Cuando el pensamiento complejo llega al periodismo especializado

No sé si en periodismo se pueden defender ciertos lenguajes obtusos que empiezan a proliferar sobre todo en los suplementos de arte y cultura. Mi primer impulso es pedir un lenguaje lo más claro posible para cumplir con una de las normas clásicas de la redacción: escribe para el más torpe de tus lectores.

Pero no todo es tan claro como el lenguaje al que, sin más, aspiramos. También en esto los paradigmas han cambiado. A lo mejor estamos empobreciendo y simplificando la visión de un mundo mucho más amplio de lo que vemos. Porque una de las responsabilidades del periodista es enseñar a mirar. 

Pero empiezo desde el principio. Todo empezó esta mañana mientras leía el periódico (el de papel):

La última obra de los suizos Herzog y De Meuron, el nuevo CaixaForum del Paseo del Prado de Madrid, es como esos tipos fotógenicos que parecen estupendos en la foto y luego, en persona, pierden. Me queda al lado de casa y la vencindad multiplica un interés ya grande de por sí.

También es un caramelo para críticos de arte y comentaristas de la movida arquitectónica. Leo y [re]leo a Jacobo Armero en El País:

“Desde la distancia se ve muy bien la primera imagen del edificio. Una arquitectura cuajada de instantáneas que convierten la experiencia en un proceso de comunicación: ‘Nos interesan las imágenes porque son abiertas; no utilizan un lenguaje conceptual sino universal y, por lo tanto, apuntan directamente a la imaginación (…)

Al final entiendo que han intentado hace algo bello para todos los públicos, pero ¿por qué no hacen lo mismo con el lenguaje? ¿Y por qué cuesta entender lo que dice el crítico y los arquitectos en un diario generalista? ¿Sirve de excusa que se trata del suplemento cultural del fin de semana?

Cuando hablo de periodismo, generalista o especializado, no me refiero al ‘lenguaje del prestigio’. No pienso en un médico que se dirige al paciente con términos científicos ininteligibles o en un abogado que utiliza jerga legal para deslumbrar a su defendido. Tampoco en el chef del anuncio que busca nombres imposibles para describir la tortilla de patata en la carta de su restaurante. El lenguaje en el periodico ha de ser sencillo, claro y conciso. Pero, ¿esto sirve para todas las secciones y para todas las circunstancias?

En estas estoy cuando me encuentro con un interesante artículo que explica y justifica en parte esta tendencia -megatendencia, según la página- a la expresión compleja, pues  aunque no se refiere exactamente al periodismo lo encuadra bien: “El pensamiento complejo es una vía para captar el Todo Unificado”, de María Teresa Pozzoli. 

Leo y extraigo unos párrafos que no hacen justicia a la profundidad de lo que expone Pozzoli en su elaborado artículo. Se trata tan sólo de centrar el tema y sugerir lecturas:

“Tanto la paradoja como la metáfora son la licencia fundamental de la poesía libertaria porque tienen la misión de desestructurar, provocar, sugerir, despertar, remover, conmover, inquietar lo estatuído. Constituyen un reto para nuestra limitada facultad de discernimiento. En la metacognición que pueden generar como producto del ejercicio reflexivo que provocan, se deconstruyen los significados primitivos para dar lugar a una comprensión más amplia (…) Al principio del artículo destacamos la necesidad de desarrollar nuestra espiritualidad siendo ésta una demanda bastante extendida entre las personas que sufren las consecuencias de este sistema y que pagan un precio demasiado alto para mantenerse adaptadas a sus exigencias (…) De hecho, no es un dato a desconocer, el éxito editorial que desde hace dos décadas han tenido a nivel mundial los manuales de autoayuda y las columnas psico-espirituales en los medios gráficos y televisivos, que no dejan de ser una mercancía más que produce altos niveles de rentabilidad en el mercado. Estas expresiones han aprovechado un nicho de mercado no explotado. A pesar de ello, sirven como respuesta paliativa frente a la falta de verdaderos satisfactores que el sistema no pone a disposición de las personas. Frente a las múltiples insatisfacciones de un público que se siente huérfano y solitario en esa búsqueda silenciosa de satisfacción de la propia espiritualidad, esos sucedáneos cumplen de alguna manera con un destino benévolo.”

El tema está en el aire y [pre]ocupa más de lo que yo pensaba. Más tarde leo en Llámalo periodismo:

Raymond Carver (1938-1988) desconfiaba del ‘lenguaje hinchado’ y creía, como Pound, que ‘la máxima precisión en el decir es la única moral de la escritura’. Por precisión entendía “la honestidad en el uso del lenguaje para expresar con exactitud lo que se quiere expresar y obtener los resultados que se pretenden obtener (…) Le gustaba esta frase de Hemingway: ‘Busca lo que te provoca emociones; que la vida sea lo que te conmueva. Luego escríbelo del modo más claro posible para que pase a formar parte de la experiencia de la persona que lo lea.”

Me pregunto si el nuevo paradigma del pensamiento complejo puede ser compatible con la claridad (para que “pase a formar parte de la experiencia” de todos los que lo lean).

No sé si es por la influencia cada vez más fuerte de la teoría del pensamiento complejo o por la falsa retórica culterana, pero se está imponiendo una “comunicación compleja”, sobre todo en ciertos suplementos. Si éstos son culturales, está bien; si se trata de suplementos de divulgación, tendríamos que sentarnos a reflexionar. 

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3 comentarios

  1. Esto es tan viejo como la humanidad. Se llama pedantería, que en general ha sido una forma de disfrazar la ignorancia.

  2. Eso es lo que sospecho, Jesús, y eso es lo que hace unos pocos años habría defendido con saña. Sin embargo, en tiempos de cambio como éstos, he aprendido a mirar y escuchar mucho antes de lanzar al aire un juicio sumarísimo.
    La “teoría del pensamiento complejo” avanza con paso firme, sobre todo en las universidades. En periodismo supongo que tienes razón. Se trata sólo de pedantería.

  3. Félix, no sé muy bien por tu comentario no entiendes lo que quieren decir los arquitectos o yo. Me sorprende muchísimo, porque siempre he tratado de dirigirme al público no especializado, y lo puedes comprobar en numerosos artículos que he publicado en El País o en El Mundo sobre arquitectura. En fin, solo quería decirte que me sorprende, pero está muy bien ser sorprendido y a lo mejor tienes razón. Gracias

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