada:

Algunos colegas que se han pronunciado como yo están siendo criticados por quienes siguen creyendo en lo de “la mujer del César que no basta que sea decente sino que lo parezca”. Ser valiente o cobarde son opciones que cualquiera puede elegir en nuestra profesión sin necesidad de criticar a los que eligieron una cosa u otra. Como estas críticas parten de recién licenciados con viejas teorías contra otros jóvenes licenciados con el nuevo periodismo en mente, he querido poner los 60 años de mi profesión en defensa de estos últimos.

Guárdate de los idus de marzo, decía el adivino en el Julio César del gran William.

El debate es constructivo, la crítica puede serlo o no. Prefiero promover la autocrítica y la reflexión. Después -no antes, que esto no es un partido de fútbol en el que cada uno va con un equipo durante todo el tiempo-, vendrá la ideología. Que cada cual tenga la suya y la muestre cuando sea necesario; por ejemplo si hace periodismo político. Porque a mí, saber a qué partido va a votar Sánchez Ocaña, como comprenderéis, me da igual. ¿O no es así? Porque quizá esto influya en el tratamiento que dé a temas como los anticonceptivos o el aborto.

Tendré que buscar otro ejemplo, qué pereza. O va a ser que el ochenta por ciento de  la convergencia habitual con Meneses suba en realidad a un noventa.

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