Juan José Millás visto por Boris Izaguirre

Después del aburrimiento que me produjo “Azul petróleo” no había vuelto a leer nada de Boris Izaguirre, lo veo más como un personaje mediático que como un hombre de los medios. Hoy me he topado con un artículo suyo en ‘el colorín’ de El País y, vaya, me ha sorprendido gratamente. Habla sobre la experiencia que supuso para él compartir unos días de promoción del último Planeta con Juan José Millás. Entresaco las referencias al periodismo:

  • Hablamos del proceso de escribir. “Corregir es lo más difícil”, explica. “Lo he contado muchas veces, pero una vez me devolvieron un artículo porque era muy largo. Empecé a quitar cosas y me gustaba el resultado. Al final lo quité todo, lo escribí más corto y quedó perfecto. Eso te lo da el periodismo, sin duda. Un artículo obligatoriamente ha de ser exacto, ni una palabra más ni una menos. Un concepto claro”.
  • En una de las ruedas de prensa, Millás me dice al oído: “Es curioso cómo los periodistas de cultura jamás se emocionan. Vas a una rueda de prensa después de un partido de fútbol y todo son gritos, imprecaciones, movimiento. Llegas aquí y están todos en silencio como si estuvieran en una clase de anatomía. Sólo hablas tú, y vas pensando que ellos en realidad desean estar en tu sitio, ser ellos los merecedores del premio”.
  • Unos días antes, en un estudio de Telemadrid, la presentadora nos preguntó qué nos parecía estar allí, y Millás soltó: “A la entrada he visto una pancarta que pone ‘aquí se manipula la información’. ¿Es verdad?”. Lo pregunta sin perder su adorable frenillo y de nuevo me admiro de ir a su lado. El espeso silencio se cierne, su pregunta no es tal. Es una declaración de principios.
  • Millás se enciende contra la televisión. “Es intolerable porque ha creado un mundo intolerante, castigador, señalando permanentemente lo que califica de malo, oprobioso, o que no puede ser aceptado de ninguna manera, cuando al mostrarlo lo está convirtiendo en fuente de alimentación. Hipócrita, despiadada. La televisión no puede continuar volviendo freaks a todo lo que le da la gana. No somos normales, pero tampoco monstruos. Somos, escogemos. La televisión cada vez más nos impide escoger”.
  • También recuerda incidentes de su larga carrera como escritor. “Cuando empecé a publicar, era imposible que una novela lineal fuera considerada digna. Todo era experimentación. Y a veces la experimentación jugaba malas pasadas a sus autores. Uno de ellos ganó un prestigioso premio con una novela que era toda sin puntos ni comas. Enviaron un avance de la misma para publicarlo en El País Semanal, y el corrector de EL PAÍS, ante aquel texto sin puntos ni comas… los colocó. Una vez impresa la revista, alguien se dio cuenta de que la razón de ser de ese texto era la ausencia de puntos y comas. Demasiado tarde, no podían corregir la corrección. Lo bueno de todo esto es que el texto, claro, había quedado infinitamente mejor”.

El resto es mejor leerlo en su fuente original.

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